La tarde en Euskadi

Una de las cosas con las que más he disfrutado durante mi estancia en el ESC ha sido la conversación con Begoña Beristain, los miércoles por la tarde en Onda Vasca. Llegué a Oxford los primeros días de enero y desde entonces, semana a semana casi sin excepción, al otro lado del teléfono se abría una ventanita, una conexión Euskadi-Reino Unido que me ha obligado a abrir los ojos y las orejas para contar a los y las oyentes de La tarde en Euskadi todas aquellas cosas que me iban sorprendiendo, para bien y para mal, de la vida en el corazón de Inglaterra. Ha sido una ocasión impagable para ejercer de cronista relajada, corresponsal subjetiva, conversadora con altavoz.

Begoña y yo partimos de la suposición de que la conexión vasco-anglosajona podía ir un poco más allá del inglés que fue a Bilbao y al nacimiento del Athletic. Con ella, y en ocasiones también con el irremplazable Jon Martija, hemos hablado de noticias, políticos, moda, personajes, universidad, eventos sociales, y referendums de independencia. De fenómenos culturales, familias reales, turismo y hasta de televisión. Que es una forma, no menor, por cierto, de asomarse a la cultura y la vida cotidiana de los pueblos para descubrir, un dos tres, responda otra vez, que una sociedad en la que el tiempo doméstico dedicado a cocinar tiende a la mínima expresión, la inflación de programas de cocina se hace evidente al tercer zapeo.

Enlazo aquí la última de nuestras conversaciones, con la que me despedí de la audiencia y comencé las vacaciones. Ya en casa, de vuelta pero cargada de experiencias, recuerdos y planes, elaudimetro regresa a su terreno natural. Tradicionalmente el verano ha sido en televisión época de vacas flacas, repeticiones, sustitutos y riesgos mínimos. Minishorts y minipresupuestos. Quizá, entonces, la diferencia respecto al resto del curso no sea tan evidente.

¡Estoy nominada!

Este jueves, 13 de junio, va a celebrarse el primer [Enlace roto.]. Un evento organizado por [Enlace roto.] para poner sobre la mesa lo que se puede hacer y se hace en internet en general, y en internet en Euskadi en particular. Como hay mucho y variado la organización ha establecido siete categorías diferentes para agrupar esas iniciativas que quiere destacar, y… chachán… ¡El Audímetro está nominado en la de blog revelación en la blogosfera de Deia! En la misma terna, tres fenómenos: Iker Martín con Correr no es de cobardes; Nicola Lococo con Txiki Xake; y el blog Ni euskalduna.

Aunque con el final del curso académico terminará también mi paso por el Reino Unido, aún me queda algo de tiempo por aquí antes de regresar a casa. Así que no podré asistir al evento. Y lo lamento profundamente porque me habría encantado poder agradecer a los responsables de la deia.com la oportunidad que llevan dándome desde hace más de dos años de cuidar este jardincito modesto, sencillo y sin demasiadas pretensiones. Pero nuestro. A veces actualizar un blog lleva más tiempo y esfuerzo de lo que puede parecer, pero siempre es un acicate para aprender, estar al tanto, pensar y dar forma a esos pensamientos para contarlos a quien está al otro lado.

Durante los últimos años he visto crecer la blogosfera de Deia en cantidad y variedad. La calidad la pone quien sabe y puede -y [Enlace roto.]-. La comunidad de lectores la genera quien tiene habilidad y oportunidad a partes iguales. Pero la posibilidad d de jugar con las palabras para que éstas acaben por decir lo que una quiere, verlas negro sobre blanco y hacerlas llegar desde mi ordenador hasta ahí, hasta donde usted me está leyendo, es un privilegio de todos y todas las bloggeras a las que estoy encantada de representar, aun en la distancia, este jueves.

Por cierto, ¿se han dado cuenta del giro lingüístico que lleva años sufriendo la palabra nominación? Nominada ha estado -17 veces- Meryl Streep. Hoy, las nominaciones la da a conocer Mercedes Milá. O quien presente el reality de turno. Cosas de tele.

Elogio de la tertulia

Llevaba días pensando en titular de este modo el post de hoy, un poco por enmendar la plana a esa ola de palmeros que piensan que la pregunta-respuesta nació con Ana Pastor y saludan su regreso a la televisión generalista como los habitantes de Jerusalem recibieron a Cristo el Domingo de Ramos. Y otro poco, porque me apetecía hablar de ETB Hoy, que aterrizó en el páramo de la media mañana de ETB2 hace algo más de un mes.

Por partes. El objetivo, el mejor estreno en la historia de laSexta, me pareció ayer interesante como programa de actualidad. Como programa informativo, si quieren. Supone un esfuerzo de producción y documentación y hay que saludarlo como tal. Pero a una le sorprende -entre otras cosas- el afán por llevar la “ausencia de ideologías”, “la objetividad” y la “constatación de hechos” más allá del juego polisémico que admite el nombre del espacio. Porque desde el momento en el que se elige el aspecto de la realidad a abordar o se sacan temas del fondo de armario ya se marcan unas claras prioridades. Que no haya tertulia no significa que en el espacio no haya opinión ni subjetividad. Sólo un par de días después de la emisión aventuro que el espectador medio sacó dos conclusiones, que son aquellas con las que ya se quedará: que el gobierno de Aznar mintió más que habló y sentó las bases para la dinamitar el equilibrio económico español, y que el asunto de los ERES en Andalucía pues bueno… es inexcusable pero se han exagerado mucho las cosas…

No voy a ser yo quien discuta estas cuestiones. Pero frente a una promoción y a una presentadora empeñada en repetir machaconamente que se deja de lado la opinión y la subjetividad, la agenda del programa está igual de marcada que la del resto de los espacios de actualidad de laSexta. Proclamar que se huye del sesgo, hacerlo además en  una cadena tan ideologizada, me parece o una osadía o una farsa. No niego que el programa sea quizá, entre otras cosas, un intento por ofrecer algo distinto a los gallineros que de unos años a esta parte tanto se estilan tanto en las generalistas con en la TDT Party y al empacho de sobreinformación que nos rodea. Pero la ecuanimidad o la imparcialidad no se consiguen ocultando las plumas, y mucho menos alardeando de ello.

Y así llego a ETB Hoy, programa-río  matinal de diario entre las 11.40 y las 14.20, que poco a poco va cocinándose en una franja para la que, sin duda, hace tiempo que ETB2 necesitaba propuestas de producción propia. ETB Hoy está dividido en tres franjas: sendas entrevistas de actualidad a cargo de Vanessa Sánchez y Olaia Urtiaga y una tertulia comandada por Adela González -lejos ya de su acartonado todo-sonrisas en Euskadi Directo-. La tertulia cuenta con un amplio plantel de periodistas de diferentes medios que van combinándose cada día de manera distinta: diferentes perspectivas, voces, sensibilidades. La tertulia es, entre otros muchos, Eva Domaika e Iker Merodio. Es Javier Vizcaino e Iñaki Soto. Es Martxelo Otamendi y Olatz Barriuso. Y también es periodistas que no se representan más que a sí mismos y profesionales de otros ámbitos y procedencias que comentan la actualidad desde puntos de vista heterogéneos. Todos ellos se meten en mi casa -en mi ordenador- y oigan, no hacen fact check, pero contribuyen a que me haga una idea de lo que ocurre, lo que preocupa en Euskadi. E interpretan para mí la realidad en clave(s) vasca(s). Y eso es impagable.

El problema con las tertulias en televisión es que el griterío ha colonizado el término. Tertulia es la de Sálvame, y la de El Gran Debate (Telecinco). Tertulia es Dando caña y Punto Pelota (Intereconomía). Decir tertulia es decir afirmación breve, concisa y epatante, aplauso del público comandado por el regidor si es que hay presupuesto para ello, y a por la siguiente andanada. Algunas tertulias son a la televisión lo que los tweets de Toni Cantó a Twitter. Y es responsabilidad de quienes las diseñan, más incluso que de los y las tertulianas, atar en corto la tentación del titular amarillo. De momento, ETB hoy lo está consiguiendo. De acuerdo, sus aspiraciones son más modestas que las del prime time. Pero me fío más de él que de quienes me ofrecen la verdad absoluta.

Marcando

Marcar agenda. O planificar los movimientos para que la prensa los amplifique. No digo que sea un fenómeno nuevo, pero déjenme que les traiga tres ejemplos, tres, de libro.

El primero es funesto y sombrío: el asesinato a sangre fría de un soldado británico, pasado a machete en una calle londinense la semana pasada por un par de tipos con ganas de dar notoriedad a su supuesta causa. “Ojo por ojo… nunca estaréis a salvo”, grabó un viandante con su teléfono a uno de los asesinos, y el vídeo, y ese mensaje, apareció en los medios de todo el mundo, serios o no. Sin filtrar, sin interpretar. Directo a la portada, como denuncia  con acierto Iñigo Sáenz de Ugarte aquí.

Hablando con Javier Vizcaíno al día siguiente en Gabon de Onda Vasca sobre el nefasto tratamiento mediático que los periódicos y televisiones británicas estaban dando al crimen recordé la preocupación de los periodistas mexicanos de Chihuahua por no convertirse en voceros involuntarios del narco de turno. Relatando hallazgos macabros, balaceras y asesinatos, algunos de estos profesionales perciben que están siendo utilizados para ayudar a las redes de delincuentes a sacar músculo, demostrar su poder y apuntalar el estado de terror que asola un país, por lo demás, maravilloso. Pero con una agenda dolorosamente marcada, en la que una llega a sospechar que mucha de la violencia no tiene otra razón de ser que la de ser contada.

Ahí les va el segundo ejemplo. El tercero no es sangriento. Pero ha hecho correr tantos ríos de tinta en las redacciones como gritos de tertuliano en la televisión. Porque la entrevista a Aznar no tenía otra razón de ser que la de ser comentada a posteriori por cuantos más medios mejor. Con un solo movimiento, el bajito de las Azores marcó la agenda de los demás -las escaletas enfrentadas de El gran debate (Telecinco) y La Sexta Noche (Sexta) del sábado pasado dan fe de ello- y, a tenor de lo que sugirió, y si me permiten la ordinariez, se atrevió a marcar paquete. Lanzó su misil y dejó que la lógica del periodismo declarativo amplificara la onda expansiva de su mensaje. Marcó gol.

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Todas las entradas que, como esta, pertenecen a la categoría Una vasca en Oxford, están redactadas mientras disfruto de una estancia como investigadora visitante en el European Studies Centre de la Universidad de Oxford y observo, desde fuera, cómo somos y cómo nos ven.

Activismo de postal

Hace unas semanas asistí a un seminario en el que varios de los responsables del proyecto Why Poverty  presentaban el resultado de su trabajo. Formaba parte de algo así como una gira, así que fue algo así como un bolo: vimos los tráilers de los ocho documentales alrededor de los cuales pivota esta iniciativa y luego hubo una pequeña discusión respecto a su excelente factura y sus intenciones declaradas.

En esencia, Why Poverty es una plataforma que reunió a realizadores de prestigio para concebir, realizar y difundir una serie de documentales que indagan sobre la pobreza en el mundo, la injusticia, la desigualdad, la globalización o la esclarecedora relación de dependencia y explotación entre el norte y el sur de este, nuestro planeta. La BBC emitió los documentales a finales del año pasado: el primero en BBC1, por aquello de generar expectación, y los siguientes en BBC4. Después, otras muchas cadenas ofrecieron los documentales. Entre ellas TV3.

Hace unos días volví a tener noticia de Why Poverty? porque [Enlace roto.] daba cuenta de que las películas, gratuitamente y con subtítulos en español, ya estaban disponibles online. Pueden verse aquí -Educación, Educación resulta escalofriante y amargo; y Bienvenidos al mundo es de un lirismo tremendamente emotivo-. Así que aprovecho la ocasión para compartir con ustedes el pastel al que tuvo que enfrentarse el Nick Fraser, productor de la serie, ante un público, asumámoslo, un poco mezquino pero probablemente acertado.

¿Que cuál fue la pregunta del millón? Obviamente, si estos exquisitos documentales realmente llegan a cumplir con su objetivo, que es el de remover conciencias. A saber, el mesiánico productor, desde su cómoda posición de cargo medio de la BBC, comprometido, solidario y tal pero investido de un “bonismo” atufante -ahora la mezquina soy yo- defendía que es un “error” que las celebrities se desplacen a países pobres porque en lugar de mostrar a personas pobres se acaba por mostrar lo que los famosos piensan de esas personas. Hubo unas cuantas voces que le enmendaron la plana de manera categórica.

Poco después se estrenó un telefilm que probablemente no pase a la historia de la televisión. Mary and Martha, protagonizado por Hilary Swank, cuenta la historia de una americana que viaja a Mozambique, pierde a su hijo a consecuencia de la malaria y a partir de ahí se embarca en una lucha contra esta enfermedad. A la historia le llovieron críticas, resumidas en lo que tiene de brutal erupción de etnocentrismo que una enfermedad que amenaza a billones de pobres y mata cada año a miles de africanos tenga que verse encarnada en la piel de un blanco… ¡y encima gringo!, para resultar dramáticamente interesante. Pero… al menos durante una hora y media el mosquito de la malaria entró en los muy occidentales domicilios británicos. Yo me sigo preguntando qué es mejor en términos comunicativos.  ¿El activismo de postal o la reflexión artie? ¿La foto de la Jolie o los documentales minoritarios? ¿Cuántas veces han visto ustedes Documentos TV en lo que va de año?

Todas las entradas que, como esta, pertenecen a la categoría Una vasca en Oxford, están redactadas mientras disfruto de una estancia como investigadora visitante en el European Studies Centre de la Universidad de Oxford y observo, desde fuera, cómo somos y cómo nos ven.