NEW YORK: BACK UP – AHÍ ESTÁ LA GENTE

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El skyline de  la ciudad va quedando cada vez más al fondo, como  un decorado de cartón-piedra abandonado , y la mirada interior se dirige hacia abajo hasta circular a ras de tierra. Y ahí está la gente. En esa escala de como mucho un par de metros.

Y me viene al recuerdo la  camarera colombiana de Le pain quotidien que nos contó con mucha alegría que su hermana se estaba abriendo camino en Valencia. Y la sonriente  señora negra que me dió “la paz” nada más entrar en  la Trinity Church. Y la pareja de ancianos que leían juntos el New York Times  en el Central Cafe y que accedieron a sacarnos un par de fotos familiares excusándose por su falta de pericia.Y el mexicano que, para mi sonrojo, me dijo en la estación de Fulton Street que él hablaba “mexicano” y no “castellano”. Y el fornido jamaicano que nos desplumó en un pis pas- a cinco dólares la partida- jugando sobre un tablero de ajedrez tambaleante en una esquina de Union Square.Y la amable empleada  de trenzas rubias de la librería Strand que me indicó dónde podía encontrar el Journal de Henry David Thoreau. Y el cubano espigado que se cuidó de que en nuestro menú hubiera un plato adecuado para celíacos en aquel restaurante perdido de Brooklyn. Y , por supuesto aquel señor negro , de traje , corbata y bastón, que en la calurosa mañana de domingo de Harlem, me preguntó si me encontaba bien…La gente.

Sí,a ras de suelo queda la gente y de esto también hay que hablar. Y guardar una buena copia de seguridad, un adecuado back up, para que no se nos olvide cuando comentemos algo de ese lugar en el que nació la democracia moderna y de esa ciudad que  ha sido la puerta de entrada de  lenguas y culturas tan diversas.

 

CAPITÂES DE ABRIL

 

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Hemos aterrizado en Europa en la madrugada de hoy, 25 de abril. A estas mismas horas, hace cuarenta  y tres años, comenzó a sonar en  Rádio Renascença “Grândola, Vila Morena” , la canción de José Alfonso prohibida por el gobierno  del dictador Marcelo Caetano, y las primeras tropas  comenzaron a movilizarse  bajo  el mando de Otero Saraiva de Carvalho: la mayor parte de las fuerzas armadas portuguesas, hartas ya de las guerras coloniales y de la arbitrariedad de  sus gobernantes, había iniciado lo que luego se  llamaría “la Revolución de los Claveles”.

Desde el principio hubo señales que indicaban que la Revolución iba a ser una simple revolución burguesa , y la primera fue el ascenso  a la presidencia del  general Antonio de Spinola. Pero como todo esto ocurría en 1974 y Francisco Franco  y su “Régimen”seguían vivos, aquellos hechos se interpretaron por aquí como un precedente de lo que podría ocurrir y que no ocurrió, pues el ejército español- a pesar de la UMD- era de otra calaña.

En el año 2001 acudí a Lisboa  a un congreso de filosofía .Ya nadie hablaba de la Revolución  y el icono máximo de la modernidad eran los grandes Armazens do Chiado. Asistí al estreno de Capitâes de Abril, de María de Medeiros, que rememoraba las gestas de 1974, y la enorme sala de cine Sao Jorge estaba casi vacía. Entre el escaso público predominaban los entonces cincuentones y algún adolescente de largas guedejas.

Todo lo que ahora estoy contando  parece ya atisbarse tan sólo entre una densa niebla. Y sin embargo, cada vez que escucho “Grândola, Vila Morena”*, algo renace dentro de mí, algo parecido a la esperanza. Acaso aquel sentimiento del que hablaba Kant en  su “Qué es la Ilustración”, del que tan buen partido sacó en su momento Michel Foucault.

* “Grândola, Vila Morena”:

http://www.rtve.es/alacarta/audios/musica-en-el-archivo-de-rtve/grandola-vila-morena/477001/

 

 

NEW YORK: COME BACK

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En Lento regreso, la mejor obra, en mi opinion, del escritor austriaco Peter Handke,  se narran las cuitas de su protagonista ,Sorger, ante la perspectiva de volver  desde las inmensidades sorprendentes de la naturaleza de América del Norte a su tierra natal en la mensurable y un poco aburrida Europa.

Nosotros también volvemos pero va a ser un regreso rápido, bien sazonado de controles policiales, registros de maletas y hasta el merodeo de un perro enloquecido anti-droga.Volvemos porque hemos ido. Y hemos ido a Nueva York. Viajar a Nueva York está de moda entre los europeos, un poco como para los americanos pudientes estaba de moda  visitar Roma o Paris en el siglo pasado ( no hay más que leer a Edith Wharton, John Dos Passos o Ernest Hemingway.  En realidad, los europeos, si nos atenemos a algunos testimonios tan diversos como Julio Camba o Paul Morand, no han hecho gran aprecio de esta ciudad. Pero la moda es la moda y siempre  queda la duda de si la Gran Manzana merece una visita.

Desde luego, si se es amante de las tradiciones historiadas no merece mucho la pena. No se puede encontrar, por hablar de Roma o Paris, ninguna plaza similar a la Piazza Navona , ninguna fuente análoga a la Fontana de Trevi, ningún jardín como los de Versalles ni  ningún museo como Le Louvre. Se podría argumentar que  es el gigantismo  a veces desmedido lo que hace esta ciudad tan sorprendente, pero, por ejemplo, para quien haya visitado Beijing la comparación  se desvanece.

¿Qué hace pues atractiva esta ciudad?Probablemente lo que hace, en general, atractivo Estados Unidos de América y que es esa sensación de inmensidad, de incomensurabilidad, que comparte el skyline neoyorkino con , por ejemplo, la ” madre de todas las bombas ” ( no nucleares, se especifica) lanzada hace  apenas unos días en Afganistán. Una sensación de inmensidad que sólo es tal, pues la supuesta inmedible falocracia de los rascacielos y los puentes es bien medible  empíricamente.

Ya comenté que  dicha sensación nos encamina hacia lo sublime kantiano que, al cabo, resulta aterrador, como aterradores resultan, según leo en The New Yorker,los tweet de Trump. Y contra más escuetos más aterradores.

También en Europa, al calor de eso que se ha venido en llamar la post-verdad- que no es sino una variante post-moderna de la moderna mentira-, nos vamos encaminando hacia lo sublime en casi todo, convirtiendo los paseos en marchas y las marchas en footing o deviniendo la tradicional picaresca que tan sólo servía para sobrevivir con gracejo en corrupción big size.

En fin,que volvemos .Esperemos que a la Europa de siempre. A la de lo bello aunque sea un poco aburrido y sin supermanes justicieros cruzando los cielos armados hasta las cartolas.

 

 

NEW YORK: DOMINGO EN HARLEM

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Todas las guías turísticas dicen que el domingo hay que procurar acercarse a Harlem y asistir a  una misa gospel. Nosotros hicimos lo propio y subimos , tras varias chirivueltas en el esotérico metro neoyorkino, hasta la calle 125 en pos , en realidad, del Apollo Theater.

Pero , he aquí que en buscando el inveterado monumento del jazz, escuchamos unos coros dulces y armoniosos que llegaban de una  iglesia cercana- no recuerdo de cuál, pues lo cierto es que hay una iglesia casi en cada  manzana. El templo estaba repleto de autóctonos y turistas , y los cánticos se sucedían en medio de ardorosas y breves  homilias o equivalentes. El espectáculo, pues para mí era un espectáculo, no era novedoso porque lo había visto unas cuantas veces  en el cine y en la televisión, pero sí emocionante por el profundo sentimiento de comunidad que transmitía.

Y acaso eso fue lo más importante que me llevé de allí cuando, al cabo de un cuarto de hora, no pudiendo soportar más el calor que hacía  dentro, salí  para darme de bruces con un sol blanco y omnipotente que, a más de gafas de sol, precisó que abriera mi paraguas a modo de sombrilla.

Sentado luego en el borde una acera que daba a una tapia que daba a una especie de almacén, fui contemplando cómo los feligreses, todos negros, por supuesto,  iban saliendo del templo poco a poco, en grandes grupos familiares, vestidos , como se decía antes, “con sus mejores galas”: los hombres de traje y corbata, las mujeres con vestidos largos , moños altos y muy repintadas y niños y niñas a la par de sus mayores en pequeño formato. Y pensé que verdaderamente había coherencia entre el sentimiento de comunidad que había percibido  media hora antes y  este burbujeo social que homologaba en la vestimenta probablemente a gentes de muy diversos recursos, ricos y pobres. Algo así como  en tiempos ya lejanos , en nuestros lares, los campesinos y los baserritarras, llegado el  Día del Señor, se ponían el “traje de domingo” ( que solía ser el de sus bodas y el de las bodas en general) y se iban a  escuchar misa a la parroquia con la perspectiva del posterior vermouth y la consiguiente comida familiar…

Y en estas meditaciones estaba yo cuando una sombra se detuvo ante mí. Levanté la mirada y vi a un señor negro ya entrado en años, impecablemente vestido y apoyado en un bastón: ” You´re OK?” me dijo entrecerrando los ojos. Y yo, sonriendo, le respondí: ” Yes, yes, of course, thank you very much!”… Hacía mucho tiempo que nadie me preguntaba algo así.

 

NEW YORK: BESTSELLERS INCOMPRENSIBLES

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Todos los  fines de semana The New York Times  trae su suplemento de libros- “The New York Times Book Review”, que no hay que confundir con la famosa revista  The New York Review of Books , fundada por Robert Silvers en 1963. En  dicho suplemento suele aparecer una lista de los libros más vendidos- los famosos bestsellers- clasificados según el criterio anglosajón ahora tan en boga de Fiction/ Non fiction. Pues bien, en la tal lista no figuran por lo general  autores o títulos reconocibles para quien no esté ( muy) versado en la actual producción literaria norteamericana. La sorpresa , a este respecto, puede ser mayúscula, y lo mismo supongo, les ocurrirá a quienes se acerquen a nuestras listas, constatando , una vez más, las grandes diferencias entre nuestros mundos ( también) culturales.

Pero, por otro lado,  en Nueva York, más allá del turismo de masas que no cesa de levantar la mirada y exclamar “¡Oh! ¡Ah!” hasta la tortícolis, hay así mismo un nano-turismo cultureta de postureo que va buscando lugares sagrados intentando apartarse del vulgo selficiente. Y así,  algunos ( y algunas ) se van al Chumley´s a pillar alguna gota de sudor reseco en la silla donde se sentaba  John Dos Passos, pero no se han leído ni leerán jamás Manhattan Transfer; o intentan emborracharse- sin éxito, por cierto- en el  Old Town Bar, por ver si al cabo entienden algo de El gran Gatsby; o frecuentan Washinton Square a altas horas de la noche a la espera de la aparición de los fantasmas de  Henry James o  Edith Wharton, pero jamás leerán  La lección del Maestro o La edad de la inocencia.

Y es que se trata de un personal  un tanto pijín, al que le mola codearse con lo alternativo a cierta distancia, no sea que se les ensucien las Adidas Super Star, y en su inocente inocencia piensan que  invocando ctónicamente a Dylan Thomas o a Ernest Hemingway, ya se puede ser alguien en el mundo de la escritura, cogiendo el rábano por las hojas y el efecto por la causa. A toda esta subespecie turística que podríamos denominar ” Tiffany´s  Troupe” habría que recordarle,para su  redención,  estos versos de otro apocalíptico integrado:

“‘Érase un niño que se  lanzaba a la aventura todos los días, / y en el primer objeto que miraba y aceptaba con / asombro , piedad, amor o temor, en ese objeto se / convertía…” ( Walt Whitman)

NEW YORK: LOS HISPANOS IMPRESCINDIBLES.

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En la Gran Manzana en cuanto se oye un poco de castellano, siempre hay alguien que interviene . Por supuesto, estoy hablando de camareros, dependientas de tiendas de ropa, recepcionistas y otros oficios similares. Es igual que visites  Hollister , Urban Outfitters  o  esa pequeña maravilla de Le pain quotidien – que sirve un permanente brunch- o, incluso el recomendable Bill´s Bar. En cualquiera de estos lugares hay hispanos.

Y es que ciertamente la vida cotidiana de Nueva York sería inconcebible  sin los hispanos. Cubanos,peruanos, guatemaltecos, colombianos y sobre todo mexicanos – esos, sí, a los que el nuevo presidente les quiere poner un muro- hacen funcionar la ciudad trabajando un buen número de horas y viviendo a base de sueldos muy bajos y muchas propinas ( esas gratuities del 15, el 18 o el 20% que tanto despistan al europeo y sobre todo al mediterráneo.

En este sentido todavía está totalmente vigente aquella famosa película A day without a Mexican / Un día sin mexicanos  (2004) de Sergio Arau , un documentary- falso documental o mocklumentary , como los de Michael Moore – en el que se plantea lo dificil que lo tendrían los gringos, si , por arte de birlibirloque, desaparecieran del Imperio todo los mexicanos y mexicanas que limpian las calles, recogen la basura, cuidan a los bebés y sacan a pasear a los ancianos.

Hay , además, en esta presencia de los  hispanos un desbordante deseo de evidenciarse, de hacerse notar, mientras que en el caso, por ejemplo, de la comunidad negra,más bien se aprecia un ánimo permanente de retirada a su ghetto , a su barrio o a su calle, mientras se pierden tarareando la música que no cesan de escuchar en sus auriculares.

Probablemente, así como los blancos tuvieron a su Martin Scorsese  y los negros a Spike Lee, en poco tiempo los hispanos tendrán el director o la directora  que ponga sus cuitas  y aspiraciones on the screen . Por lo que he oído, habrá que estar atentos a  realizadores como Joe Menéndez o Issa López…

 

 

NEW YORK: CEMENTERIOS EN QUEENS

Cementerio de Calvary Cemetery

Repasando mis apuntes de estos días, voy  a volverme más analítico a partir de hoy, tras la síntesis de ayer que, por lo  visto, ha levantado algún sarpullido entre quienes hicieron en su momento su “ideal travel to NYC”. Así, el primer tema va a ser una variación sobre  cementerios y muertos neoyorkinos.

Decía Josep Pla – en su La vida amarga-  que para conocer bien una ciudad hay que visitar su cementerio. Yo también creo que es una buena idea porque la manera de encarar la muerte suele decir mucho sobre la vida ; además me consta que en muchos packs de viajes hay una parte de lo que se podría denominar ” turismo cementérico”.

Yo no he hecho tal tipo de turismo , debido a la suposición de la improbabilidad de su aprobación por el convenio familiar que me regula, pero, de haberlo hecho ,habría recurrido a esa pendejada ahora tan de moda del tour en helicóptero, sólo que en vez  de sobrevolar , en metamasturbación  megafálica, el skyline tipo disneyworld de NY, hubiera solicitado una especial atención a los camposantos. Así que me he tenido que contentar con observarlos, sucesivos y apretados, en las estribaciones de Queens  gracias a los atascos – de ida y de vuelta- al aeropuerto JFK. Y ciertamente su visión  me ha conmovido más que la que se atisba desde el Top of de Rock.

Otro sí, he comprado más o menos regularmente el The  New York Times, por aquello de que soy un clásico de mí mismo y me gusta leer la prensa de los lugares que visito- y un poco la televisión. Pues bien, en este también clásico diario – que por cierto lleva casi tanta publicidad como páginas-  junto a sesudos artículos sobre la somewhere people, antiguos WASP ( White Anglo-Saxon Protestant) base del renacimiento trumpiano, hay una extensa sección necrológica en letra muy pequeña y , como no he podido dar satisfacción a mi necrofilia estética, me he dedicado a leerla , en los  sucesivos viajes en ese metro sucio, maloliente, y arbitrario que recorre las tripas neoyorkinas. Me han gustado mucho los encabezamientos siempre alegres del tipo  ” en paz consigo mismo y rodeado de su familia”, la longevidad general de los finados  y sus orígenes varios, pues no llegaban ni a dos de cada diez los nacidos en tierras americanas, siendo de origen europeo casi todos, y , en mi investigación documental, fundamentalmente  italianos, irlandeses y alemanes.

Lo cual que dice mucho de quiénes compran y leen ( y pagan ) el The New York Times, sobre todo si, en cerrando el periódico, se ve que va uno acompañado en el vagón del metro – a más de por su familia y algún turista- por una mayoría substancial de negros e hispanos…Pero ese es ya el tema de mañana.

 

NEW YORK: UN PASEO POR BROADWAY

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Ayer,último día de estancia en Nueva York, hice un largo paseo bajando desde Central Park hasta Union Square atravesando una buena parte de Broadway. Mi meta estaba en la librería Strand.

Mientras caminaba bajo un cielo gris y pesado, intentaba hacer un balance de esta visita que ha durado una semana y media. En la síntesis todo apuntaba a una experiencia de lo sublime, pero no en el sentido popular – algo así como “lo magnífico”  – sino kantiano,  es decir, impresionante,  casi aterrador,  frente a lo simplemente bello.

Pues en efecto,  en esta ciudad no hay nada propiamente bello, sino que más bien todo tiende a la desmedida,  desde el bosque fálico de los altos edificios hasta los tentáculos  sucios de esos puentes largos y pretenciosos. Por otro lado, no hay en verdad “plazas”  y las que tal nombre y sonoro llevan ( Washington, Union, Madison…) no son sino intersecciones de calles y avenidas numeradas. Al cabo, sigue siendo una “ciudad automática”, como muy bien la llamó Julio Camba en unas páginas deliciosas.

Yo no viviría en una ciudad así, y de vivir tendría que hacerlo pertrechado de muy buenos amigos,  del The Newyorker,de la New York Review of Books y de la excelente librería Strand…que más bien me recordarían continuamente a Europa y a ” lo bello”.

Y tampoco volvería de visita, como sí lo haría – y espero hacerlo – a Paris,  Nápoles o Atenas.

De manera que no acababa de entender la imperiosa necesidad de hacerse una selfie en Times Square que es uno de los lugares más horteras que he conocido..( Aunque,  bueno,lo cierto es que nunca he acabado de entender lo de las selfies en general.

 

 

HOMENOTS: MIGUEL TORGA

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De la misma balda que ayer, hoy  he cogido La creación del mundo , del escritor portugués Miguel Torga. Este libro es un largo relato de tono autobiográfico escrito entre 1937 y 1981. La obra está dividida en seis partes – correspondientes a los seis días de la creación del mundo- y en ella , aparentemente lejos de cualquier pretensión novelizadora, se van recogiendo diversos y sucesivos episodios de la infancia, la juventud y la madurez de un sosias del mismo Torga. De que se trata de una obra de ficción y no de una autobiografía en sentido estricto no parece haber la menor duda. Para ello no tenemos sino que cotejar algún episodio relatado en La Creación del mundo con las anotaciones coetáneas de sus Diarios. Haciéndolo nos percataremos enseguida de que Torga ha ficcionado muchas partes de su vida , modificando en el relato aquello que, por la razón que fuera, no encajaba bien en la línea narrativa que estaba desarrollando. En cualquier caso, este fenómeno que tan claramente detectamos en Miguel Torga – y que podría extrapolarse , con la documentación adecuada, hasta el caso de un maestro de lo fantástico como Jorge Luis Borges – se abre a la observación porque contamos con un referente de la vida real de Torga que es su Diario. Sin dicho Diario, en efecto, sería imposible evaluar la ficcionalización que ha llevado a cabo. Pero nuestro optimismo se puede venir abajo cuando comprobamos que el mentado Miguel Torga no existe en la vida real, sino que es el pseudónimo de un médico portugués llamado Adolfo Correia da Rocha. Entonces la pregunta que nos podemos hacer es : ¿Quién ha escrito todo esto? Porque resulta que un tal Adolfo Correia da Rocha ha creado un personaje que es Miguel Torga que escribe un Diario que parece servir de referencia a un relato autobiográfico titulado La Creación del mundo… ¡ Ya nos hemos perdido! La irrelevancia de la pregunta y de la respuesta se muestran en el limitado interés que despiertan salvo para críticos o historiadores de la literatura . Porque… ¡ Qué más da quién lo haya escrito ! Quien se acerca a un libro espera de él vida, descripción y reflexión, y le da igual quién lo haya escrito mientras el libro vibre entre sus manos y haga vibrar alguna parte de su cerebro y de su corazón.

HOMENOTS: ROSA CHACEL

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En las baldas dedicadas a  los textos auto-diegéticos, a los que he dedicado buena parte de mi tiempo,  tiene un lugar destacado Alcancía  de Rosa Chacel (1898-1994). Leyendo estos diarios de la  prolífica escritora vallisoletana, surge de inmediato la  comparación con la figura de un médico cirujano que se operara a sí mismo.

En efecto, Rosa Chacel describe en Alcancía  una buena parte de sus interioridades: sus problemas de salud, la contienda permanente con las editoriales para que le publiquen o  le abonen los derechos de autora, sus crisis de esterilidad y  sus arrebatos  de creación y, sobre todo, las relaciones personales que mantiene con gentes más o menos conocidas del mundo de la literatura. En todo ello entra la Chacel, efectivamente,   bisturí en mano, cortando por aquí y uniendo por allá, suturando y  drenando,  y cosiendo al fin, procurando no dejar  muchas cicatrices. Y aún así, por lo que cuenta, las deja.

Después de hacer la operación, Rosa Chacel  se toma una larga ducha, se pone guapa – por cierto, sólo a una mujer se le ocurriría comentar en el diario sus dudas sobre el vestido más adecuado para la ocasión –  y se va a la presentación de su último libro. Exactamente igual que el cirujano que sale  del vestuario  con corbata y cabello engominado, hecho un brazo de mar que diría su madre,  tras haber echado a la basura su bata y sus guantes ensangrentados.

Así, de la misma manera que , a veces , de los cirujanos  sólo se quieren conocer  sus explicaciones  en  la consulta y horrorizaría verlos en plena faena, sudorosos y ensangrentados como un torero , de los escritores  sólo se desea  conocer la obra y todo lo más su voz , pues si , por ejemplo, se fuera a cenar con ellos – algo a lo que aspira inocentemente mucho lletraferit  amateur – se concluiría que , en muchos casos, toda la sensatez y sabiduría que muestran en sus obras, se tornan estupidez y megalomanía en contacto con los mortales.

Pero, en cualquier caso siempre habrá quien se interese por las interioridades, por las tripas de las personas y de las cosas, esas vísceras más o menos nobles que hacen que todo lo demás funcione y que, por lo general se esconden  tras una piel tersa  y, con los años,  plateada. La piel del escritor, la piel del cirujano.