20 de octubre. Lo que acaba y lo que empieza

Por fin, ETA, la última organización terrorista de Europa, cierra la persiana, arruinada militar, moral y políticamente. Su comunicado final, menos retórico de lo habitual, expresa la magnitud de su fracaso histórico en una especie de legado y continuidad de su lucha por otros medios, como si estuviera legitimado para señalar a Euskadi el camino de su futuro. El patetismo de su declaración pasa desapercibido solo por la sensación de alivio que deja en los ciudadanos vascos. Euskadi despierta de una larga pesadilla.

No creo que valga la pena dedicar mucho empeño al análisis del mensaje de cese definitivo. No obstante, hay dos aspectos relevantes que, por su cinismo, merecen un comentario. Uno es su olvido de las víctimas provocadas por su acción criminal, lo que contrasta con el recuerdo de los propios caídos y los presos. Ciertamente, otorgar al final un poco de compasión no sería coherente con su inhumana trayectoria. Y otro es la arrogancia de su testamento, expresado en esa frase típica de todo fracasado: “La lucha de largos años ha creado esta oportunidad”, referida al momento político que se avecina una vez que las excusas de la violencia pueden dejar paso al diálogo y los acuerdos democráticos en Euskadi y con el Estado. ETA pretende hacernos creer con semejante exabrupto que su combate ofrece un balance positivo y no décadas perdidas, un terrible sufrimiento y la contaminación terrorista de los anhelos abertzales ante el mundo.

Una puerta se ha cerrado para siempre. Detrás de ella queda una historia que deberá ser interpretada y relatada a medida que los años y el sosiego nos den la justa perspectiva para realizar esa empresa indispensable. Se acabó el miedo y la hiperpresencia policial. Se acabaron las amenazas y su imagen escoltada en nuestras calles. Se acabó la identificación Euskadi con la violencia. Se acabó la cháchara tertuliana. Se terminó nuestra leyenda negra. Se le acabó el chollo a la España cómplice de los pretextos de ETA. Se terminó la coartada  del actual Gobierno PSE+PP, fruto directo de ese discurso intransigente. Pero también se acabaron los impedimentos para que este pueblo pueda pronunciarse legítimamente sobre su futuro institucional.

Y otra puerta se abre, la puerta del futuro, que llevamos tantos años esperando, con todo lo que ETA nos ha robado en términos de paz, libertad, prestigio y progreso. Una esperanza que solo depende de nuestra decisión e inteligencia. Pero por mucho que nos pongamos solemnes, impactados por este suceso trascendente, conviene bajar a la realidad sencilla de las cosas. Hay mucho que gestionar: el dolor y rencor acumulados, la vuelta y reinserción de los presos, los acuerdos políticos transversales, la conformación de un modelo de convivencia democrática que satisfaga a la gran mayoría. Tenemos mucho trabajo de reconstrucción política, económica y moral por delante. Hay que administrar con serenidad y calma el tiempo que ha empezado. Ya no importa lo que acaba, sino lo que empieza.

Y mientras esto ocurre, el lehendakari a 5.000 kilómetros de distancia, lehendakari missing.

25 octubre, San Frontón de Périgeux

El martes, 25 de octubre, es festivo en Bizkaia, Gipuzkoa y Araba por decisión de un parlamento en el que no están representados todos los ciudadanos y que configura una composición ilegítima de la que se deriva un Gobierno PSE+PP igualmente ilegítimo. Por eso, denominar a esta jornada Día de Euskadi/Euskadiko Eguna es tan sumamente artificial que suena a sarcasmo y burla provocadora. La gran mayoría de los ciudadanos vascos tienen poco que celebrar este día, aunque no haya que ir a trabajar (quien tenga trabajo) y por mucho que doren la festividad con recepciones, medallas y discursos de justificación de su deshonra democrática. No tenemos nada que celebrar porque ni es una fiesta con contenido emocional y racional, ni sus organizadores tienen derecho político e histórico para imponer su invención a la ciudadanía vasca.

Recuerdo que la elección del 25 de octubre como día para la ratificación popular del Estatuto se inspiró en que esta misma fecha, pero en 1839, se promulgó la abolición foral, una ley envuelta en una falsa ratificación de los derechos originarios que resultó el primer paso de la asimilación de Bizkaia, Gipuzkoa, Araba y Nafarroa como meras provincias españolas. Y lo que en 1979 fue una esperanza, ha terminado por ser, como en el siglo XIX, un gran engaño político, otra estafa democrática de España que, por la fuerza o la mentira legal, siempre se las ha arreglado para impedir a Euskadi su pleno desarrollo como país singular.

No niego que la efeméride del referéndum que en 1979 aprobó el Estatuto de Gernika carezca de cierta carga de razón festiva. El problema está en la intención y la contradicción de esta festividad artificial:

–          La mala intención. PSE y PP, que sostienen un gobierno frentista, han impuesto esta festividad no tanto por su fervor estatutario, sino por marcar una frontera partidista a los sentimientos abertzales, fijando así los límites de las aspiraciones de estos, un non plus ultra radical. Al final esta fiesta es una especie de 18 de julio del españolismo vasco.

–          La contradicción. El absurdo de que el PP, que votó en contra del Estatuto, se ponga a la cabeza de los más fieles estatutistas, imponiendo a los que más lucharon a favor del autogobierno (PNV) una fiesta cargada de perversidad política y torpeza contra la cohesión social de Euskadi.

Esta fiesta antinatura proyecta las paradojas de la política vasca. La fiesta la proclaman y celebran, con no demasiado entusiasmo, más allá de la escenificación mediática, aquellos que menos trabajaron por el Estatuto: los socialistas hicieron de comparsa y el PP votó en contra porque el pacto estatutario “atentaba contra la unidad de España”, mientras quienes realmente construyeron el Estatuto (los nacionalistas) se sienten defraudados por la ruptura sistemática de aquel acuerdo de 1979.

Treinta y dos años después, con un Estatuto incompleto, que solo ha avanzado cuando el Gobierno central ha necesitado del apoyo del PNV, el autogobierno limitado está en vías de superación y se abre al horizonte de una nueva relación entre Euskadi y el Estado a partir del reconocimiento democrático del derecho a decidir, lo que  nos llevaría a medio plazo a un pacto confederal o una eventual independencia. Hoy, el Estatuto solo tiene validez instrumental para caminar del viejo tiempo del postfranquismo y su transición tramposa a una nueva era democrática en Euskadi, todo a reserva de los sucesivos posicionamientos de la ciudadanía vasca en las consultas a las que sea convocada.

Y si el 25 de octubre no vale como fiesta nacional compartida, ¿cuál es la alternativa que nos pueda reunir a la mayoría de los vascos? Me temo que no hay ninguna. El Aberri Eguna es para los nacionalistas su fiesta colectiva, pero con la que no se identifican los vascos españoles, aunque hubo un tiempo en que los socialistas la celebraban en comandita con los abertzales. El PSE decidió, por conveniencia, ser más español que vasco, al contrario que sus correligionarios catalanes, que celebran la Diada con los nacionalistas, para confirmar que son, antes que nada, catalanes. En todo caso, es preferible, por dignidad, no tener fiesta nacional que admitir una que es un puro embuste y una imposición insultante.

Si no tenemos un día para la fiesta institucional compartida es porque el país está dividido en lo esencial. Es la expresión cuasi anecdótica del conflicto vasco, el verdadero problema vasco, contaminado durante tantos años por la acción criminal del terrorismo revolucionario. Debemos admitir que aún siendo un país muy pequeño somos incapaces de ponernos de acuerdo en lo básico. Estamos desunidos, ciertamente. Solo los valores éticos de la democracia, la libertad y la justicia nos permiten convivir; pero diferimos en la definición de un marco político que satisfaga, sin imposiciones del Estado asimilador ni radicalismos locales, a la gran mayoría. No tiene esta situación de división por qué hacernos un país más infeliz, ni impedir nuestros avances en todos los sentidos; pero tenemos pendientes acuerdos democráticos, precisamente porque se han mermado -desde el Estado y desde la violencia antisistema- las posibilidades de acuerdo.

He mirado, como cada día, el santoral y compruebo que el 25 de octubre es San Frontón de Périgeux (SaintFront de Périgueux) un santo de Aquitania, considerado como el primer anunciador del Evangelio en esa zona vecina. ¡San Frontón, qué magnífico santo para Euskadi! Si hemos adoptado a San Mamés, un santo turco, y a San Sebastián, un santo romano, ¿por qué no adoptar a este San Frontón para ser el patrón de Euskadi, para conformar nuestra fiesta nacional en torno a su rotundo nombre y simbolismo? Ni Día del Estatuto, ni Día de la Raza, ni nada que desuna o incomode a las personas de diferente opinión política. San Frontón, un santo auténtico. No creo que haya mejor emblema que el frontón como elemento de cohesión y unidad entre vascos, al menos mientras el ejercicio de la democracia sin tutelas vaya despejando el camino para que, en pocos años, podamos pactar un punto de encuentro político, sin mermas ni excusas.

¡Vascos todos, viva San Frontón!

Desaprender. La publicidad se hace revolucionaria

Cuando un banco se muestra filosófico o trascendente es que el dinero se ha vuelto loco. Seguramente lo habrán visto: ING Direct, el banco naranja y sin sucursales, ha lanzado una campaña global bajo el críptico y a la vez audaz mensaje “es el momento de desaprender”, que viene a dar cierto contenido a su eslogan Fresh Banking, intraducible al castellano porque bien podría confundirse la dimensión transparente y ágil de hacer banca fresca con su sentido connotativo, ser un fresco o, peor aún, una fresca. Mejor dejarlo en inglés.

La idea de desaprender, que aparece siempre en los cambios de ciclo histórico, es muy sugestiva y hoy es la bandera de la innovación. Desaprender sería algo así como desprenderse del conocimiento anterior al quedar este obsoleto e impedirnos acceder a nuevos conceptos. Es una actitud de apertura intelectual, la quiebra de los prejuicios y el olvido de las convenciones clásicas del saber y el hacer. Sería como reinventarnos o la deconstrucción de nuestros viejos esquemas. No está mal la provocación.

La propuesta es interesante, aunque solo se trate de una ingeniosa estrategia de marketing financiero. La publicidad, que es el 30% de los contenidos de la tele, a veces se pone revolucionaria (¿qué sería una revolución sin eslogan?). En lo que no puede caer es en la charca de lo pretencioso, porque de ahí a lo grotesco no hay más que un paso. Cuando en la década de los 70 el Banco de Santander proclamó en una campaña que “nada de lo humano nos es ajeno”, tomado de un verso de Terencio, sonó a humanismo demagógico. Un lema bancario como aquel en estos tiempos de desahucios se tomaría como una burla despiadada.

La campaña de ING se concreta en un manifiesto de diez compromisos más bien etéreos. Y nos propone que “desinventemos las comisiones”, que “tenemos que ganar todos” y que “nos olvidemos de negociar, que aquí no hace falta”. Me apunto. Lo que sí hace falta es que la próxima vez que vayamos a solicitar un préstamo esta banca fresca también haya aprendido a desaprender y nos lo conceda.

Carta a Pello

Querido Pello Sarasola: Vuelves a casa en el peor momento. Aceptar ahora la dirección de Contenidos de ETB sería un reto fascinante si no fuera porque regresas en medio de una situación dramática. Nuestra radiotelevisión pública está tomada por el consorcio antinacionalista PSE+PP que en dos años y medio la ha postrado en los índices de audiencia más bajos de su historia y en un descrédito social absoluto. Han tirado por tierra gran parte del prestigio, credibilidad y conexión emocional que los equipos anteriores habíais alcanzado con mérito. ETB ha sido brutal y sistemáticamente desnaturalizada, Pello, lo que explica que haya perdido al día de hoy más de la mitad de sus espectadores. Como nadie sabe más de audiencias que tú, asumes que te haces cargo del mayor fracaso que jamás haya existido en el mundo de la televisión. Recibes una herencia trágica.

Con tu experiencia en este medio nadie duda, y yo menos, de que te volcarás en la tarea de rescatar a la televisión vasca de su naufragio. Necesitarás tiempo, apoyo interno y un amplio campo de trabajo. Y ahí está el problema. ¿De verdad crees que tus criterios estratégicos podrán neutralizar los propósitos políticos devastadores del actual equipo directivo? ¿Es posible arreglar un modelo roto sin democratizar unos informativos comisariados y manteniendo su españolísima línea editorial? ¿Te dejarán desinfectar los teleberris? ¿Cómo conseguirás diseñar una programación renovada si no puedes incidir en lo esencial, la gestión emocional de ETB? No fallan los profesionales de la casa, ni las productoras locales que generan nuevas ideas. Falla el corazón artificial de esta tele apabullada por la revancha.

Con un margen de acción tan limitado, te veo como el hombre que desde hoy preparará el cambio del cambio de ETB. En este proceso de tránsito de una época diminutiva a otra ilusionada encontrarás mucha cooperación. Te espera año y medio de amargura al que seguirá tu oportunidad de rehacer una televisión-espejo, esa en la que un país se mira y se reconoce. Un abrazo.

Directamente Adela. Ganar las tardes perdidas

Rectificar es un arte. También es una ética. Es arte porque ensalza la belleza de la condición humana, con sus fragilidades y derrotas. Y es ética porque es movimiento de mejora escarmentada. A nuestra ETB le cuesta mucho rectificar, lo que es peor que equivocarse. Después de dos años y medio de desplome se abre una luz de esperanza con el regreso a la dirección de programas del experimentado Pello Sarasola y con la plena recuperación de Adela González, uno de los iconos de la televisión pública en sus felices tiempos de liderazgo, que toma el mando de Euskadi directo en su única y natural ubicación en las tardes vascas. Marginada como secundaria de Sobera en Consumidores y como opción weekend del carrusel de reportajes en vivo, Adela vuelve a ser considerada como un valor seguro. Una rectificación tardía, pero estimable.

Si Euskadi directo buscaba, cuando nació torcido, la cercanía emocional con la gente, lo hizo todo al revés dando un rodeo. Un espacio como ese debía acudir a su cita a la hora oportuna. Eligió el mediodía, el momento equivocado, cuando la vida no está sentada sino en marcha. Escogió el tono invasivo del vendedor que llama a la puerta, en vez del encuentro con amigos. Y optó por una imagen extraña, una cuña gubernamental, que era como llevar a la niña de El exorcista a anunciar Kinder Sorpresa. Consecuencia: audiencia mínima con el máximo coste. Euskadi directo es el clásico experimento realizado con champán y pagado a cobro revertido. Hasta que, por fin, han entendido que es un programa de tarde necesitado de credibilidad real y amabilidad sincera, lo que ya tenían en casa. A Adela le toca ahora, de lunes a viernes, cambiar el corazón a este producto fundido.

Algunos piensan que ya es tarde para remediar el cáncer de ETB, porque la metástasis reside en la cabeza. Yo no creo en esa fatalidad y confío en los nombres de siempre para que sobreviva, año y medio más, al tumor PSE+PP. Seguir rectificando y alguna dimisión rápida ayudarían a esta ilusión. La que hoy empieza se llama Adela.

http://www.deia.com/2011/10/03/opinion/columnistas/telele/directamente-adela