Activismo de postal

Hace unas semanas asistí a un seminario en el que varios de los responsables del proyecto Why Poverty  presentaban el resultado de su trabajo. Formaba parte de algo así como una gira, así que fue algo así como un bolo: vimos los tráilers de los ocho documentales alrededor de los cuales pivota esta iniciativa y luego hubo una pequeña discusión respecto a su excelente factura y sus intenciones declaradas.

En esencia, Why Poverty es una plataforma que reunió a realizadores de prestigio para concebir, realizar y difundir una serie de documentales que indagan sobre la pobreza en el mundo, la injusticia, la desigualdad, la globalización o la esclarecedora relación de dependencia y explotación entre el norte y el sur de este, nuestro planeta. La BBC emitió los documentales a finales del año pasado: el primero en BBC1, por aquello de generar expectación, y los siguientes en BBC4. Después, otras muchas cadenas ofrecieron los documentales. Entre ellas TV3.

Hace unos días volví a tener noticia de Why Poverty? porque [Enlace roto.] daba cuenta de que las películas, gratuitamente y con subtítulos en español, ya estaban disponibles online. Pueden verse aquíEducación, Educación resulta escalofriante y amargo; y Bienvenidos al mundo es de un lirismo tremendamente emotivo-. Así que aprovecho la ocasión para compartir con ustedes el pastel al que tuvo que enfrentarse el Nick Fraser, productor de la serie, ante un público, asumámoslo, un poco mezquino pero probablemente acertado.

¿Que cuál fue la pregunta del millón? Obviamente, si estos exquisitos documentales realmente llegan a cumplir con su objetivo, que es el de remover conciencias. A saber, el mesiánico productor, desde su cómoda posición de cargo medio de la BBC, comprometido, solidario y tal pero investido de un “bonismo” atufante -ahora la mezquina soy yo- defendía que es un “error” que las celebrities se desplacen a países pobres porque en lugar de mostrar a personas pobres se acaba por mostrar lo que los famosos piensan de esas personas. Hubo unas cuantas voces que le enmendaron la plana de manera categórica.

Poco después se estrenó un telefilm que probablemente no pase a la historia de la televisión. Mary and Martha, protagonizado por Hilary Swank, cuenta la historia de una americana que viaja a Mozambique, pierde a su hijo a consecuencia de la malaria y a partir de ahí se embarca en una lucha contra esta enfermedad. A la historia le llovieron críticas, resumidas en lo que tiene de brutal erupción de etnocentrismo que una enfermedad que amenaza a billones de pobres y mata cada año a miles de africanos tenga que verse encarnada en la piel de un blanco… ¡y encima gringo!, para resultar dramáticamente interesante. Pero… al menos durante una hora y media el mosquito de la malaria entró en los muy occidentales domicilios británicos. Yo me sigo preguntando qué es mejor en términos comunicativos.  ¿El activismo de postal o la reflexión artie? ¿La foto de la Jolie o los documentales minoritarios? ¿Cuántas veces han visto ustedes Documentos TV en lo que va de año?

Todas las entradas que, como esta, pertenecen a la categoría Una vasca en Oxford, están redactadas mientras disfruto de una estancia como investigadora visitante en el European Studies Centre de la Universidad de Oxford y observo, desde fuera, cómo somos y cómo nos ven.

Tacos

Están algunos un poco soliviantados por aquí porque el pasado 31 de marzo, durante la retransmisión que hizo la BBC de la regata Oxford-Cambridge, a uno de los timoneles se le pudo oír en varias ocasiones utilizar un lenguaje no apto para damiselas. Oskar Zorrilla, aunque pudiera parecerlo por la grafía de su nombre y -permítanme el chiste malo- su rudo léxico, al menos durante la competición, no es vasco sino un colombiano-estadounidense de 25 años matriculado en la Universidad de Oxford. Y en su (increíblemente) discreta cuenta de Twitter deja constancia de que pertenece al peso pluma, como buen timonel. Encaramado a sus 52 kilogramos de peso se encargada de controlar la dirección del barco y la frecuencia de las paladas, y también anima o azuza a sus compañeros para hacerlos llegar a buen puerto. Y llegar los primeros.

Pues bien, se han registrado más de 200 quejas tramitadas mediante un formulario como este. Más de 6 millones y medio de espectadores asistieron a la retransmisión de la explosiva competición por televisión, durante la cual los comentaristas se deshacían en disculpas por el lenguaje de Zorrilla. Pero la realización seguía dejando el micro abierto. ¿Cómo? ¿Un micrófono registrando el sonido ambiente en las traineras? Pues sí, desde 2006 la audiencia puede disfrutar desde casa del sonido de las palas rompiendo las aguas del Támesis, los jadeos de los remeros y, por supuesto, las arengas de los timoneles. ¿Y qué espera la realización de un programa que se oiga en estos casos? ¿Ruegos e interpelaciones en el más delicioso de los acentos posh?

Traigo esta cuestión a cuento porque es una excusa para presentarles, por si no lo conocen, al Ofcom (Office of Communications). Se trata de un órgano regulatorio que vela por la corrección y probidad de los medios de comunicación británicos y por la libre competencia en la industria de las telecomunicaciones en el Reino Unido. Pero si se trata de responder con un sí a mi anterior pregunta, francamente yo lo dudo tanto como usted…

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Funerales en Oz

A veces ocurre. La noticia del año te pilla fuera de casa. La muerte de Margaret Thatcher a mí me ha pillado en casa, así que ahora que después del periodo vacacional regreso a Oxford me encuentro con ofertas editoriales y toneladas de papel impreso que, desde la portada, prometen análisis sesudos sobre la vida y obra de la única Prime Minister de la historia del Reino Unido. Así son las cosas: en Loiu las revistas hablaban de Saritísima y en Heathrow la diva que glosar era otra.

Nada puedo decir yo de interés sobre Thatcher. Al fin y al cabo, ella estaba decidiendo quién compondría su primer gabinete cuando a mí me lanzaron al mundo. En estas circunstancias, es difícil no hablar de oídas.

Pero sí recordaré que las dos primeras películas que vi en la televisión británica al llegar al país, las dos en la misma semana, fueron The Young Victoria (2009), narrando los años de juventud de la, hasta la fecha, soberana más longeva de la historia del imperio -Emily Blunt es mucho más guapa, sospecho, que la verdadera Reina Victoria- y, ¡bingo!, The Iron Lady (2011). La televisión británica se dio prisa por adquirir los derechos de emisión de ambas películas que, en paralelo, fijan en el imaginario colectivo y para los restos, una muy concreta visión de ambos personajes históricos.

El funeral tendrá lugar mañana, y a estas horas el cuerpo de la baronesa ya ha llegado a Westminster, a la espera del traslado y posterior oficio en la catedral de Sant Paul. Como Churchill. El de mañana será todo un acontecimiento televisivo que, entre otras cosas, también viene asociado a su polémica. Recordándo(me) lo que ocurrió cuando “Carrero voló”, ha habido muchas personas dispuestas a hacer su propio chiste musical-privado para demostrar la opinión que les merece la finada (aquí, la canción de la que hacen bandera, bien agitada por las redes sociales angloparlantes; aquí, la historia explicada por la BBC; y aquí, el comentario de Anna Bosch). Por mi parte,  y suponiendo que habría quien mataría por una [Enlace roto.], me queda recomendar una vez más este “poema visual” firmado hace ya unos años por La hora chanante. Todo lo demás solo son palabras… 

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Jefas

El viernes celebré el 8 de marzo asistiendo a un seminario sobre la relación entre medios de comunicación y mujer que resultó de lo más esclarecedor. Christina Scharff aseguró que la prensa británica ve con buenos ojos el feminismo fuera -fuera del Reino Unido, fuera de las comunidades hegemónicas; esas africanas que se empoderan en sus comunidades y aprenden a leer y a escribir para aspirar a una vida mejor, esas inmigrantes que superan barreras y se oponen a imposiciones religiosas… Sin embargo, no le duelen prendas en dibujar al feminismo de dentro, al que la rodea, como un movimiento ni atractivo ni justificado.

Cynthia Carter presentó algunos de los resultados de Who makes the news, un proyecto internacional de monitorización de las noticias en las que las mujeres son fuente, protagonistas u objeto de interés. Pueden descubrirlo por su cuenta aquí, pero les diré que no me sorprendió comprobar que en el Reino Unido y en Irlanda se dibuja una tendencia peligrosa: en las redacciones los hombres tienden a hacerse cargo de asuntos económicos, política y sucesos, y las mujeres, de cuestiones… er… “femeninas”. Salud, hogar, celebrities… Esta desviación en origen delata presuposiciones, acorta perspectivas y exige una reflexión.

Hubo más voces. Sin embargo, el plato estrella lo sirvió Caroline Thomson, la mujer que más poder ha ostentado en el organigrama de la BBC: fue Chief Operating Officer, si bien sólo durante algo más de un año y de manera interina. Pueden imaginarse un discurso institucional, bonista, bienintencionado, reivindicando la independencia, la calidad y la responsabilidad de un grupo de comunicación cuyos servicios -radio, televisión o internet- son utilizados por más del 90% de la población al menos una vez a la semana. Las que hicieron diferentes la, aun obvia, interesante intervención de Thomson, fueron sus referencias a una indiscutible jerarquía masculina en la empresa para la que ha trabajado casi 30 años, la evidencia de que ante la cámara la edad no se juzga del mismo modo cuando quien cumplen años son ellas, y no ellos, y la asunción de que las jornadas parciales castigan más a las trabajadoras de la casa que a sus compañeros hombres. Dudo de que el resto de ex directivos de la BBC tengan estas reflexiones igual de presentes al valorar “su casa” en sus valoraciones públicas.

Todo esto lo decía una de las mujeres más poderosas de la industria audiovisual británica un día después de que [Enlace roto.]. Tradicionalmente, en la elección de ese puesto se ha cuestionado la filiación política del indicado, y parece que en este caso la profesionalidad de décadas de Iturbe ha prevenido valoraciones apriorísticas. No creo que nadie haya considerado a Iturbe en tanto que mujer y no en tanto que gestora. Pero pienso que ya era hora de que hubiera directora, y no director en EiTB. ¿Por qué? Porque yo sí estoy segura de que hay una manera femenina de hacer las cosas. El estereotipo de que somos más dadas al trabajo en grupo, a la empatía y a la practicidad es sólo eso, un estereotipo. Pero detrás de los estereotipos suelen aparecer trazas de realidad. Y estoy segura -y voy a tirarme a la piscina, en negro sobre blanco y sin red-, de que la manera de trabajar de las mujeres es mejor. Bastantes evidencias a lo largo de estos años me lo han demostrado. Iturbe tiene una difícil tarea por delante para volver a hacerlo valer. Suerte.

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Receta para cocineros

Los cocineros televisivos son más productos que cocineros. En Euskadi tenemos algún ejemplo, pero poder hacer esta fotografía en un gran almacén británico me ratifica en mi presupuesto. Jamie Oliver prácticamente pasó de niño a hombre delante de las cámaras y siempre se ha caracterizado por su frescura. Tenía veintipocos cuando la BBC le fichó para debutar en televisión con The Naked Chef. A sus 37 es toda una celebridad que presta su imagen a libros, una cadena de restaurantes italianos -como este, en Oxford, cuya apertura hace un par de años fue todo un acontecimiento… aunque con el tiempo la “fiebre” haya remitido-, o una línea de accesorios para la cocina. Lo mismo da. Dicen que la afición por la cocina se ha recuperado en los últimos años en el Reino Unido. No estoy segura de que el británico medio utilice para sus guisos hierbas aromáticas recogidas de su propio jardín, como he visto hacer a Jamie. Pero oigan, qué mono ese cortapizzas al que presta su cara el cocinero…

En las librerías ustedes pueden encontrar las obras completas de Nigella Watson, Delia Smith, Gary Rhodes, Heston Blumenthal o Rachel Ray. Y a fe que se compran -no tanto como leerse, y no digamos ya utilizados para poner en práctica los consejos y recetas – : según una encuesta de hace un par de semanas, los británicos tienen en casa una media de diez libros de cocina. La mayoría de ellos con el membrete “as seen on TV” bien legible en sus portadas.

En un mercado tan potente como competitivo parece claro que la imagen televisiva del cocinero que pretenda devenir estrella debe estar tan definida como sea posible. El otro día me llevé un recetario de Gordon Ramsey. ¿Cuál creen que fue el comentario de la vendedora? Ni una palabra sobre su estilo de cocina, sin artificios, basada en pocos ingredientes y sabores reconocibles. Lo que me dijo es que era una vergüenza que un padre de familia como él dijera tantas palabras malsonantes por minuto. De ahí que mis sugerencias para quien quiera hacerse un hueco en la constelación de cocineros mediáticos sean claras: -la habilidad en los fogones la doy por hecha-: encuentre su personaje, determine qué rasgos le harán reconocible y distinto de la competencia y explótelos tanto como sea posible. On egin!

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