El torero y la folclórica

Ayer Julia Otero regresó a la televisión. Con un programa de entrevistas pretendidamente novedoso en TVE1. Y cogió e invitó a un torero.  Y no le fue mal: estrenaba programa justo a la misma hora a la que Telecinco daba por finiquitada la decimotercera edición de Gran Hermano, y ya se sabe que eso son palabras mayores. Y aún así obtuvo un 10,1% de share -más de dos millones de espectadores-: la segunda mejor oferta de la jornada.

Julia Otero es un peso pesado de la entrevista. Es lógico que el encargo de dar un “giro al género” recayera sobre unos hombros experimentados. Entrevista a la carta, que así se llama el programa, va de un personaje sentado en un sillón frente a una entrevistadora sentada en otro sillón. Detrás de ellos una gran pantalla en la que aparecen doce personajes que el entrevistado conoce y usted, probablemente también, cada uno de los cuales tiene una preguntar que hacer. El entrevistado va eligiendo, personaje por personaje, escucha y responde. Y la entrevistadora reconduce las cuestiones, incide en ellas y se apoya en su documentación para que los espectadores acabemos por saber algo más del entrevistado. En realidad, la pretendida reformulación del género no es tal, la entrevistadora hace un alarde del arte de repreguntar y todos tan contentos. Si es que el entrevistado en cuestión merece una hora de su atención, claro.

Entrevista a la carta se estrenó invitando a Cayetano Rivera, torero y famoso en la vida. Hay quien pueda considerarlo una gran carta de presentación para el programa, porque el hijo pequeño de Carmina Ordóñez se trabaja su aura de chico tímido e inaccesible para alimentar su imagen pública. Que no saben ustedes lo bien que vende. No habla, no concede entrevistas. Es el Bielsa de los ruedos. Tiene, parece, mucho mundo interior.

Tras una hora de charleta demasiado amistosa -¿cómo si no, entre amigos del entrevistado, entre los cuales se cuenta la ínclita Esperanza Aguirre-?, sabemos, por fin, que Cayetano -ojos verdes, piel morena… pero soso y aburrido a partes iguales- llegó al mundo de los toros de rebote y por probar; que es “universitario” pero sólo estudió hasta el primer curso de Empresariales -eso sí, en Los Ángeles- porque le aburría el tema; que luego estudió cine -pero las películas que le gustan son “de las que no hacen pensar mucho”-; que habla idiomas -Los Ángeles, ya saben…-; que “nadie como un torero respeta a un toro”, ¡qué sabrán los antitaurinos del tema!; y que no le gusta denominar al espectáculo taurino “fiesta” porque eso suena “demasiado… normal”. Un torero intelectual y trascendente, ahí lo tienen.

Vergüenza me da que La1 se dedique a promocionar, una vez más, ese mundo rancio, cruel y clasista, y ampare con su manto a sus protagonistas. Utilizar únicamente el supuesto interés del público en lugar del interés real como criterio para seleccionarlo no es propio de una televisión con pretensiones de calidad. ¿A quién le hubiera gustado a usted ver entrevistado en prime time? ¿A un banquero dando explicaciones, a una artista de vida trepidante y aguda capacidad de comunicación, a alguien del ámbito político con una arrebatadora visión de la realidad? ¿A alguien con claves para entender la sociedad?

No es tarea fácil seleccionar entrevistados a la altura, pero oigan, lo siguiente es invitar a la folclórica. Que se lo digan si no a Antena 3 que, ayer, sacó de paseo [Enlace roto.]. Las malas lenguas dicen que para dar un poco de alegría a las medias de audiencia de Espejo Público e intentar empañar la final de Gran Hermano. Y yo les digo que para seguir dando pábulo a esa constelación de celebrities que, sin duda, reciben más atención de la que merecen.

Patrocina que algo queda

Corren tiempos regulares para TVE. Su situación se discute día sí, día también. Sea por quienes sospechan que el  gobierno de Rajoy está al quite para controlar la línea editorial y los contenidos de carácter crítico de sus informativos, sea por los artificios contables con los que nos ha sorprendido desde que sus responsables se pusieron, en serio, a apretarse el cinturón. Como por ejemplo no estrenar series de ficción aunque ya estén terminadas e incluso publicitadas para que su coste no se impute durante este ejercicio contable. Y aunque esto suponga arriesgarse a perder espectadores por el desagüe.

 El jueves, 17, [Enlace roto.], vacante desde que en julio de 2011 Alberto Oliart dijera adiósmuybuenas sin esperar siquiera a que le respondiesen. Esta medida permitirá, igualmente, renovar  a los miembros del Consejo de Administración por mayoría absoluta -actualmente se necesitan dos tercios-, y reduce el número de consejeros de doce a nueve, lo cual implica un ahorro que el PP -ese mismo con mayoría absoluta- ha cifrado en 114.000 euros para el 2012. Economía de guerra. Entre otras cosas.

Desde que el 1 de enero de 2010 TVE se convirtió en una especie de oasis libre de anuncios, los espectadores nos hemos acostumbrado a ver películas y series de un tirón, sin pausas siquiera para la saludable visita al baño. Al mismo tiempo que quienes cuadran las cuentas de la pública se tiraban de los pelos, porque sin publicidad los ingresos adelgazan y los medios flaquean, la audiencia saludaba una televisión en mode videoclub. Los únicos estímulos comerciales a los que atendimos desde entonces eran los obligados por la retransmisión única de la Champions League, las autopromociones, y los anuncios del CD doble con todos los éxitos de Cuéntame. O la novela de Amar en tiempos revueltos. Ya saben, la explotación de los productos RTVE para alimentar ingresos atípicos. Ni seguros de automóvil ni galletas ricas en fibra. Ni la primavera llegando a El Corte Inglés.

En los últimos tiempos, sin embargo, habrán caído en la cuenta de cómo cada vez más espacios están siendo patrocinados por Telefónica. La cuña de la empresa no rompe el programa, y gracias a ella se cubren los costes. Españoles en el mundo, el vespertino ¿Conoces España? presentado por Ramón García, o la Entrevista a la carta que prepara Julia Otero. Pero el primero fue Saber y ganar, el programa más longevo de la televisión. La idea de abrir el grifo a la publicidad fue una propuesta del PP antes incluso de alcanzar la Moncloa, y a su propuesta, la careta de Movistar acompaña a la de Saber y Ganar, contribuyendo, probablemente, a financiar el medio millón de euros que se dice que cobra el incombustible Jordi  Hurtado.

De las bondades contables de esta operación para Saber y Ganar no hace falta hablar. Al fin y al cabo, ni siquiera se trata de que los concursantes se enfrenten a preguntas relacionadas con las tarifas de ADSL de Telefónica, sino de discretas caretas de entrada y salida. Con respecto al anunciante, las ventajas de esta forma de publicidad son incontables: consigue visibilidad regular donde el resto de competidores tienen vedado el acceso, notoriedad porque es la única marca que puede anunciarse en una TVE que a estas alturas es sinónimo de calidad -o así…-, y además un retorno en forma de valores positivos que no resulta desdeñable en absoluto y vincula a la marca con un programa cuyos seguidores son entusiasta legión.

Con la liberalización de la telefonía Movistar/Telefónica no es una empresa institucional, pero a través de estrategias como esta, casi casi lo parece… Otra cosa es que por comer chorizo Campofrío servido por Santiago Segura, este estado de ánimo de alerta perenne y colectiva vaya a esfumarse a golpe de chiste de doña Rogelia y Los Morancos Marianico el corto.