Oprah Winfrey cumple 59 años… y sigue marcando agenda

Oprah Winfrey cumple 59 años subida una vez más en la cresta de la ola. Porque fue a ella, y sólo a ella, a quien Lance Armstrong le confesó lo que parecía un secreto a voces pero, ah, necesitaba confirmación pública… y publicada. O televisada.

Sobre las declaraciones del ciclista poco o nada puedo añadir. Pero al hacerse eco de ellas, [Enlace roto.], durante y después, prácticamente todos los medios del mundo, deportivos o no, contribuyeron a engrandecer la leyenda de una comunicadora que además de ser multimillonaria es, probablemente, uno de los rostros del periodismo más popular e influyente de la sociedad estadounidense.

Hace dos años Oprah lanzó su propia cadena, OWN -sí, el acrónimo de Oprah Winfrey Network-, que hasta el momento quizá no haya sido tan extraordinariamente popular como el resto de sus proyectos. La entrevista a Armstrong ha llegado para contribuir a relanzarla: está entre sus espacios más seguidos, 28 millones de espectadores… a los que hay que sumarles a ustedes. ¿Porque cuántas veces han visto ya las imágenes del compungido ciclista trajeado y la entrevistadora embutida en tonos pastel (a no olvidar el detalle de las coloridas botellas al fondo)? Una vez más, ella gana.

Personalmente, mi idilio con Oprah comenzó al estudiar cómo se convirtió en una celebridad a base de echarle corazón y otras vísceras, poniendo su carisma y su capacidad de comunicación al servicio un programa de entrevistas con gente ordinaria que hablaba sobre sus generalmente nada ordinarias experiencias. Su show se convirtió en una especie de terapia de grupo de micros abiertos, con invitados revelando aspectos íntimos de su vida. Oprah Winfrey no inventó el talk show, pero sí contribuyó a moldearlo y a mediados de los ochenta le arrebató la corona del género a Phil Donahue, al que nadie había tosido durante dos décadas. Años después, nuevas caras la superaron a ella, pero para entonces Oprah ya había cambiado de registro y se había convertido en una supercelebridad. Los libros que recomendaba se convertían en éxitos de audiencia, y no eras nadie si no habías pasado por su plató, básicamente en busca de promoción pero también de estatus en el star-system.

(Per)siguiendo la estela Winfrey, Ana Rosa Quintana lleva años prestando su nombre y su imagen photoshopeada a una revista femenina. ¿Algún comunicador local conseguirá que, año tras año, su imagen se convierta en sinónimo de notoriedad?