Ser, parecer, y sus peligros

Permítanme que les cuente algo de mí: el domingo pasado estuve en la feria agrícola de Lezama. Una modesta cita entre lo festivo y lo gastronómico de las que proliferan en nuestra geografía, una excusa, si me lo siguen permitiendo, para pasar un rato agradable al aire libre, tomar una sidra y atisbar la en ocasiones esplendorosa calidad de los productos de los baserritarras. Oh, sorpresa -o no tanto-, cuando entre los stands reconozco tres caras vistas en televisión: Aitor Aurrekoetxea comandando el que probablemente sea el puesto de talos más popular de Bizkaia, y Natalia Villén y Magdalena, su madre, tras el puesto de la Quesería Erreketa. Ambos fueron concursantes de la primera y segunda edición, respectivamente, del reality de Cuatro Granjero busca esposa. Para los no iniciados, un par de cabos: un programa que pone en contacto a ganaderos, agricultores solteros y enraizados en el medio rural, con mujeres de todo tipo y condición dispuestas a cambiar de vida.

Cuando alguien sale por la televisión su exposición pública se incrementa de manera exponencial. Entra en nuestro hogar, capta nuestra atención, y quizás de modo inconsciente se presta a que lo juzguemos, lo ridiculicemos o lo defendamos delante de los demás. Se convierte en un personaje que usted y yo puede que conozcamos más que a nuestros compañeros de trabajo o nuestros vecinos. De ahí que cuando coincidimos por la calle con actores, presentadores o periodistas televisivos tengamos una extraña sensación de familiaridad. La misma que en ocasiones nos despiertan personas comunes que, en algún momento, hipotecaron su anonimato en un diario de Patricia cualquiera o en un reality show de mayor o menor fortuna.

En ocasiones tiende a pensarse que quienes pasan por las manos de la telerrealidad son víctimas, sacrificadas por el ejercicio de mediación que la televisión impone entre su auténtica verdad y la que llega a los espectadores. Un programa nunca podrá ser fiel a la realidad porque la realidad es aburrida, tediosa y lenta, y lo que necesita una narración es guión, trama y personajes interesantes. Si es de ficción, los personajes se crean; si parten de una realidad concreta, sus manifestaciones se moldean según las necesidades. De ahí que la labor de edición omnipresente tras cualquier producto televisivo nos presente a concursantes malvados, torpes, heroicos o de buen corazón, dependiendo de las necesidades del guión que siguen quienes no pretenden reflejarlos tal y como son, sino  contar una historia que enganche.

Aitor por una parte, y Natalia y su madre por otra son la cara y la cruz de cómo gestionar la imagen televisiva de los protagonistas de la telerrealidad. Aitor supo en todo momento lo que buscaba: incrementar la popularidad de su negocio. A través de sus múltiples apariciones el baserritarra ha entendido que los medios no tienen por qué ser los únicos que se aprovechan de las personas. En Granjero busca esposa, pero también en Objetivo Euskadi, en la radio y en la prensa intentó ofrecer en todo momento una imagen blanca, sencilla, sin familiares cuyas reacciones tergiversar, sin secretos que ocultar. Su manejo de la situación convirtió su paso por el programa en un pequeño publirreportaje gracias al cual su posición empresarial resultó apuntalada. Si usted quiere comer un talo, comprar unos chorizos o conocer los entresijos de la explotación de un joven vasco, ya sabe dónde lo puede encontrar. Por el contrario, Natalia y su madre se enredaron en un drama extraño y morboso con enfrentamientos, amenazas y humo espeso. Puede que los productores no se lo esperasen, pero supieron sacar buen partido de él. Nada bueno para atraer público a una feria en la que, quienes las reconocían, cuchicheaban pero no llegaban a acercarse a comprar porque, simplemente, dan mal rollo. Y lo importante es lo que parece, no lo que es. La televisión puede ser un monstruo que triture la imagen y el prestigio de personas y negocios, convertidos en carne para la picadora de un negocio inhumano, pero su capacidad para amplificar nuestra presencia resulta igualmente extraordinaria.  Si en alguna ocasión se le pasa por la cabeza entrar en su juego, no se lo ponga fácil.

Tags: , , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>