La importancia de llamarse (y ser) Euskadi

Guillermo Dorronsoro

Oscar Wilde, además de muchas citas ingeniosas, nos dejó una comedia muy divertida, “La importancia de llamarse Ernesto”. La traducción del título original al castellano echa a perder el juego de palabras en inglés con el nombre “Ernest” y el adjetivo “earnest” (serio, formal), de forma que el título en inglés puede leerse también como “La importancia de ser formal”.

El nombre, la marca y sus atributos, nos identifican, y es importante acertar con ese nombre y después ser coherente. Como nos cuenta Oscar Wilde, cuando uno utiliza un nombre falso para presentarse en sociedad, o cambia de nombre según las circunstancias, las cosas tienen tendencia a complicarse.

Por eso me ha gustado estos últimos días escuchar y leer varias reflexiones sobre la importancia que tiene que la marca Euskadi nos represente adecuadamente. En estos tiempos de competencia global, debemos emplear todos los argumentos que ayuden a nuestras empresas a competir. “Made in Euskadi”, porque en Euskadi sabemos hacer industria, y eso nos da una ventaja competitiva que tenemos que aprovechar.

Hay países que ya están apostando decididamente por crear esa marca de país, y de esta forma apoyar a sus industrias. Alemania, por ejemplo, es “The Land of Ideas” (El país de las ideas). Date una vuelta por Google y verás la potencia de esta inversión, y cómo están llevándola a África, a India, a China… Y en primera línea, como promotores de la iniciativa, los buques insignia de la industria alemana, Basf, ThyssenKrupp, Eon… Los candidatos franceses andan también en el debate entre “produire en France” (producido en Francia) o “acheter François” (comprar productos franceses), en el que Sarkozy se ha pronunciado recientemente a favor del primero. Obama está impulsando con energía el “Made in America”…

Por cierto, las últimas estadísticas nos dicen que USA y Alemania apuestan con decisión por la industria del conocimiento y se aproximan ya hoy a una inversión del 3% de su PIB en ciencia y tecnología. En Euskadi andamos todavía en torno al 2%, y en España por debajo del 1,4%. Presupuestos son amores…

Llevo algunos años colaborando casi todas las semanas con un blog que escribimos entre varios, al que decidimos llamar “Thought in Euskadi” (pensado en Euskadi), en referencia a la segunda transformación que tiene que abordar nuestro tejido económico y social, para incorporar plenamente una nueva generación de industrias intensivas en conocimiento: sumar al “Made” el “Thought”, hacer desde las nuevas ideas.

Para conseguirlo hay retos que tenemos por delante, el reto del talento, el reto de la dimensión, el reto de la eficacia de nuestro sistema de ciencia, tecnología e innovación… Pero hay un reto anterior, un reto que va por delante, y es que tengamos claro que nuestro futuro está cosido con el futuro de nuestra industria. Y que las mujeres y hombres de nuestra industria mantengan el compromiso por Euskadi que les ha caracterizado siempre, incluso en los momentos en que tuvieron que afrontar la pesadilla del terrorismo, de la que ahora por fin estamos despertando.

Creo que es importante que las personas y sus proyectos tengan raíces, sepan quienes son, cómo se llaman. El que sabe de dónde viene, el que honra y defiende su familia, su tierra, sabrá también aprender a entender y respetar otras culturas, otros países.

Suelo desconfiar, por el contrario, de las personas que me dicen que son gestores globales, y que ya han superado el provincianismo de ser de aquí o de allí, que ellos son ciudadanos del mundo. Suelen confundir el mundo con los salones y habitaciones de los hoteles en los que duermen, y con las salas VIP de los aeropuertos en los que pasan más tiempo que en su casa. Son las mismas personas que están construyendo un modelo de globalización en el que el único criterio es sacar una rentabilidad creciente de una inversión cada vez más cortoplacista. Sin raíces, perdemos la referencia de lo que es crear valor.

Pienso que es posible otro modelo de globalización, en el que los proyectos empresariales y las personas que las impulsan no tengan complejos en llamarse y ser de su tierra, que es un primer paso para reconocer y respetar los proyectos y las personas de otros países con los que hagamos negocios.

Pienso también que Euskadi, nuestros proyectos y nuestras personas, tenemos la oportunidad de ser protagonistas de esa nueva forma de entender las relaciones económicas, que podemos construir un futuro mejor para nuestras hijas e hijos. Y para eso, nada mejor que ser nosotros mismos, llamarnos y reconocernos por nuestro nombre. Somos Euskadi y sabemos hacer bien las cosas, hemos sabido desde siempre hacer industria, y sabremos ahora hacer una industria basada en el conocimiento. Seguir fabricando, para conocer en profundidad. Aportar nuevo conocimiento, para que nuestros productos sean competitivos.

Os dejo con una cita de Oscar Wilde, que vienen bien en estos tiempos que anuncian una segunda recesión: “Todos estamos en las alcantarillas, pero algunos elegimos mirar a las estrellas”. Arriba, que todo está por hacer.

Comments are closed.