El día que ocuparon tu casa

EL FOCO

Onda Vasca, 20 julio 2017

Imaginémoslo. Una tarde, al regresar del trabajo a casa, no puedes abrir la puerta. ¿Qué ocurre? Han forzado la cerradura. Oyes voces en el interior. Lo primero que piensas: ¡ladrones! ¡me están robando! Llamas a la puerta y adviertes a gritos a los de dentro que salgan y que vas a llamar a la policía. Te han escuchado, pero no responden. Llamas al teléfono de emergencia, 112, y solicitas amparo policial. Tratas de mantener la serenidad. Es una situación difícil. Avisas a tu pareja. Llamas a la puerta de tus vecinos, alguno de los cuales ya habían salido al rellano tras escuchar tus gritos. Aquello es un caos y vas perdiendo la serenidad. Cuando llega la policía, los agentes llaman a la puerta y, tras identificarse, consiguen que quienes han entrado en tu casa abran. Los intrusos dicen a la policía que esa es su casa y que no van a salir. En el interior se oyen voces y llantos de niños. Amigo mío, te acaban de ocupar la casa. Y lo que es peor, nada puedes hacer, excepto asumir que vas a vivir un calvario que llevará un día, tres semanas o varios meses hasta recuperar, maltrecha y sucia, tu legítima propiedad. Los ilegales usarán tus bienes, gastarán el agua, el gas, el teléfono y la luz que les venga en gana, y todo a tu costa. Usarán los juguetes de tus hijos, los platos donde comes y las sábanas donde duermes, así como tus cosas más íntimas, personales, las intocables. Tal vez no recuperes joyas, dinero y otros bienes que allí dejaste por la mañana. Te ha tocado. Es tu peor pesadilla.

Este relato no es ficción. Es una realidad. El día de San Fermín ocurrió en Muskiz, Bizkaia. Al menos hace un par de años sucedió también en el barrio de Santa Juliana, en Abanto Zierbena. Hay muchos otros casos. En Muskiz, los asaltantes entraron en la vivienda de un matrimonio sexagenario, en el barrio de La Rabuda. Los ocupantes eran cuatro, según la policía municipal. La vivienda ocupada es donde están empadronados sus propietarios. Una vivienda habitual. Podéis imaginarios la escena: lágrimas de impotencia de los propietarios, indignación contenida de los vecinos, diálogo de sordos de los ocupantes con los municipales para que abandonen la casa a pesar de las advertencias de las responsabilidades penales posteriores… Nada. Hasta allí fue el alcalde, Borja Liaño, a mediar con los ocupantes, requiriéndoles a que dejaran la vivienda. También los responsables de los servicios sociales. No surtió efecto. La ley, sí, la ley protege de entrada la ocupación y deja en el abandono a los propietarios.

Parece mentira; pero la situación es esa. Y entonces es cuando la perplejidad ante semejante absurdo se transforma en indignación. No es que esto tenga una explicación, que la tiene desde el punto de vista jurídico.; pero lo que se demuestra es que la ley está mal hecha y pide a gritos una reforma urgente y razonable.

Ocurre que si tú entras en una vivienda que no es tuya y la ocupas, tienes la ventaja de que puedes decir a la policía que esa casa es tuya, que te han alquilado. Que no tienes contrato, porque fue un acuerdo verbal. Mentiras así. Y entonces la ley, que es muy garantista, demasiado diría yo, te protege y te da la posibilidad de que puedas demostrar en un plazo de tiempo que tienes el derecho de ocuparla. Y así, nadie puede echarte, si el juez accede a que, de acuerdo con las garantías de la ley, puedas acreditar de alguna manera tus derechos sobre la vivienda ocupada.

Lo natural es que, si el propietario que ve invadida su propiedad, fuerza la puerta de la vivienda ocupada y entra en ella para echar a los asaltantes, estaría incurriendo en un delito. ¡Es el colmo de lo injusto! Pero es así, tal y como la ley funciona en el Estado español. Es un disloque de derechos, pero este es el funcionamiento. Ante esta situación, muchos jueces, pudiendo ordenar el desalojo de la vivienda ocupada y su entrega a sus legítimos propietarios, aplican la garantía de que los ocupantes puedan acreditar sus presuntos derechos sobre el piso. Y lo hacen, alevosamente, porque es más sencillo y menos comprometido aplicar la garantía que asiste a los asaltantes -con la baza emocional de los niños- que las evidencias que la policía le presenta y que demuestran que ocupantes han entrado a las bravas.

Esta es la situación que aún persiste en Muskiz. Los ocupantes siguen dentro y la familia propietaria sigue fuera de su casa. Mientras no se cambie la ley, la laguna jurídica será aprovechada por los delincuentes para, haciendo fraude de ley, invadir la propiedad ajena y vivir a costa de la gente. Según me cuentan desde los ayuntamientos, la estrategia de la ocupación es una operación que, en último término, tiene como principal propósito que las instituciones otorguen a las familias ocupantes una vivienda de protección oficial. Es una medida de presión, muy mafiosa. Para cerrar el paso a los mafiosos, establecería en la reforma legal que la ocupación de una vivienda sería causa para no obtener una vivienda de protección pública. Dejo aparte de si estas personas pertenecen a la etnia gitana. Esa no es la cuestión. Y dejo aparte también la problemática de las viviendas vacías y las que, en manos de los bancos por desahucios o quiebras de constructores, se mantienen sin uso durante años. Este es otro problema.

¿Quién tiene la solución? Obviamente, los políticos. Hay que cambiar la ley para que la ocupación sea resuelta de inmediato, por orden judicial o directamente por la policía ante las evidencias. Y mientras se hace esa reforma legal, la solución la tienen los jueces aplicando la orden de desalojo y dando prioridad a lo que diga la familia asaltada y no la asaltante. Eso lo pueden hacer ahora.

Llama la atención que en este país seamos tan eficaces a la hora de acatar la orden de desahucio de unos vecinos por parte de un banco y, a la vez, seamos tan rácanos y lentos cuando tienes que sacar de casa a quien la han ocupado impunemente. Hay una sensación de desprotección, de vulnerabilidad frente a los delincuentes. No es una invención. Es lo que cree y sienten las personas. Si la ley no llega hasta ahí, a la verdad de la gente, entonces es una ley falsa, injusta, opresiva.  

¡Hasta el próximo jueves!

3 comentarios sobre “El día que ocuparon tu casa”

  1. Estamos de acuerdo. Ahora bien, te veo muy enfadado cuando la ley es injusta para esto (un derecho de derechas) pero no cuando lo es contra derechos de izquierdas.

    Todos tenemos naturalmente una cara conservadora y otra progresista, pero algunos parace que tenéis las dos de derechas.

  2. La propiedad privada es un valor conservador, no es ningún juicio de valor.

    Noto cierto rin-tin-tín en tus respuestas. Que si no me vas a publicar más, que si mi respuesta no tiene valor alguno… Hace años solía escribir en tu blog y cuando contestabas tenías otro talante.

    No sé qué te ha pasado en este tiempo.

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