Ana Pastor, Pepa Bueno, y los informativos descafeinados

Apuesto a que ya se han enterado la noticia del día: meses después de haber presentado su renuncia en TVE, A[Enlace roto.]. Con la llegada de la nueva dirección a RTVE, una parte de la opinión publicada erigió a Pastor como La Represaliada por antonomasia, ella se dejó querer, y hoy hay riadas de felicitaciones, congratulaciones y brindis por el brillante paso profesional al que ahora se enfrenta. A mí Ana Pastor no me disgusta, pero tampoco me hace suspirar. No seré yo quien discuta su habilidad dialéctica, pero prefiero otros estilos menos agresivos que, probablemente, no encumbren en la misma medida a periodistas estrellas pero sí aporten matices y explicaciones.

Pastor dedujo, como Pepa Bueno, que con Julio Samoano en TVE sus oportunidades de deslumbrar se iban a reducir al mínimo. Bueno, que en 2009 cogió las riendas del Telediario 2 hasta entonces presentado por Lorenzo Milá,  firmó durante más de dos años y medio, uno de los informativos más sólidos, personales y compactos de los últimos tiempos. Ella fichó porla SER, y ahora Ana Pastor se incorpora a CNN.

Se desmonta el equipo profesional -ellas eran las caras visibles, pero este es un trabajo de grupo- que tantas alegrías dio durante los últimos años no sólo a TVE sino a los espectadores. Durante cinco años los Telediarios han sido los informativos más vistos. Y eso que con la retirada de la publicidad tuvieron que enfrentarse a retos diarios de 50 minutos. En junio se anunció que Somoano, procedente de Telemadrid, sustituiría a Fran Llorente como director de Informativos , y una, que es prudente, prefirió no prejuzgar -lo cual, por cierto, se tradujo en que un montón de desconocidos me pusieran a caer de un burro en Twitter, así parece que funciona esto…-. Ahora, con un par de meses de perspectiva, tengo que reconocer que el viraje de los informativos de TVE es tan evidente como ladino, y está a la altura de la entrada en los Teleberris de Idígoras y Montalvillo.

Todos los informativos tienen una línea editorial. No creo que ni Pepa Bueno ni Ana Pastor se atrevan a afirmar que sus programas en la cadena pública eran un prodigio de ecuanimidad. Sus trayectorias personales, sus preferencias, su perspectiva determinaban el enfoque que imprimían a su trabajo. Pero eran buenos informativos, con fuerza, con gancho, con diferentes perspectivas, con temas interesantes y análisis, y un despliegue técnico y humano a la altura de las circunstancias.

Les animo a contabilizar estos días cuántas piezas del Telediario, preferentemente en edición de tarde, consiguen aportarles alguna información de interés. Por no hablar de los fines de semana: les aseguro que se hacen un poco pesados cuarenta minutos de domingo a base de autopromoción -sólo ayer justificable, y no del todo-, declaraciones de ministros, interpretaciones de la actualidad económica en clave de sonrisa feliz, ferias de teatro, escuelas de tauromaquia y rellenos varios. Todo ello para arropar el bloque de deportes y los triunfos de España -¡alegría, alegría…! Como los más torpes, ese país que solo aprueba religión y gimnasia-. Es una lástima diluir los años acumulados de espectadores, premios y credibilidad. Descafeinar los informativos, convertirlos en correa de transmisión del poder y vetar la información sobre la conflictividad social que nos rodea es irresponsable. Y la audiencia lo está empezando a castigar. Al tiempo.

Vuelve el hombre, vuelve Wyoming

Ayer comenzó en serio la Operación Retorno. Ayer regresó a los informativos de TVE1 el grueso de rostros habituales, comandados por Pepa Bueno y Ana Blanco -lo cual nos priva de la presencia a horas humanas de la presentadora más robótica del mundo, Susana Roza, cuya dicción, de puro perfecta, asustaría en un callejón semioscuro-. Y también [Enlace roto.], que a estas alturas tiene clara su condición de “buque insignia” de LaSexta.

En un verano plagado de actualidad informativa de la buena, apuesto a que Pepa Bueno se ha mordido los nudillos viendo desde el otro lado cómo desfilaban líderes vaticanos, desplomes bursátiles y reformas constitucionales por la vía rápida. No tengo tan claro que el Gran Wyoming haya sentido necesidad de interrumpir sus vacaciones -cosa que, sin duda, colisionaría contra su elaborada imagen de bon vivant-. Pero estoy segura de que a muchos les habría gustado conocer la visión de la actualidad que, entre broma y broma, asoma por el programa al que el showman presta cuerpo, cara y locuacidad.

Pues ya no hay más que esperar: anoche regresó a la pantalla. El intermedio es, obviando a los informativos, el único programa de producción propia que le queda a LaSexta; el más antiguo, en antena desde 2006; y en muchos días como el de ayer, su espacio más visto: 6,7% de share, 905.000 espectadores. Se incorpora al equipo habitual Dani Mateo y se anuncian novedades aunque es de suponer que el equipo pensará eso de que “si funciona, no lo toques -demasiado-”.

Reconozco que el programa me gusta: Wyoming es un tipo rapidísimo que interpreta con salero uno de los guiones más cáusticos de la televisión actual. Pero en ocasiones he percibido que sobran en El intermedio piezas de relleno, entrevistas callejeras sin demasiado fondo, polémicas con Intereconomía que sólo sirven para “engorilar” extremos, y en muchas ocasiones una deriva pijo-progre que, a las puertas de unas elecciones generales y si pretenden seguir definiéndose como “críticos”, deberían intentar mantener a raya. Porque para eso no vale sólo con hacer leña a base de árboles caídos y rancia derechona.

Por cierto, aquí otro análisis, de Borja Terán, que a veces también encuentra El intermedio un poco… “partidista”…, y al que sin embargo el programa le gusta tanto o más que a mí.

Telepríncipes de Asturias

Hace un par de semanas publicaba una entrada quejándome del poco fuste de gran parte de las piezas que pueblan los informativos digamos… serios. Si bien esto es más evidente en algunas televisiones que en otras, mi asombro ante los criterios periodísticos empleados para diseñar la escaleta va menguando, a base de haberlos visto forzados día sí y día también. Y pensando en esto, cayó en mis manos la columna mensual dedicada a la televisión que Ramon Colom firma en Fotogramas, que incluía una interrogación retórica que hago tan mía como la mayoría de las ideas de quien fue Director General de TVE en los noventa: “¿Por qué, en todo el mundo occidental, los telediarios duran 30, 40 minutos como máximo, y nosotros necesitamos media hora más?”. Con una pizca de colmillo, Colom se pregunta si los presentadores españoles son “tartamudos”, asegura que los Telediarios son tan largos que “ni los jefes de Prado del Rey son capaces de ver uno completo”, y que en las televisiones comerciales lo que hay “son, simplemente, no-noticias”.  

En otros momentos se afirmaba que un informativo debería incluir todas aquellos temas que al día siguiente ocuparán la portada de los periódicos. Ni menos ni más. Un espacio de este tipo habría de servir para echar un vistazo panorámico a la actualidad diaria. A mí me gusta el informativo de Pepa Bueno, pero cincuenta minutos de visionado escapan al límite humano de atención real. Y si le sumamos el rato largo de información meteorológico, ya estaríamos hablando de hazañas. Óiganse de nuevo aplausos para Colom, que “está de puestas de Sol, amaneceres y aguas que salen de su cauce hasta el gorro”. Porque en realidad, para anunciar si la semana que viene hará buen tiempo no hace falta un cuarto de hora -que por cierto, es la mitad de lo que dura el TeleNorte- . Por cierto, ayer Mónica López prácticamente pedía disculpas por anticipado, previendo un asumible error en la previsión -en el noveno minuto de los ¡10! que dura el espacio que presenta-; la gente es muy susceptible en puertas de las vacaciones. Y Ana Urrutia tampoco se queda a la zaga, sus largos minutitos también le corresponden día sí y día también, y por muy querida que sea por el público, de verdad que no hace falta extenderse tanto marea arriba, marea abajo, isobaras van y vientosur viene.

Pero qué quieren les diga, sobre todo en un día como hoy: casi prefiero bonitas instantáneas de admirable Naturaleza e imponentes tormentas, que la sesión casi diaria de las aventuras de la pareja principesca . La televisión, pública y privada, sigue preparando la pasarela necesaria para el hijo de Juan Carlos II, El Campechano, y en una seguro que nada improvisada campaña de imagen, le muestra junto con su esposa hoy en la entrega de un premio literario, mañana reunido con dirigentes más que discutidos -la Diplomacia, para los diplomáticos, por favor-, presidiendo un desfile militar o muestrándose cercano con los niños, recomendándoles que sean buenos, aplicados y estudiosos. Usted puede pensar que Barbie Princesa y su preparadísimo marido trabajan muchísimo, y es evidente lo apretado de sus agendas públicas. Pero piense que cada paso que ellos dan le será a usted servido en su informativo de confianza, entre noticias importantes, noticias menos importantes y noticias sobre Twitter. Para que se vaya acostumbrando, y tal…

¿Dónde estaba Pepa?

Anoche echamos de menos a Pepa Bueno presentando el Telediario 2. En su lugar nos contaba las noticias Marcos López, que es quien se encarga de la edición de fin de semana del informativo de La 1 desde que David Cantero se fue a Telecinco a hacer un programa mucho peor, pero mucho mejor pagado. Dónde está Pepa, me preguntaba, alarmada ante la posibilidad de que una de mis presentadoras favoritas de los últimos tiempos hubiese sido relegada a otros cometidos. Pero no: a lo largo del programa nos recordaron lo que había sido noticia el lunes: que el Telediario 2 había sido reconocido como el segundo mejor informativo del mundo. Y Pepa estaba recogiendo el premio en nombre de todo el equipo al que pone cara cada noche. El galardón otorgado por Media Tenor reconoce la calidad del programa en base a criterios heterogéneos: diversidad de temas, variedad en las fuentes… y es, evidentemente, un reconocimiento a un trabajo forzosamente colectivo del que participan muchos y muy buenos profesionales.

Pepa Bueno es la Susan Sarandon de las noticias. Reconozco que cuando presentaba la crónica negruzca en Gente -espacio que también dirigió durante más de un lustro- no me imaginaba que pudiera brillar con tanta luz en un espacio realmente a la altura de su dignidad. De ahí pasó a Los desayunos de TVE. Probablemente perdió en calidad de vida y en horario de trabajo, pero a mis ojos se empezó a convertir en una referencia de primer orden. Y ha tenido la fortuna de ocupar el puesto que Lorenzo Milá dejó en septiembre de 2009 al frente de la edición vespertina del Telediario en un momento en el que los servicios informativos de la cadena pública están demostrando un buen hacer incuestionable, hasta el punto de convertirse, también entre nosotros, en la mejor ventana a la actualidad.

Ramón Colom, Director General de TVE que lo fue en la década de los 90 reflexionaba en su columna de septiembre de la revista Fotogramas sobre los atributos que debe tener un buen presentador de informativos: buena dicción, físico agradable, serenidad, credibilidad… y todas esas virtudes las encuentro en Pepa Bueno, que probablemente esté presentando el informativo más equilibrado y sosegado de la televisión actual, con una sonrisa permanente que ni es de hiena ni parece forzada. De modo que estamos ante un equipo ganador, que hace un uso excepcional de los también excepcionales recursos con los que cuenta para contar cosas que interesan, y no abren su edición con la muerte del pulpo Paul, no encadenan errores garrafales ni nos revientan con informaciones de -tan dramáticos como descontextualizados-sucesos, ni tampoco aprovechan la ocasión para hacer coloridos publirreportajes. Y me alegro de que podamos acercarnos al relato de la actualidad desde un punto de vista tan respetuoso que, en ocasiones, hasta se convierte en algo exótico trátese de cadenas privadas o, lamentablemente, [Enlace roto.].

Sobre el fenómeno televisivo de la semana, sólo les diré que en lo que va de año he descubierto dos placeres que hasta ahora eran desconocidos para mí: sumar kilómetros a los mandos del volante cantando con la música del coche a tope, y disfrutar de los comentarios que emiten los espectadores en tiempo real.