Sé lo que hicisteis se acaba el viernes

La [Enlace roto.]saltó ayer, y sorprende, pero menos. Sorprende porque el programa dejó de emitirse hace un par de semanas para hacer hueco a las retransmisiones del Open de Tenis de Madrid y volvió con escenario nuevo y porque acaba de celebrar con un especial su programa número 1.000 y parece incoherente hacerse un lifting para salir de escena. Pero menos, porque lleva tiempo agonizando, renqueando, estirando un chicle que ya no da más de sí. LaSexta no ha querido probar por más tiempo cómo le iría al programa su nuevo decorado.

Tonterías Las Justas, en Cuatro, lleva todo el curso comiéndole la tostada del público más joven y supuestamente irreverente. No es cuestión de comparar los dos programas: el de LaSexta siempre gozó de mucho más colmillo y espíritu crítico que la “naditud” que tarde tras tarde exhiben Flo y los suyos, pero el público objetivo de ambos espacios es bien parecido. Pero no creo que ese sea la única razón del punto y final de SLQH.

No nos engañemos: Sé lo que hicisteis nunca ha sido un programa de grandes audiencias. Muchos de sus fans se lamentan por la noticia, y en Twitter también se comenta el tema con cierto pesar. Aunque en sus mejores momentos el programa llegó a rozar el millón de espectadores, a la misma hora en TVE1 Amar en tiempos revueltos roza los 3 millones cada día. Puede que hoy, después de conocerse la noticia, haya concitado la atención de más gente que otras tardes, pero ayer hizo un 4.3% (546.000 espectadores), y esto está muy lejos de los momentos gloriosos en los que doblaba las medias de su cadena. Y era su buque insignia.

De hecho, esa, y más que la audiencia, ha sido la razón de ser del programa desde que a partir de 2007 pasó de magazine semanal en prime time sin demasiada pena ni gloria, a tira diaria de sobremesa: encarnar el espíritu de LaSexta. Pocos espacios consiguen mimetizarse con la cadena que los emite con tanta fuerza. SLQH era fresco y pretendía ser irreverente, hacía leña del árbol caído ridiculizando a la televisión del corazón pero no por ello consideraba incoherente la caza del espectador a base de minifalda y tacón -¿alguien vio a Patricia Conde con pantalón largo algún día?-, pasaba de los informativos pero hacía referencias a la actualidad, hacía a la audiencia sentirse parte de una familia superenrollada, y conseguía notoriedad para la cadena a partir de polémicas, especiales y acciones en internet. “Me río pero no soy tonta”: puritita “esencia de Sexta” en frasco transparente y cristalino.

Hoy muchos se apenan por la bajada de persiana de un programa cuyos guionistas saben reirse de sí mismos, y no falta eso de que ha sido escuela de cómicos, piscifatoría de reporteros -y escaparate de escotes-. Pero tampoco habría que olvidar que el listón llevaba bajando un par de años y que, oigan, después de un lustro, quizá ya no tenía tanta gracia. Las repeticiones y los refritos, aunque también son muy de LaSexta, no contribuyen precisamente a hacer amigos ni generan adhesiones. Esperemos que la cadena sepa encontrar un digno sustituto al difunto que traiga aire fresco a la franja, y no la deje, sine die, en manos de una serie fascista cualquiera. Y esperemos que los mejores talentos del programa encuentren acomodo en ésta u otra cadena, porque de habilidades de ese tipo no es, precisamente, de lo que las televisiones van sobradas…

Cómo rellenar un programa (casi) sin esfuerzo

La jornada de ayer (5) fue casi casi tan mágica como la mañana de hoy. A media tarde aquellos niños y niñas que no asistieron a su cita con Melchor, Gaspar y Baltasar en vivo tuvieron oportunidad de ver por televisión varias cabalgatas: la madrileña, en la muy centralista TVE1; y en ETB1, y presentado por el nunca comedido Klaudio Landa y la nunca desatada Izaro Iraeta, el relato desde las calles de las capitales vascas. Recogidas las carrozas, en Bilbao la noche tenía otros protagonistas –por cierto,  el partido entre el Athletic y el F.C. Barcelona también pudo seguirse en streaming desde rtve.es-. Pero al margen de las más que justificadas euforias e ilusiones futbolísticas, en televisión la noche de ayer era de esas de intentar tirar la casa por la ventana, y la mayoría de las cadenas intentó ofrecer películas con tirón para acompañar los últimos momentos de vigilia antes de una noche especial.

En Cuatro no fueron menos, y programaron un “peliculón”: el estreno en televisión de Isi-Disi: Alto voltaje. Esta magna obra de la filmografía de Chema de la Peña cuenta con dos protagonistas sobradamente conocidos, en cuya popularidad reside el único interés de la historia: Santiago Segura y Florentino Fernández, que lleva poco más de medio año al frente de Tonterías las justas en Cuatro. Así que para  el programa de ayer llamaron al sosias de José Luis Torrente. Segura no estrena película hasta el próximo 11 de marzo, está de promoción desde ya, y no hubiera desperdiciado ni por todo el oro del mundo una oportunidad tan en bandeja como esa para llegar a su público potencial.

Tonterías las justas, producido por la misma empresa que el prescindible El Hormiguero, empezó colándose en la franja de sobremesa allá por el mes de mayo como un programa menor que peleaba cuerpo a cuerpo por un público parecido al que aglutinaba Sé lo que hicisteis, uno de los espacios más potentes de LaSexta. Y desde esa premisa, hace tiempo que le comió la tostada: en notoriedad, en audiencia y también en las redes sociales.

La sobremesa -también- es complicada: en ellas reina día tras día Amar en tiempos revueltos, que supera el 20% de share con pasmosa facilidad y reune a la audiencia madura que no cae en las redes de Sálvame. El resto de cadenas hacen lo que pueden, y el público más joven, ese que sale de clase, se reparte entre los de Ángel Martín y los de Flo. Después de seis temporadas de emisiones diarias la apuesta de Globomedia pierde fuelle y espectadores como el agua que escapa de un cesto. Los datos de audiencia del martes (4) pueden ser representativos: SLQH -“acronimiza”, que algo queda- consiguió un 4,1% de share, 560.000 espectadores, frente al 6,8%, 845.000 espectadores, de TLJ. No vale alegar que el programa de LaSexta era una repetición. De hecho, eso subraya que los que se distinguieron por ser el azote de los programas del corazón han tirado la toalla y cada vez tienen menos que hacer contra un programa gamberro capaz de generar un idioma propio que ha conectado con los jóvenes. Y parece que da igual que lo único que ofrezcan sea un -habilísimo- director en promoción, unos cuantos “chistacos”, cinco “videos de primera” y la simpatía de sus presentadores. El de ayer es sólo un ejemplo. Pero también una lección condensada de cómo hacer hora y media de televisión con unos recursos tan cortos como la falda de Anna Simón.

Eitb renovará su página web

Ya sé que es un secreto a voces, pero ayer Iñako Gurrutxaga, responsable de contenidos de eitb.com, participó en el seminario sobre televisión en Internet que organizaron varios profesores del departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la UPV/EHU,  y nos contó que están planificando una nueva arquitectura de contenidos y pretenden aumentar los cauces de participación de los usuarios de la web, que es cierto que se les ha quedado algo viejuna.

Al parecer, lo que pretenden es que en un par de meses todo esté dispuesto para que tanto los canales de televisión como los de radio puedan seguirse en directo a través de un servicio de streaming en su totalidad. En la actualidad, las cinco emisoras de radio se pueden escuchar online, pero mi experiencia de usuaria me dice que la línea tiende a colgarse en repetidas ocasiones. Y aunque desde la web es posible ver muchos programas de televisión recientes e incluso algunos de ellos en directo, el volcado sistemático y eso de la “televisión a la carta” siguen pendientes. Si estamos de acuerdo en que cada vez más personas acceden a la televisión a través de sus ordenadores, y que éste área debe desarrollarse para fortalecer el grupo público en todos los frentes posibles, los intentos por actualizarla parecen loables.

Digitalización de veinticinco años de historia, preparada para su consulta y descarga; disponibilidad de los contenidos televisivos de manera gratuita e inmediata; propuestas arriesgadas como en su momento lo fue ésta, de la BBC; desarrollo de widgets específicos para entrar en eitb.com desde los televisores que lo vayan permitiendo… Tan interesante como ambicioso, aunque no exento de peligros: ¿podremos comparar el actual Vaya semanita con aquel programa que hizo historia por su frescura y sagacidad?

Lástima que la intervención de Gurrutxaga diese por momentos la impresión de “manos atadas”, de “nosotros proponemos y a ver qué nos aceptan”. Nada que ver con la actitud de los respectivos responsables de los contenidos multimedia de RTVE y TV3. Sobre la muy eficaz y moderna página de la autonómica catalana poco voy a decir, que ya se venden ellos estupendamente. Pero no me cansaré de elogiar el portal de RTVE, un espejo en el que mirarse que está haciendo efectiva la televisión a la carta y que no sólo es enciclopédicamente completo; también es fácilmente accesible, navegable y consultable. Un referente que ofrece contenidos, de verdad, para todo tipo de público -un ejemplo que en otros tiempos hubiera resultado impensable, el impecable desarrollo online de Amar en tiempos revueltos, cuyo espectador tipo no es, precisamente, un asistente a la Euskalparty de turno-.

Esperemos que los buenos duros que sin duda va a costar adaptar eitb.com al consumidor online del 2011 no sólo estén bien empleados, sino que además se queden en Euskadi. Veremos.

Arrasar en tiempos revueltos

No. No me refiero al momento televisivo que vivimos en nuestro entorno más cercano, aunque hay quien podría [Enlace roto.]. Hoy quiero compartir con ustedes mi moderado asombro ante el éxito de una de las series más populares de la programación actual. La semana pasada comenzó la sexta temporada de Amar en tiempos revueltos, y los registros de audiencia siguen atestiguando que este culebrón algo sui géneris está dando en la diana. Voy a hacerme la moderna bautizándolo ATR al estilo de las series de adolescentes, y me quitaré el sombrero ante sus resultados de audiencia: ATR sube la media de TVE1 –comenzó la semana haciendo un 20,6% del share en la sobremesa-, lleva tiempo situándose entre los programas más vistos del día, es regularmente seguida por más dos millones y medio de espectadores y oigan, esos son muchos espectadores pendientes del sí o no, de si la besa o le deja, de si por fin consiguen consumar su amor o de si todo era mentira.

Dicen que uno de los secretos de la televisión consiste en combinar en su justa medida la familiaridad de la rutina con las novedades. Los escenarios de ATR, sus tramas, sus protagonistas, llevan casi 1.200 capítulos construyendo una interpretación a su medida de un momento histórico, el gris Madrid de los años cincuenta, que en principio no parecía del todo atractivo para audiencias heterogéneas. Sin embargo, un poco de sociología de escalera permite comprobar que, como afirman sus responsables, a la serie no le afecta la fragmentación: entretiene tanto a mayores como a jóvenes. Si tenemos en cuenta que con el inicio de cada temporada nuevas historias ocupan el lugar de las que concluyeron en la anterior, ahí tenemos el factor novedad que aporta frescura al producto sin forzarlo. ATR funciona como un reloj. Llevado por la historia, puede que usted no caiga en ello, pero todo en ella está controlado: los tres cuartos de hora justos de duración, el número de escenas y de escenarios, la cantidad de giros de guión por semana o la cifra de personajes cuyas desventuras el televidente tipo está dispuesto a controlar.

La elección de una franja horaria propicia y constante que se ajusta a las rutinas de sus espectadores -¿se dieron cuenta de que incluso durante el tórrido verano su hora de inicio se mantuvo como un clavo a las cuatro, pese a que el Telediario 1 acortase su duración?-, el equilibrio entre acción y repetición, humor y tramas dramáticas, el ejercicio de recreación, pese al ligero tufo… rojillo que en ocasiones emana, son merecedoras del justo reconocimiento a un producto más que digno. Sobre todo cuando introduce con cierta elegancia argumentos que se alejan de la telenovela al uso y sorprenden de esta manera con momentazos televisivos como el que encabeza esta entrada.