09
abr 14

Tertulistos

Ayer no podía dejar de comenzar mi repaso a la semana televisiva con una reflexión en voz alta. Que en realidad es una pregunta retórica que seguro que usted también se ha hecho en alguna ocasión: ¿realmente hay tanta diferencia entre las tertulias del corazón y las tertulias de actualidad?

El tema viene al hilo de La Polémica de La Semana: el ataque en directo de Alfonso Rojo, periodista, cofundador del periódico El Mundo, director de Periodista Digital y agitador profesional -y bien remunerado, se entiende- de tertulias y círculos televisivos, a Ada Colau, portavoz de la PAH y artista multimedia de gira periódica por cualquier plató que se precie. Literalmente le dijo “está usted muy gordita para el hambre que se pasa”. Eduardo Inda, otro que suele desfilar por ahí, acusó a Colau de colaborar con ETA, el presentador del circo echó del plató a Rojo, internet se puso “on fire” defendiendo a la ofendida y… en realidad se montó el espectáculo que la mezcla de ingredientes presuponía.

Porque espectáculo es lo que pretenden ofrecer y ofrecen las tertulias presuntamente informativas basadas en el repaso a la actualidad. Cuando el griterío y la boutade llegaba de las cadenas del TDT party, parecía más fácil la denuncia y hasta la burla. Pero no creo que haya tanta diferencia entre gatos al agua, “tomases ronceros” y derivados, y el circo sabatino de la, por antonomasia, cadena progreguay, como diría con extraordinario acierto el gran Javier Vizcaino. Y es que todo esto ocurría en La Sexta Noche, que nació definiéndose alternativa a La Noria telecinquera pero hace tiempo que no engaña a nadie ofreciendo los mismos perros con collar de color verde esmeralda.

Las tertulias llegaron a la TV provenientes de la radio, y llevan años ocupando horas y horas de tele con mayor o menor acierto y notoriedad. Se centran en diferentes cuestiones: las hay deportivas, las que se centran en el mundo del corazón… y luego están las tertulias de política y actualidad, que bajo el paraguas y la pátina de la información se han encontrado con una indulgencia con la que Sálvame no podría ni soñar.

Pero el artefacto es el mismo: personajes heterogéneos defendiendo una careta, un rol, diseñados para rozar entre sí y, por el camino, generar ruido. Periodistas, celebrities, exbanqueros; personalidades, políticos retirados, escritores con afanes. Hablan de cualquier tema con una ligereza de escándalo, sobre todo tienen opiniones formadas, saben expresarse con contundencia, rapidez y agudeza, a base de frases epatantes, usando argumentos simples que no llegan al fondo de la cuestión. Artistas de lo suyo.

Los que hablan de Supervivientes están bien identificados; algunos de los que comentan la actualidad política, no tanto. Pero la receta es la misma: choque, escándalo, polémica. Show. El espectáculo de la (una cierta) actualidad. A un precio relativamente moderado porque, ya saben, las palabras no se regalan, pero se compran a peso más baratas que los derechos deportivos o los guiones de película. A más grito, más éxito; de información poco, y de debate menos. Todo forma parte de una constelación de nombres propios, demasiadas veces omnipresentes -echen una ojeada al plantel de colaboradores más frecuentes de las tertulias de ETB2, ¡uy lo que he dicho!-, que defienden sus personajes con las garras porque eso es lo que se espera de ellos.

Jesús Mariñas comentaba en una ocasión que cuando lo que se comenta a voz en grito es algo tan intrascendente como la crónica del corazón, el peligro de aplicar la receta tertulista es infinitamente menor que cuando se discute sobre temas que se presuponen serios. Quizá haya llegado el momento de revisar quiénes son nuestros intelectuales de cabecera.


21
mar 14

Animal televisivo

Apuesto a que usted fue ayer una de la tantas personas que devoraron con avidez el Teleberri de la noche. Sabida la noticia, precisos eran los detalles, las fotos históricas o las reacciones de un grupo de señoras que pasaban por ahí. “¿Iñaki? ¡Qué pena…!”. Hoy es día de declaraciones más institucionales y de expresiones, adjetivos y valoraciones más o menos unánimes -y largamente preparados en las últimas fechas-. La muerte nos humaniza, lo políticamente correcto se suele imponer y, en cualquier caso, quince años como alcalde hacen fácil sentir como más o menos propio un luto colectivo.

Repasando esas reacciones que hoy copan la prensa y la radio, se repiten expresiones que ya le serán familiares: verso libre, trabajador incansable, hombre de convicciones, amante de “su” ciudad… y también animal político. No me atrevo a añadir sin matices lo de “animal televisivo”. Animales televisivos son Ane Igartiburu, Concha Velasco o Jorge Javier Vázquez. Pero no me negarán el potencial comunicativo del que Iñaki Azkuna se hizo valer a lo largo de toda su vida pública. Asistir a la recuperación de los archivos es lo que tiene. Son impagables algunos de sus momentos de calculada espontaneidad, estratégicas entrevistas, efectivas salidas de tono y eslóganes afortunados. Pegamento para cámaras y grabadoras. Tener carisma no es ni ser gracioso ni caer en gracia, pero en simbiótica relación con los medios es casi garantía de éxito para alcanzar notoriedad.

Circula estos días por internet una simpática octavilla dando pistas sobre veinte “señales claras de que eres de Bilbao”. Aparte de descubrir que yo debo ser bilbaina solo al 95 por ciento porque aborrezco de corazón la carolina, re-descubría con placer uno de los distintivos que comparto con mis conciudadanos, porque si eres de Bilbao, “en Aste Nagusia sigues TeleBilbao como si fuera la CNN”. Y no puedo evitar recordar los encuentros, mano a mano, entre Azkuna y Joseba Solozabal, para hablar de la temporada de teatro, los fuegos artificiales o la incívica actitud de quienes mean en la ría.

Son los medios locales los que han contribuido a engrandecer, o envilecer, por momentos y cabeceras, la figura del Alcalde. Medios que conducen y dirigen simpatías colectivas y que hoy nos hacen sentir como cercana la pérdida de quien, probablemente, conocimos a través de ellos. Eso es poder.

Actualización: la casualidad quiso que sólo tres días después del fallecimiento de Iñaki Azkuna se produjera el de Adolfo Suárez. Analizamos aquí las similitudes y diferencias en el tratamiento informativo que han recibido ambos acontecimientos. Dos ámbitos, dos épocas, dos políticos que no podrían parecer más diferentes entre sí. Pero que en ambos casos adquirieron notoriedad a través de los medios, intentaron apoyarse en ellos, y pasarán a la historia, con o sin mayúsculas -eso ya no es tema nuestro-, a través de retazos televisivos.


17
mar 14

Los padrinos

El estreno en los cines de Ocho apellidos vascos nos daba la semana pasada una ocasión perfecta para hablar sobre la relación entre cine y televisión. O más exactamente, entre las cadenas de televisión y la producción cinematográfica. Pero no quería colgar aquí el podcast correspondiente de La caja lista sin esperar al dato de taquilla de este fin de semana, que confirma con creces mis hipótesis: nada como una empresa de televisión para apadrinar/financiar tu película.

Las primeras cifras que aporta la consultora Rentrak hablan de que Ocho apellidos vascos en su primer fin de semana ha recaudado 2.700.000 euros y ha sido la película 14 más vista en todo el mundo. Es, de momento, el mejor estreno del 2014 en la taquilla estatal. No está nada mal para una versión extendida, previo pago, del Vaya Semanita más primigenio.

La tele hace mucho bien al cine. Más bien, a cierto cine. Mejor aún, a ciertas películas. No es casualidad que otros hitos del cine de producción parcial o totalmente española, como Lo imposible o Las aventuras de Tadeo Jones, superéxitos de recaudación, compartan un origen común con la peli del momento: fueron coproducidas por Telecinco Cinema. La filial de Mediaset puso sus ojos y sus dineros en el proyecto y apostó por ellas como sólo una empresa de esas características puede: poniendo a su disposición una megamaquinaria de producción.

Por supuesto, los rostros televisivos siempre tienen tirón. En este caso Clara Lago, Dani Rovira y Carmen Machi son de sobra conocidos por su participación, sobre todo -aunque no sólo-, en ficciones seriadas emitidas por Telecinco. Y aunque la semana pasada la pareja protagonista también se pasara por El hormiguero (Antena 3), es en Telecinco y derivados donde se ha hecho omnipresente por unos día.

No es esta una cuestión dejada al azar. Según la Ley General de la Comunicación Audiovisual las televisiones están obligadas a contribuir a la financiación de películas y series, documentales y series de animación con el 5% de sus beneficios. El 6% sin son públicas. En la práctica esto se traduce en que las cadenas, los grupos apuestan por películas concretas que, como han cofinanciado, les interesa exprimir al máximo para recuperar lo invertido y obtener el máximo beneficio.

Atresmedia Cine ha participado en la mayoría de las diez producciones cinematográficas más taquilleras del año pasado. “Tres bodas de más”, y “Zipi y Zape y el Club de la Canica”, dirigida por el santurtzarra Oskar Santos están entre ellas. A otro nivel, ETB cofinancia la revisión del caso Lasa y Zabala dirigida por Pablo Malo. Todas han sido promocionadas, promovidas, aireadas y publicitadas en forma de spots, publirreportajes o piezas informativas. Han conseguido una ventaja competitiva sobre las demás películas.

La industria cinematográfica, a nivel mundial pero también a escala local, depende absolutamente de estrategias de promoción y distribución, que priorizan unos títulos sobre otros. Si hay un sector en el cual las relaciones públicas resultan sustanciales, ese es el del cine. Tener de padrino a un grupo mediático, el apoyo de la televisión, no garantiza el éxito pero sí lo hace mucho más factible. Que luego la historia lo merezca o no, es otro tema. Pero para entonces a usted ya le habrán convencido para que pase por taquilla.


07
mar 14

Selfie

Los selfies están de moda. Cualquiera se hace uno. Pero junto con el de Obama en los funerales de Mandela, está claro que el que va a pasar a la historia es el que ha capitalizado la atención de la última gala de los Oscar. Como de vez en cuando nos gusta mirar de reojo a la televisión estadounidense, no vamos a quedarnos sin decir que la retransmisión del show, emitida por la ABC, tuvo una audiencia en Estados Unidos de 43 millones de espectadores. La más vista en los últimos 10 años. Canal + la ofreció para sus abonados y, como contábamos en el último La caja lista de Graffiti, activó cuatro canales simultáneos para que cada cual eligiera el que prefería. Todo sea por darle un poco de meneíllo a “la experiencia del telespectador”.

La famosa foto en la que un puñado de ricos/famosos actores hollywoodienses sonríen encantados de haberse conocido fue retuiteada un millón de veces en los 40 minutos siguientes a su publicación. Y a partir de ahí, suma y sigue. Podríamos llamarlo el selfie de Ellen DeGeneres, pero quien realmente porta el smartphone en la mano es Bradley Cooper. De hecho, yo lo bautizaría el selfie de Samsung que, al fin y al cabo, es la marca del teléfono que tomó la foto y que aparece en la misma.

El product placement o emplazamiento publicitario es una técnica de promoción publicitaria alternativa a la publicidad “convencional”. Y Samsung la empleó con fruición a lo largo de toda la gala. Resultó bastante evidente para quienes siguieron el espectáculo que no era casualidad que la presentadora, telefonito en mano, fuera colgando diferentes instantáneas de la gala, del backstage, del ambiente en general… Posteriormente supimos que había recibido no sólo un terminal sino un cursillo acelerado sobre cómo utilizarlo. Samsung había invertido 20 millones de dólares en bloques publicitarios convencionales, lo cual le convertía en uno de los principales anunciantes de la retransmisión. Quien, como complemento, tuvo la idea de pedirle a Degeneres que a cambio no de dinero sino de una jugosa donación de 3 millones de dólares más para una organización benéfica paseara el telefonito por doquier, tuvo una brillante ocurrencia.

Estos días repaso el libro que Adam Lashinsky le dedicó a Apple en 2012 para recordar cómo la marca de la manzana controla como pocas estas apariciones publicitarias que le reportan beneficios ingentes porque aparecen revestidas de espontaneidad calculada, con la naturalidad con la que el doctor House utiliza un Mac o Phil Dunphy se vuelve loco por un iPad. Apple dice que nunca paga por hacer product placement, pero usted y yo podemos creerlo o no, y según Nielsen en 2010 sus productos aparecieron 386 veces en programas de televisión estadounidenses.

Por supuesto que el product placement no nació ayer. Los desayunos de Emilio Aragón en el noventero Médico de familia dan buena fe de ello. Pero los tiempos cambian, los productos a anunciar también. Y por supuesto han de hacerlo las estrategias y los soportes. Con todo, este gol a lo Panenka que Samsung ha colado al espectador, espléndido, suave y con vaselina, debería hacernos reflexionar sobre las muchas cuestiones que quedan por regular en materia de marketing viral. ¿No les parece que la realidad está más avanzada que la legislación?


28
feb 14

Todos contra Toñi

Cuando este martes comentábamos en La caja lista el sueldo de Toñi Moreno, presentadora de Entre todos, el prescindible programa de telesolidaridad mal entendida que ocupa las tardes de TVE1 desde el verano, no esperaba yo que a lo largo de la semana la ínclita fuese a convertirse en el dardo de tantas flechas envenenadas.

Primero, por lo que cobra: según un informe interno, se levanta 1.400 euros por programa. Este cálculo lo ha hecho El Confidencial, y el dato parece extravagante. Pero al juzgarlo recuerden que hay que tener en cuenta el coste de oportunidad, el valor de mercado, la exposición pública al escarnio, y que la vida laboral de una presentadora no es la de una dependienta. Quien da la cara se come el marrón… y la semana sólo me ha dado la razón.

No negaré que hay coplas que se pueden aplicar a la dicharachera presentadora, que probablemente ese sueldo no sea ni ético ni estético, y que responde a una política de externalización de contenidos en RTVE de la que no es sólo ella quien sale beneficiada. Pero no es un crimen, ni un robo ni una ilegalidad. Quienes afirman que más valdría si Entre todos no se hiciera y su coste -más de 3 millones y medio por temporada- se dedicara a la ayuda social, olvidan que de ese modo no existiría un programa que, además de ser bastante barato en términos relativos -30.000 euros por programa-, rellena más de la mitad de la franja de tarde de TVE. Y que su presentadora suda la camiseta día tras día.

Pero hete aquí que el martes una invitada deslizó ante las cámaras que se había separado de su pareja porque había sufrido malos tratos. Y Toñi Moreno, a quien no le constaba ese dato en el historial, se vio descolocada y quiso pasar palabra. Probablemente pensando en la presunción de inocencia soltó la ya famosa frase de que “cuando pasan cosas como esas, o se denuncia o se calla una para toda la vida”. Error. Pero no terrorismo de género. Ni incitación a la violencia en el hogar. Ni misoginia. Ni un canto al silencio resignado. Más bien un intento por no entrar en un jardín del que es difícil de salir en directo y sin anestesia. Porque por supuesto que el maltrato es inaceptable bajo cualquier punto de vista. Pero también es importante la presunción de inocencia, más aún cuando un anuncio de ese tipo se hace ante una cámara.

¿Que la presentadora midió mal, que metió la pata hasta el fondo? Seguro. ¿Que sus palabras requerían rectificación? Aquí la tienen, junto al respaldo de la dirección de RTVE. Lo que realmente debería escocer de Entre todos es que esa solidaridad malentendida que exalta y promueve, en realidad, naturaliza la caridad como una herramienta para solventar las injusticias sociales. Como una vía para aliviar la sensación de precariedad de las clases bajas y medias que rompen su hucha porque “mañana podría pasarme a mí”.

La verdadera crítica que hay que hacer a Entre todos es que asume que estamos al albur de un estado del bienestar cada vez más débil, en el que por lo menos, como espectadores, aún nos queda margen para decidir quién nos da más pena: el rumano -que rebusca en la basura como forma de subsistencia, pero nunca acudirá a ese plató-, o la madre de familia con problemas con los que, con estos sí, sí nos podemos identificar. Eso, que está en el ADN del programa, y no un comentario superdesafortunado pero anecdótico, es lo que habría que cuestionar.

Por cierto, ¿recuerdan la “revolucionaria” Operación Palace comandada por Évole en laSexta? De su éxito también hablamos en La caja lista -largo y tendido-, pero pasada casi una semana de la emisión, también es un buen termómetro para medir en qué quedan los hitos y los escándalos televisivos al cabo de un par de días. Si te gustaba Évole la bufonada ya te dará igual; si no te gustaba, te has guardado un argumento más para justificar por qué.