07
jul 11

El diario cumple 10 años

Siempre he oído que un año de vida de perro corresponde a siete años humanos. No sé cuál podría ser la equivalencia entre la cuantificación de la vida humana y la de los programas de televisión, pero si aplicáramos la lógica canina, aquel programa que nació como El diario de Patricia hoy sería casi un venerable anciano. En un entorno de obsolescencia prácticamente estructural, que después de una década, y de manera ininterrumpida, en las tardes de Antena 3 siga emitiéndose el mismo talk show merece ser destacado. Y eso es, por cierto, lo que lleva celebrando el equipo del programa durante toda la semana -que habla de historia aquí-. Aunque el día exacto de la primera edición de El diario de Patricia fuese el 9 de julio de 2001, será esta tarde (7) cuando se emita el Especial 10 años.

No hay muchos programas de entretenimiento que pertenezcan al selecto club de los longevos: precisamente hoy Corazón corazón cumple 14 años en La Primera, pero más allá de eso, ¿se les ocurre alguno? ¿Cuál puede ser el truco del talk show más duradero de la televisión? Cuando el extinto Esta es mi gente, en ETB2, algo anterior a El diario, “prestó” al de Antena 3 a su presentadora, Patricia Gaztañaga, también se hizo con parte de su saber hacer y sobre todo, con la relativa certeza de que aquello podía funcionar. Pero dudo de que entonces alguien aspirara a soplar diez velas. Y probablemente contra todo pronóstico, El diario ahí sigue, introduciendo novedades, giros de tuerca, cambios de estilo, elementos espectaculares, lágrima y prueba de ADN… ad infinitum. ¿Por qué? Quizá porque en el equilibrio entre costes y beneficios ningún programa ha podido darle a la cadena tan buenos resultados como la yuxtaposición de historias personales de usar y tirar.

En lo personal, El diario, sea de Patricia o sea de Sandra, no es ni de lejos mi programa favorito, pero probablemente sea uno de los que mejor conozco. Y precisamente por eso puedo decir que me parece meritorio su manejo de la narración oral, su habilidad para construir historias televisivas coherentes a partir de retazos, y el trabajo de sus redactores a la búsqueda, captura y persuasión de personajes ante los cuales el espectador sensible no puede sino mostrarse ambivalente. También hay que alabar su cintura para haber introducido novedades que han impedido que el programa parezca una antigualla -a sus, ya saben, 70 años de perro-. Y sobre todo, su capacidad para generar una gran mesa camilla a la cual se sientan miles y miles de personas mayores -y no tanto- que tienen compañía cuando fuera llueve.

Puede que en una década ustedes hayan cambiado de trabajo; quizá, de coche; seguro que han modificado su corte de pelo en media docena de ocasiones. Pero tarde tras tarde, ahí están los sofás de El diario, dispuestos a contar al espectador la historia de una vida que éste se alegrará de no haber tenido. Dispuestos a emocionarle con cuentos ajenos que, por un rato, le permitirán no pensar en los propios. Y tan fáciles de ver como de olvidar.

(Actualización: el viernes 8 Ramiro Varea, del periódico Público, dedicó un pequeño reportaje al género de testimonios y para ello se puso en contacto conmigo. Aquí les dejo el enlace)