El chiringuito

Esta semana ha terminado la primera temporada de Chiringuito de Pepe, que casi sin buscarlo, se ha convertido en uno de los éxitos del momento. Dudo mucho de que cuando Telecinco estrenó esta serie contara con ella como uno de sus principales activos, pero ya hay segunda temporada a la vista. La noche del lunes está cotizada, pero la cuota de pantalla del chiringuito fue esta semana, y no ha sido la primera, superior incluso a la de Isabel en TVE1 y Top Chef en Antena 3.

La verdad es que la trama de la serie me parece bastante prescindible. Pueden vendérnosla como conflicto generacional, oposición entre tradición y modernidad o dicotomía entre lo refinado y lo tosco. Pero si Chiringuito de Pepe ha tenido un pase para más de tres millones de espectadores es, sobre todo, porque sus personajes afectados son de cómic y las tramas, de puro exageradas, se convierten en absurdas. Pon a Bonilla haciendo de Bonilla, con o sin tupé, lo mismo da que sea en un chiringuito que en un ambulatorio, y ahí habrá un sector de la audiencia encantado de la vida. Por lo menos, de momento.

Sí me interesa, sin embargo, cómo la serie cuela un mensaje publicitario de un modo que la industria tiene que seguir explotando. La saturación de spots… digamos… convencionales invita a buscar formas alternativas para colocar publicidad allá donde se pueda. Y en este caso la Diputación de Castellón pagó 70.000 euros para que la productora se asegurara de meter bien de planos con localizaciones reales que destacaran la naturaleza turística de Peñíscola. Peñíscola, qué hermosa eres.

Aunque nunca sé exactamente cómo se calculan estas cosas, el retorno económico de cada capítulo para la provincia se ha estimado en 321.965 euros. Y hay que confesar que la fotografía de Chiringuito es extraordinaria: la luz mediterránea filtrándose por los postigos pintados de azul invita a pensar en veraneo, playa y distensión. Otra cosa es que ese decorado recreando un chiringo de modo y manera que parezca un local salido de los Hamptons responda a una realidad que, según experiencia directa, no siempre es tan glamourosa ni libre de cartelón Bebe Coca-Cola.

En cualquier caso, damos por exitosa esta iniciativa. Porque no siempre la jugada es igual de oportuna. Ayer mismo recalé un momento por Vive Cantando, otrora serie revelación en Antena 3, para ver cómo una actriz vestida de cartera se bajaba de una moto, entregaba un paquete y comentaba con el cliente las muchas ventajas de usar Correos para realizar envíos rápidos y seguros. A santo de nada. El año pasado Vive Cantando era una ficción low cost simpática que dio la campanada; este, con la mitad de frescura, es un catálogo de marcas metidas con calzador en un producto que intenta aprovechar el tirón que tuvo la temporada pasada. Y oigan, si nos vamos a publi, por lo menos hagámoslo con gracia.

U2 vs. María José

El mítico Jay Leno, presentador del programa nocturno Tonight Show de la NBC estadounidense durante más de 20 años, se retiraba la semana pasada. Su lugar lo ocupa Jimmy Fallon, otro de esos frontmen que enlazan con una tradición legendaria de estrellas que aspiran a mantenerse en el candelero mes tras mes tras mes tras mes. Ser una referencia, entrar en millones de hogares, reinterpretar la actualidad en clave humorística, aupar o descabalgar artistas, contribuir a la promoción de músicos y políticos… y de vez en cuando incluso trascender las fronteras estadounidenses. De hecho, fue Fallon quien puso a bailar a Michelle Obama hará cosa de un año. La batalla de la Primera Dama contra la obesidad infantil dio la vuelta al mundo, y el nombre del programa en el que intervino sin complejos, también.

Sería facilón establecer comparaciones entre los lates shows estadounidenses y los que conocemos por aquí sin tener en cuenta las muchas diferencias que existen entre los ecosistemas televisivos de los que forman parte. Sus públicos potenciales son completamente diferentes: 315 millones de espectadores estadounidenses frente a los 47 millones de televidentes a los que puede acceder un programa estatal. O el millón aproximado de vascoparlantes al que en el mejor de sus sueños podría acceder una producción de ETB1. Los horarios de emisión también lo son: el concepto de late se traduce para América en las 11 de la noche, como muy tarde; el programa de Buenafuente no empieza hasta que usted y yo nos caemos de sueño. Frente a programas destinados a la supuesta clase media americana, sus equivalentes españoles no pueden aspirar más que a minorías insomnes y con pretensión -y mil matices- sibarita.

También es distinta la escala de los entrevistables. En una relación simbiótica, el interés por aparecer en los grandes shows estadounidenses de figuras de diversos ámbitos pero trascendencia planetaria es evidente. Para la primera semana de Jimmy Fallon al frente de Tonight Show se anuncian los nombres de Justin Timberlake, Lady Gaga, Emma Thompson o Michelle Obama de nuevo. En su estreno le acompañaron los miembros de U2, que regalaron en forma de -mutua- promoción una versión acústica de Ordinary Love que fue inmediatamente subida a Facebook donde, en una hora fue compartida por 9.000 usuarios, recibió más 1.400 comentarios y 41.500 likes.

Como comentábamos esta semana en La caja lista, de Radio Euskadi, es probable que el invitado que más ruido haya metido en lo que lleva el En el aire de Buenafuente en laSexta sea Paquirrín. Ese es el nivel. Y si ampliamos el foco y, aceptando pulpo como animal de compañía, buscamos equivalencias entre los shows estadounidenses y El hormiguero de Pablo Motos, quizá aún no se hayan enterado de que el pelotazo de ayer tuvo nombre de mujer: Maria José. Campanario. Toda toda toda.

Teleseries: el gato y el ratón

La caja lista de esta semana estuvo dedicada casi en exclusiva a la retransmisión por televisión de los premios Goya. Porque al margen de la siempre en entredicho calidad del cine español, la gala es un acontecimiento que marca agenda. La de este año ha sido, con diferencia, la menos vista en los últimos cinco años: 350.000 espectadores menos que la de 2013 pero, aún así y como siempre ha dado de comer a estilistas televisivos, analistas cinematográficos y programas especiales antes, durante y después de la retransmisión.

Sin embargo, creo que este post se lo merece la florida y adelantada primavera que está viviendo la ficción -vamos a decir- propia -que no es propia porque no la producen las cadenas sino las productoras a las que se la encargan- por obra y gracia del pulso a décimas entre Antena 3 y Telecinco. Que no sólo se copian y se repican en formatos de entretenimiento o en su planteamiento de la parrilla.

Supongo que el punto de inflexión lo marcó El tiempo entre costuras (Antena 3) y su indiscutible éxito de público y, por qué no, crítica. En respuesta, Mediaset ha esperado unos cuantos meses para cebar El Príncipe. La empresa no quería una serie más, sino un acontecimiento en toda regla. Así que puso toda su maquinaria promocional a trabajar, y la que en principio había sido planteada como una ficción ambiciosa, sí, pero sólo “una” ficción, se convirtió, por lo que se augura, en uno de los pilares de Telecinco para esta temporada, en el faro que alumbre a toda la cadena y levante su orgullo, bastante herido en los últimos años al menos en lo que respecta al mundo teleserie.

El Príncipe se estrenó la semana pasada de manera simultánea en casi todas las cadenas de Mediaset, y Vasile se sentó a esperar: 5.6 millones de espectadores, y un 28% de share total sumando los resultados de T5 (22%) y el resto de frecuencias en las que se emitió. Una oportunidad de oro para intentar colocar titulares en la prensa especializada y también en la que no lo está, pero igualmente considera noticioso el resultado de una estrategia de programación tan particular.

No crean, sin embargo, que esto queda aquí porque las series, como las cucarachas, nacen, crecen, se reproducen y, si la audiencia no lo impide, mueren. Y cada uno de sus movimientos es convenientemente comunicado para ir calentando motores. Hasta el punto de que lo que a estas horas tiene en ascuas a los directivos de las dos principales cadenas españolas es el duelo a muerte entre Velvet (Antena 3) y B&B: De boca en boca (Telecinco). Como explica Vanitatis, la ley obliga a las televisiones a anunciar su programación con tres días de adelanto, así que ambas tienen de plazo hasta la medianoche para confirmar si el estreno será o no el lunes. Y como no quieren comerse la tostada mutuamente, o quizá sí, aquí nos tienen a los espectadores, sin saber si esos “próximamente”, “pronto” y “la semana que viene” con los que aderezan sus omnipresentes promociones se concretarán un día u otro. ¿Poker? ¿Quién dijo poker?

Actualización: finalmente tanto Antena 3 como Telecinco se han lanzado a la piscina así que ambas series estrenarán este lunes a las 22.30. Un nuevo capítulo en la -triste- historia de la contraprogramación que no beneficia ni a los programas ni a su sufrida audiencia. Quien a hierro mata a hierro puede morir.

Campanadas a medianoche

El tiempo no corre, vuela. Así que gota a gota ya vamos sabiendo detalles referidos a las transmisiones y especiales navideños que nos esperan para dentro de un mes y medio. Esta semana hemos conocido que en TVE1 la encargada de contar cuartos y campanadas, seguramente enfundada en un modelazo digno de alfombra roja, será Anne Igartiburu. Será la novena vez que Anne (¿Ane?) se encargue de esta tarea. En 2011 la acompañó José Mota; en 2012 Imanol Arias. Este año lo harán dos de los rostros de Masterchef, el concurso de cocina que, tras comenzar vacilante y temeroso, se ha convertido en uno de los goles de TVE1 de este año.

La elección de las caras para la retransmisión de las campanadas puede considerarse como termómetro aproximado de lo que cada cadena ha considerado un éxito durante los meses precedentes. Por eso me gusta estar atenta a quiénes son las elegidas para la ocasión. Porque indican qué se considera éxito… o por qué personajes se quiere seguir apostando.

Otro ejemplo de ello es el anuncio, hace algunos días más, de quiénes pondrán rostro a la retransmisión de campanadas en Antena 3: Paula Vázquez y Ana Simón. Una, imagen asentada de la cadena; la otra, en los últimos tiempos al frente de varios espacios, probablemente con menos “gloria” de lo esperado. Que  esté en las campanadas sugiere, aparte de la promesa de un (otro más) escotazo, que Antena 3 sigue confiando en ambas.

Otros que vuelven a gozar de “confianza”, y con esto regresamos a TVE1, son Los Morancos. Que, a la manera de teloneros de Igartiburu, protagonizarán un especial de humor de 70 minutos a base de sketches, “humor” y música. ¿A que –no– estaban echándolos en falta?

De estas cuestiones, y alguna más seria, como las implicaciones del cierre de Canal Nou que aunque parezca ir abandonando el ojo del huracán sigue resultando preocupante, hablábamos esta semana en La caja lista, esa sección de Graffiti, en la tarde noche de Radio Euskadi, a la que tienen a bien invitarme Miriam Duque, Juan Carlos de Rojo y Javier Domínguez. Ahí les va la charla. Y adviertan que no lo pasamos nada mal.

Por un trato ético a los dramas en televisión

Parece ser que después de ser archianunciada, el estreno anoche en Antena 3 de La Cúpula, serie de ciencia ficción-o-así producida por Spielberg, fue un superéxito. Personalmente, no me llamaba mucho la atención, pero es que además cada vez me cuesta más engancharme a una serie dramática. Y menos aún si se emite en prime time.

Las sitcom, las comedias en general, se construyen a partir de capítulos autoconcluyentes. Pero una serie dramática es diferente. Es necesario una constancia, un cariño. Un orden y concierto. Es posible ver varios capítulos seguidos de Dos hombres y medio correspondientes a temporadas diferentes y comprobar cómo Jake pasa de niño gordito a adolescente gañán en cuestión de 25 minutos. Pero cuando las prácticas de emisión son irrespetuosas con las historias dramáticas llegan los problemas, y más aún si hay flashbacks o cualquier otra alteración en el planteamiento dramático que complique el panorama.

La muy extendida costumbre, sobre todo en horario nocturno, de alternar capítulos de estreno con otros de reposición sigue, por lo que parece, el criterio de ahora-pon-uno-cualquiera-que-total-así-ocupamos-parrilla. Y no son pocas las ocasiones en la que si la audiencia no responde como se esperaba la emisión se retrasa un par de horitas, cambia de día, desaparece y vuelve a aparecer. El espectador medio, ese que, desengáñense, no tiene tiempo ni ganas de andar descargándose capítulos para verlos después todos seguidos y lo que quiere es entretenerse un rato sin complicaciones, se encuentra con ciertas dificultades para seguir las tramas, rellenar huecos, sacar conclusiones y tener la sensación de que por el camino no ha perdido el tiempo.

Así que tiendo a emocionarme lo justo con una nueva serie antes de comprobar que será posible seguirla sin sobresaltos. Por eso el [Enlace roto.], de momento, no me ilusiona demasiado. Y por eso valoro los esfuerzos que este verano ha estado haciendo Cuatro para proteger Scandal, bautizada como la serie del momento en Estados Unidos -otra más…-, donde esperan para el 3 octubre la tercera temporada y acaban de anunciar la incorporación de Lisa Kudrow al reparto. Y eso implica cierta apuesta a futuro.

Scandal va de una mujer superprofesional, superseria y superefectiva que se dedica a gestionar los conflictos que puedan afectar la imagen de sus clientes. De manejar a la prensa, elegir bien la corbata, descubrir que hay micrófonos ocultos, y almorzar con políticos. Bien, no es la serie definitiva pero se deja ver con mucho gusto. Entre otras cosas porque Cuatro, la cadena que la emite, le ha reservado el miércoles en prime time, respeta el orden cronológico de los capítulos y, al igual que hizo con Homeland, se ha propuesto que la mayoría de sus cortes publicitarios se limiten a tres anuncios. Tres. Los cortes se acompañan de elementos de continuidad y del hashtag #3spots para que el espectador comente en Twitter lo mucho que le gusta a) la serie, y b) que Cuatro no la mutile. Y los anunciantes deben estar contentos porque sus spots consiguen mayor notoriedad y la audiencia no le da al zapeo compulsivo. Todos contentos.

Esta estrategia no llega al mimo compulsivo con el que la cadena ABC trata a una de sus joyitas, Modern Family -atención este post de la semana pasada con las cinco razones por las que Phil Dunphy sería una excelente alternativa a Ben Affleck como el próximo Batman-, pero apuntala la imagen de Cuatro como una cadena que, pese a todo, pese a Mediaset, pese a ‘los manolos’, pese a Callejeros y Ola, Ola, sigue siendo de lo mejor que te puede pasar si eres una serie estadounidense. Compruébenlo mañana.