El último viaje del tranvía entre Bilbao y Arratia

El bombardeo de la aviación italiana sobre Durango en 1937 provocó que esta línea dejara de funcionar para siempre.

Un reportaje de Iban Gorriti

EL Ministerio de Defensa ha publicado en su biblioteca virtual fotografías de la Guerra civil española. El director del Museo Vasco del Ferrocarril, Juan José Olaizola, ha localizado entre ellas la del furgón automotor Nº 50 de la Compañía del Tranvía de Bilbao a Durango y Arratia destrozado por un bombardeo en alguna localidad arratiana.

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La importancia de este medio de locomoción para civiles y soldados, y de transporte en aquellos días de incertidumbre fue máxima y vital. Como curiosidad, la línea citada no volvió a ponerse en marcha y así, por ejemplo, el tranvía de Durango dejó de funcionar para siempre el 31 de marzo de 1937, jornada en la que los aviadores fascistas italianos protagonizaron un desolador raid que acabó con la vida de más de 336 personas ya documentadas. Ahora bien, el furgón automotor Nº 50 de la imagen, tras ser reconstruido, “prestó servicio hasta 1955. Fue dado de baja el 30 de abril de ese año”.

Juan José Olaizola (Donostia, 1965) es la persona vasca más ducha en esta materia y matiza que “la Compañía del Tranvía de Bilbao a Durango y Arratia inauguró su línea en 1902, estableciendo desde sus inicios una dura competencia con el ferrocarril. Sin embargo, la guerra de tarifas terminó por derrotar al tranvía que, en 1911, fue adquirido por los Ferrocarriles Vascongados”.

Desde entonces, según ilustra, pasó de ser un competidor a un buen complemento del tren. No obstante, los daños provocados por la Guerra civil supusieron la clausura, en 1937, del tramo comprendido entre Amorebieta y Durango, tanto por los daños del bombardeo de Durango como por otros provocados por la aviación y artillería fascista en el trayecto, sobre todo en la zona de Montorra y el centro de la localidad zornotzarra.

“No cabe duda del carácter terrorista de esta acción de guerra -valora Olaizola-, con la que se pretendía atemorizar a la población civil y quebrar su espíritu de resistencia”. A su juicio, la Aviazione Legionaria también aprovechó la ocasión para destruir diversos objetivos militares ya que Durango se había convertido en un nudo de comunicaciones fundamental para la defensa de los flancos Este y Sur del frente del Norte.

En consecuencia, la estación del ferrocarril de Bilbao a San Sebastián donde, además, se encontraban los talleres principales de esta vía férrea, se convirtió en uno de los objetivos prioritarios de los bombarderos italianos ya que era un importante centro logístico para el transporte de tropas y equipos a los frentes de Eibar y Elgeta, a través de las líneas que se dirigían a Eibar y Elorrio.

Así, el bombardeo de la estación de Durango provocó daños muy cuantiosos: la marquesina que cubría las vías de la terminal quedó completamente destruida y los talleres muy afectados. Además, buena parte del material móvil estacionado en estas dependencias, así como la playa de vías, instalaciones de electrificación y otros equipamientos, resultaron seriamente dañados.

Al respecto, la propia Compañía de los Ferrocarriles Vascongados, concesionaria del ferrocarril de Bilbao a San Sebastián, identificó grandes averías en talleres y demás edificios de esta estación. “La reparación cortó 144.211 pesetas”, aporta. Otras reparaciones en gastos para talleres o coches sumaron 35.000 pesetas entre jornales y materiales.

En marcos de guerra, la neutralización de este tipo de transportes es siempre un objetivo militar de primer orden, por lo que el tranvía, al igual que el ferrocarril de los Vascongados, fue centro de diversos bombardeos.

Entre los blancos preferentes del autoproclamado Ejército Nacional se encontraba la carretera de Bilbao a Durango, cuyo trazado era en buena parte aprovechado por el tranvía, por lo que sus instalaciones, como hemos comprobado con el ejemplo de Durango, sufrieron daños de consideración.

Posteriormente, la retirada del ejército del Eusko Gudarostea y apoyos republicanos del Estado y brigadistas mundiales “trajo consigo la voladura de los puentes de Durango, Euba, Amorebieta y La Peña”, cita Olaizola.

Tras la conquista de Bizkaia por parte de los afectos al golpe de Estado de julio de 1936, se procedió a la reparación de los daños sufridos en las líneas del tranvía, salvo en el tramo comprendido entre Amorebieta y Durango, “ya que a las destrucciones sufridas por sus instalaciones se unía el poco interés de la Compañía de los Ferrocarriles Vascongados por mantener un trayecto que la empresa consideraba suficientemente cubierto con su servicio ferroviario”, aporta.

De este modo, el 30 de noviembre de 1938 se inició el levantamiento de las vías y elementos de electrificación de esta sección.

Xabier Irujo: “Fueron más de 600 las operaciones de bombardeo sobre suelo vasco”

El codirector del Centro de Estudios Vascos de Reno urge a la investigación tras firmar el capítulo sobre los ataques aéreos perpetrados durante la Guerra Civil, texto publicado en el informe ‘Senderos de Memoria’ del Gobierno vasco

Un reportaje de Iban Gorriti

EL Gobierno vasco ha dado un paso más en materia de memoria histórica y de tragedia. Un equipo de investigadores dirigidos por Mikel Urquijo y Joseba Agirreazkuenaga ha publicado el informe Senderos de Memoria. Relación de espacios vinculados a la memoria de la guerra civil, una herramienta de más de 400 páginas que aporta datos sorprendentes como el hecho de que fueron 600 las operaciones de bombardeo que sufrió la población civil en alrededor de 200 localidades atacadas a cielo abierto, donde se certifica que fueron asesinadas más de diez mil personas.

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Ese capítulo del documento entregado al Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos Gogora -creado para coordinar las políticas públicas de la memoria- es obra de Xabier Irujo Amezaga, doctor en Historia Contemporánea y codirector del Centro de Estudios Vascos de la Universidad de Nevada, en Reno (Estados Unidos).

Irujo detalla como nadie lo había hecho hasta la fecha los lugares de ataques aéreos con bombas y las fechas en su Relación de bombardeos contra núcleos urbanos y localidades, trabajo desarrollado junto a Antón Pérez Enbeita (UPV/EHU). Planteado el estudio desde el axioma de que la utilización de la aviación ha sido uno de los cambios relevantes en las guerras del siglo XX, esta síntesis que Irujo y Pérez aportan constituye un esfuerzo por cuantificar y localizar los municipios y lugares que sufrieron bombardeos aéreos durante la guerra de 1936 sobre territorio vasco.

El listado incluye asimismo algunos de los bombardeos navales sobre poblaciones costeras vascas más destacados. La mayor parte de los mismos se registraron entre julio de 1936 y agosto de 1937, si bien se registran algunos bombardeos postreros en 1938. Quedan fuera de esta investigación, para ser incluidos con posterioridad, los ataques aéreos que la aviación alemana llevó a cabo sobre algunas localidades costeras de Iparralde en 1940. Hay, asimismo, documentos secundarios procedentes de otros archivos, como el del Ejército de Tierra de Ávila.

Esta guerra fue, a juicio de uno de los directores del informe, Mikel Urquijo, un “ensayo de una nueva táctica que, luego, en la segunda Guerra Mundial, se desarrolla en toda su atrocidad”. Para Irujo es preciso subrayar que no se trata de un listado definitivo. “Más aún, subrayo con rotundidad que es absolutamente necesario realizar una nueva búsqueda de fuentes históricas en los archivos de Villaviciosa de Odón y en el archivo del ejército del aire italiano (Uffizio Storico de la Aeronautica Militare). Es del todo imperativo hacer estas búsquedas porque, si bien hasta día de hoy hemos registrado un total aproximado de 600 operaciones de bombardeo, el total supera con creces esta cifra, y no podremos saber qué localidades fueron bombardeadas con seguridad hasta no hacer una nueva y exhaustiva búsqueda de material de archivo depositado en los dos archivos arriba mencionados”, concluye Irujo Amezaga, autor de los libros El Gernika de Richthofen. Un ensayo de bombardeo de terror (Gernika, 2012) y Expelled from the Motherland: The Government of President Jose Antonio de Aguirre in Exile (1937 – 1960) (Reno, 2012).

El informe donde aparece este capítulo está publicado en internet y es uno de los doce proyectos estratégicos del Programa-Base de Prioridades 2015-2016 en materia de memoria histórica que presentó en noviembre de 2014 el lehendakari, Iñigo Urkullu, y da respuesta, además, a un mandato parlamentario acordado en la Cámara vasca en junio del pasado año.

Para el análisis de la información sobre los bombardeos, la ficha utilizada por Xabier Irujo incluye también la fecha y localización del ataque aéreo, la descripción del mismo en la que se incluyen el número de víctimas o daños materiales, las fuerzas militares que lo realizaron y la fuente de la que se ha obtenido toda esta información.

Otro ‘Steer’ novela el Durango del año 1937

 Robert Egby escribe un segundo libro con el bombardeo de la villa como partida de la trama

Un reportaje de Iban Gorriti

With all best wishes. De este modo dedica sus libros el siempre imprevisible Robert Egby, escritor británico que estableció su residencia en Pemberton, Nueva Jersey. “Con todos mis mejores deseos”, deja escrito para el recuerdo de los lectores de libros como Por el amor de Rose, novela histórica que estrenó el año pasado y con localizaciones de Elgeta, Urkiola o el bombardeo de Durango del 31 de marzo de 1937.

Egby junto con su esposa Betty Lou visitaron en 2014 Euskadi para investigar sobre aquel capítulo que por desgracia durante días puso a Durango en el mapa del mundo. El propio George Lowther Steer, según comunica el historiador iurretarra Jon Irazabal Agirre, visitó la villa una semana después del ataque de los bombarderos y cazas italianos. El famoso escritor difundió la masacre que los militares golpistas españoles permitieron. “Como curiosidad -narra Irazabal a Egby en el interior de la Oficina de Turismo de Durango- la esposa de Steer acababa de morir y el corresponsal viajó a París a su despedida y entierro, y a los pocos días vino a Durango y posteriormente a Gernika”.

El angloamericano no pierde detalle. Apunta todo. No quiere errar. Con la historia no se juega, a pesar de que él la novele. Y en ese momento, Egby da a conocer que gesta en su seno un nuevo libro y que por ello esta semana ha vuelto a viajar a Euskal Herria. Que tiene entre manos una nueva novela -“no es la segunda parte de Por el amor de rose”, diferencia-, y que esta vez arranca en sus primeras páginas de nuevo con el bombardeo de Durango, la mañana de aquel 31 de marzo de 1937 que tanta impresión le causó cuando tuvo noticia de él.

El encuentro con el matrimonio que conforman Robert Egby (83 años) y Betty Lou Kishler (81 años) se produce en la Oficina de Turismo de Durango, ese municipio que “nos gusta mucho” y al que volvieron ayer sábado desde Donostia, donde han levantado su campo base este año.

Junto a ellos, la amable anfitriona del servicio del Ayuntamiento durangarra, la técnica Natalia Naverán. A la cita se suman en unos minutos el historiador Jon Irazabal, de Gerediaga Elkartea, sociedad de amigos de la Merindad de Durango que cumple este año su medio siglo de investigación y aportación a la cultura con actividades como la Durangoko Azoka de diciembre. Tras las presentaciones, se suma al grupo Javier Sarmiento como traductor.

Irazabal es sin lugar a dudas la persona que mejor conoce qué aconteció el 31 de marzo y días posteriores de abril de 1937 cuando un pueblo inocente fue banco de pruebas para el fascismo internacional. El de Iurreta ha escrito dos libros sobre este capítulo negro que dejó al menos 336 muertos documentados en la villa. Él fue quien descubrió que la creencia primigenia de que los alemanes bombardearon la localidad no era cierta: “fueron los italianos”, informa. “Primero encontramos un documento en Madrid y a partir de ahí viajamos a Roma y dimos con todos los escritos y fotografías que dejaban por sentado que se encargó el bombardeo a los italianos que estaban en Soria”, certifica Irazabal.

Egby ni pestañea. Betty Lou fotografía a los presentes sin perder ángulo. Suman 164 años, pero una actitud de querer informarse y aprender pasmosa.

Adelanta Egby: “Esta nueva novela que estoy escribiendo se pondrá a la venta en 2016, el año que viene”. Quienes le escuchan no pueden evitar querer saber algo sobre la sinopsis al desvelar que comenzará en la calle Kurutziaga de Durango minutos antes del bombardeo. “Allí estará una niña jugando con su muñeca. Minutos después, una vez que la aviación legionaria italiana arrasó la villa a las 8.30 horas, aparece muerta. Un familiar que encuentra a la pequeña fallecida acabará de mayor siendo un francotirador en el ejército inglés. Este mismo, volverá años más tarde a Euskal Herria buscando venganza y dará con una pareja que reside clandestinamente en Francia por ser miembros de la organización armada ETA”.

Para el resto habrá que esperar unos meses, así como para el título. “No tiene aún título fijo. Y como he dicho, aunque no es una segunda parte del libro Por el amor de Rose, sí he decidido que dos personajes de esa novela aparezcan en esta nueva”, avanza el escritor y editor, de reconocido éxito.

“Hemos venido a Durango otra vez a informarnos de qué ocurrió durante aquellos días de la Guerra Civil, por ejemplo qué pasó en Elgeta, en los montes Intxorta”, explica Egby; y Betty Lou agrega, agradecida, que “este país nos gusta mucho”.

Egby, un hombre espigado de talento incuestionable, comienza a recoger todos su enseres. Revisa sus apuntes: cómo fueron los militares golpistas españoles Mola, Franco y Vigón quienes dieron el consentimiento a la Legión Cóndor alemana de Hitler para que coordinaran una masacre que ejecutaron los pilotos de la Aviación Legionaria Italiana de Mussolini con sus bombarderos Savoya y los cazas CR32. Irazabal les deja con la boca abierta una vez más: “Los pilotos de los caza tenían la orden expresa de ametrallar a todas las personas que encontraran a su camino: daba igual si eran parte de la guerra o civiles o edades”.

Mola ya había avisado que o Bizkaia se rendía a los sublevados o la destruiría y “sin miramientos hacia los civiles”. Así, el asesinato de las más de 336 personas en Durango supuso, según los especialistas, un genocidio porque murió el 5% de la población que la villa tenían entonces censada. El matrimonio sorprendido con la beligerancia con la que actuaban los golpistas y sus aliados internacionales. De hecho, abrieron los ojos más de la cuenta al conocer el dato de que Mola premió a los pilotos que mataron con sus bombas a los durangarras con su envío a la ciudad de Zaragoza para celebrarlo con prostitutas, mientras numerosas familias en Durango lloraban a sus muertos inocentes. Casi ochenta años después, un anglosajón, como hizo George L. Steer en 1937, dará a conocer de nuevo al mundo aquella tragedia. La nuestra.

Gernika, laboratorio del horror

XABIER IRUJO

EL bombardeo de Gernika tuvo lugar el 26 de abril de 1937 entre las 16.30 y 19.40. Fue obra de la Legión Cóndor, una división especial de la Luftwaffe (Fuerza Aérea alemana) al servicio del Movimiento Nacional dirigida entre noviembre de 1936 y octubre de 1937 por el general Hugo Sperrle. El ataque fue organizado por el coronel Wolfram von Richthofen, jefe de Estado Mayor de la Legión Cóndor entre enero de 1937 y octubre de 1938. Si bien las cifras varían de unas fuentes a otras, tomaron parte en el ataque unos 24 bombarderos y 13 cazas alemanes y tres bombarderos y 10 cazas italianos. Se lanzaron entre 30 y 40 toneladas de bombas, una tercera parte de ellas incendiarias.

Se ha apuntado que se trató de un bombardeo estratégico cuyo objetivo era derribar el puente de Errenteria o, en general, obstruir la vía que comunicaba la retirada de los batallones de gudaris con Bermeo. De este modo, cercados y sin medio de retirarse, serían apresados. Pero cercar a una docena de batallones de infantería mediante la voladura de un puente de no más de 50 pies, sobre un río que no alcanza el metro y medio de profundidad, no es materialmente posible. Por otro lado, tal como anotó Richthofen repetidamente en su diario de guerra, pretender un avance relámpago de las tropas dirigidas por Mola era algo que nunca antes se había materializado. El avance sobre Durango era una lección en este sentido. Y la historia demostró su error. Ni el bombardeo impidió el paso de los batallones en retirada ni el de las tropas rebeldes en su avance, que tomaron Gernika el 29, la atravesaron y avanzaron hacia Bermeo, adonde llegaron el día 30. Y, sin embargo, Richthofen apuntó en su diario que se trató de un gran “éxito técnico”.

Si bien es harto difícil de creer, tal vez Richthofen efectivamente pensara que su plan era estratégicamente viable. Lo cual no impide pensar que aplastar una ciudad con tres hospitales de guerra y miles de refugiados, la mayoría civiles, durante tres horas, a fin de obstruir el paso de las tropas a través de un puente, constituye una atrocidad. Pero si el ataque se produjo con este fin habría que explicar por qué tal cantidad de toneladas de explosivo, el uso tan abundante de bombas incendiarias, la acumulación de cazas y el ametrallamiento de la población civil durante tres horas. Más aún, habría también que explicar por qué Alfons Kössinger y otros miembros de la Legión Cóndor afirmaron que se les ordenó un estudio exhaustivo de las ruinas, incluyendo fotografías aéreas. Se les ordenó asimismo retirar todas las pruebas, lo cual incluye, lógicamente, los cadáveres. Y mantener el más absoluto silencio. Habría que explicar asimismo por qué el gobierno español mintió durante cuatro décadas. Todo ello indica, mucho más allá de cualquier duda razonable, que en efecto se trató de un experimento de guerra: un bombardeo de terror.

Macrabo experimento

Los avances que la ingeniería aeronáutica experimentó en el curso de la carrera armamentística de los años 30, unidos al hecho de que este arma de guerra estaba ahora en manos de un régimen capaz de hacer uso indiscriminado de ella, hicieron posible por vez primera en el curso de la Guerra de Euskadi que el mando alemán abrazara el objetivo de destruir completamente una ciudad. Gernika fue por tanto la primera ciudad objeto de un bombardeo concebido como experimento militar y, asimismo, la primera ciudad en ser bombardeada utilizando una determinada mezcla de explosivos y de acuerdo con el plan de ataque conocido como Carpet Bombing, consistente en bombardear masivamente un objetivo mediante un grupo de bombarderos que, a través de un corredor aéreo y en diversas oleadas, van dejando caer su carga. Para que la devastación fuese completa se utilizaron dos tipos de bombas: las explosivas, que agrietaron techos y paredes, y las incendiarias, cuyo líquido penetró por las grietas abiertas por las primeras, quemándolo todo.

En líneas generales, el bombardeo de Gernika respondió al siguiente esquema: un primer ataque a pequeña escala tomó por sorpresa a la población, que corrió a los refugios. Tras un breve intervalo, los cazas acudieron y obligaron a permanecer a la población en los refugios mediante el ametrallamiento aéreo. Un segundo bombardeo a gran escala, en sucesivas olas, a través de un mismo corredor aéreo de unos 150 metros de ancho, barrió la ciudad, que comenzó a arder. Los supervivientes intentaron escapar, por lo que los cazas se aseguraron de que permanecieran dentro del perímetro de fuego y murieran incinerados o por asfixia. En el caso de que la localidad hubiese sido un objetivo militar, Continúa leyendo Gernika, laboratorio del horror