Cosas que ocurren cuando entras por casualidad en una librería y resulta que están presentado un libro

(Foto:Maite Huici)

Una buena alumna, de esas que, con el tiempo, se convetirá en una guapa-lista (1), me ha enviado estas líneas relatando lo que le pareció la presentación de El olvido de Bruno, de Edgar Borges que celebramos el viernes por la tarde:

“No había estado nunca en una presentación de un libro. Es más, creía que estas cosas ya no se hacían. A mí me suele gustar más leer en el e-book y , por lo general nos pasamos archivos entre la cuadrilla. No sabía donde estaba la Librería FNAC, pues había entrado tan sólo a la primera planta para comprar un smartfone nuevo para el cumple de mi hermana.

La sala donde se hacía la presentación era pequeña o por lo menos  me ha parecido que se había quedado pequeña. He visto a unos cuantos colegas en las primeras filas, sentados en el suelo rodeando una pequeña tarima. En la parte de atrás unos cuantos profesores y profesoras y sesentones calvos o con unas melenas como las que llevaba mi padre en los setenta.Unos pocos sentados, la mayoría de pie.Yo me he sentado a la izquierda apoyada contra la pared.

Al poco han aparecido el Peli y un señor menudo de ojos muy vivos que era el que había escrito el libro que se presentaba: “El olvido de Bruno”. El Peli  ha hecho una introducción en la que ha mencionado a varios autores. Yo me he quedado con un tal Vázquez Montalbán y con Horacio y algo de sus “pisotones”( esto lo tengo que revisar.Sin embargo,lo que más me ha sorprendido ha sido una frase que ha soltado en un momento y que la he apuntado palabra por palabra:” El fascismo no sólo reprime como cualquier otro  autoritarismo, sino que obliga a decir lo que no se quiere decir pretendiendo que se sienta lo que no se siente salvo ser tomado por anormal o pervertido. Es pues algo que activa…Y no en vano , en el Franquismo había un Ministerio de Movimiento”

Pues bien,yo pensaba que en la presentación de un libro, se hablaba fundamentalmente del libro. Pero no ha sido así. Pues a la primera pregunta que le ha hecho el Peli a Borges acerca de la concepción de El olvido de Bruno, el autor ha dejado ver que el libro ya estaba ahí para ser leido, y que prefería retomar la frase que he dicho y, a partir de ahí toda la conversación- que ellos llamaban “conversatorio”- ha ido circulando, si lo he entendido bien, acerca del valor de reafirmarse en las propias palabras y en aceptar los sentimiento aunque parezcan problemáticos. Y también en utilizar la imaginación frente a tanta “narrativa interesada” divulgada por los medios de comunicación (Esto, espero que lo retomaremos en clase).

Al final,una señora muy alta que se ha autodefinido como”canosa” me parece que nos ha pedido algo así como perdón por el mundo tan complicado que nos dejaban (los “canososos”, supongo) y se ha llevado un gran aplauso. ”

(1) Me acaba de llamar Laura, exigiéndome que , de una vez por todas, explique públicamente lo de las “guapas-listas”. Le dedicaré una entrada completa.Pero, por ahora puedo adelantar que se trata de un concepto acuñado  partir de 1) la expresión masculina griega clásica “kalós k´agazós “( bello y bueno) puesta en femenino;2) la idea  de la “cousine d´alliance” de Montaigne; 3) algo de la ” mujer con la que puede mantener una conversación ” del ínclito Pío Baroja;4) un toque de la propuesta de “estupenda señora” de José Luis De Villalonga.

A day without a Mexican

En el año 2004, publiqué estas breves líneas…que, desgraciadamente, se han puesto de actualidad:

“En su colección de ensayos breves titulada En esto creo, cuenta Carlos Fuentes que, viajando por el estado mexicano de Morelos, perdido en un laberinto de montañas, arrozales y cañaverales, se detuvo para pedirle a un anciano campesino el nombre del lugar en el que se encontraba. “ Depende – contestó el viejo- . El pueblo se llama Santa María en tiempos de paz. Se llama Zapata en tiempos de guerra”.

Fuentes toma como excusa esta anécdota para divagar acerca del tiempo propio de las comunidades de culturas complejas como es el caso de la mexicana, dedicándole, página adelante y atrás, una serie de reflexiones de singular semejanza a las realizadas por Octavio Paz en su Laberinto de la soledad. México y lo mexicano aparecen aquí – y allá – como una mixtura de culturas indígenas e hispanas, de caciquismo y revuelta, de república partitocrática y militarismo civil.

Pero México también es mano de obra barata. Y no sólo internamente – la de los restos de los pueblos indígenas, como los mayas, respecto de los mestizos o de los criollos ( si es que todavía los hay) – como puede observarse en cualquiera de los resorts de la Riviera Maya, sino, y sobre todo, para los Estados Unidos de América: tan sólo en el estado de California viven doce millones de mexicanos, según Saúl Sebastián, crítico cultural de La Voz del Caribe.

Así que, según parece, lo tendrían difícil los gringos, si , por arte de birlibirloque desaparecieran del Imperio todo los mexicanos y mexicanas que limpian las calles, recogen la basura, sirven en los restaurantes, cuidan a los bebés y sacan a pasear a los ancianos. Esta es precisamente la tesis del film A day without a Mexican / Un día sin mexicanos , falso documental – o mocklumentary , como lo llaman por allí – de Sergio Arau que está batiendo records de taquilla equiparables a los de otro mocklumentary famoso: Farenheit 09/11 de Michael Moore.

En fin , que , en viéndolas venir, habría que preguntarse quiénes son los mexicanos que pululan por la piel de toro, esos de los que , sin darnos cuenta , ya no podemos prescindir y sobre los que algún día alguien hará su particular A day Without..”

Songs of Leonard Cohen

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Eran las cinco de la tarde de un verano tórrido. Estábamos sentados en la cama con las persianas bajadas  y El Oso, casi entre sombras, puso un disco que acababa de traer de Irlanda donde había estado pasando el último mes. Una voz grave ocupó por completo el dormitorio y algo muy profundo se despertó dentro de mí. Me levanté y me hice con la funda del LP. Era “Songs of Leonard Cohen” . A este disco siguieron otros como “Songs From a Room” o “Songs of Love and Hate” que fuimos escuchando hasta casi aprendernos las letras de las canciones de memoria ,en un acto íntimo de resistencia ante el  sórdido ambiente de la negra provincia que tan magníficamente ha descrito Miguel Sánchez-Ostiz.

Luego, durante la Transición, algunas de estas canciones, tarareadas por lo bajo, me sirvieron para conectar con algunos camaradas  que compartían celdas próximas en la comisaría de Pamplona. Después no acompañaron en las primeras cassettes, durante  los viajes clandestinos que hacíamos a Madrid, donde , por cierto, El Oso había ido a estudiar.

En los ochenta  descubrí que además era un original novelista y leí con fruición Los hermosos vencidos de la por entonces famosa Editorial Fundamentos. Y también  poeta (La energía de los esclavos), aunque esto ya nos lo habíamos imaginado, con sólo leer las letras de sus canciones.

El Oso murió en los noventa sin llegar a ver del todo en lo que se iba a convertir aquella Democracia por la que , se suponía, habíamos echado unas paladas. Hoy se ha muerto Cohen y no he podido evitar  volver a oír aquella canción que nos libró de tantas cosas y que nos dió fuerzas para otras tantas:

Suzanne takes you down to her place near the river
You can hear the boats go by, you can spend the night forever
And you know that she’s half-crazy but that’s why you want to be there...”

EL DÍA DE LA MEMORIA (Sobre “El olvido de Bruno”, de Edgar Borges)

 

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Hoy se celebra “El Día de la Memoria” en estos lares y,como ya es habitual, las interpretaciones sobre lo que hay que recordar y lo que hay que  olvidar han resultado ser los aspectos más relevantes.

Decía el listísimo Manuel Vázquez Montalbán que en los años finales del franquismo, la literatura  sirvió para  prepararnos ante los trampatojos que se escondían tras una situación política que parecía meridianamente clara: el Régimen se descomponía tanto como su Caudillo y se preveía la Democracia. Hoy en día la situación política resulta confusa por impredecible. En USA acaba de obtener la presidencia Donald Trump y por aquí ya no se sabe si estamos ante el fin del bipartidismo o ante el comienzo de un nuevo Régimen monopartidista por defecto. Entre tanta  confusión la literatura, comercializada y vampirizada, asimilada a las series de la televisión que se ven en todo el planeta,  ha vuelto a ser más entretenimiento que otra cosa y ha redescubierto  lo que se suele descubrir en todas las épocas de crisis  y transición , que debe centrarse en lo criminal, sea en New York, Estocolmo o en el Baztán.

Mañana  tendré el gusto de presentar la última novela del escritor venezolano Edgar Borges, titulada El olvido de Bruno,  que retoma el fondo de algunas de las aparentes nuevas disputas, y entre ellas ese circuito profundo que une la memoria, el olvido, la identidad y la responsabilidad. Una novela sobre la que escribí en su momento las siguientes lineas:

BELLEZA Y CRUELDAD DE LA MEMORIA (Sobre El olvido de Bruno, de Edgar Borges)

Dice Fredric Jameson en su obra “El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado” que toda la panoplia post-estructuralista, desplegada desde Roland Barthes hasta Michel Foucault pasando por Jacques Derrida, no ha sido sino la respuesta ideológica del capitalismo avanzado a la ideología marxista. Así, el anti-humanismo de que hacían gala todos aquellos pensadores y que disolvía al “hombre” en prácticas lingüísticas y micro-poderes varios, disolvía, de paso, cualquier identidad colectiva activa, o, al menos, lo suficientemente activa como para poner en peligro el statu quo capitalista.

El diagnóstico puede ser acertado en el contexto del ensayo filosófico o, incluso científico (social) pues en tal ámbito se plantean problemas y se proponen soluciones. Pero, ¿qué ocurre cuando, por ejemplo, se disuelve deliberadamente a un ser humano concreto desde un punto de vista descriptivo? ¿Cuándo se da cuenta tan sólo de las manifestaciones de esta disolución sin proponer una interpretación, o, mejor, dejando abierta la interpretación en manos de un hipotético lector? Ocurre, ni más ni menos, que ya nos estamos moviendo en el ámbito de la narrativa de ficción, un género que suele plantear problemas, pero no tanto soluciones.

Y esto es exactamente lo que ha hecho Edgar Borges en su última novela, “El olvido de Bruno” (Ediciones Carena, 2016). Pues en ella, su protagonista, amparado en el diagnóstico de una supuesta enfermedad mental, se disuelve mostrando toda la belleza y la crueldad que supone despojarse de la condición de sujeto y sumirse en una individuación tan anónima como cautiva. Bruno, en efecto, un viejo librero, lleva ya un tiempo teniendo grandes lagunas de memoria que son puenteadas por su mujer Eliana, una escritora empeñada en enseñarle a unir retazos de narraciones para que su nombre, “Bruno”, tenga para él algún significado. Pero, de pronto, Eliana desaparece sin saber si ha muerto o, simplemente, le ha abandonado, y Bruno se inventa una niña que, al parecer, le acompaña en su ensueño Todo se desarrolla con la lógica siempre coherente del delirio hasta que una niña aparece muerta y algunas miradas reconocen en Bruno a un asesino. ¿Qué ha olvidado Bruno? Y ¿Por qué? ¿Ha sido un olvido selectivo, interesado? ¿Como el que se manifiesta particularmente en algunos dietarios y autobiografías?

La mirada, en este momento, se vuelve hacia nosotros, lectoras y lectores, hacia nuestros olvidos y nuestros recuerdos, hacia los yoes que ellos articulan y que se manifiestan en nuestros nombres de pila. Sin ser diagnosticados, ¿acaso estamos enfermos? ¿Acaso nuestra vida no consiste sino en evitar constantemente esa disolución cercenando todo lo inconveniente y hasta inventando lo conveniente, mientras aspiramos, por otro lado, a algo así como una disolución superior? ¿A aquella disolución de la que hablaban (y aún hablan) los místicos y las visionarias y que tan sólo alcanzamos brevemente entre las revueltas de los sueños?

Una reflexión literaria sobre la belleza y la crueldad del olvido y la memoria, sí, es lo que, una vez más con gran maestría, nos ofrece Edgar Borges en su nueva novela.

N.B.  Patxi, Mikel, Laura, Marta, Koldo…¡Os quiero en primera fila!

Unos Testigos de Jehová llegan a un pueblo perdido…

 

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“Unos Testigos de Jehová llegan  a un pueblo perdido de Murcia y llaman a una casa. Se abre la puerta y aparece un viejecito de ojos casi transparentes. Los Testigos le hablan de sus creencias  e intentan pasarle unos folletos. El viejecito los rechaza con educación y les dice: <<Pero vamos a ver. Si yo tengo la religión verdadera y no creo en ella …¿Cómo voy a creer en esa que no es la verdadera?>>”.

Esto es  lo que les ha comentado hoy Mikel a sus estudiantes tras mantener un debate sobre la evaluación o no de la asignatura de religión en las escuelas. La anécdota, por lo visto, fue recogida por Agustín García Calvo, lo cual que no la hace muy verosímil.

Pero, en fin, quería el amigo Mikel  tratar de la funcionalidad de la religión en general. No ya de la más próxima y tradicional ( el catolicismo), o incluso de las ahora en alza como consecuencia de la inmigración ( el evangelismo o el islam); sino , y sobre todo, de las religiones civiles. Esas religiones que operan con recursos formales similares y que han sustituido o cooptado al Dios semita por la Nación  o la clase obrera, o, incluso, más en nuestros días, por el Club de Fútbol ,y allí donde había misas hay hoy mítines y estadios, y donde había procesiones, manifestaciones.

Pero sus estudiantes no han entendido la anécdota – lo cierto es que hay que detenerse y darle un par de vueltas – y todo ha quedado en agua de borrajas.

Aún así lo ha intentado utilizando como último recurso un dicho atribuido a Javi Clemente, entrenador ad honorem del equipo local: ” Yo soy de la Virgen de Begoña, del PNV, y del Athlétic “. Pero ni por esas. Tan sólo una alumna que en su día defendió la escuela nacional vasca en un debate , ha cabeceado como si hubiera comprendido algo.

“Así que  creyentes somos todos y todas” -ha concluido Mikel- ” porque como retrógradamente decía Émile Durkheim la religión es la forma elemental de la socialidad”.Pero la única respuesta que ha obtenido – de la colega concienciada- ha sido: “¿Cómo se escribe el nombre de ese señor?”

 

Yes, we can…We can´t do it!

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Esta mañana , durante nuestra desayuno de los martes en el Iruña, Mikel y Patxi se han enzarzado  a fondo a propósito de las elecciones norteamericanas. Mikel  es un firme defensor de Hillary Clinton, mientras que a Patxi,  decidir entre demócratas y republicanos, le parece, según ha dicho, como “optar entre la tuberculosis y la gonorrea”.

Esta última frase ha desatado la ira de Mikel y ha reverdecido una eterna disputa que luego se ha prolongado en el contexto europeo, español, vasco y hasta municipal. Marta ha llegado cuando todos los argumentos se habían agotado y mis dos amigos terminaban sus tostadas con tomate sin mirarse y entre leves gruñidos.

“I saw the best minds of my generation destroyed by madness, starving ,hysterical, naked…” ha comenzado a recitar Marta que es de la margen izquierda y profesora de filosofía y partidaria de la poesía concreta. Mikel y Patxi se han mirado y han sonreído. Ninguno ha podido resistirse a la voz de Allen Ginsberg que forma parte del disco duro de sus recuerdos.

“Siempre serás un anarco, Patxi” ” Y tú, un socialdemócrata de medio pelo. La Clinton lo único que tiene de diferente es que es una mujer como Obama que es un negro. Por lo demás ambos son, como Trump a otro nivel, representantes de la casta. A Hillary no le pareció mal la invasión de  Irak ni la burbuja inmobiliaria…”. “¡Anarquista! ¡Anarquista!” ha dicho Mikel apuntándole con el dedo índice. “Sí, anarquista. Yo no tengo confianza en ningún Estado…” “Anarquista y de derechas…”

Marta me ha mirado de reojo. ” No sé si estos, con la edad que tienen deberían tomar tanto café” me ha dicho por lo bajini. Y yo he asentido. Pero claro, si ya tomamos cerveza sin alcohol,  leche desnatada, alubias sin  sacramentos , y chocolate con stevia…¿Cómo vamos a poder gritar lo del “Yes, we can”? A lo peor tendríamos que susurrar un “We can´t do it!”…

 

Sesión de tarde

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La lluvia arrecia tras los cristales y en casa hace un poco de frío- todavía no han puesto la calefacción. Me tapo con una manta y esquinado en el sofá con las piernas recogidas, enciendo el televisor. Voy a ver “Marnie, la ladrona”de Alfred  Hitchcock ,una de esas películas clásicas que tanto me gustan y que  tengo grabada -ahora ya hay canales para todo- desde hace un par de semanas.

Al cabo de un rato compruebo que me he quedado dormido porque me despierto y Sean Conery  y Tippi Hedren  se están besando. Mientras intento reconstuir  lo que ha ocurrido , comienzo a recordar los largos fines de semana de mi infancia.

Los sábados giraban en torno a la “sesión de tarde” de TVE que esperábamos con fervor y que alternativamente emitía   “una de romanos”  y “una de vaqueros”. El final de la sesión de tarde suponía haber avanzado , y mucho, hacia el final del día y poder conjurar así el tedio que, según Dos Passos, es  hasta más frecuente en las guerras que las batallas. Luego, si había suerte , venía una chocolatada con los hermanos y los primos.

El domingo era día de misa y vermouth. La tía-abuela Teresa siempre nos preguntaba cuál había sido el evangelio que se había leído y si le respondías bien- para lo cual tomábamos  buena nota mental en el banco de la iglesia- tenías derecho  a un frito de jamón y queso que ella pagaba a parte por su cuenta. Normalmente  había luego comida familiar en la que el pollo era el plato estrella y después la única alternativa era el partido de fútbol, en directo  en el viejo estadio de San Juan o retransmitido por Radio Requeté. A última hora salía la “Goleada” con un resumen de la jornada que había que aprenderse para tener algo de lo que hablar en el patio del colegio al día siguiente.

Ramón Eder, viejo colega de tertulias varias y magnífico escritor de aforismos dice que  ” el carácter se forma los domingos por la tarde” y creo que tiene mucha razón. Otra amiga mía, nada conocida, pero de frases siempre contundentes, solía decir que “los domingos sólo se pueden hacer dos cosas y a mí no me gusta jugar a las cartas”…

En fin, voy a  ver cómo termina la peli, aunque , no sé, igual me quedo dormido otra vez.

 

 

California dreaming

 

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Todos los viernes al mediodía suelo dar un paseo por el Casco Viejo en compañía de Mikel. Por lo general recorremos las calles en el mismo orden y apenas si hablamos pues vamos recordando anécdotas ( sobre todo nocturnas) que nos hemos contado ya muchas veces.

Hoy, sin embargo, Mikel ha roto su silencio cuando entrábamos en la calle Ronda:

– ¿Por qué has puesto ese link de California Dreaming  (*)en Facebook?

– Porque es el cumpleaños de Mike, un viejo amigo de Chicago al que la canción le trae buenos recuerdos…

-Ya decía yo, porque esa canción es del 65 y tú tenías diez años…

-Bueno, supongo que cada uno y cada una se queda con las canciones de algún momento de su vida. Yo, por ejemplo me quedé en los setenta que fue la época de mi adolescencia. y, por cierto, siempre he pensado que , contra lo que se suele decir, es la adolescencia y no la infancia nuestra verdadera patria…

-¿Y eso?

-Bueno,  la infancia es muy pasiva, tan sólo se recibe, pero los teen es una edad muy dura, en perpetuo conflicto y dolor , como muy bien indica la etimología.

– Pero no sé , podrías haber puesto un  link de la versión de Diana Krall (**), un poco más actualizada…

– ¡Qué va! ¡Mike me hubiera matado! A él le gusta esa primera versión, porque es  sencilla, pura, porque evoca sin gran aparato  ese paraíso terrenal que ha sido y es California, playas, sol y palmeras…

– Demasiado para mí. Ya probé con Lanzarote y, al cabo de un par de meses , me dí cuenta de que necesitaba oscuridad y musgo.

– Es que somos del norte y se nota. Aunque lo digamos en voz baja, nuestro paraíso está quizás  dentro de esa “rebequita” que siempre nos querían poner nuestras madres  en las noches  frescas del verano…

Y hemos seguido paseando, con la promesa implícita de volver a hacerlo el viernes que viene.

(*)https://www.youtube.com/watch?v=3PVfk_LWtHg

(**)https://www.youtube.com/watch?v=0U8XWyHaGkI

 

 

 

 

Copla en prosa a la muerte de José Batlló ( o variaciones sobre la resistencia)

 

10h14 Gracia051 José Batlló

Acabo de colgar el teléfono. Me ha llamado Patxi para anunciarme la muerte de José Batlló. Y ahora estoy recordando la fruición con que esperábamos, allá por los setenta, la aparición del último número de Camp de l´Arpa . Batlló estaba detrás de aquella revista de creación y crítica literaria, como también detrás  de la colección de poesía El Bardo, en la que  se fueron publicando las obras de los poetas exilados así como las de las nuevas hornadas de la gauche divine ( y caprine).

Por entonces acudíamos a determinadas librerías, como Herriak en Bilbao ( o Andrómeda, o luego, El Parnasillo, en Pamplona) que eran pequeñas reboticas en las que se  comenzaba hablando de literatura y , después , de “todo lo demás”. Tal y como ocurría en los cine-clubs, destacando el de la Escuela de Ingenieros  y el de la Universidad de Deusto, universidad , por cierto, a la que no se atrevía nunca a entrar la policía armada que venía zumbando desde Sarriko: Se dice que una vez un teniente intentó hacerlo, pero que le salió el por entonces  director de la Comercial, padre Bernaola, y le espetó con los brazos en jarras: ” Aquí no entra ni dios”( por lo que , según también dicen, fue  levemente amonestado dada la trascendencia semántica de sus palabras.

Sí, librerías, cine-clubs…galerías de arte ( un recuerdo para la vieja Windsor de la calle Marqués del Puerto) y hasta incluso lugares como el Colegio de Arquitectos o el Instituto Vascongado de Cultura Hipsánica en el que Roberto Negro estuvo representando lo último de la vanguardia teatral europea.

Acudíamos a estos lugares como resistentes, no como resistencialistas o  como resilientes que se dice ahora. Resistentes ante  la “narrativa” tardo-franquista que intentaba legitimar un régimen que con toda claridad estaba dando sus últimos estertores. Por supuesto también había oposición clandestina, compatible o no, y variada: desde el PCE hasta los trotskistas de LC , pasando por pro-chinos o todas las variantes de ETA…Casi nada , por cierto del PSOE.

Y ahora…Quizá la situación del “régimen” es tan confusa que no da tiempo a  resistirse a la patraña ideológica que puede haber detrás. Y además, ¿cómo? La televisión , las tablets y los smartfones lo han horizontalizado todo. Pero no sé…Los últimos telediarios están repletos de noticias sobre asesinatos, violaciones y secuestros –  dignos de El Caso, otra revista de la época- y parece que se  está  pidiendo, sibilinamente, mano dura y un gobierno fuerte.

Entre tanto, por ahí se ha ido José Batlló… y con él parte de la resistencia.

 

Una noche de txistorra y crisantemos

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La noche del 31 de octubre al 1 de noviembre mi padre no dormía. Nada más cenar,  bajaba al barrio de la Rochapea donde estaba el negocio familiar  (SEMILLAS HUICI, Flores y Plantas, Pratenses y Forestales) y comenzaba a hacer centros y coronas que debían estar preparados para venderse  a partir de las nueve de la mañana del día siguiente. Le gustaba mucho hacerlo y era, además, un perfeccionista- algo que, creo, he heredado . Miraba y remiraba cada obra y hasta que no se quedaba convencido no se dedicaba a otra.  Los  empleados (mayormente  empleadas)  preparaban las bases de diversos tamaños así como las flores. Entre las flores, la reina era el crisantemo que se había cultivado en la huerta próxima , en largos bancales de los que , luego, en primavera, se recolectarían las fresas.

El ambiente  era muy animado, y  a eso de las tres y media de la madrugada se hacía  un receso con una buena recena- magras con tomate, huevos con txistorra- y unos cuantos tragos de vino que luego se prolongaba en café, una copita de patxarán  y algún que otro puro: siempre recordaré a una de las empleadas, una señora gruesa y colorada, apurando su faria mientras recogía en un cesto los restos de las flores desechadas.

Al amanecer todo había terminado. Centros y coronas se subían a la tienda de Pamplona en una camioneta y yo acompañaba a mi padre – desde los quince años me fue permitido acudir a este, para mí, pequeño akelarre- que antes de dirigirse a casa pasaba por el obrador de la pastelería de su amigo Unzué donde intercambiaba un espléndido centro por un  buen paquete de “huesos de santo”. Luego nos íbamos a la Plaza del Castillo, a desayunar un chocolate con churros en el Iruña.Sabíamos que no podríamos dormir mucho porque a las doce comenzaría la inevitable,  larga y pausada visita al cementerio.