Aprendiendo a despertar

Gran Hermano no acepta su defunción. El decano de la telebasura española falleció el pasado jueves, a los 18 años, víctima de su propia miseria y después de una penosa existencia repleta de escándalos, degradaciones, ataques a la intimidad y una presunta agresión sexual. La última final ha sido la menos vista de su ominoso periplo, con poco más de millón y medio de espectadores, a enorme distancia de los nueve millones iniciales y de los casi cinco de las ediciones intermedias. Una muerte inevitable, a pesar de las transfusiones administradas por el dottore Vasile y el enfermero de guardia, Jorge Javier Vázquez. El reality se sostenía vegetativamente por la inercia de la veteranía y los delirios paranoicos de sus éxitos de audiencia.

Los muertos vivientes se creen inmortales y quedan mal enterrados. De ahí que ya se anuncie su regreso en 2019, tras una parada de dos años, para reciclarse; pero esta táctica informativa es más para mitigar el mal perder de Telecinco que por verosímil. Nos anticipan que volverá con Mercedes Milá, su majestad la reina de la casa encantada; porque ella y solo ella, con su donaire y osadía, es Gran Hermano, su diosa y su sentido. La catalana no ha ocultado su gozo por los malos resultados de esta temporada. Su ego ha salido reforzado en la presunción de que el fracaso se debe en parte a su ausencia. Milá se siente imprescindible, eterna. Y Jorge Javier, el usurpador, le dejaría paso libre para seguir en la portavocía de la maledicencia.

Pero no, GH ha muerto. Ya ha causado suficiente daño y ganado bastante oro. Lo sustituirán por otro engendro, porque la factoría del entretenimiento funciona a tres relevos. Viajan por el mundo, contratan ideas demenciales, ensayan en laboratorios de psicología social, acuden a clases de repugnancia. Aún hay mucha ignorancia y vacío existencial, el filón que explota este negocio. Alguien tiene que acompañar a tanta gente sola. Y como aprender a vivir en soledad es aprender a morir, existe la industria del pasatiempo. Vete al infierno, Gran Hermano.

 

Un comentario sobre “Aprendiendo a despertar”

  1. El programa de Gran Hermano me parece patético. Y horrible y pretenciosa Mercedes Milá. Creo que debería pensar en abandonar la televisión y dar paso a otras personas que lo harán mejor que ella no con tanta soberbia. Y Jorge Vázquez tampoco es muy adecuado.
    De hecho creo que no hay que ver ningún programa de esta cadena de telebasura.
    Muy oportuno abordando este tema. Lo has tratado muy bien. Muchas felicidades.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *