23
oct 13

Ciudadano Monzón

En algunas casas la misa es de lunes a jueves. A las 21.30 en laSexta. En algunas casas se sigue con fervor El intermedio que, de revista satírica de actualidad, ha mutado poco a poco en contrapoder. O altavoz. O púlpito humorístico, pero púlpito, al fin, no sé… El intermedio es, de largo, el espacio con más notoriedad de laSexta. Y el más visto: 11% de share, alrededor de 2 millones de personas.

No puedo decir que el Gran Wyoming sea un líder recién llegado, porque José Miguel Monzón lleva décadas en el candelero. Pero me llama la atención que de un tiempo a esta parte, con más fuerza que nunca, el presentador aparezca encabezando protestas, liderando críticas, ejerciendo de ariete de la oposición al gobierno español (que no diré yo que no lo merezca). Entre bromas y verdades, risas e ironías, Monzón representa el papel de un personaje cortado a su medida, con un carácter muy medido, socarrón, histriónico. Y digo “representa”, porque detrás de las líneas de guión que coloca como nadie hay un equipo de redactores numeroso, si atendemos a los créditos finales del programa, y talentoso, si atendemos al contenido del mismo.

Me gusta El intermedio, me gusta su relato desenfadado de la actualidad. Probablemente es necesario frente a informativos que son o falsarios o sensacionalistas. Pero me parece un poco peligrosa la fuerza mediática que acumula Wyoming, que ya está siendo incluso víctima de ataques personales por parte de periodistas derechones. Pero que también parece catalizar de una manera bastante peculiar y sesgada la oposición al PP. Blanco o negro. O listo como nosotros, o…

Quizá quepa recordar que laSexta, en realidad, y en último término, es propiedad de Atresmedia, que a su vez está participada por el Grupo Planeta, que de unos años a esta parte soporta igualmente a Onda Cero y a La Razón… ¡Qué cosas! Un programa –una cadena- dando mucha caña a los mismos que otros medios de la misma empresa jalean sin rubor. Quizá quepa recordar, también, que no se trata de línea editorial, sino de oportunidad empresarial: aquí hay un grupo de ciudadanos que quiere ser soliviantado. Y ahí está el Gran Wyoming poniendo la cara a un programa que sirve a ese propósito más que de sobra. ¿No es algo peligroso elevar a los altares a quien, si quisiera -aunque dudo de que lo pretenda porque, qué quieren, es bastante más cómodo seguir afeando conductas para solaz del respetable- podría ser el Beppe Grillo a la española que hay quien lleva tiempo esperando?

De esto, y del sensacional estreno de El tiempo entre costuras (Antena 3) hablamos ayer en La caja lista. Como cada martes por la noche, en Graffiti, de Radio Euskadi. Aquí, la ración de esta semana.


28
may 13

Marcando

Marcar agenda. O planificar los movimientos para que la prensa los amplifique. No digo que sea un fenómeno nuevo, pero déjenme que les traiga tres ejemplos, tres, de libro.

El primero es funesto y sombrío: el asesinato a sangre fría de un soldado británico, pasado a machete en una calle londinense la semana pasada por un par de tipos con ganas de dar notoriedad a su supuesta causa. “Ojo por ojo… nunca estaréis a salvo”, grabó un viandante con su teléfono a uno de los asesinos, y el vídeo, y ese mensaje, apareció en los medios de todo el mundo, serios o no. Sin filtrar, sin interpretar. Directo a la portada, como denuncia  con acierto Iñigo Sáenz de Ugarte aquí.

Hablando con Javier Vizcaíno al día siguiente en Gabon de Onda Vasca sobre el nefasto tratamiento mediático que los periódicos y televisiones británicas estaban dando al crimen recordé la preocupación de los periodistas mexicanos de Chihuahua por no convertirse en voceros involuntarios del narco de turno. Relatando hallazgos macabros, balaceras y asesinatos, algunos de estos profesionales perciben que están siendo utilizados para ayudar a las redes de delincuentes a sacar músculo, demostrar su poder y apuntalar el estado de terror que asola un país, por lo demás, maravilloso. Pero con una agenda dolorosamente marcada, en la que una llega a sospechar que mucha de la violencia no tiene otra razón de ser que la de ser contada.

Ahí les va el segundo ejemplo. El tercero no es sangriento. Pero ha hecho correr tantos ríos de tinta en las redacciones como gritos de tertuliano en la televisión. Porque la entrevista a Aznar no tenía otra razón de ser que la de ser comentada a posteriori por cuantos más medios mejor. Con un solo movimiento, el bajito de las Azores marcó la agenda de los demás -las escaletas enfrentadas de El gran debate (Telecinco) y La Sexta Noche (Sexta) del sábado pasado dan fe de ello- y, a tenor de lo que sugirió, y si me permiten la ordinariez, se atrevió a marcar paquete. Lanzó su misil y dejó que la lógica del periodismo declarativo amplificara la onda expansiva de su mensaje. Marcó gol.

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Todas las entradas que, como esta, pertenecen a la categoría Una vasca en Oxford, están redactadas mientras disfruto de una estancia como investigadora visitante en el European Studies Centre de la Universidad de Oxford y observo, desde fuera, cómo somos y cómo nos ven.


05
feb 13

Latigazos para Ana Rosa

Una vez más, ha quedado patente que Twitter no es lugar para matices ni tonos grisáceos. Este domingo Salvados iba sobre la educación en Finlandia, considerada tan excelente como ejemplar. No tuve la oportunidad de ver el programa pero puedo imaginarme la riada de mensajes en Twitter haciéndole el caldo gordo a Jordi Évole. No niego que su programa tiene ciertas virtudes pero tampoco soy ajena a algunas de sus debilidades, como Iker Merodio identificó después de un programa sobre las televisiones públicas sesgado y simplón.

Tampoco puedo negar que la situación socioeconómica actual no puede ser más propicia para que espacios como Salvados o El intermedio exhiban su artillería. Un porcentaje nada desdeñable de espectadores se lame las heridas y encuentra en sus gurús un triste amparo y el recurso al pataleo colectivo que, por lo visto, es de lo poco que queda en una coyuntura tan putrefacta como desesperanzadora. El regreso de Salvados tuvo más de cuatro millones de espectadores el domingo, y El intermedio bate también sus récords a base de parodias del infame vodevil que nos toca vivir y costear.

Y en estas llega Ana Rosa Quintana, tan fresca y juvenil, tan de quitarle hierro al asunto, y publica un tweet “irónico” preocupada porque los finlandeses sí, disfrutan de un sistema educativo envidiable pero ah, no pueden sentarse en una terraza a tomar el sol, sus cañitas y sus tapitas. ¿Y qué más quiere el ciego que ver? La Twittesfera se lanza a degüello contra la sonriente oficiadora de uno de los programas más sórdidos de la televisión española. Sí, ese que combina con esmero la narración de la tragedia con el comentario frívolo, el caso Bretón con los Jimmy Choo. Y esa marea de twitteros enfadados, soliviantados y alentados por la nada fina ironía de Évole no la entiende. La prejuzga. La retuitea. La apalea.

Ana Rosa, no te metas donde no te llaman. Porque está claro que ir contra marea en Twitter es tarea de titanes. Y el  matiz, la aclaración, el comentario o la enmienda no tienen cabida. Los medios simplifican la realidad. Pero es que los tweets la convierten en un club de la comedia en el que el rol que juega cada personaje es tan claro que es imposible salirse del guión. Un tweet tan fresco, oportuno, desmitificador y valeroso como el tuyo tendrá que enfrentarse al muro de quienes te tienen crucificada. Ahí les va un nuevo clavito: es Cuarzo, la productora de Ana Rosa Quintana, quien se hará cargo del nuevo reality con famosos que prepara Telecinco. Sí, ese que ha fichado a Olvido Hormigos para disfrute general. Para comentar en la terraza al sol, con cañitas y tapitas. Es que a veces no te entiende, el público, Ana Rosa…


06
dic 12

Alberto Chicote en Bilbao

Es uno de los programas revelación de la temporada. Hasta el punto de que laSexta le ha encargado la retransmisión de las campanadas de Nochevieja. Buen termómetro para medir la popularidad del programa que presenta, Pesadilla en la cocina, que hoy jueves se centra en el restaurante La Reina del Arenal, ahí mismito, en el Arenal de Bilbao. Y promete, porque algunas de las imágenes que han servido para promocionar el programa desde el comienzo fueron grabadas, precisamente, en este restaurante.

Chicote, cocinero y coach de establecimientos en apuros que necesitan un replanteamiento de su negocio, lo está haciendo bien. Desde que comenzó la temporada ha rondado un 15% de share, lo cual, supongo, estará haciendo tirar cohetes a la cadena. Ha conseguido notoriedad, personalidad, que en Internet se hable de él y que los hosteleros se preocupen porque un reality caricaturiza lo que ocurre al otro lado de algunas cocinas. Todo bueno para entrar por la puerta grande en las rutinas del espectador medio.

Pero no es Gordon Ramsay. Y su programa tampoco es igual que el Pesadilla en la cocina original, por mucho que así se presente. Porque da la sensación de que más allá de una epatante inversión en gremios para cambiar la decoración del local -que permita recrearse en el antes y el después-, no hay cambio de estrategia de negocio, no hay modificaciones de carta o rutinas de trabajo, ni reajuste al entorno. El protagonista del programa del chef Gordon es el restaurante; los protagonistas del programa de Chicote son las personalidades límite con las que, ¡casualidad!, se ha encontrado allá donde ha ido. El guión del programa parece preferir lo fácil, y no porque no sea capaz de dibujar una línea argumental basada en la evolución a mejor de un negocio, sino porque asume que el público prefiere ver el retrato distorsionado de locas, descentrados, vagos, o borrachos. Prioriza las reacciones de los dueños del local sobre la descripción del problema y su solución. Se recrea en frases y polémicas en vez de en la propuesta para reflotar el local.

Los dueños de La Reina del Arenal han estado metiendo ruido estos días porque consideran que Pesadilla en la cocina no les trató bien y querrían paralizar la emisión del programa, que se grabó en junio. Objetivo harto improbable porque sólo un juez  puede ordenarlo y porque fueron ellos quienes se prestaron al juego televisivo. En beneficio del show vendieron su alma al diablo y no salieron guapos en la foto. Ahora, al menos, quieren aprovechar una notoriedad tan efímera como discutible. Lo que yo querría sería un programa más adulto que no se quedara en la anécdota y la elevara a categoría, y que nos brindara historias televisivas tan memorables y emotivas como las que nos ha regalado Gordon Ramsay, y que seguro que Chicote también podría ofrecer.


25
oct 12

Las chaquetas de Alberto Chicote

Después de un par de semanas de promoción intensa, laSexta estrena esta noche su versión de Pesadilla en la cocina presentada por el cocinero Alberto Chicote. A poco que hayan visto ustedes la “cadena verde” estos días, ya saben de qué va la historia. Y es probable que conozcan el espacio original, en la que quien corta el bacalao es el chef escocés Gordon Ramsay. Hace un tiempo ya hablamos del tema, destacando el patrón repetitivo, y a la vez efectivo, del programa: mostrar un restaurante con problemas y poner a un cocinero con personalidad a hacer como que lo salva. Morboso, ¿eh?

Le tengo muchas ganas al programa, porque el de Gordon Ramsay me parece un acierto. Y me encantaría que la versión de laSexta, a cargo de la productora Eyeworks Cuatro Cabezas, esté la altura. No diré que la original Pesadilla en la cocina no explote el enfrentamiento y destaque lo anecdótico hasta convertirlo en categoría… ¡al fin y al cabo, esa es la clave de un reality! Pero el programa también tiene muy presente la cultura de la “segunda oportunidad”. Y eso no sé si va a reforzarse del mismo modo en su adaptación española.

Sobre Chicote, hasta ahora prestigioso cocinero, solo dos palabras: le gusta el showbiz, y aunque ya ha participado en diferentes programas de televisión en canales temáticos, ésta es su oportunidad para convertirse en fenómeno mediático. De momento, tiene bien claro que el programa pivota alrededor de su personaje, así que él debe alimentarlo y hacerlo reconocible. Y en esas está, luciendo lisérgicas chaquetas de colores cada vez que tiene ocasión.

De momento, se han grabado ocho entregas de Pesadilla en la cocina, que es una de las grandes apuestas de laSexta para esta temporada. Pero en el caso de que les parezca que en un restaurante al borde de la quiebra no hay suficiente drama, siempre pueden echarse a los brazos de Discovery Max y su Pesca Radical que, en confianza, es a lo que ha dedicado la mañana quien les escribe. Los barcos cangrejeros faenando en Alaska son potenciales focos de conflicto y peligro. Lo que no sé es a qué está esperando una productora aviesa para proponer a algún director de instituto grabar un programa -y mejor si va vestido de colores, luce tatuajes,  le falta un dedo o lleva el pelo azul-, por seguir en escalada. Porque ahí sí que, ya, la tensión sería insuperable. Y tendríamos estrella nueva en el firmamento.