Entre cosas bonitas

Me gustan mucho las flores, las cosas bonitas, el olor a limpio, el viento, la tranquilidad, el silencio, cuando algo me resulta atractivo soy capaz de estar mirándolo mucho tiempo, los objetos están en nuestra vida, siempre hay cosas allí por donde vamos, buscar la belleza es un ejercicio que reconforta mucho y está en todas partes, en las cosas más sencillas y en las más complejas, solo hay que fijarse.
La belleza transporta, emociona, y es muy democrática porque cada uno de nosotros podemos decidir lo que nos gusta ¡Y lo que no!
No hay reglas para la emoción, para observar ni para sentir.
Si nos acostumbramos a mirar, todo mejorara, ¡O por lo menos eso espero!

Lucia Moholy, la fotógrafa de la Bauhaus

Lucia Moholy
La fotógrafa de la Bauhaus

La Bauhaus además de ser la primera escuela de diseño del siglo XX, fue también todo un movimiento artístico que se convirtió en un referente internacional de la arquitectura, el arte y el diseño.
La Bauhaus es sinónimo de modernidad, de colores primarios, nuevas concepciones del espacio y de la forma y de la integración de las artes.
La escuela tuvo su sede en tres cuidades: Weimar, Dessau y Berlín.
Fue fundamental el trabajo de documentación de la fotógrafa
Lucia Moholy (Praga, 1894 – Zúrich, 1989), una mujer a la que muchas veces se ha intentado ocultar detrás del que fuera su marido, el también artista László Moholy-Nagy.
En los años veinte entra a formar parte de la Bauhaus de Walter Gropius, primero en la sede de Weimar y luego en la de Dessau, gracias a ella se documentó la construcción de la nueva sede, los interiores de las casas de los profesores, los trabajos que salían de los distintos talleres, retratos de sus compañeros, de las fiestas, de la vida cotidiana en la escuela.
Unas fotografías que entran de lleno en lo que se llamó nueva objetividad, con primerísimos planos, para captar desde la mayor de las proximidades, la expresión de los modelos.
Fotografías que en ocasiones repintaba para potenciar los efectos del claroscuro, imágenes en las que busca ángulos complejos, introduce distorsiones ópticas y una abstracción deliberada, para acentuar aquellos detalles que consideraba mas interesantes.
Al mismo tiempo, fotografía los interiores de la Bauhaus, las viviendas en las que los muebles están pensados en función de la misión cotidiana que tienen que cumplir.
Lucia Moholy, sirviéndose siempre de luz natural, tenía una especial habilidad para capturar la singularidad de los objetos, los espacios interiores y el mobiliario que se diseñaba en la escuela, así como su célebre arquitectura.
Su trabajo fue particularmente relevante para promover la estética y la filosofía de la Bauhaus.

Jurga Martin: la ternura, la alegría o la tristeza

Todas las obras de Jurga fascinan por su vitalidad, precisión en las actitudes de los personajes y sus expresiones, sentido del humor, encanto y sencillez.
Como sucumbir a estas esculturas realizadas en terracota? Que reflejan un profundo conocimiento del ser humano por parte de la artista, sin importar las condiciones sociales o la edad.
Jurga nació en Útena, Lituania en el año 1977.
“Es necesario que la escultura este viva, yo trabajo la expresión de personajes que aprenden, que descubren, que se maravillan”
Las expresiones que consigue en los rostros de los niños, la naturalidad de las poses, la atmósfera de los grupos de los personajes y los detalles, las manos, los pies…pura belleza.
“El diálogo con la escultura me obsesiona. Se trata de un diálogo que no necesariamente se expresa con palabras, sino a través de los ojos y las manos y escucho lo que dice la escultura, si ella no habla, no está viva. Este es mi trabajo: hacer que hable”

Los Zapatos del Danubio

Estas esculturas fueron realizadas en el año 2005 por Gyula Pauer y Can Togay.
Es un monumento relacionado con el horror vivido en Budapest, durante la Segunda Guerra Mundial.
20.000 judíos fueron asesinados a orillas del Danubio, justo donde se encuentran los zapatos y es un homenaje a todas las personas que murieron en ese lugar a mediados del siglo XX.
Está hecho de hierro y son sesenta pares de zapatos de este material, dejando claro que este fue el lugar donde se arrojaron los cuerpos sin vida de miles de judíos, que eran obligados a descalzarse antes de ser asesinados y arrojados al río, de ahí el diseño de esta obra, que describe con sutileza el momento previo a la ejecución.
Las personas que han visitado este monumento coinciden en que la sensación de pena y tristeza lo inunda todo, además de un silencio de duelo y de respeto por todas las personas que fueron tiroteadas a orillas del Danubio.
El hermoso Danubio azul se volvió de color rojo, y la razón del monumento es homenajear a las víctimas e impedir que caigan en el olvido.

Georgia O’Keeffe from Hawai

En el año 1938, la agencia de publicidad “Ayer & Son” contactó con O’Keeffe, para encargarle dos pinturas para la Hawaiian Pineapple Company, para usar en su publicidad.
La oferta llegó en un momento crítico en la vida de la pintora, tenía 51 años, y su carrera parecía estancada.
Llegó a Honolulu el 8 de febrero del año 1939, a bordo del SS Lurline y pasó nueve semanas en Oahu, Maui, Kauai y la isla de Hawai.
Por mucho, el periodo más productivo y más vivido fue en Maui, donde se le dio completa libertad para pintar y explorar.
Pintó flores, paisajes y anzuelos tradicionales Hawaianos.
De vuelta en Nueva York, O’Keefe completó una serie de pinturas sensuales y verdes.
Sin embargo, ella no pintó la piña solicitada hasta que, la compañía Hawaiana de la piña envió una planta a su estudio de Nueva York.

Georgia O’Keefe es un caso curioso en el mundo del arte, siendo una mujer precoz en demostrar su valía, le costó exhibir su obra.
Pintaba flores grandes y en primeros planos, lirios, orquídeas, amapolas, que envuelven completamente al espectador haciéndole sentir como un insecto.
Formas abstractas, con un singular realismo, que han hecho que muchos asocien el arte de O’Keefe con la corriente surrealista.
Para otros, estas flores son metáforas sexuales por su sensualidad y sus formas, pero en cualquier caso, la pintura de O’Keefe trasciende todo simbolismo y se afianza como una expresión plástica tan genuina y personal, que no se puede asociar con ningún movimiento artístico.