Euskal Herria Zuzenean no es Euskadi Directo

En alguna ocasión Euskal Herria Zuzenean ha sido presentado como la versión en euskera de Euskadi Directo, aquel programa que se hizo fuerte durante varios años de modo desigual en la programación de ETB2 -edición mañana, edición tarde, edición mañana y tarde, una presentadora, otra, otra más…-. Con el fin de la temporada pasada Euskadi Directo no renovó su contrato -quizá murió del mismo modo que había nacido-. Pero la actual dirección de EITB, que considera prioritaria la apuesta por la producción en lengua vasca de todo tipo de espacios generalistas, pensó que era una buena idea que hubiera un magazine informativo basado en las conexiones en directo en las tardes de ETB1.

Y así llegó EHZuzenean. Cuyo nombre, calco de Euskadi Directo como Euskadi Directo lo fue del España Directo de TVE1, que a su vez “se inspiró” en el Andalucía Directo que ya entonces emitía Canal Sur -¿la originalidad está sobrevalorada?- puede dar lugar a equívoco. Porque aunque todos estos espacios se basen en la misma receta de proximidad, entre lo folklorico y la breaking news, lo cercano y lo anecdótico, casi siempre en plan relajado y tirando de unidad móvil para que el público sienta que tiene la actualidad a sus pies, y aunque en todos los casos los reporteros charlen amigablemente, por lo que parece, con la presentadora en el plató, Euskal Herria Zuzenean no es Euskadi Directo.

La actualidad puede ser la misma en euskera y en castellano pero el enfoque, las prioridades informativas, la escaleta, la sensibilidad… son diferentes. Si usted recuerda el tono fundamentalmente combativo -según, claro, dónde se produjera la noticia- y festivalero de Euskadi Directo y lo compara con el mucho más sobrio y autóctono EHZuzenean, no hace falta que aporte ejemplos concretos. Y, en cualquier caso, es particularmente meritorio sacar adelante una docena larga de temas cada día, y hacerlo en lengua vasca.

Cuando hace unos años, trabajando en mi tesis sobre los programas de testimonios me sumergí en la minihistoria del género en Euskadi, descubrí algo muy interesante. Es probable que usted recuerde sin problema Esta es mi gente, que a lo largo de muchas temporadas fue uno de los baluartes de ETB2, de ETB por extensión. Lo que es más difícil es que también se acuerde de su “equivalente” en ETB1, tejido con unos mimbres similares: personas de la calle narrando pasajes de su vida desde un sillón. Bexamela conseguía unos resultados de audiencia más que dignos. Digamos que gustaba a la audiencia euskaldun. Pero no siguió en la parrilla de programación porque, a la postre, y aun siendo planteado como un espacio no diario sino semanal, resultaba muy complicado conseguir, programa tras programa, a personajes dispuestos a contar su historia. Y que lo hicieran en euskera.

Encontrar interlocutores en lengua vasca es mucho más complicado que encontrarlos en castellano. Cuando se trata de fuentes institucionales, que son las que copan los informativos, la normalización lingüística ayuda a salvar las dificultades. Pero cuando se trata de buscar al vecino que pasea, a la portavoz de la asociación de vecinos, al testigo del accidente… la tarea se puede hacer algo más difícil. Sobre todo si se pretende elaborar un espacio inclusivo e interesante para todo el territorio vasco. Felicidades, por tanto, al equipo responsable de sacar adelante el programa, que encuentra temas, invitados y rostros de debajo de las piedras tarde tras tarde.

Mi único reproche -extensible, en cualquier caso, a cualquier magazine de este tipo-: ¿de verdad es necesario quemar una de las conexiones en directo con las indicaciones, una por una, de un cocinero que explica cómo, cuánto y de qué modo elaborar su plato desde su cocina, con un reportero al lado y una cámara enfrente? ¿De verdad que no hay nada más noticioso? ¿O es que es más sencillo entrar en una cocina que pasearla por la calle?

De esto, del estado de gracia de Sara Gándara, presentadora de EHZuzenean y ubicuo rostro de ETB, del octavo aniversario de Cuatro, de cadena progre a sucursal telecinquera, y de la renovación de Vive Cantando, en Antena 3, hablábamos esta semana en La caja lista, en Graffiti de Radio Euskadi. Ahí les va. On egin!

El diario cumple 10 años

Siempre he oído que un año de vida de perro corresponde a siete años humanos. No sé cuál podría ser la equivalencia entre la cuantificación de la vida humana y la de los programas de televisión, pero si aplicáramos la lógica canina, aquel programa que nació como El diario de Patricia hoy sería casi un venerable anciano. En un entorno de obsolescencia prácticamente estructural, que después de una década, y de manera ininterrumpida, en las tardes de Antena 3 siga emitiéndose el mismo talk show merece ser destacado. Y eso es, por cierto, lo que lleva celebrando el equipo del programa durante toda la semana -que habla de historia aquí-. Aunque el día exacto de la primera edición de El diario de Patricia fuese el 9 de julio de 2001, será esta tarde (7) cuando se emita el Especial 10 años.

No hay muchos programas de entretenimiento que pertenezcan al selecto club de los longevos: precisamente hoy Corazón corazón cumple 14 años en La Primera, pero más allá de eso, ¿se les ocurre alguno? ¿Cuál puede ser el truco del talk show más duradero de la televisión? Cuando el extinto Esta es mi gente, en ETB2, algo anterior a El diario, “prestó” al de Antena 3 a su presentadora, Patricia Gaztañaga, también se hizo con parte de su saber hacer y sobre todo, con la relativa certeza de que aquello podía funcionar. Pero dudo de que entonces alguien aspirara a soplar diez velas. Y probablemente contra todo pronóstico, El diario ahí sigue, introduciendo novedades, giros de tuerca, cambios de estilo, elementos espectaculares, lágrima y prueba de ADN… ad infinitum. ¿Por qué? Quizá porque en el equilibrio entre costes y beneficios ningún programa ha podido darle a la cadena tan buenos resultados como la yuxtaposición de historias personales de usar y tirar.

En lo personal, El diario, sea de Patricia o sea de Sandra, no es ni de lejos mi programa favorito, pero probablemente sea uno de los que mejor conozco. Y precisamente por eso puedo decir que me parece meritorio su manejo de la narración oral, su habilidad para construir historias televisivas coherentes a partir de retazos, y el trabajo de sus redactores a la búsqueda, captura y persuasión de personajes ante los cuales el espectador sensible no puede sino mostrarse ambivalente. También hay que alabar su cintura para haber introducido novedades que han impedido que el programa parezca una antigualla -a sus, ya saben, 70 años de perro-. Y sobre todo, su capacidad para generar una gran mesa camilla a la cual se sientan miles y miles de personas mayores -y no tanto- que tienen compañía cuando fuera llueve.

Puede que en una década ustedes hayan cambiado de trabajo; quizá, de coche; seguro que han modificado su corte de pelo en media docena de ocasiones. Pero tarde tras tarde, ahí están los sofás de El diario, dispuestos a contar al espectador la historia de una vida que éste se alegrará de no haber tenido. Dispuestos a emocionarle con cuentos ajenos que, por un rato, le permitirán no pensar en los propios. Y tan fáciles de ver como de olvidar.

(Actualización: el viernes 8 Ramiro Varea, del periódico Público, dedicó un pequeño reportaje al género de testimonios y para ello se puso en contacto conmigo. Aquí les dejo el enlace)

Estitxu, Oihan y el tambor

Corren tiempos difíciles para ETB. La sombra de la sospecha sobre la gestión de la pluralidad de sus informativos se actualiza con nuevos capítulos al respecto [Enlace roto.] y [Enlace roto.]. La audiencia sigue cayendo en picado y la autonómica vasca definitivamente ha abandonado no ya la Premier League de las televisiones, sino una digna segunda división. En octubre ETB1 y ETB2 cosecharon sus [Enlace roto.], 7,7% y 1,7% respectivamente, lo cual deja por los suelos un nombre que hace no mucho tiempo era sinónimo de un cierto buen hacer. En un año y medio ambas cadenas han perdido la mitad de su audiencia y han dilapidado el prestigio acumulado durante años, a base de azuzar la rebeldía ciudadana y de emitir programas poco afortunados.

No sé si mañana miércoles (3), en la jornada que el ente vasco ha organizado en colaboración con la FORTA para reflexionar sobre el futuro de la televisión pública, se hablará sobre esta cuestión. La noticia de hoy, por de pronto, es la de que el Director General de EITB, [Enlace roto.]. Urrusolo, que ya no es enfant -es de la quinta del 56-, sí ha firmado uno de los programas más “terribles” de los últimos tiempos, Aspaldiko primero y ahora A2, y parece ser que no propiciaba unas condiciones de trabajo digamos placenteras.

Aspaldiko retiró de la parrilla Pásalo, que por distintos motivos se había hecho un hueco en las tardes de ETB2 y que, si bien nunca fue mi programa favorito, encajaba con los postulados de un espacio informativo en una televisión pública. Y desde hace un mes parte de sus responsables están al frente de Arratsaldero en ETB1, un magazine más largo que el eterno Sálvame -¡prácticamente de Gaur Egun a Gaur Egun, comienza a las 3 y se extiende hasta las 8!- que presentan, con afán y salero, dos gladiadores de la cámara: Estitxu Fernández y Oihan Vega.

No puede decirse que sus registros de audiencia estén invitando a tirar cohetes, pero el buen hacer del equipo merece un sonoro aplauso. La decisión de enviar todos los contenidos infantiles a ETB3 había dejado un hueco -un socavón- en las tardes de ETB1, que apostó por recuperar el pulso informativo y el debate social para el espectador euskaldun. El formato es sencillo y deudor de la precariedad de medios: los dos presentadores, bregados y solventes, la mesa-mostrador, los vídeos, varios colaboradores opinando sobre esto y aquello, un par de reporteros a pie de calle -entre ellos, el eficiente Xabier Mendia- y poco más.

Es cierto que el programa se estrenó a medio hacer y se va cocinando sobre la marcha, y que en ocasiones más parece radio que televisión, porque no hay imágenes suficientes para cubrir cinco horas de programa ni personas susceptibles de ser entrevistadas y dispuestas a que la entrevista sea en euskera. En 2002 la misma Estitxu Fernández presentaba Bexamela, la respuesta euskaldun a Esta es mi gente, que hubo de desaparecer de la escena precisamente porque era imposible encontrar invitados dispuestos a contar intimidades a razón de seis personas por semana. Por eso el primer magazine vespertino de larga duración de la televisión pública vasca, que cada semana sigue creciendo con nuevas caras -muchas de las cuales, por cierto, provienen del mencionado Pásalo- es un trabajo doblemente meritorio. Y su equipo, responsable de veinticinco horas de directo a la semana, merece toda nuestra admiración y es, a su manera, la constatación de que a la sombra también florecen brotes bien pulcros.