Hacerse la tonta

La última de Mariló ya la conoce todo el mundo. De hecho, las meteduras de pata de la presentadora de La mañana podrían ser, si no lo son ya, una sección propia en cualquier revista de prensa. La de esta vez es particularmente mayúscula: [Enlace roto.]. Podemos ahorrarnos los comentarios. O no: Mariló se lleva 600 euros por mañana de trabajo. Que visto lo visto no son ni muchos, ni pocos, sino todo lo contrario.

Vengo un tiempo sospechando que las “mariloladas” responden a una estrategia. Tanta ligereza, tan poco respeto a la profesión, al guión, al equipo. Al público al que se dirige y que, de algún modo, está llamado a identificarse con ella, con sus intereses y su manera de acercarse a la actualidad. Cuesta pensar que, una vez tras otra, solo sea un “accidente”.

El concepto “reinas de la mañana” está bastante extendido y no se discute que en el duelo entre Ana Rosa y Susanna Griso la tercera en discordia poco o nada tiene que hacer. Sobre todo si ofrece un producto parecido pero en caduco. Y no porque El programa de Ana Rosa, en Telecinco, o Espejo Público, en Antena 3, sean buenos productos. De hecho, ambos son tremendamente frívolos un rato para pasar al sensacionalismo descarnado el siguiente. Hablan de todo y de nada, mezclan tertulias de listos con corrillos de comadres y lo salpimentan todo con publicidad de colchones leída a cámara.

De los dos millones y medio largo de espectadores que cada día encienden la televisión por la mañana, Ana Rosa se lleva casi 600.000, Susanna no llega al medio millón -que por cierto, para ser “reinas”, tampoco son tantos súbditos, ¿no creen?-. Y Mariló, con su receta parecida pero en menos vibrante, más viejuno, sustituyendo la publi de colchones por recetas para moderar el nivel de colesterol y ejercicios para la incontinencia urinaria, se queda en los 300.000. Así que echa sobre sus espaldas toda la labor de promoción informal del programa que presenta. ¿Realmente hablaríamos de La mañana de TVE1 si no fuese por sus salidas de tono? ¿Recuerda usted qué presentadora la ha sustituido -con absoluta dignidad, por otra parte- durante la temporada estival? ¿Verdad que cuesta?

Otra cosa es que las mariloladas estén bien encaminadas. Que quienes la convierten en carne de cañón respondan al target al que su programa se dirige. Que la táctica “yo me hago la tonta y bueno, ya hablarán de mí para destacar lo campechana y espontánea que soy” sea la más adecuada.

En cualquier caso, compruebo sin demasiada sorpresa que a esta estrategia de campechanía y lerdez impostada a partes iguales le salen imitadores, también en TVE1. Roberto Leal y Sandra Daviú, profesionales solventes, eficientes, naturales y competitivos deben haber pensado que, bueno, igual no está del todo mal que hablen de una aunque sea para ponerla verde. Ya verán como ésta no es la última vez que lo hacen.