Latigazos para Ana Rosa

Una vez más, ha quedado patente que Twitter no es lugar para matices ni tonos grisáceos. Este domingo Salvados iba sobre la educación en Finlandia, considerada tan excelente como ejemplar. No tuve la oportunidad de ver el programa pero puedo imaginarme la riada de mensajes en Twitter haciéndole el caldo gordo a Jordi Évole. No niego que su programa tiene ciertas virtudes pero tampoco soy ajena a algunas de sus debilidades, como Iker Merodio identificó después de un programa sobre las televisiones públicas sesgado y simplón.

Tampoco puedo negar que la situación socioeconómica actual no puede ser más propicia para que espacios como Salvados o El intermedio exhiban su artillería. Un porcentaje nada desdeñable de espectadores se lame las heridas y encuentra en sus gurús un triste amparo y el recurso al pataleo colectivo que, por lo visto, es de lo poco que queda en una coyuntura tan putrefacta como desesperanzadora. El regreso de Salvados tuvo más de cuatro millones de espectadores el domingo, y El intermedio bate también sus récords a base de parodias del infame vodevil que nos toca vivir y costear.

Y en estas llega Ana Rosa Quintana, tan fresca y juvenil, tan de quitarle hierro al asunto, y publica un tweet “irónico” preocupada porque los finlandeses sí, disfrutan de un sistema educativo envidiable pero ah, no pueden sentarse en una terraza a tomar el sol, sus cañitas y sus tapitas. ¿Y qué más quiere el ciego que ver? La Twittesfera se lanza a degüello contra la sonriente oficiadora de uno de los programas más sórdidos de la televisión española. Sí, ese que combina con esmero la narración de la tragedia con el comentario frívolo, el caso Bretón con los Jimmy Choo. Y esa marea de twitteros enfadados, soliviantados y alentados por la nada fina ironía de Évole no la entiende. La prejuzga. La retuitea. La apalea.

Ana Rosa, no te metas donde no te llaman. Porque está claro que ir contra marea en Twitter es tarea de titanes. Y el  matiz, la aclaración, el comentario o la enmienda no tienen cabida. Los medios simplifican la realidad. Pero es que los tweets la convierten en un club de la comedia en el que el rol que juega cada personaje es tan claro que es imposible salirse del guión. Un tweet tan fresco, oportuno, desmitificador y valeroso como el tuyo tendrá que enfrentarse al muro de quienes te tienen crucificada. Ahí les va un nuevo clavito: es Cuarzo, la productora de Ana Rosa Quintana, quien se hará cargo del nuevo reality con famosos que prepara Telecinco. Sí, ese que [Enlace roto.]. Para comentar en la terraza al sol, con cañitas y tapitas. Es que a veces no te entiende, el público, Ana Rosa…

Tele y Twitter: la escéptica y los folloneros

Estaba estos días dándole vueltas a un estudio que se hizo público hace unas semanas vinculando los ratings televisivos y el “ruido” en las redes sociales. Según la investigación, existe correlación entre los resultados de audiencia televisiva y el buzz que esos programas generan. Entre los espectadores de 18 a 34 años, los más activos en redes sociales, un 9% de incremento en el nivel de buzz implica un 1% más de rating para el programa en cuestión.

La verdad es que en principio soy un poco reacia ante estos estudios -muy serios y tal, pero con multitud de intereses creados a sus espaldas-. Al fin y al cabo, aunque internet haya modificado para siempre la manera de ver la televisión -para unos sectores sociales bien concretos-, me da la sensación de que el ruido internetero, como la mayoría de la publicidad, no hace sino convencer al convencido. Sí, es cierto que los blogs sobre televisión informan y crean opinión y predisposiciones, que los programas se lanzan como locos a los brazos de Facebook para alargar sus ciclos de vida e incrementar su notoriedad y que los más modernos de todos se hacen cuentas en Twitter, lanzan hashtags y suspiran por trending topics. Es el signo de los tiempos: no vale con hacer televisión. También hay que contar que se hace: se enriquece la experiencia del espectador pero sobre todo se busca visibilidad para el programa. En televisión. De toda la vida. Enfrentándose a audímetros.

En estas, nos enteramos que una de las apuestas estrella de ETB para esta temporada, Escépticos, no está cumpliendo con las expectativas de audiencia. Su director explica aquí cómo, aunque se mantiene la emisión a través de internet en el horario establecido, el programa pasa desde esta semana al late-night de los jueves. Escépticos ha sido un programa mimado y no solo en su trabajada fase de producción. Se ha promocionado, se ha relanzado en distintas plataformas, ha sido objeto de comentarios y post mucho más allá de los ámbitos de emisión de ETB, y… consiguió ser trending topic el día de su estreno pero su audiencia no alcanza la de la media de la cadena. Pelotas e interesados aparte, el flujo internetero satisface a quienes están detrás del proyecto tanto como supongo que les decepciona no encontrar un volumen de público que repique su éxito en televisión.

El programa del domingo de El Follonero, Borrando a ETA, con muy buen tino emitido en un momento tan delicado como esperanzador, superó el 16% de share en Euskadi -6,3% en España- y concitó la atención de casi 150.000 vascos, que son bastantes más que los que suelen seguir el programa. Y también la petó (perdón) en Twitter, porque #borrandoaETA fue trending topic hasta el día de ayer. Y sin valorar el programa, sigo dándole vueltas al binomio televisión-internet. Cuál es la causa y cuál la consecuencia. ¿El buzz genera espectadores? ¿O un espacio oportunamente programado y susceptible de generar reacciones las canaliza para su mayor gloria? ¿Un mal espacio puede dar mucho que hablar? ¿”Montar follón” en la red es suficiente para conseguir espectadores? ¿Ustedes que creen?