Tertulistos

Ayer no podía dejar de comenzar mi repaso a la semana televisiva con una reflexión en voz alta. Que en realidad es una pregunta retórica que seguro que usted también se ha hecho en alguna ocasión: ¿realmente hay tanta diferencia entre las tertulias del corazón y las tertulias de actualidad?

El tema viene al hilo de La Polémica de La Semana: el ataque en directo de Alfonso Rojo, periodista, cofundador del periódico El Mundo, director de Periodista Digital y agitador profesional -y bien remunerado, se entiende- de tertulias y círculos televisivos, a Ada Colau, portavoz de la PAH y artista multimedia de gira periódica por cualquier plató que se precie. Literalmente le dijo [Enlace roto.]. Eduardo Inda, otro que suele desfilar por ahí, acusó a Colau de colaborar con ETA, el presentador del circo echó del plató a Rojo, internet se puso “on fire” defendiendo a la ofendida y… en realidad se montó el espectáculo que la mezcla de ingredientes presuponía.

Porque espectáculo es lo que pretenden ofrecer y ofrecen las tertulias presuntamente informativas basadas en el repaso a la actualidad. Cuando el griterío y la boutade llegaba de las cadenas del TDT party, parecía más fácil la denuncia y hasta la burla. Pero no creo que haya tanta diferencia entre gatos al agua, “tomases ronceros” y derivados, y el circo sabatino de la, por antonomasia, cadena progreguay, como diría con extraordinario acierto el gran Javier Vizcaino. Y es que todo esto ocurría en La Sexta Noche, que nació definiéndose alternativa a La Noria telecinquera pero hace tiempo que no engaña a nadie ofreciendo los mismos perros con collar de color verde esmeralda.

Las tertulias llegaron a la TV provenientes de la radio, y llevan años ocupando horas y horas de tele con mayor o menor acierto y notoriedad. Se centran en diferentes cuestiones: las hay deportivas, las que se centran en el mundo del corazón… y luego están las tertulias de política y actualidad, que bajo el paraguas y la pátina de la información se han encontrado con una indulgencia con la que Sálvame no podría ni soñar.

Pero el artefacto es el mismo: personajes heterogéneos defendiendo una careta, un rol, diseñados para rozar entre sí y, por el camino, generar ruido. Periodistas, celebrities, exbanqueros; personalidades, políticos retirados, escritores con afanes. Hablan de cualquier tema con una ligereza de escándalo, sobre todo tienen opiniones formadas, saben expresarse con contundencia, rapidez y agudeza, a base de frases epatantes, usando argumentos simples que no llegan al fondo de la cuestión. Artistas de lo suyo.

Los que hablan de Supervivientes están bien identificados; algunos de los que comentan la actualidad política, no tanto. Pero la receta es la misma: choque, escándalo, polémica. Show. El espectáculo de la (una cierta) actualidad. A un precio relativamente moderado porque, ya saben, las palabras no se regalan, pero se compran a peso más baratas que los derechos deportivos o los guiones de película. A más grito, más éxito; de información poco, y de debate menos. Todo forma parte de una constelación de nombres propios, demasiadas veces omnipresentes -echen una ojeada al plantel de colaboradores más frecuentes de las tertulias de ETB2, ¡uy lo que he dicho!-, que defienden sus personajes con las garras porque eso es lo que se espera de ellos.

Jesús Mariñas comentaba en una ocasión que cuando lo que se comenta a voz en grito es algo tan intrascendente como la crónica del corazón, el peligro de aplicar la receta tertulista es infinitamente menor que cuando se discute sobre temas que se presuponen serios. Quizá haya llegado el momento de revisar quiénes son nuestros intelectuales de cabecera.

Cámara aficionada

Llevamos unos días en lo que las protagonistas de la información televisiva, sin discusión, están siendo las consecuencias del temporal, galerna, maretón, olas, viento y destrucción. Llámenlo como quieran pero esas imágenes son pegamento para los ojos. Generalmente, cuando el mal tiempo arrecia -también, en parte, cuando nos asolan olas de calor- la televisión de proximidad cosecha muchos éxitos. En primer lugar porque la información sobre las consecuencias de un temporal es percibida como cercana y útil, porque puede condicionar nuestros planes. Por otra, porque también es muy espectacular. Es una mezcla perfecta de información de servicio y morbo.

Por eso, cuando hace unos días vimos que se anunciaba la superborrasca, ya nos atrevimos a augurar buenos datos de audiencia para ETB para esos días. Y lo cierto es que no nos equivocamos: la primera edición de Teleberri del domingo alcanzó el 31,5% de share en su territorio de influencia. El mejor dato del informativo en cinco años. Los destrozos que el fuerte oleaje ha provocado en la costa vasca atrajeron la atención de 365.000 personas.

Resulta llamativa la ingente cantidad de minutos que el temporal está ocupando en la televisión. Y en muchas ocasiones, se trata de minutos alimentados a base de grabaciones no profesionales, de testigos móvil en mano que pasaban por ahí y que subieron a Youtube imágenes, sin duda, espectaculares.

¿Sí o no al uso de vídeos de este tipo en los informativos… y de paso a su explotación en bucle en magazines de actualidad y reportajes al cabo de la calle? Pues sí y no. Porque en muchas ocasiones esas muestras de lo que habrá listillos que se empeñen en llamar “periodismo ciudadano” tienen un indiscutible interés documental. Pero generalmente la calidad de las grabaciones es terrible, el sonido es pésimo, son imágenes descontextualizadas -muchas, podrían ser de cualquier sitio, de cualquier día- y, desde luego, tienen un único valor informativo: la imagen impactante. Como espectadores no deberíamos permitir que anécdotas ocupen el lugar y el tiempo de las auténticas noticias elaboradas por profesionales. Si la cámara aficionada, ese clásico, sirve para ilustrar y complementar, poco que objetar a una nota de color. Pero estos días, sobre todo en algunos informativos de las privadas, he asistido a cómo a base de diez segunditos de aquí y otros diez segunditos de allá, la mitad del programa se hacía tirando de Youtube. Y oigan, eso no conduce a nada, por mucho que vaya precedido de un “y ahora presten atención a…”.

Es evidente que la espectacularización de la información, el abuso de imágenes anecdóticas o llamativas pero sin valor informativo real o la relajación en los estándares mínimos de calidad de imagen y sonido no son invitados recién llegados a la televisión. No ha tenido que venir un temporal para marcar una tendencia. Pero sí que la ha visibilizado de manera impagable. Más, en La Caja Lista de esta semana. Y en sus televisores esta misma noche. Palabra.

Euskal Herria Zuzenean no es Euskadi Directo

En alguna ocasión Euskal Herria Zuzenean ha sido presentado como la versión en euskera de Euskadi Directo, aquel programa que se hizo fuerte durante varios años de modo desigual en la programación de ETB2 -edición mañana, edición tarde, edición mañana y tarde, una presentadora, otra, otra más…-. Con el fin de la temporada pasada Euskadi Directo no renovó su contrato -quizá murió del mismo modo que había nacido-. Pero la actual dirección de EITB, que considera prioritaria la apuesta por la producción en lengua vasca de todo tipo de espacios generalistas, pensó que era una buena idea que hubiera un magazine informativo basado en las conexiones en directo en las tardes de ETB1.

Y así llegó EHZuzenean. Cuyo nombre, calco de Euskadi Directo como Euskadi Directo lo fue del España Directo de TVE1, que a su vez “se inspiró” en el Andalucía Directo que ya entonces emitía Canal Sur -¿la originalidad está sobrevalorada?- puede dar lugar a equívoco. Porque aunque todos estos espacios se basen en la misma receta de proximidad, entre lo folklorico y la breaking news, lo cercano y lo anecdótico, casi siempre en plan relajado y tirando de unidad móvil para que el público sienta que tiene la actualidad a sus pies, y aunque en todos los casos los reporteros charlen amigablemente, por lo que parece, con la presentadora en el plató, Euskal Herria Zuzenean no es Euskadi Directo.

La actualidad puede ser la misma en euskera y en castellano pero el enfoque, las prioridades informativas, la escaleta, la sensibilidad… son diferentes. Si usted recuerda el tono fundamentalmente combativo -según, claro, dónde se produjera la noticia- y festivalero de Euskadi Directo y lo compara con el mucho más sobrio y autóctono EHZuzenean, no hace falta que aporte ejemplos concretos. Y, en cualquier caso, es particularmente meritorio sacar adelante una docena larga de temas cada día, y hacerlo en lengua vasca.

Cuando hace unos años, trabajando en mi tesis sobre los programas de testimonios me sumergí en la minihistoria del género en Euskadi, descubrí algo muy interesante. Es probable que usted recuerde sin problema Esta es mi gente, que a lo largo de muchas temporadas fue uno de los baluartes de ETB2, de ETB por extensión. Lo que es más difícil es que también se acuerde de su “equivalente” en ETB1, tejido con unos mimbres similares: personas de la calle narrando pasajes de su vida desde un sillón. Bexamela conseguía unos resultados de audiencia más que dignos. Digamos que gustaba a la audiencia euskaldun. Pero no siguió en la parrilla de programación porque, a la postre, y aun siendo planteado como un espacio no diario sino semanal, resultaba muy complicado conseguir, programa tras programa, a personajes dispuestos a contar su historia. Y que lo hicieran en euskera.

Encontrar interlocutores en lengua vasca es mucho más complicado que encontrarlos en castellano. Cuando se trata de fuentes institucionales, que son las que copan los informativos, la normalización lingüística ayuda a salvar las dificultades. Pero cuando se trata de buscar al vecino que pasea, a la portavoz de la asociación de vecinos, al testigo del accidente… la tarea se puede hacer algo más difícil. Sobre todo si se pretende elaborar un espacio inclusivo e interesante para todo el territorio vasco. Felicidades, por tanto, al equipo responsable de sacar adelante el programa, que encuentra temas, invitados y rostros de debajo de las piedras tarde tras tarde.

Mi único reproche -extensible, en cualquier caso, a cualquier magazine de este tipo-: ¿de verdad es necesario quemar una de las conexiones en directo con las indicaciones, una por una, de un cocinero que explica cómo, cuánto y de qué modo elaborar su plato desde su cocina, con un reportero al lado y una cámara enfrente? ¿De verdad que no hay nada más noticioso? ¿O es que es más sencillo entrar en una cocina que pasearla por la calle?

De esto, del estado de gracia de Sara Gándara, presentadora de EHZuzenean y ubicuo rostro de ETB, del octavo aniversario de Cuatro, de cadena progre a sucursal telecinquera, y de la renovación de Vive Cantando, en Antena 3, hablábamos esta semana en La caja lista, en Graffiti de Radio Euskadi. Ahí les va. On egin!

Un ciudadano nada ejemplar

Ayer martes, 15 de octubre, se cumplían 30 años del secuestro y muerte de Lasa y Zabala. Por eso ETB2 programó una doble sesión al respecto para su prime time de la víspera, el lunes, una noche de mucho consumo televisivo en las que las generalistas españolas ponen toda la carne en el asador. Primero emitió una edición de 60 minutos centrada en la que fue la primera acción de los GAL, con bien de datos, reconstrucciones, entrevistas, y detalles sobre lo acontecido. El programa fue seguido por más de 300.000 espectadores, lo cual teniendo en cuenta el ámbito de difusión de la cadena está muy muy bien: implica un 11,1% de share y supera la media de audiencia de la cadena.

Fue la noche de Lasa y Zabala, pero también la de Juan Carlos Etxebarria (que me escribe para recordarme que como orgulloso giputxi, y aunque me disculpa, se apellida) Etxeberria, muy acertadamente recuperado para la conducción de un 60 minutos categoría txuleton. Porque tras 60 minutos llegó El dilema, esa tertulia informativa que Etxeberria presenta, que comenzó emitiéndose los viernes, ahora ha pasado a los lunes y es algo así como la respuesta a los gallineros de actualidad política en horario nocturno que en relativamente poco tiempo han proliferado en otras cadenas. El dilema ha tenido que mutar en algo un poco más gritón para llamar la atención del personal, pero aún así sigue siendo bastante menos vocinglero que el debate medio. La de ayer fue su emisión más vista, 194.000 espectadores y 12% de cuota de pantalla.

Por supuesto, hay que felicitar tanto a los responsables de los programas como a la propia cadena por haber elegido abordar un tema que, es evidente, conectó con los intereses de parte de la audiencia. Los programas de actualidad made in Euskadi no son necesarios. Son imprescindibles. Si sólo viésemos la televisión española hay mucha información, muchas perspectivas que quedarían al margen. Y qué les voy a contar cuando se trata de informar sobre la guerra sucia -esto… ¿hay alguna limpia?-.

Sin embargo hay algo de esta doble sesión que no me gustó. Que no me gustó en absoluto. Y fue el pábulo que se le dio a ese tipo siniestro que responde al nombre de José Amedo. Usted afirmará, con razón, que el ex subcomisario de policía tiene, sin duda, cosas que contar sobre el GAL. No lo discuto. Pero este personaje que fue condenado a más de 100 años de prisión por asesinato frustrado, lesiones, asociación ilícita y falsificación, que de hecho ha pasado 12 años entre rejas, está estos días a vender su libro, que acaba de publicar, que probablemente de vueltas a pájaros y flores y nada más, y que era, por cierto, bien visible en varios de los muchos planos que ETB2 le regaló el lunes.

El equilibrio entre satisfacer el interés informativo y la promoción de las obras completas de un  ciudadano nada ejemplar es complicado. Contribuir a que un poli corrupto y malencarado enseñe descaradamente su libro, recién presentado y listo para la promoción no me parece, en cualquier caso, la mejor de las prácticas profesionales.

Decía Miriam Duque ayer, cuando hablábamos de este tema en Graffiti, de Radio Euskadi -aquí, el podcast, en el que puede comprobarse, por cierto, que también comentamos temas menos densos-, que siempre es positivo que el público se decante por contenidos informativos. A ese mismo público le atribuyo criterio suficiente como para juzgar el mensaje en función de su emisor. Tampoco quiero pensar, ¡faltaría más!, que porque un libro aparezca en televisión pasará a convertirse en el bestseller de estas navidades. Pero ver a Amedo –y no es la primera vez– intentar aprovecharse de su tirón mediático para vender, aquí y allá, su versión de las cosas a mí me rechina. Y espero que a ustedes también.

El retrovisor

La semana pasada el programa de cine de ETB2 La noche de cumplía 18 años ininterrumpidos en antena y emitía un especial para celebrarlo. Me sumo a las felicitaciones que, sin duda, habrán llovido tanto al equipo como a la cadena: mantenerse en antena desde 1995 es de una excepcionalidad pasmosa.

Llevar dos décadas extendiendo pildoritas de cultura cinematográfica -más bien de showbusiness, pero no vamos a ponernos exquisitos- antes de la película y haberlo hecho acuñando un estilo propio supone un gran mérito. ¡Esas cifras rotuladas, subrayando las palabras en off de Félix Linares, han creado escuela! Hoy es habitual que en muchos programas se recoja por escrito lo más jugoso de cada discurso. Sálvame es especialista en esta técnica. Pero nadie lo hace con tanta gracia naif como La noche de.

Por supuesto, y aunque no se trate de restar méritos, la longevidad de La noche de tiene truco, porque no es lo mismo estirar una historia dramática o retorcer las posibilidades cómicas de una serie de personajes durante 18 años que cambiar cada semana de temática y protagonistas. A lo largo de su historia el programa ha dado paso a 968 películas. Lo recordaba el propio presentador en el programa especial -y, por supuesto, la rotulación lo ratificaba con solvencia-. Recordaba Félix Linares cuál fue la primera, Drácula de Bram Stoker, y cuál la más vista, Parque Jurásico. Y al verlo me resultó imposible no mirar por el retrovisor y hacer un ejercicio de nostalgia, recordando aquellos tiempos en los que la de ETB2 era La Película. Un acontecimiento, un éxito reciente, un blockbuster. Una marca, una medalla semanal, sin duda un logro como cadena. Las películas que ofrecía La noche permitían estar al tanto de la actualidad cinematográfica más comercial con la cabeza bien alta. Semana tras semana. Hoy su oferta cinematográfica es de perfil bastante más bajo.

Hubo un tiempo, a caballo entre los 90 y los 2000, la “época dorada” de La noche de, en la que la FORTA estaba en condiciones de competir por los derechos de emisión de películas bien codiciadas. La FORTA estaba entonces compuesta por EITB, primera cadena en romper el monopolio de TVE allá por 1982, y las corporaciones de radiotelevisión de Galicia, Catalunya, Madrid y la Comunidad Valenciana. Sus miembros pujaban en conjunto por los derechos de emisión de películas y solían conseguir las piezas más codiciadas.

Hoy la FORTA se ha ampliado a 12 miembros pero se ha desdibujado. No tiene ni el poder de antaño y está en situación de pujar por acontecimientos mediáticos. Ni grandes ni pequeños. El reparto de poder, las fuentes de financiación, la situación económica, el comportamiento de la competencia ha dado un giro copernicano. [Enlace roto.], pero la audiencia acumulada de su cadena más vista, ETB2, ronda el 9% en lo que vamos de septiembre. No están los patios para comprar estrenos de cartelera, y menos de emitirlos a no ser que sea “fiesta de guardar”.

De esto, y de algunas cosas más, incluida la omnipresencia de María Castro en el prime time del martes, hablamos ayer en La caja lista, en Graffiti de Radio Euskadi (aquí el audio completo). Y sí, mantengo la misma sintonía igual de molona.