Deportes y otras chorradas

Poco pan y pésimo circo, cantaban los Def Con Dos en 1995. Queda un poco lejano, pero el tema podría seguirse aplicando a la situación actual, en la que La Crisis sigue recortándonos el mendrugo en el plato. Y de lo otro… Probablemente ya conocen el estudio que publicó el martes la fundación Ipar Hegoa, dependiente del sindicato LAB, en el cual se afirmaba que atendiendo a criterios de la representación de políticos, marcos geográficos y áreas temáticas, los informativos de la radiotelevisión pública “no tiene en cuenta o incluso prescinde de la realidad y sociedad a la que se dirigen”. Y seguro que han llegado a sus propias  conclusiones, más aún después de que ayer Alberto Surio asegurara que el caso Urchueguía [Enlace roto.]. Así que yo voy a hablarles de otra cuestión, tampoco menor, que se desliza en esa misma investigación elaborada por Aztiker después de analizar 1.066 noticias -479 de las cuales aparecieron en distintas ediciones de Gaur Egun y Teleberri-.

Según este examen (en PDF aquí en castellano, y aquí en euskera), el 30% del tiempo y las noticias de las que se ocupan los informativos analizados lo hacen bajo el epígrafe de Deportes: tres de cada diez piezas giran alrededor del deporte. Estudiando cualquier otra televisión, probablemente llegaríamos a conclusiones parecidas, si no más exageradas: la sobrerrepresentación en el espectro informativo del deporte. Que en realidad no es tanto deporte sino fútbol. Que en realidad no es fútbol sino declaraciones de futbolistas, anuncios de partidos, cruce de manifestaciones entre entrenadores interesadamente enfrentados, presentaciones de zapatillas patrocinadas, traspasos y fichajes multimillonarios, la casa en la que vive Cristiano Ronaldo o el anuncio que protagoniza Messi. Puro circo romano, sin fronteras entre lo importante y lo accesorio, montado alrededor de algo que, en realidad, es entretenimiento. De acuerdo, también entrega, pasión, ilusión, esfuerzo… que en muchos casos quedan relegados a un segundo plano a favor del espectáculo de lo banal. 

Si a ello le sumamos el chorreo de noticias estúpidas, prescindibles o escasamente significativas, nos encontramos con unos informativos que de ningún modo contribuyen a informarnos: un niño chino que pesa 70 kilos a sus tiernos tres añitos; la graciosísima e incomprensible “conversación” entre dos bebés gemelos; un video grabado con un móvil de la agresión que sufre en su aula un profesor de Secundaria; “nuevas imágenes de un videoaficionado” que captó en toda su intensidad cómo el tsunami llegaba a una localidad costera japonesa; videos de los bomberos madrileños intentando demostrar que fue la Policía municipal la que inició una protesta; la -preciosa pieza para finalizar un informativo de fin de semana- floración del cerezo de Etxaurri. Todos son ejemplos de hoy, 31, vistos y oídos en distintos informativos en los que, por cierto, cada vez tienen menos peso las imágenes propias y se ha abierto la puerta a más y más grabaciones amateurs, clips de youtube pixelados hasta lo inaceptable e imágenes extraídas de vídeos corporativos.

Sólo quien quiere sigue autoconvencido de que basta con ver la tele para estar informado. Pero de ahí a asumir que un informativo puede confundirse con un canal de Youtube o una herramienta al servicio de la promoción de clubes privados va un trecho largo.

Paradojas

Ayer estuve aquí. Todo un día escuchando hablar de las bondades de la televisión pública a encorbatados de diversa procedencia, obedeciendo a distintos objetivos. Lo organizaba EITB en colaboración con la FORTA, que como sabrán es ese organismo que agrupa a casi todas las radiotelevisiones autonómicas que operan en el estado. Dicen algunas lenguas que el acto llevaba cocinado desde hace unos cuantos meses, que la cocina nos pilla un poco lejos -tanto como Madrid-, y que algunas de las intervenciones habían sido oportunamente colocadas para justificar algunas decisiones de EITB bastante cuestionables.

Sin embargo, no les negaré que, en general, me pareció interesante porque estuvimos todo el día reflexionando sobre lo que se le puede exigir a la televisión en general y a la televisión pública en particular. Además, por primera vez desde que lo recuerdo, los académicos participantes fueron con mucho los más concretos de los participantes. Después de disquisiciones sobre normativas, marcos, tratados y limitaciones presupuestarias, Enrique Bustamante, catedrático de Comunicación Audiovisual en la Universidad Complutense de Madrid dejó un titular apisonador: el mayor problema de la televisión pública no son ni la fragmentación de la audiencia, ni el desembarco de la TDT ni las limitaciones presupuestarias. La mayor amenaza para las televisiones públicas son -y les aseguro que esto lo dice un hombre muy serio y muy respetado-, los gobiernos de los que dependen.

Mònica Terribas, que además de dirigir TV3 es profesora de la Universidad Pompeu Fabra, también fue cristalina: TVE nunca ha tenido excesivo interés por atender a las realidades cercanas de las autonomías, regiones o nacionalidades. Y en este panorama, las televisiones autonómicas son piezas fundamentales para reflejar e interpretar la sociedad en la que surgen, para hacer país, para compartir emociones, puntos de vista, experiencias, un servicio público del que la audiencia espera y desea algo muy concreto: que respondan a la legitimidad que históricamente se han ganado.

Las televisiones autonómicas son algo más que lo que se ve; son la imagen labrada durante años. Y de ellas se esperan informativos que informen y entretenimiento que entretenga, que sean tan competentes como competitivas, porque si nacen con vocación minoritaria no cumplen su función. No incidiré más de lo imprescindible en las abiertamente desafortunadas decisiones que la dirección de EITB ha tomado en los últimos tiempos, o en el manifiesto descontento en el seno de su redacción de informativos -atención a la [Enlace roto.]-, o en la falta de atractivo de mucha de su oferta de entretenimiento -¿cuánto tiempo hace que no ponen ETB sabiendo que es ahí donde encontrarán lo que quieren ver?-. La pérdida de credibilidad de la televisión pública vasca va más allá de la caída de la audiencia. Pregunten a cualquier vendedor: recuperar a un cliente descontento es mucho más difícil que empezar de cero, y parte de la ciudadanía vasca está más que activamente insatisfecha con la televisión que financia.

Parece paradójico que después de todo un día oyendo declaraciones de intenciones, defensa de la diversidad, apoyo al pluralismo, laudos a la capacidad tractora de la economía de la televisión pública y reivindicación de la calidad frente a la banalización de los contenidos, hoy (4) [Enlace roto.] de que los presupuestos para el año que viene recortarán la dotación para EITB. El mismo Gobierno vasco que ayer hablaba de la necesidad de apostar por la producción propia, por modernizar los contenidos, por entretener y hacer pedagogía a través de los medios públicos, aboga por la austeridad. Y me pregunto: si este año ha sido complicado, ¿cómo conseguirá el equipo de Alberto Surio cumplir los objetivos que se plantearon ayer, con los 134 millones de euros, 6 menos que este año, que el Gobierno vasco le destinará durante el 2011? ¿O no sólo es cuestión de dinero?

Estitxu, Oihan y el tambor

Corren tiempos difíciles para ETB. La sombra de la sospecha sobre la gestión de la pluralidad de sus informativos se actualiza con nuevos capítulos al respecto [Enlace roto.] y [Enlace roto.]. La audiencia sigue cayendo en picado y la autonómica vasca definitivamente ha abandonado no ya la Premier League de las televisiones, sino una digna segunda división. En octubre ETB1 y ETB2 cosecharon sus [Enlace roto.], 7,7% y 1,7% respectivamente, lo cual deja por los suelos un nombre que hace no mucho tiempo era sinónimo de un cierto buen hacer. En un año y medio ambas cadenas han perdido la mitad de su audiencia y han dilapidado el prestigio acumulado durante años, a base de azuzar la rebeldía ciudadana y de emitir programas poco afortunados.

No sé si mañana miércoles (3), en la jornada que el ente vasco ha organizado en colaboración con la FORTA para reflexionar sobre el futuro de la televisión pública, se hablará sobre esta cuestión. La noticia de hoy, por de pronto, es la de que el Director General de EITB, [Enlace roto.]. Urrusolo, que ya no es enfant -es de la quinta del 56-, sí ha firmado uno de los programas más “terribles” de los últimos tiempos, Aspaldiko primero y ahora A2, y parece ser que no propiciaba unas condiciones de trabajo digamos placenteras.

Aspaldiko retiró de la parrilla Pásalo, que por distintos motivos se había hecho un hueco en las tardes de ETB2 y que, si bien nunca fue mi programa favorito, encajaba con los postulados de un espacio informativo en una televisión pública. Y desde hace un mes parte de sus responsables están al frente de Arratsaldero en ETB1, un magazine más largo que el eterno Sálvame -¡prácticamente de Gaur Egun a Gaur Egun, comienza a las 3 y se extiende hasta las 8!- que presentan, con afán y salero, dos gladiadores de la cámara: Estitxu Fernández y Oihan Vega.

No puede decirse que sus registros de audiencia estén invitando a tirar cohetes, pero el buen hacer del equipo merece un sonoro aplauso. La decisión de enviar todos los contenidos infantiles a ETB3 había dejado un hueco -un socavón- en las tardes de ETB1, que apostó por recuperar el pulso informativo y el debate social para el espectador euskaldun. El formato es sencillo y deudor de la precariedad de medios: los dos presentadores, bregados y solventes, la mesa-mostrador, los vídeos, varios colaboradores opinando sobre esto y aquello, un par de reporteros a pie de calle -entre ellos, el eficiente Xabier Mendia- y poco más.

Es cierto que el programa se estrenó a medio hacer y se va cocinando sobre la marcha, y que en ocasiones más parece radio que televisión, porque no hay imágenes suficientes para cubrir cinco horas de programa ni personas susceptibles de ser entrevistadas y dispuestas a que la entrevista sea en euskera. En 2002 la misma Estitxu Fernández presentaba Bexamela, la respuesta euskaldun a Esta es mi gente, que hubo de desaparecer de la escena precisamente porque era imposible encontrar invitados dispuestos a contar intimidades a razón de seis personas por semana. Por eso el primer magazine vespertino de larga duración de la televisión pública vasca, que cada semana sigue creciendo con nuevas caras -muchas de las cuales, por cierto, provienen del mencionado Pásalo- es un trabajo doblemente meritorio. Y su equipo, responsable de veinticinco horas de directo a la semana, merece toda nuestra admiración y es, a su manera, la constatación de que a la sombra también florecen brotes bien pulcros.