La imagen de la semana: Cassandra Vera y la libertad de expresión

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La libertad de expresión está en horas bajas, el gobierno del partido popular, en connivencia de una serie de jueces afines a sus tesis, están cercenando uno de los derechos fundamentales de cualquier democracia.

Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que esta afirmación sería secundada por la mayoría de nuestros convecinos, y el último caso de una larga lista de despropósitos democráticos ha sido la condena a Cassandra Vera por humillar a las víctimas del terrorismo.

Su delito ha sido publicar una serie de tuits con chistes, de discutible gusto, pero que a mi juicio se enmarcan en lo que en cualquier estado de derecho consideraría una manifestación de un derecho fundamental como es el de expresión.

El objeto de sus chanzas ha sido el Almirante Carrero Blanco, sucesor designado por un cruel dictador para continuar con su régimen de opresión, y que fue asesinado por ETA hace cuatro décadas. Como bien apunta Javier Vizcaíno, en su blog Más que palabras, no había verbena en que no se corease a voz en grito la célebre canción con el estribillo “¡Carrero voló y hasta el alero llegó!” acompañado del consabido lanzamiento al aire de prendas diversas. Sirva este ejemplo para ver la normalidad con la que se han tomado, durante muchos años, las bromas sobre aquel suceso.

En un rancio ejercicio de anacronismo, que recuerda a tiempos pretéritos, se sentencia a un año de carcel a una persona por compartir en Twitter lo que ha sido la tendencia, incluso entre los humoristas mas afamados, de hacer humor negro o gris, según se mire, de este luctuoso acontecimiento. Tip y Coll hasta lo recogieron en un libro. Pero, sin duda, eran otros tiempos.

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Esta noche, a partir de las 21.30 tenemos de nuevo cita en la tertulia de periodistas de Gabon de Onda Vasca. Junto con algunos compañeros, haremos un repaso de la actualidad de la semana.

Un comentario en “La imagen de la semana: Cassandra Vera y la libertad de expresión”

  1. Una cosa es la libertad de expresión y otra bien distinta es reirse de una muerte, que es lo que ha hecho repetidamente. Que tiene derecho a reirse de lo que quiera y decir lo que quiera cierto, pero siempre que no ofendas a los demás. Es como si en un bar me pongo a hacer bromas contínuamente ofendiendo a los gordos y viene uno y me da un sopapo, bien merecido

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