Tres prismas para Aguirre

El próximo viernes se conmemoran 80 años de la investidura en Gernika del lehendakari del Gobierno Provisional de Euzkadi. Tres investigadores de la Europa de Aguirre evocan su figura

Un reportaje de Iban Gorriti

ANTE Dios humillado, en pie sobre la Tierra Vasca, en recuerdo de los antepasados, bajo el Árbol de Gernika, ante los representantes del pueblo, juro desempeñar fielmente mi cargo”. Estas palabras resonaron el 7 de octubre de 1936 pronunciadas por José Antonio Aguirre y Lecube, vizcaino de 32 años, a quien instituían como primer lehendakari del autogobierno vasco junto a miembros del PNV, ANV, Izquierda Republicana, PSOE, Unión Republicana y PCE.

Bien conocen los detalles de aquella jornada investigadores de la biografía de Aguirre como son Nick Rankin (Yorkshire, Reino Unido, 1950), Ludger Mees (Essen, Alemania, 1957) y Leyre Arrieta (Mutriku, 1971). Aportan a DEIA tres horizontes sobre los que se sostienen los atributos humanos y políticos del presidente vasco fallecido en 1960, así como la trascendencia de su mensaje, legado con “más aciertos que errores”.

Optimista, pragmático y con gran carisma

José Antonio Aguirre (Bilbao, 1904) era jugador del Athletic, abogado preparado en Deusto, alcalde de Getxo y miembro de la fábrica familiar de chocolates Cho-Bill. La guerra invistió lehendakari a un hombre “directo, abierto, sincero y con grandes dotes de gentes”, subraya Ludger Mees, catedrático que considera que el tribuno transmitía optimismo innato. “Conseguía crear un clima de confianza con sus interlocutores. Pocos políticos lo lograron”, enfatiza.

La mutrikuarra Arrieta presenta al orador como hombre de fe. “Creía en Dios y en la humanidad. A pesar de desilusiones y amarguras, era optimista”, señala. Le dibuja con carácter abierto, simpático y con carisma, un atractivo innato que hacía que cayera bien: “Y sabía escuchar. Buscaba el consenso, el acercamiento y la colaboración”.

El británico Nick Rankin presenta por su parte a un “caballero cristiano”, cosa que “Franco no lo era en absoluto”. El autor de Telegram from Guernica considera que era simpático, sociable y ético. “Su sentido moral importaba mucho. Fue un buen marido, padre y amigo, de gran corazón”, explica.

Los investigadores subrayan el perfil humano de Aguirre. Ludger parafrasea a Max Weber y asevera que “un buen político se caracteriza por el equilibrio que establece entre la ética de la responsabilidad, por una parte, y la ética de la conciencia o convicción por otra”. Aguirre, según Ludger, tenía unos ideales bien claros, sabía lo que quería, la conciencia de qué conseguir y “lo contrastaba con la ética de la responsabilidad, preguntándose qué consecuencias tiene esta responsabilidad política. En concreto qué es lo que se puede conseguir. Contrastaba sus pensamientos y deseos a más largo plazo con un sentimiento de pragmatismo, más bien, a corto plazo”.

Leyre Arrieta estima que los rasgos políticos de Aguirre no se pueden separar de los humanos. Creyente, estaba convencido de que su misión era guiar a su pueblo en unos momentos difíciles. Bebió de filósofos y pensadores católicos moderados como Maritain y Mauriac, y compartió sus planteamientos sobre el progreso del hombre y la justicia social. Fue líder de una generación, apunta la guipuzcoana, que llevó al PNV hacia la democracia cristiana. Y, por tanto, un profundo demócrata. “Cristiano y demócrata son los dos rasgos claves en la personalidad política de Aguirre”, acentúa.

A su juicio, tal era el optimismo del vizcaino que no estaba reñido con un enorme pragmatismo aplicado en la política. Por ello, se le puede considerar excesivamente optimista o poco realista, pero “aunque pueda parecer contradictorio, creo que ese optimismo era consecuencia de su propio pragmatismo. Era de los que pensaba en estas circunstancias, hacemos lo mejor que se puede hacer, lo que más le conviene a Euskadi, aunque no sea lo óptimo o lo que nos gustaría. Y es más rentable afrontar la situación con optimismo que tirar la toalla”, aporta.

Si Arrieta cita a Maritain y a Mauriac, Rankin recuerda a George Lowther Steer, “leal amigo de los vascos”, quien veía a Aguirre como el capitán de un buen equipo de fútbol, regido por las normas de “no morder, no dar patadas, no poner zancadillas. Steer dijo que Aguirre era un idealista, pero admiraba su pragmatismo al hacer funcionar un amplio gobierno de coalición en aquella Euskadi sin estúpidas contiendas y riñas. Un líder auténtico, no un mero representante”.

Leyre concluye la ronda asegurando que buscaba los matices, escuchaba y actuaba como mediador: “El primer Gobierno vasco es un ejemplo claro de hasta qué punto él buscaba la participación de todos, los puntos en común a pesar de las diferencias ideológicas”.

Euskadi en una Europa unida y federal

Los tres analistas coinciden en que el mensaje de Aguirre es actual. Mees asiente porque demostró que con voluntad y respeto es posible lograr consensos. “Es decir, lo que necesita la política en todas partes. No solo pensar en su propio ideario”. El propio Ludger va más allá al apuntar que el lehendakari “no era un santo” ya que como persona que era también cometía errores, pero “era capaz de aprender y sacar conclusiones de sus propios errores y actuar en consecuencia. Hoy pocas veces se ve esto”.

Rankin también se muestra convencido de que el mensaje de Aguirre es aún relevante y hace una llamada “a remar juntos por el pueblo, con humanitarismo, justicia y libertad. Gora Euzkadi askatuta, como decían los gudaris y marineros valientes”, remacha.

Arrieta se suma a ratificar la actualidad del mensaje porque sus planteamientos sobre el encaje de Euskadi en Europa siguen vigentes en el PNV. “La Doctrina Aguirre reivindicaba una Euskadi en una Europa unida y federal, una Euskadi que contribuyera a la construcción de una Europa federal integrada por naciones, no por Estados. Fue un ferviente defensor de una Europa unida y creía en los valores humanistas de la cultura europea”, analiza. Agrega estar “convencida” de que, a pesar de la crisis multifactorial que el continente está atravesando, “él seguiría apostado por Europa y preferiría actuar desde dentro para mejorarla que desvincularse de ella”.

 

Invitado a presidir el Gobierno republicano

Figura clave en la Guerra civil y el franquismo, la vida de Aguirre cuenta con datos curiosos. El inglés consultado mantiene que el periodo más remarcable de la vida del lehendakari fue 1940-1941, tras la caída de Dunquerque, cuando “este demócrata vasco tuvo que disfrazarse de doctor panameño y vivir desapercibido en la Europa de dictaduras hasta que pudo tomar un barco hacia Sudamérica y la libertad. ¡Vaya cojones!”, sonríe.

Mees aporta dos curiosidades “muy poco conocidas”. La primera ubica a José Antonio Aguirre en 1947 en el exilio. Tras haber fomentado la creación del Gobierno español republicano en el exilio fue invitado hasta dos veces por el presidente de la República a presidir dicho Ejecutivo. Ello obedece a que “era el único que más o menos se llevaba bien con todas las facciones de los exiliados. Imaginar hoy que un nacionalista vasco reciba la invitación de presidir el Gobierno español se nos hace un poco raro. Era un dato no conocido y del que hemos sacado la documentación que lo demuestra”.

En otro ámbito, Aguirre era un hombre “bastante progresista” en su relación con las mujeres. Cuando vivía en Nueva York, fregaba los platos de la cena. Arrieta saca a colación una cita que lo pone de manifiesto: “En lo del fregado estoy a gran altura -ante el asombro de Mari, su mujer, que esperaba una catástrofe-. No se me ha ido ningún plato”. “Es decir -agrega la doctora y escritora-, estamos hablando del año 43 y de un hombre, un líder político, que ayudaba a fregar platos en casa, algo que no se veía a menudo”.

Leyre Arrieta apostilla que el dirigente vasco tuvo contactos “con altas instancias del Departamento de Estado norteamericano. Era un político muy bien valorado. ¡Ah! Y como mutrikuarra que soy, no puedo dejar de apuntar que muy pocas veces se dice que su madre era de Mutriku. No se conoce demasiado esa rama de la familia”, exclama Leyre, y concluye con una máxima: “Aguirre es el mejor líder que Euskadi ha tenido”.

Nick Rankin le considera el Winston Churchill de los vascos, que “nunca será olvidado”. En esta línea, concluye que “el PNV sobrevive; las mejores tradiciones perviven. El lehendakari Urkullu hará el viernes su juramento de nuevo bajo el roble de Gernika como hizo Aguirre hace 80 años”.

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