Ciudadano Monzón

En algunas casas la misa es de lunes a jueves. A las 21.30 en laSexta. En algunas casas se sigue con fervor El intermedio que, de revista satírica de actualidad, ha mutado poco a poco en contrapoder. O altavoz. O púlpito humorístico, pero púlpito, al fin, no sé… El intermedio es, de largo, el espacio con más notoriedad de laSexta. Y el más visto: 11% de share, alrededor de 2 millones de personas.

No puedo decir que el Gran Wyoming sea un líder recién llegado, porque José Miguel Monzón lleva décadas en el candelero. Pero me llama la atención que de un tiempo a esta parte, con más fuerza que nunca, el presentador aparezca encabezando protestas, [Enlace roto.], ejerciendo de ariete de la oposición al gobierno español (que no diré yo que no lo merezca). Entre bromas y verdades, risas e ironías, Monzón representa el papel de un personaje cortado a su medida, con un carácter muy medido, socarrón, histriónico. Y digo “representa”, porque detrás de las líneas de guión que coloca como nadie hay un equipo de redactores numeroso, si atendemos a los créditos finales del programa, y talentoso, si atendemos al contenido del mismo.

Me gusta El intermedio, me gusta su relato desenfadado de la actualidad. Probablemente es necesario frente a informativos que son o falsarios o sensacionalistas. Pero me parece un poco peligrosa la fuerza mediática que acumula Wyoming, que ya está siendo incluso víctima de ataques personales por parte de periodistas derechones. Pero que también parece catalizar de una manera bastante peculiar y sesgada la oposición al PP. Blanco o negro. O listo como nosotros, o…

Quizá quepa recordar que laSexta, en realidad, y en último término, es propiedad de Atresmedia, que a su vez está participada por el Grupo Planeta, que de unos años a esta parte soporta igualmente a Onda Cero y a La Razón… ¡Qué cosas! Un programa –una cadena- dando mucha caña a los mismos que otros medios de la misma empresa jalean sin rubor. Quizá quepa recordar, también, que no se trata de línea editorial, sino de oportunidad empresarial: aquí hay un grupo de ciudadanos que quiere ser soliviantado. Y ahí está el Gran Wyoming poniendo la cara a un programa que sirve a ese propósito más que de sobra. ¿No es algo peligroso elevar a los altares a quien, si quisiera -aunque dudo de que lo pretenda porque, qué quieren, es bastante más cómodo seguir afeando conductas para solaz del respetable- podría ser el Beppe Grillo a la española que hay quien lleva tiempo esperando?

De esto, y del sensacional estreno de El tiempo entre costuras (Antena 3) hablamos ayer en La caja lista. Como cada martes por la noche, en Graffiti, de Radio Euskadi. Aquí, la ración de esta semana.

Latigazos para Ana Rosa

Una vez más, ha quedado patente que Twitter no es lugar para matices ni tonos grisáceos. Este domingo Salvados iba sobre la educación en Finlandia, considerada tan excelente como ejemplar. No tuve la oportunidad de ver el programa pero puedo imaginarme la riada de mensajes en Twitter haciéndole el caldo gordo a Jordi Évole. No niego que su programa tiene ciertas virtudes pero tampoco soy ajena a algunas de sus debilidades, como Iker Merodio identificó después de un programa sobre las televisiones públicas sesgado y simplón.

Tampoco puedo negar que la situación socioeconómica actual no puede ser más propicia para que espacios como Salvados o El intermedio exhiban su artillería. Un porcentaje nada desdeñable de espectadores se lame las heridas y encuentra en sus gurús un triste amparo y el recurso al pataleo colectivo que, por lo visto, es de lo poco que queda en una coyuntura tan putrefacta como desesperanzadora. El regreso de Salvados tuvo más de cuatro millones de espectadores el domingo, y El intermedio bate también sus récords a base de parodias del infame vodevil que nos toca vivir y costear.

Y en estas llega Ana Rosa Quintana, tan fresca y juvenil, tan de quitarle hierro al asunto, y publica un tweet “irónico” preocupada porque los finlandeses sí, disfrutan de un sistema educativo envidiable pero ah, no pueden sentarse en una terraza a tomar el sol, sus cañitas y sus tapitas. ¿Y qué más quiere el ciego que ver? La Twittesfera se lanza a degüello contra la sonriente oficiadora de uno de los programas más sórdidos de la televisión española. Sí, ese que combina con esmero la narración de la tragedia con el comentario frívolo, el caso Bretón con los Jimmy Choo. Y esa marea de twitteros enfadados, soliviantados y alentados por la nada fina ironía de Évole no la entiende. La prejuzga. La retuitea. La apalea.

Ana Rosa, no te metas donde no te llaman. Porque está claro que ir contra marea en Twitter es tarea de titanes. Y el  matiz, la aclaración, el comentario o la enmienda no tienen cabida. Los medios simplifican la realidad. Pero es que los tweets la convierten en un club de la comedia en el que el rol que juega cada personaje es tan claro que es imposible salirse del guión. Un tweet tan fresco, oportuno, desmitificador y valeroso como el tuyo tendrá que enfrentarse al muro de quienes te tienen crucificada. Ahí les va un nuevo clavito: es Cuarzo, la productora de Ana Rosa Quintana, quien se hará cargo del nuevo reality con famosos que prepara Telecinco. Sí, ese que [Enlace roto.]. Para comentar en la terraza al sol, con cañitas y tapitas. Es que a veces no te entiende, el público, Ana Rosa…

Vuelve el hombre, vuelve Wyoming

Ayer comenzó en serio la Operación Retorno. Ayer regresó a los informativos de TVE1 el grueso de rostros habituales, comandados por Pepa Bueno y Ana Blanco -lo cual nos priva de la presencia a horas humanas de la presentadora más robótica del mundo, Susana Roza, cuya dicción, de puro perfecta, asustaría en un callejón semioscuro-. Y también [Enlace roto.], que a estas alturas tiene clara su condición de “buque insignia” de LaSexta.

En un verano plagado de actualidad informativa de la buena, apuesto a que Pepa Bueno se ha mordido los nudillos viendo desde el otro lado cómo desfilaban líderes vaticanos, desplomes bursátiles y reformas constitucionales por la vía rápida. No tengo tan claro que el Gran Wyoming haya sentido necesidad de interrumpir sus vacaciones -cosa que, sin duda, colisionaría contra su elaborada imagen de bon vivant-. Pero estoy segura de que a muchos les habría gustado conocer la visión de la actualidad que, entre broma y broma, asoma por el programa al que el showman presta cuerpo, cara y locuacidad.

Pues ya no hay más que esperar: anoche regresó a la pantalla. El intermedio es, obviando a los informativos, el único programa de producción propia que le queda a LaSexta; el más antiguo, en antena desde 2006; y en muchos días como el de ayer, su espacio más visto: 6,7% de share, 905.000 espectadores. Se incorpora al equipo habitual Dani Mateo y se anuncian novedades aunque es de suponer que el equipo pensará eso de que “si funciona, no lo toques -demasiado-”.

Reconozco que el programa me gusta: Wyoming es un tipo rapidísimo que interpreta con salero uno de los guiones más cáusticos de la televisión actual. Pero en ocasiones he percibido que sobran en El intermedio piezas de relleno, entrevistas callejeras sin demasiado fondo, polémicas con Intereconomía que sólo sirven para “engorilar” extremos, y en muchas ocasiones una deriva pijo-progre que, a las puertas de unas elecciones generales y si pretenden seguir definiéndose como “críticos”, deberían intentar mantener a raya. Porque para eso no vale sólo con hacer leña a base de árboles caídos y rancia derechona.

Por cierto, aquí otro análisis, de Borja Terán, que a veces también encuentra El intermedio un poco… “partidista”…, y al que sin embargo el programa le gusta tanto o más que a mí.

La espiral del silencio

Así se denomina uno de los fenómenos relacionados con la conformación de la opinión pública más fascinantes. Elisabeth Nöelle-Neuman se encargó de describirlo y analizarlo desde un punto de vista académico a mediados del siglo pasado. Anoche Gonzo, para El intermedio, y quizás sin habérselo propuesto, regaló a los televidentes un ejemplo práctico de cómo la percepción sobre lo que opinan quienes les rodean condiciona la libertad para expresarse de quienes se sienten en minoría. Difícilmente se sugerirá que el aborto es aceptable en un congreso de Nuevas Generaciones. 

Me gusta Gonzo. [Enlace roto.] al equipo que capiteanea el Gran Wyoming, se fue a Tordesillas, donde hace un par de semanas se celebró el famoso torneo del Toro de la Vega. Esta es una antigua tradición que se resume en que un grupo de lanceros a pie o a caballo hostigan a un morlaco y pelean por ser el primero en que le de muerte entre la alegría y el alboroto de los espectadores. ¿Les suena? El objetivo del otrora reportero dicharachero de CQC, que esta temporada repite rol en LaSexta, era -además de alimentar ese espíritu eco-progre que tan a gala luce su cadena-, el de poner de manifiesto una evidencia: ni los responsables políticos de la vallisoletana Tordesillas, ni los ciudadanos de a pie, se atreven a criticar lo que, por muy fiesta de interés turístico que se considere, es de un salvajismo difícilmente compatible con el respeto por los derechos de los animales

El ritual está profundamente arraigado en la ciudad, y lo que nos mostró ayer El intermedio fue que el debate tradición-brutalidad con el que puede que usted se encuentre en su entorno difícilmente se materializará en el lugar de los hechos: ningún tordesillano osará cuestionar la moralidad de la fiesta de manera pública, so pena, según parece, de arriesgarse al aislamiento social.

Como es probable que usted no provenga de Tordesillas y encuentre, como yo, inaceptable la tortura a la que se somete al toro con el pretexto de la costumbre, la fiesta y el negocio adyacente, quizás le interese observar cómo la espiral del silencio actúa de manera descarnada y ejemplar: quienes consideran que en su entorno su opinión es la mayoritaria, se sienten fuertes y expresan sus opiniones en público seguros de sí mismos. Quienes, aun sin renegar de ellas, piensan que sus ideas son minoritarias, prefieren quedarse callados, lo cual acrecienta la percepción de que, efectivamente, su opinión es residual porque nadie la defiende públicamente. Quienes no tienen claro qué pensar tienden a adherirse a aquellos cuya opinión parece más sólida, y como en una espiral, el tema ni siquiera puede ser objeto de debate porque quien lo hace puede quedarse al margen de la comunidad.

Felicito a LaSexta por haberse atrevido a ilustrarnos con un ejemplo tan plástico de un fenómeno comunicativo digno de estudio -merece la pena dedicarle un cuarto de hora al clip completo-. Los medios de comunicación también son responsables de amplificar las consideradas opiniones mayoritarias. Pero siempre es más fácil editorializar a partir de la paja en el ojo ajeno. Me gustaría saber si El intermedio, tan audaz él, se hubiese atrevido a cuestionar verdades relativas, traspasando la frontera de lo que va más allá de la anécdota.