De los vascos sin historia a los vascos con historia

Para finales del siglo XIX, el reconocimiento de la nación cultural vasca era creciente y admitido. Otra cosa diferente era la nación política

Un reportaje de Joseba Agirreazkuenaga

Congresos deestudios Vasco. Oñati 1918. Congresos deestudios Vasco. Oñati 1918. Foto: Sabino Arana Fundazioa

LA Société d’Ethnographie Nationale et d’Arte Populaire organizó, entre el 15 y el 22 de agosto de 1897 en Donibane Lohitzune, un congreso sobre las tradiciones vascas. Participaron investigadores de ambas vertientes del Bidasoa, dantzaris de Zuberoa, Beasain y Bilbao, bertsolaris y, según la crónica del congreso, se cantaron las glorias de la Euskal Herria de siete provincias hermanas (pour les gloires de la chère Eskual-Herria, des sept provinces soeurs). Entre los participantes, el presidente de la Diputación de Gipuzkoa, M. Lizarriturry, que apelaba a la indisoluble unión de todos los vascos Zazpiak bat” porque “la raza de los que se dicen los hijos del Zazpiak Bat sirve de nexo de unión entre las dos naciones,… Francia y España”.

Uno de los ponentes, Adrien Planté, presidente de la Société des Sciences, Lettres et Arts de Pau, disertó sobre “¿Acaso los vascos tienen historia?”. Que los franceses o españoles en tanto que ciudadanos de sus respectivos Estados-nación la tuvieran quedaba fuera de toda duda. F. Engels ya había explicado que los pueblos que no habían alcanzado la independencia, entre los cuales citaba a los vascos, era porque carecían de la necesaria vitalidad. Pertenecían al pasado, a los pueblos sin historia, y lo mismo sucedía con los pueblos colonizados por los europeos en los continentes de América, África o Australia.

Precisamente, uno de los organizadores del evento, el alcalde de Saint Jean de Luz, el doctor Goyeneche, republicano y vasquista, le susurró al oído de A. Planté que “los vascos son como las mujeres honestas: carecen de historia”. La visión machista del ilustre médico de Donibane Lohitzune, promotor del vasquismo liberal-laicista, le sirvió para establecer un paralelismo entre el pasado de los vascos y el de las mujeres. Carecían de historia tal y como se entendía en el período de mayor auge del pensamiento colonial europeo. La atribución de ausencia de la historia es la antesala de otros negacionismos civiles y políticos.

Zazpiak bat, sujeto activo

A fines del siglo XIX, el reconocimiento de la nación cultural vasca, el Zazpiak Bat de los vascos era un sentimiento creciente y reconocido. Otra cosa era la nación política vasca, dotada de autogobierno. Sin embargo, después de la abolición de las instituciones forales vascas surgieron diversos proyectos y, por señalar los más destacados, Sabino Arana promovió una nación política vasca de inspiración indigenista católica; los euskalerriacos y R. Sota y E. Landeta, una nación política vasca, civil inclusiva. Estos reeditaron la obra de Zamácola Historia de las naciones vascas publicada en 1818 pero que en 1898 adquiría otra significación diferente a la que el autor confirió en su momento.

Cuando escribimos en euskara nos referimos a “euskaldunak”, desde Zuberoa hasta Bizkaia. Pero en castellano o francés, tenemos un problema, como no podía ser de otra manera. A comienzos del siglo XIX, Wilhem von Humboldt lo resolvió del siguiente modo: “Así ha perdido este desdichado pueblo hasta la unidad de su nombre”. Y concluyó “cuando se trate de todo el pueblo esparcido por el país vasco-francés, provincias vascongadas y Navarra: vascos”. Unos años mas tarde, el viajero británico R. Ford escribió, “Los vascos se llaman a sí mismos Euskaldunac, a su país Escualerria y a su lengua Euscara”. (A hand-book for travellers in Spain, and readers at home London, 1845).

Pero estos sujetos, los euskaldunak no son atemporales ni “naturales”. Se expresan y se constituyen como tales con relatos e historias, manifestando una mayor o menor conciencia de sí mismos, de ipseidad. Su evaluación corresponde a historiadores, pero no solo a ellos porque poetas, novelistas o productores de documentales pueden también modificar los agentes y generar manipulaciones anacrónicas. Por ello, es necesaria la reflexión crítica. Los Estados, las naciones, los pueblos son construcciones discursivas, necesarias para nuestra vida en común que nacen se desarrollan y se transforman en el curso del tiempo. Con la historia aprendemos a pensar históricamente analizando los ciclos cortos y las largas duraciones.

Un libro de historia, A. Oihenart

¿Cómo, quiénes y cuándo se han elaborado las historias generales de vascos?, ¿cuáles han sido las preocupaciones o preguntas que las sustentan? Cada generación elabora una visión de la Historia. Ahora bien, cuanta mayor erudición y conocimiento de hechos, menor es el margen para la falsificación, ahora que vivimos en tiempos en los que se crean agencias de noticias falsas. En las explicaciones caben siempre nuevas cuestiones y aproximaciones y este es el territorio en el que se produce el progreso historiográfico.

En Europa la emergencia de las historias particulares frente a la historia universal se produce al final de la edad media. El territorio y no la gens o grupo es el punto de referencia para parcelar la historia universal. En un mapa para explicar el Apocalipsis en el siglo XI aparece una delineación del territorio de Wasconia limítrofe con la Gallicia, porque los Pirineos se extienden desde Galicia hasta Girona. La historia de vascos participando activamente en la inicial mundialización se desarrolló a partir del siglo XVI con Baiona, Iruñea y Bilbao como núcleos urbanos rectores de referencia.

Esteban Garibay (1533-1599) se erigió en destacado historiador renacentista y explicó el tránsito de los handikis de las guerras de bandos a su integración en la nueva monarquía compuesta española. Era tiempo de multiplicidad de poderes en competición y cada poder elegía los sujetos de sus relatos. En las Juntas Generales se elaboraron nuevas historias y relatos en el contexto de las monarquías compuestas francesa y española, para preservar un poder público en su ámbito, con defensa de las libertades civiles.

Joannes Leizarraga dedicó su obra a la Reina de Navarra, Joana d’Albret, porque contribuyó a financiar la traducción al euskara del Nuevo Testamento. En adelante los vascos también podrían establecer su interlocución directa con Dios.

En el siglo XVII, un siglo de escepticismo y relativismo, se establecieron las bases de las ciencias históricas. En este contexto A. Oihenart (1592-1637), abogado del Silviet o Asamblea del pueblo común de Zuberoa y luego letrado del Parlamento de Navarra, publicó una historia Notitia utriusque Vasconiae, Noticia de ambas Vasconias, la aquitana y la ibérica y analiza a los “que en latín se denominan cántabros a los que los franceses llaman vascos o vizcainos y los españoles vascongados”. Criticó algunos mitos queridos como el del vascocantabrismo. Su contemporáneo, el cronista del Reino de Navarra José Moret editaba una historia de Navarra adaptado al marco de la Monarquía compuesta española. Y en el curso del siglo XVIII se plantearon historia de vascos de los siete territorios por el zuberotarra Jean Philippe Bela. En 1765 en el seno de la Sociedad Bascongada se formuló la necesidad de la “historia nacional vascongada” y el pedagogo Jusef Egiategi de Zuberoa escribió en euskera una filosofía e historia.

Estado-nación único

En el curso de la revolución liberal del siglo XIX, las academias y universidades de los Estados-nación español y francés inventaron una historia del pasado para todos los ciudadanos nacionales, es decir procedieron a la nacionalización española y francesa del pasado histórico en la que la historia de los vascos se arrincona en términos culturales y folklóricos. El tema de los orígenes de los vascos lo contaminó todo difundiendo la imagen de los vascos de las montañas como restos arqueológicos vivientes de una antigüedad prehistórica. Así, los vascos históricos se desvanecían en los respectivos procesos de asimilación. Sin embargo, el Pueblo y País Vasco no es antiguo sino moderno y se expresa en una lengua moderna, el euskara, en todos los ámbitos de la vida cotidiana.

En el siglo XIX los historiadores Arturo Campión y Carmelo Echegaray impulsaron el tránsito de las leyendas y mitos a una renovada historia vasca fundada en la metodología de las ciencias históricas que se desarrolló a partir de la fundación de Eusko Ikaskuntza en 1918 con la visión innovadora de Ángel Apraiz. Bonifacio Echegaray redactó una historia general de Vasconia y la historia vasca comenzó a tomar carta de naturaleza en los trabajos preparativos del Estatuto del Estado Vasco redactado en 1931.

Unos años antes, en 1917, las diputaciones provinciales reclamaron la devolución de las instituciones forales y en su defecto un estatuto vasco. Este se negoció en 1919 pero el Gobierno español lo truncó en el trámite parlamentario. La idea de un Gobierno vasco comenzó a plantearse en 1918 y en 1936 se constituyó el Gobierno vasco.

En este período, la contribución más renovadora desde las ciencias históricas fue la que publicó Th. Lefebvre (Les modes de vie dans les Pyrénées atlantiques orientales, París, 1933), una visión que explica la formación de la civilización material vasca en los últimos 500 años.

Gobierno vasco (1936) e historia

Cuando el lehendakari José Antonio Aguirre se vio en el exilio como presidente de un gobierno nuevo tenía que explicar para sus alumnos en la Columbia University y sus homónimos el fundamento del Gobierno vasco. Necesitaba una nueva renovada historia vasca para una institución nueva, una historia cargada de futuro. Presentó una ponencia en el VII Congreso de Estudios Vascos en Biarritz y junto a Ildefonso Gurrutxaga trató de elaborar y difundir una nueva historia. En el exilio, los historiadores reflexionaron sobre el pasado de los vascos tomados en su conjunto. R. Menéndez Pidal por su lado elaboraba su historia de España, una España metafísica según Pruden Gartzia.

Por otro lado, Julio Caro Baroja publicó Los Vascos en 1949, un excelente análisis de los vascos con historia, el complemento de la historia de civilización material publicada en 1933 por Th. Lefebvre. Ambas obras constituyen las dos grandes aportaciones que articularon la historiografía vasca. Y así, a partir de 1970 florecieron nuevas historias generales de vascos que llegan hasta la publicada en el 2004 por la editorial Lur en cinco volúmenes, Historia de Euskal Herria, historia general de los vascos. Una historia escrita con una perspectiva microhistórica sin perder de vista el relato macro. Al igual que los artículos de las revistas de historia, Bidebarrieta y Vasconia.

Después del derrumbe del muro de Berlín se proclamó en el epicentro del imperio estadounidense el fin de la historia, sin percatarse de que la mayoría de la población mundial vivía en el límite de la subsistencia, sin opción de entrada en la Historia. Ahora el filósofo A. Badiou acaba de publicar El despertar de la historia para explicar las rebeliones políticas y sociales que se suceden a comienzos del siglo XXI.

Todo conocimiento científico es una interpretación, incluida la expuesta en el libro que hemos publicado de los historiadores vascos, con el propósito de impulsar un debate para comprender a los vascos con historia, en tanto que sujetos con conciencia histórica.

Doblan las campanas por los ocho asesinados en Zeanuri

La parroquia de Arratia oficia hoy una misa de recuerdo a los vecinos asesinados por el bando franquista y el republicano en una misma jornada, el 7 de abril de 1937

Un reportaje de Iban Gorriti

SI me asesinan, antes llegaré al cielo”. Esta frase forjada en euskera por el párroco de Zeanuri en 1937, Benito Atutxa, fue profética. Él fue uno de los ocho asesinados en diferentes localizaciones del municipio el sangriento 7 de abril de 1937. Fueron muertes causadas por los dos bandos que protagonizaron la Guerra Civil derivada del intento de golpe de Estado de julio de 1936.

Por un lado, milicianos del Eusko Gudarostea acabaron con la vida de dos pastores, del párroco de la localidad, de un concejal del PNV y de un franciscano cuyo cuerpo no ha sido encontrado. Por el otro, en un bombardeo fascista sufrido esa jornada, murieron el joven carpintero de 18 años Jesús Urutxurtu, y un miliciano del batallón comunista de Perezagua, Cristóbal González, según detalla el registro civil consultado gracias a la Sociedad Aranzadi.

Con motivo de los 80 años que se cumplieron el viernes de esta tragedia, hoy, Domingo de Ramos, la parroquia de Zeanuri oficiará una misa a las 11.30 horas. “Como fueron muertos causados por los dos bandos, vamos a hacer un ejercicio de memoria inclusiva”, valora el párroco José Mari Kortazar.

La lista de muertos aquel día es la siguiente: las balas de milicianos mataron a los pastores de Beretxikorta Florencio Etxebarria y Ramón Etxebarria, el párroco Benito Atutxa, el edil jeltzale León Zuluaga, y el franciscano Bizente Ozerinjauregi. En el bombardeo fascista perdieron la vida, al menos, el joven carpintero Jesús Urutxurtu, el labrador Esteban Astondoa, y el miliciano Cristóbal González.

La Causa General redactada en 1941 por el Ayuntamiento de Zeanuri informa cómo fueron algunos de los ocho asesinatos. Así, por ejemplo, asegura que el cura párroco de Santa María tenía 55 años y murió a tiros de pistola cerca de la iglesia de San Isidro, apareciendo su cadáver a la mañana siguiente en la margen del río anexo a este templo. Fue levantado a las cuatro de la tarde del mismo día siendo conducido en un automóvil al cementerio del vecino pueblo de Areatza “donde está sepultado”, detallaba.

Según su información, Atutxa fue asesinado por dos milicianos del Batallón Perezagua del Eusko Gudarostea. Estas mismas personas, aducen, acabaron con la vida de León Zuluaga Beldarrain, de 36 años, labrador y “nacionalista vasco que desempeñó el cargo de concejal durante la dominación roja”, valoraban los franquistas.

En el caso de Bizente Ozerinjauregi Uria, religioso franciscano, el informe comunica que fue detenido por soldados “del Batallón Durruti de CNT, según unos, y del Perezagua, según otros”. Fue conducido desde su caserío al centro del pueblo ignorando cuál sería su suerte. “Se puede suponer que fue asesinado en algún lugar apartado. Se dice también que fue enterrado en el barrio de Undurraga, pero sin prueba alguna de valor”.

Ozerinjauregi, detallan, “desempeñaba el cargo de Superior del Colegio Seráfico de San Pantaleón de Arras. Sus familiares son del partido de derechas españolas”.

Ramón Etxebarria Beitia tenía 71 años, según la Causa General. Era labrador y de ideología nacionalista vasca. Su cadáver fue encontrado en el barrio de Altzusta a la salida de un refugio. Presentaba un tiro de pistola en la cabeza. “Según declaración de su esposa, fue asesinado por dos jefes del batallón Perezagua, sin precisar graduación, únicamente sabe que tenía estrellas”, imprimen.

Del caso de Florencio Etxebarria Gallarta, labrador de 48 años, registraron que su filiación política era nacionalista vasca. El lugar del hallazgo y razón de la muerte fueron los mismos que el de Ramón Echevarria, del caserío contiguo al suyo.

El régimen franquista entrevistó a principios de los años 40 a familiares de las personas asesinadas para obtener estas informaciones. En el caso de Benito Atutxa, a las hermanas Simona y Margarita Atutxa; en el de León Zuluaga Beldarrain, a su viuda Florencia Zuluaga Atucha; en el de Ramón Echevarria Beitia, a su viuda Francisca Arteche Mugaguren, y en el de Florencio Echevarria Gallarta, su viuda Marta Gorostiaga Egaña.

Hasta la fecha, el legado oral había señalado como autores de estas muertes a “milicianos asturianos comunistas”. Sin embargo, la información aportada por Aranzadi cita a los batallones vascos Perezagua, comunista, y Durruti, anarquista. Además, la creencia popular era que en el bombardeo fascista del 7 de abril de 1937 había muerto una sola persona y que era “el niño” Jesús Urutxurtu. El registro civil informa de que este zeanuriarra tenía 18 años cuando murió en el raid y detalla que de oficio era carpintero.

El sacerdote Martín Orbe, en su introducción al libro Consejos de guerra contra el Clero vasco. La Iglesia vasca vencida, ya hablaba de seis muertos en aquella negra jornada. A su lista hay que agregar al franciscano Ozerinjauregi y al miliciano González. El prólogo de Orbe informaba de que aquel 7 de abril el bando golpista llevó a cabo un bombardeo sobre Zeanuri en el que murió el joven Jesús Urutxurtu. “El bombardeo realizado por los -autocalificados- nacionales el mismo día tuvo por objetivo destruir la batería tanto de artillería ligera como pesada situada en el barrio Zulaibar. Además de los destrozos en edificios e instalaciones, fueron bastantes los civiles heridos; e incluso, dos muertos, Esteban Astondoa en el citado barrio Zulaibar y Jesús Urutxurtu en la plaza del pueblo”.

gritos de angustia En Zeanuri conservan un diario de Elena Rotaeche en el que se recoge el dolor picassiano de una madre, la viuda Rosario Fernández de Larrinoa, que vio cómo una bomba mataba en la plaza a su hijo Jesús Urutxurtu. “Vamos al refugio de debajo del puente, a donde nos trasladamos todos hasta que anochece y ya no hay temor al bombardeo. Allí se dan escenas trágicas como la de una viuda a la que avisan de que una bomba acaba de sepultar a su hijo. Aquella mujer pierde la razón y es horrible oírle los gritos de angustia”. El caso del franciscano Bizente Ozerinjauregi Uria, nacido en el caserío Goikiri el 1 de octubre de 1899, sigue siendo un misterio. “Estando en un caserío del barrio de Altzua, unos milicianos lo sacaron de casa y nunca más se encontró su cuerpo”. Ocho décadas después, un familiar de aquel religioso ha dado a conocer un dato más sobre aquella muerte. “Luis, un hermano del fraile, siguió a los milicianos. Uno de ellos se volvió y le amenazó: “Si nos sigues, vas a acabar como él”, narra emocionado.

‘Milagros’ supervivientes del horror de Durango

Se cumplen ochenta años desde el día en que dos hermanas sobrevivieron al ataque de un caza italiano que mató a su tía

Un reportaje de Iban Gorriti

La tía de las niñas, Tere Minchero; el padre, Manuel Muñoz, y la madre, Victorina Minchero. La tía de las niñas, Tere Minchero; el padre, Manuel Muñoz, y la madre, Victorina Minchero. Foto: Familia Muñoz Minchero

Son dos hermanas vivas, es decir, dos corazones, dos cerebros, cuatro ojos, pero… tres manos. La cuarta quedó colgando de los tendones el 31 de marzo de 1937 cuando ellas dos sobrevivieron a un ametrallamiento de un caza fascista italiano junto al cementerio de Durango. Sobre ellas, murió acribillada su tía, que trataba de ser parapeto para las niñas ante aquellos pilotos que sonreían. Planeaban tan bajo que veían los rostros risueños de sus verdugos, aquellos 45 aviadores que Gerediaga Elkartea ha ratificado que ejecutaron el crimen de guerra que acabó, sin distinciones ideológicas, con el 5% de la población de la villa.

Conocieron aquel dantesco genocidio Milagros (Pasaia, 20 noviembre de 1928) y Teresa (Altza, 3 de septiembre de 1935), refugiadas aquellos días en Durango. La primera, residente a día de hoy en Hernani, fue quien perdió su mano derecha cuando sumaba 8 años. La segunda apuraba dos primaveras y en la actualidad vive en Saubion, en Las Landas.

Las biografías de las dos Muñoz Minchero son entregas que viajan no solo a su pasado sino a lugares de refugio hasta el punto de convertirse en desplazados continuos, nómadas, para sobrevivir. El rebobinado fugaz las sitúa en Durango, en días en que su padre, Manuel Muñoz El Niño (Villanueva de Tapia, Málaga, 1902) era miliciano del batallón Karl Liebnecht del PCE y luchaba en el frente contra los golpistas y sus aliados.

Llegó el 31 de marzo a Durango. Con los toques de alarma, quienes estaban en misa se sintieron protegidos y, aconteció todo lo contrario, los bombarderos fueron a por sacerdotes, monjas y fieles de la jesuítica San José, la agustina Santa Susana, y la parroquia Santa María de Uribarri. Morirían durante todo el día más de 336 personas indefensas.

Por la tarde, regresó la muerte de los murciélagos bombarderos y la escuadra Cucaracha de Mussolini. Milagros y Teresa se escondían en el “monte Furumbullas, estoy segura de que se llamaba así”, cerca del cementerio, y cuando huían de la mano y arropada la bebé en el seno de su tía Tere Minchero Rubio, la adulta decidió tirarse al suelo y escudar a las menores. Resultó muerta por las balas. “Mi tía estaba hecha trizas. Lo recuerdo todo como si lo estuviera viendo ahora. Fue algo tan duro…”, da testimonio Milagros, nombre de pila que parece un alias por su significado.

Milagros Muñoz y Teresa Muñoz, a día de hoy. Milagros Muñoz y Teresa Muñoz, a día de hoy.

“¡Yo ahí renací!”, enfatiza aquella niña que de pronto se vio sin mano, sin tía, al lado de su hermana de dos años y mientras los caza empecinados continuaban acabando con vidas. “Viéndote en esa tesitura no sientes el dolor”, subraya quien fue llevada por un camión de milicianos a un hospital donde le cortaron la mano derecha y la enviaron en un coche particular a un hospital de sangre militar a la entrada de Bilbao.

“Yo era la única entre hombres”, detalla, y narra un episodio más de escalofrío. “Me dejaron entre todo muertos y tuve que gritar que no me olvidaran, que yo estaba viva”. En ese momento reconoció a uno que no iba vestido de militar. “Era un mendigoizale que yo conocía. Le dije, tú eres Alejandro, panadero de Aretxabaleta. Y también a otro, Juan Peña, de la frutería de Pasajes. ¡Ya fue casualidad! Desde ese momento, fui la primera para todo”.

Y allí le amputaron el brazo. “Decidieron cortármelo desde el codo y así he vivido toda mi vida, con ocho hijos que he sacado adelante”, enfatiza. Tres semanas después de aquel 31 de marzo, el 23 de abril mataron a su padre en los últimos días de resistencia antes los facciosos en Elorrio. El fallecido de 34 años y su esposa Victorina pertenecían a “una familia muy orgullosa” de la Segunda República que se había casado únicamente por lo civil en Pasaia.

Sin conocer este hecho, el Gobierno vasco quiso que Milagros fuera evacuada a la URSS en el histórico barco Habana. “¡Pero no!”, sorprende la hernaniarra. “Me bajaron del barco porque con la herida fresca no podía hacer aquel viaje de días. Me dijeron que el mar no era bueno para mi brazo”, rememora.

Teresa no recuerda nada del bombardeo de Durango, pero reconoce el gesto de su tía. “Hay un libro en el que pone que mi tía, a la que llaman Muichero en vez de Minchero, murió en Durango fusilada, pero no es cierto, murió a nuestro lado. Milagros y yo estamos vivas por el instinto de ella, que murió al tirarse al suelo para protegernos con su cuerpo”, narra quien fue evacuada a Bretaña y contrajo matrimonio en París con un hombre “torturado de guerra” que desapareció y de quien nunca supo su verdadera identidad.

Habla Manu Muñoz, hijo de Teresa: “Casi no le conocimos. Mi madre no tiene claro cómo se llamaba. Dice que Javier, pero sus amigos le llamaban Mario y también aparece como Gabino. Es triste, pero sé poquísimo de mi padre”, lamenta este republicano que retiene escasos instantes de su progenitor en la mente. “Tengo el recuerdo de estar comiendo todos en la mesa en Hernani junto a un señor que era mi padre, un torturado en la guerra al que le habían arrancado las uñas de los pies”.

barco interceptado Rebobinando al día del bombardeo de Durango, curada Milagros en un hospital de campaña, las mujeres de la familia viajaron en un barco carbonero inglés a la Bretaña francesa que fue interceptado por el franquista Cervera. “Al ser barco inglés, neutral, nos dejaron seguir nuestro rumbo”, argumenta Teresa. Estando allí, a pesar de la paz, murió otro bebé de Victorina “por una insolación”. Aquella mujer, acabada la guerra, no quería volver porque “los alemanes son asesinos, bandidos”, y los mal autodenominados nacionales “decían que los rojos habían quemado Durango y es mentira”, repetía.

En su regreso, los franquistas las dejaron en Irun. Victorina se afincó con los suyos en Hernani. Teresa, tras viajar a París a servir, anidó residencia entre Saubion y Tosse, en Las Landas. Ella es una de las mujeres que componen la exposición fotográfica Emeek Emana de Intxorta 1937 con retratos de Mauro Saravia abierta al público en el Palacio de Aiete de Donostia hasta el 7 de mayo. Milagros acompañó a Teresa al estreno: “¡Estamos agradecidísimas por la exposición! Está bien que se recuerden casos como el nuestro, como el mío, que para colmo nací un 20 de noviembre. Toda mi vida han sido casualidades”, redondea Milagros.

La mayor incógnita del bombardeo de Durango

Una zona verde no tocada en 80 años puede acoger la fosa común con más esqueletos por un único suceso en la CAV

Un reportaje de Iban Gorriti

Jimi Jiménez, en el lugar donde estaría la fosa común; a la derecha, el libro de enterramientos con páginas arrancadas y la capilla en 1939. Jimi Jiménez, en el lugar donde estaría la fosa común; a la derecha, el libro de enterramientos con páginas arrancadas y la capilla en 1939. Foto: Iban Gorriti/Archivo Municipal de Durango

DURANGO guarda en su cementerio municipal una incógnita aún sin despejar desde hace 80 años, desde el 31 de marzo de 1937. Aquel día de la Guerra Civil, la villa vizcaina fue bombardeada por la aviación legionaria italiana en un ataque aéreo planificado por la Legión Cóndor nazi y con el beneplácito de los militares golpistas Mola, Vigón y Franco, que llegaron a firmar un documento en el que escribían “sin contemplación con la población civil”.

El próximo viernes, por lo tanto, se cumplirán ocho décadas de aquel genocidio en el que las bombas facciosas acabaron con la vida de al menos 336 víctimas sin distinciones, de todas las ideologías, el 5% de la población del municipio. Por este motivo, ese día un acto del Ayuntamiento de Durango en el camposanto conmemorará la tragedia y recordará a los fallecidos. A escasos metros del homenaje, en el corazón del cementerio, existe, de pronto, entre tumbas, nichos y panteones, una zona verde de las dimensiones de un campo de fútbol sala que permanece sin tocar desde hace 80 años. El lugar es un espacio vacío sin sepulturas en propiedad y que es cuidado por el enterrador con mimo.

DEIA consulta el misterioso hecho al antropólogo de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, Jimi Jiménez. “Si no se ha tocado en este tiempo ha sido por algo. Habría que ver si es un cuadrante destinado a los enterramientos infantiles, porque en la parte alta hay algunas tumbas de niños, pero todo lleva a pensar que aquí abajo puedan estar las dos zanjas comunes que se estima que se hicieron para enterrar aquellos cuerpos no identificados en el bombardeo y los que no fueron reclamados por nadie”, valora.

Recuerda además que los franquistas arrancaron del libro de enterramiento las páginas con los muertos en el bombardeo, como ha verificado este periódico en el Archivo Municipal. Los facciosos dejaron impresos los nombres de los derechistas fusilados por los republicanos el 26 de julio de 1936 en Durango y no volvieron a dejar rastro hasta el 28 de abril de 1937, día en que dicho bando tomó el pueblo de Durango.

El técnico sopesa que pueda haber inhumadas más de un centenar de personas, lo que la convertiría en la fosa común de la CAV con mayor número de víctimas resultante de un solo acontecimiento. “El historiador Jon Irazabal hizo una lista de víctimas que pasa de 300 y muchas de ellas podrían estar en estas zanjas”, agrega.

El Ayuntamiento de Durango tiene constancia del enigma y en varias ocasiones ha consultado a Aranzadi sobre esta curiosidad. “La intervención en el cementerio sería muy fácil. No hay que remover ni conciencias ni a personas inhumadas. Hay mucho sitio para que pueda entrar una excavadora”, analiza Jiménez. Resume que, en caso de que alguna familia lo solicitara o alguna institución lo impulsara, se comenzaría delimitando la zona y haciendo catas y prospecciones para saber si era una sola fosa o dos zanjas, por ejemplo.

Mapa de fosas En la actualidad no existe un trabajo exhaustivo sobre la presencia de fosas en cada pueblo de la CAV. Hay un mapa de zanjas del Gobierno vasco que Aranzadi va actualizando. Son alrededor de 54 las intervenciones realizadas por esta sociedad en la CAV y Nafarroa, en las que han recuperado 350 esqueletos. “Durango sigue siendo un interrogante. ¿Dónde se enterraron esas filas de muertos resultantes del bombardeo matinal y del vespertino del 31 de marzo?”, lanza la pregunta el experto consultado. En caso de que se solicitara el estudio de ese prado de la nada en el corazón del populoso cementerio municipal, lo primero sería “recabar información oral y documentarla sobre el terreno”.

Hasta la fecha, la Sociedad de Ciencias Aranzadi ha llegado a exhumar una treintena de cuerpos en una misma fosa. De ser verdad que en el camposanto de Durango hay un centenar de personas enterradas en una fosa común triplicaría ese dato, dejando constancia de la magnitud del hallazgo.

La anarquista de Sestao que intentó matar a Franco

La miliciana Julia Hermosilla -’Paquita’ en la resistencia- se ha convertido en un referente de mujer que combatió contra el fascismo en plena Guerra civil

Un reportaje de Iban Gorriti

Hermosilla, en su domicilio de Angelu en 2005 y en su época joven. Foto: Aitor Azurki/CNT Hermosilla, en su domicilio de Angelu en 2005 y en su época joven. Foto: Aitor Azurki/CNT

EL 30 de marzo de 2017 cumpliría 101 años, pero falleció en 2009 en Baiona. Ella, Julia Hermosilla, hija de cenetistas, pareja de cenetista, madre cenetista… En otras palabras, Paquita o Eugenia en la resistencia, la Revolucionaria para su círculo de amistades, participó en dos intentos de atentado contra el dictador español Franco. El primero aconteció, según ella, en 1948 “en Madrid” -aunque todo lleva a que fuera en la bahía de La Concha- y el segundo también en Donostia, en el palacio de Aiete.

El libro ‘Matar a Franco: los atentados contra el dictador’, de Antoni Batista, dice lo siguiente sobre el segundo. Que el anarquista Ángel Aransaez, pareja de Julia Hermosilla, conoció en la cárcel a uno de los fundadores de ETA, Julen Kerman de Madariaga y contactó con él para proponerle el pase de explosivos. Mientras tanto, Julia Hermosilla actuaba en Donostia como observadora del terreno y decidió ubicar el operativo del mando a distancia de explosión en la ladera del monte Ulia, “según fuentes anarquistas”, matiza el autor quien comprobado que no había visibilidad en ese lugar, estima que “el lugar debió ser el monte Urgull, y concretamente el Paso de los Curas, cercano con perfecta visibilidad sobre Aldapeta y línea sin interferencias para las ondas electromagnéticas”.

El libro Maizales bajo la lluvia, del periodista donostiarra Aitor Azurki, recoge el testimonio de Julia Hermosilla y su hijo Naiarin. Habla Julia: “Pues mira, pusimos la bomba debajo del puente, me parece que allí hay un hotel”. Su hijo le corrige: “No, no. Era en el palacio de Aiete, subiendo”.

Fuera como fuera, el intento “no salió bien porque se gastaron las pilas. El mando a distancia no funcionó”, agregaba Naiarin, quien iba más allá: “Entonces mandaron a mi madre a por ella, no fuera a explotar y hacer víctimas inocentes”. Otras fuentes consultadas estiman que el intento fue al traste “porque la lluvia mojó el explosivo”.

La libertaria vizcaina había tomado también parte en otro atentado -”uno aéreo en 1948 en Madrid”, valoraba – aunque todo apunta que se refiera al del 12 de septiembre de aquel año en La Concha de Donostia. Un avión proveniente de Iparralde sobrevoló la bahía. El plan no funcionó por la presencia de un hidroavión y cazas del Ejército del Aire. Los anarquistas decidieron posponer el ataque y conservar los explosivos que pudieron ser los que se utilizaron en Aiete.

De lo que no cabe ninguna duda es que Julia Hermosilla fue como ella decía “rebelde” siempre, de la CNT siempre, de Aransaez siempre… “Nuestra vida ha sido siempre de aventuras”, concluía en el libro Maizales bajo la lluvia , quien conoció a históricas personalidades como Isaac Puente, Ramón Rubial, los lehendakaris Aguirre y Leizaola, y era amiga de Telesforo Monzón, entre otros, y quien como miliciana perdió casi el sentido el oído en el bombardeo histórico de Otxandio donde al estallar la guerra no dudó en ir a defender la villa y Villarreal (Legutio).

Aitor Azurki trató de conocerle en 2006 porque “tenía todos los elementos para entrevistarla: mujer feminista, antifascista, miliciana, herida en la guerra y exiliada y luchadora antifranquista. No lo dudé. Era ese tipo de personas que te cambia la visión de la vida, ese tipo de personas que todo el mundo debería conocer al menos una vez en la vida porque, a través de sus palabras, de su vida se reconstruía el devenir de nuestro pueblo, la lucha de la sociedad por la libertad”.

Le costó reiteradas llamadas poder entrevistarle por su salud, pero llegó el día y acudió a su casa de Angelu, Lapurdi, y hablaron largo y tendido. “De su lucha por la libertad e igualdad como mujer -feminismo, diríamos hoy, por supuesto-, de anticonceptivos, de la visión machista de aquella sociedad, de su lucha anarquista, de su amor Aransáez, de la lucha en la Guerra, de la ‘derrota’ y el exilio, de formar una familia fuera del odio y siempre a favor de la cultura, del amor por Euskal Herria y el euskera, de su activa lucha antifranquista desde Iparralde…”

Hermosilla fue aquella niña de 14 años que no dudó en ser de la CNT con solo 14 y a la que sus compañeros le llamaron “mocosa” con 18 primaveras cuando quiso salir pitando a luchar en la revolución de Asturias de 1934 con su buzo y pistola de Eibar. Regresó junto a su pareja Ángel Aransaez -hijo del histórico riojano Saturnino Aransaez- y se plantó en julio de 1936 en Otxandio a batallar contra los golpistas. “En Julia y su familia se puede ver nítidamente el sacrificio, la humanidad, tenacidad y compromiso por un ideal, una mujer, un pueblo por su libertad tanto individual como colectiva. Julia -concluye Azurki- fue, en muchísimos aspectos, auténtica vanguardia revolucionaria”.