UN BRIOCHE CON HELADO DE LIMÓN

La Florio y su marido, Luigi,nos estaban esperando, como siempre, tras la barrera de la puerta. Qué bueno es tener amigos así y tanto más como en este caso en el que lo personal y lo profesional se superponen yo diría que hasta con delicadeza.
En el Aeropuerto de Fontanarrosa brillaba un sol limpio y redondo y el termómetro marcaba 32 grados muy secos, una temperatura ideal para contrarrestar el complejo de helecho umbrío de Lizarrusti con el que veníamos.
Siempre me ha gustado el calor y el canto pertinaz de las chicharras, esa combinación que es signo de identidad tan mediterráneo. Pero es que este de Sicilia se puede además abandonar en un pispas, if necessary, subiendo a cualquier parque natural del interior, como Le Madonie o los Nebrodi.
Tras los besos y saludos de rigor , nuestra pareja consorte se ha ofrecido, también como siempre, a llevarnos al hotel. Sin embargo, tanto Maite como el que suscribe hemos pedido, casi de rodillas, que nos lleven a tomar un buen brioche con helado de limón a donde mejor les parezca.
Luego, ya hablaremos de Trump, de Venezuela, de Brancati y Zampa ( tema pendiente )…y de lo que sea…

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