Casting en Bilbao para sueños baratos

EL FOCO

Onda Vasca, 13 julio 2017

“No tenemos sueños baratos”, decía el eslogan de una campaña de la Lotería Primitiva. Por concepto, los sueños tienen que ser caros, difíciles, incluso imposibles. Esa es su esencia, que valgan mucho, porque si no cuestan sufrimiento, esfuerzo e insomnio y lágrimas, no son sueños, son falsos. Pero sí, hay sueños baratos. Y uno de ellos es participar en un reality de la televisión, de esos que te tienen encerrado en una casa durante semanas para que, a la vista de la gente, te conviertas en un mono del que todos se ríen y al que echan cacahuetes. Hay muchas personas dispuestas a lo que sea con tal de ser elegidas para entrar en ese espectáculo.

En Bilbao, el pasado martes más de 500 personas se dieron cita en el Hotel Meliá, en el centro de la ciudad, un hotelazo de lujo a tiro de piedra del Guggenheim y el Palacio de Congresos y de la Música Euskalduna. ¿Para ver a algún artista, o quizás para que les firmen un ejemplar de la última novela de Paul Auster, titulada “4321”? No, Nada de eso. Se trataba de una reunión de aspirantes al “Gran Hermano 18”, que arrancará en otoño. El reality más longevo del mundo. La larga fila de los concurrentes daba la vuelta al edificio. (Por cierto, Paul Auster presentará en Bilbao el próximo septiembre su último relato. Allí estaremos, libro en mano).

Según leo en la prensa, los aspirantes eran de todas las edades: personas jóvenes, de 20 años, gente de 40 y de 50. Toda clase de tribus. Personas con aspecto estrafalario y gente modosita con cara de no haber roto un plato en su vida. Gente corriente, de todo. Los aspirantes, hombres y mujeres, venidos desde diferentes lugares de Euskadi, pero también de la vecina Cantabria, de Castilla y otros sitios del Estado. Había bermeanos, bilbaínos, donostiarras… Lo primero que se me ocurre decir es que los vascos somos en esto iguales que cualquiera, no nos diferenciamos en nada. No hay hecho diferencial. Somos frikis en la misma proporción que un señor de Cuenca o de Secarral de la Sierra.

Porque hay que ser muy friki para tener ilusión en participar en un reality televisivo que te expone, saca lo peor y más ridículo que hay en ti y te convierte en el hazmerreír -o el hazmellorar- del público. Declaraba a un periódico una mujer que estaba en la fila de los aspirantes a Gran Hermano: “Voy a hacer el salto del tigre, el mono y lo que haga falta para entrar en Gran Hermano”. Ya ven, dispuestos a lo que sea. Otros de los aspirantes decían: “Toda la vida nos ha gustado esto y queremos probar la experiencia”. Algunos se justificaban con lo de “coincidir con gente desconocida y vivir sin saber nada del exterior”. O sea, participar en una experiencia sociológica, que es lo que decía, con poca vergüenza, Mercedes Milá de este concurso discutible y de audiencia millonaria.

Ante la perplejidad que nos infunde este suceso, hagámonos solo dos preguntas: ¿Qué es lo que lleva a una persona a tener el sueño de ir a un reality de este tipo? Y ¿cuáles son los criterios que valoran los directores del programa para elegir a sus participantes? Es interesante conocer los resortes que mueven este mundo. Por lo que he escuchado a algún participante, hay unos motivos concretos que impulsan a entrar en un reality. En primer lugar, y ante la falta de expectativas laborales, personales y vitales concretas, en un momento dado, se trata de responder a la llamada de la aventura. Sí, un reality es una aventura, sin tigres, ni montañas… pero sí es un salto al vacío. Hay muchos hombres y mujeres sin expectativas de ningún tipo y Gran Hermano es una opción de escapada de la nada en la que viven.

También influye una característica personal: un fuerte narcisismo, unido a cierta capacidad para el exhibicionismo. Hay personas que no tienen miedo a verse expuestas. Es más, les sube la adrenalina ser vistos por millones de personas. Les pone. Otra característica del prototipo del concursante es la ingenuidad. No saben dónde se meten y han idealizado el reality como esa oportunidad que les sacará del anonimato y lo grisáceo de sus vidas. No saben dónde se meten, esa es su candidez, porque el programa les machará, les humillará y les ridiculizará todo lo que haga falta. Hay que estar muy desesperados para entrar sin darse cuenta de dónde meten la cabeza.

Y otra característica, objetiva, es que participar en el reality les puede reportar unas ganancias económicas y, acaso, en el mejor de los casos, el principio de una carrera. Algunos personajes de cierto tipo de tele empezaron allí. Uno entre miles. Pero ahí están viviendo tan ricamente. Ese es el horizonte de algunos de los que el martes fueron al casting del Hotel Meliá. Uno de ellos declaró sinceramente: es un sueño”. Y lo primero de todo, es una lotería. Porque el hecho de tener un sueño no quiere decir que los de la tele te vayan a dar la oportunidad de cumplirlo.

¿Qué buscan los del reality? Básicamente, buscan personas singulares, de fuerte personalidad emotiva, no personas conflictivas sino de amplio registro en ese aspecto, dicharacheras, con historial de sufrimiento, gente dispuestas a obedecer, valientes pero sumisas a las órdenes de la tele, gente arriesgada, un poco locos pero también gente de corazón. Buscan bufones de nuestro tiempo que hagan reír y llorar. Buscan también algún tipo especialmente singular, por raza, condición física o sexual. De alguna manera, quieren componer un puzle social representativo, pero casi todos con el mismo signo: frikis. Y no digo frikis como algo despectivo, sino personas excesivas, salidas de ego, muy emotivas, ruidosas, con complejos y con poco o ningún sentido del ridículo. Así que si usted tiene algo de esto, preséntese al casting, aún está a tiempo.

De los elegidos uno o dos serán vascos. Puede que tengan su historia de gloria. Puede que más que eso. Los que conozco, que pasaron por allí, casi están en el olvido. Pero un día después de la aventura de Gran Hermano, alguien les reconocerá en el metro o en la calle. Y ese reconocimiento, esa mirada de la popularidad, ese saludo será suficiente compensación para su ego, su pequeño triunfo.

¡Hasta el próximo jueves!

Un comentario sobre “Casting en Bilbao para sueños baratos”

  1. La juventud del modelo vascongado de educación y cultura. Tanta autonomía para esto. Más españoles que un botijo.

    Como bien aclaraba lo que sabíamos todos los que andamos y volvemos de vez en cuando ayer determinado estudio lingüístico, en Bilbao el idioma vasco retrocede -si es que podía hacerlo más- dejando paso a otros idiomas y acentos, que son más fáciles de escuchar -aseguraba- que la lengua vasca.

    Es lógico. Uno pone el dial televisivo o de radio y no ve diferencia con lo que percibe en el de Guadalajara. ¿de qué sirve tener una TV en vasco y otra en tdt en vasco si hay cuarenta madrileñas emitiendo como Pedro por su casa?

    La gente joven es más española hoy que hace 35 años. Esta noticia y esas fotos que podían estar hechas en Madrid son la prueba.

    Claro que siempre quedará la posibilidd de prohibir las corridas de toros para desespañolizar. Así solo seremos como las islas Canarias, la Cataluña españolizada (que no el Rousillon) y Argelia (cuya plaza de toros de Orán dejó de existir al dejar de ser Francia y para ser argelina).

    Sólo Frantzia tendrá toros. Y seguirá sin ser española.

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