Atzokoan finkatuz, gaur biharkoa bultzatu

Hace 110 años el PNV creó el primer Archivo-Biblioteca General Nacionalista, que hoy sigue creciendo

Un reportaje de Eduardo Jauregi

LA necesidad de conservar nuestra memoria e historia para el futuro y garantizar así nuestra supervivencia no es una idea que haya surgido últimamente; ni siquiera a finales de los años 80, la recién creada Fundación Sabino Arana fue la primera entidad en abordar este compromiso con el nacionalismo vasco. Pretendió -y lo consiguió- poner en valor y reactivar nuevamente una iniciativa surgida nada más comenzar el siglo XX.

Al año de fallecer Sabino Arana Goiri, el delegado y máxima autoridad del Partido Nacionalista Vasco, Ángel de Zabala Ozamiz-Tremoya, firmó un artículo publicado en el semanario Patria, el 5 de noviembre de 1904, en el que anunciaba la creación de un Archivo-Biblioteca General Nacionalista.

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Aludiendo a la fidelidad, el patriotismo, a la “pertenencia a un partido serio”, y a la necesidad de una cada vez mayor organización del mismo -“sin organización (siquiera sea ella mediana) no es posible avanzar sino muy paulatina e imperfectamente”- se transmite la idea útil y conveniente de fundar “un Archivo-Biblioteca general, que pueda servir para la mejor conservación, guarda y custodia oficial de todos cuantos documentos, así manuscritos como impresos, puedan interesar al Nacionalismo Vasco”. Su primer responsable sería Félix de Pertika y Matzo.

Con ello se quería evitar que por causas como “la desidia o el abandono, instrumentos de gran valor científico y libros llenos de profundas sabidurías y provechosas enseñanzas, se perdieran para siempre por falta de Bibliotecas oficiales que les dispensaran una benévola acogida en un apartado rincón de sus estanterías”. O que les ocurriera lo mismo a los documentos y toda clase de escritos concernientes al PNV, “tan caros y tan útiles a él y a sus adeptos”.

Así, el llamamiento del delegado del Partido se concretaba en la obligación de que, a partir de aquel momento, se remitiera al recién creado Archivo-Biblioteca General:

“1) Por la Administración del semanario Patria: a) Tres colecciones completas de los periódicos Bizkaitarra, Baserritarra, El Correo Vasco y La Patria; b) Tres ejemplares de cada número de Patria, de los ya publicados, y de los demás, a medida que vayan viendo la luz de la imprenta; c) Uno o más ejemplares, caso de poseerlos, de Lecciones de Ortografía del Euzkera bizkaino, Umiaren Lenengo Aizkidia, Etimologías euzkerikas, Análisis y corrección del Pater Noster del Euzkera bizkaino, El Partido Carlista y los Fueros Vasco-Nabarros, Bizkaya por su independencia, y demás obras de Arana Goiri´tar Sabin.

2) Por los administradores de las demás revistas o publicaciones nacionalistas, tres ejemplares de cada número de las mismas: Euzkadi, de Bilbao, Irrintzi y La Baskonia, de Buenos Aires, y El Euskalduna, de La Habana.

3) Por todo nacionalista que posea dos o más ejemplares de un mismo libro escrito y publicado de doctrinas nacionalistas, uno de ellos, a lo menos.

4) Por todo autor o editor nacionalista, tres ejemplares impresos del libro, folleto, artículo, composición poética o musical, y en general de toda publicación nueva de que sea autor o editor, cualesquiera que sean su carácter y su denominación, debiéndose incluir en este caso o número el Himno Nacional.

5) Por las Juntas Directivas o de Gobierno de Batzokis, cada año un ejemplar impreso de las listas de los socios.

6) Por quienes los reciban o los tengan recibidos, los autógrafos de las personalidades del Partido y los demás documentos que entrañen cierta importancia, presente o futura, para el mismo.

7) Por las autoridades, Comisiones y Academias del Nacionalismo, existentes o por existir, los documentos oficiales que en cumplimiento de su deber redacten, tales como reglamentos, instrucciones, decretos, actas, memorias, balances, presupuestos, recibos, proyectos, conferencias, discursos, peticiones, credenciales, planos, circulares, listas, oficios, comunicaciones, escrituras, pactos, dictámenes, inscripciones, etcétera”.

Mirando al futuro La sensibilidad hacia la protección del patrimonio documental del aquel joven Partido Nacionalista Vasco quedaba de manifiesto en estas palabras. Pero como se ve, no solo importaba conservar el presente; las menciones al futuro demuestran lo avanzado de su pensamiento de cara a los años venideros, jóvenes generaciones, etc., así como la diferenciación entre los materiales que forman parte de una Biblioteca (todo lo que se publica y por lo tanto, en general, hay más de un ejemplar: periódicos, revistas, libros…) y los documentos de Archivo (originales únicos que se crean en cumplimiento de un deber, es decir, tienen un origen orgánico y/o funcional y son prueba de una actividad desarrollada).

Es significativo, por otro lado, que gracias al texto anterior sepamos de la existencia de una publicación que desconocíamos (Euskalduna, de La Habana) y de la que hoy no tenemos noticia de que se conserve ningún ejemplar.

En la actualidad es casi imposible llegar a conocer en su totalidad la repercusión que tuvo el llamamiento de la dirección del Partido Nacionalista Vasco y cómo evolucionó el Archivo -Biblioteca General Nacionalista desde su creación. Pero lo cierto es que su mensaje no cayó en saco roto. A lo largo de los años se fueron recibiendo y conservando no solo los materiales citados sino los nuevos números de las publicaciones y documentos que se fueron generando en las décadas posteriores: Aberris, Euzkadis, Eusko Deyas, Informes, correspondencia del Secretariado General Vasco, y un largo etc. La documentación originada por la actividad política, económica y social del nacionalismo vasco se concentró -al igual que hoy en día- en las sedes locales y territoriales de la organización y en manos de particulares -archivos privados- estrechamente vinculados con el partido y que siempre demostraron tener una mayor vocación hacia la conservación de la historia para el futuro.

Sin embargo, el estallido de la guerra en el verano de 1936 provocó la ruptura de aquel proceso natural iniciado años antes. Con la confrontación bélica y el triunfo del franquismo, comenzó otro proceso en relación al patrimonio documental: destrucción, expolio, dispersión, persecución, exilio y clandestinidad. La dictadura provocó que la situación de los fondos documentales del Nacionalismo vasco, una vez iniciada la transición a la democracia a finales de los años 70, fuera caótica, en relación a su localización geográfica, difusión, conocimiento y accesibilidad.

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, la Fundación Sabino Arana (1988) en estrecha colaboración con el Partido Nacionalista Vasco, quiso cambiar radicalmente aquella situación con la creación del Archivo del Nacionalismo Vasco. Y lo primero que hizo fue recuperar todo el patrimonio documental -herencia de lo solicitado en el llamamiento de 1904- que permanecía semioculto en muy diversas ubicaciones, tanto de Iparralde como de Hegoalde, para reunirlo en unas nuevas instalaciones.

El Archivo, como no podía ser de otra manera, respetó la clasificación original de las series de documentación histórica localizadas (decenas de volúmenes de periódicos encuadernados, revistas, monografías, y fondos de Archivo) y estableció inmediatamente las bases para la creación de un Archivo, Biblioteca y Hemeroteca donde conservar, reunir, organizar y difundir tales materiales.

Pero nuestra acometida no se limitó a esta vasta labor con la documentación ya existente. Recuperando el espíritu del mensaje de Ángel de Zabala, desde la dirección de la Fundación se hizo un nuevo llamamiento al PNV, a particulares y entidades, para volver a provocar la necesidad de conservar nuestra memoria, nuestra historia. Y enviando al Archivo del Nacionalismo ejemplares de las publicaciones que se editan, la documentación que ya no presenta un valor o uso administrativo pero sí histórico (correspondencia, informes, actas…) o incluso aquellos documentos privados que forman parte de nuestra historia familiar y personal (fotografías, carnés, etc.), contribuimos poderosamente a ello.

Donaciones Es necesario establecer con las organizaciones más asentadas procesos vinculados de producción documental-conservación, casi casi automatizados. Y la informática que impregna nuestras vidas y en muchos casos nos puede desbordar con la facilidad de multicopiar cualquier documento, nos puede y debe ayudar a mecanizar inteligentemente estos procesos. Desde sus inicios, el Archivo del Nacionalismo ha recibido más de 1.560 donaciones de particulares. En los último meses, entre otras, documentación personal de Miguel Olaskoaga Mitxelena (1937-1982), Monica Lecunberri (1939-1943), Clandestinidad en Donostia (1948- 1951) o testimonios de gudaris de Gogoan Sestao Elkartea.

Nuestro centro se enorgullece de ser la continuación de aquel primer Archivo-Biblioteca General Nacionalista de principios del siglo XX, del Secretariado General Vasco de los años 30, o del Instituto sabiniano-Sabindiar Batza de 1950 nacido en el exilio. Todos tuvieron la misma finalidad: recuperar y conservar el patrimonio documental del nacionalismo vasco. El Archivo y Museo de Sabino Arana Fundazioa siguen sus principios e incluso van más allá y los amplia interesándose por todo documento relacionado con lo vasco y la historia contemporánea y moderna de Euskadi (desde el punto de vista político y social principalmente) independientemente del soporte en el que esté reunido (papel, fotografía, libro, cinta de casete, revista, DVD, película, objeto de museo, etc.).

El lema de nuestra Fundación, Atzokoan finkatuz, gaur biharkoa bultzatu, recoge la idea que motivó, ahora hace más de 100 años, la creación de un Archivo. Como dijera Jesús Insausti Uzturre en su inauguración, todos quedaremos, de alguna manera, con nuestros éxitos y fracasos, grandezas y miserias, en estos viejos papeles… En un Archivo que sigue creciendo gracias a las donaciones de organizaciones y particulares y que sigue el camino emprendido por Ángel de Zabala en 1904.

El último servicio al PNV de la generación de resistentes al franquismo

Hace 25 años ‘Uzturre’, Abad, Sota, Otxoa, Jauregi y Agirre fueron los ‘socios fundadores’ que impulsaron la creación de la Fundación Sabino Arana

Por Iñigo Camino García

En el otoño de 1988, justo ahora hace 25 años, Jesús Insausti, Uzturre; Primi Abad, Joseba Agirre, Patrick de la Sota, José Mari Otxoa de Txintxetru y Julio Jauregi Alonso aportaron su nombre y prestigio como socios fundadores de la naciente Fundación Sabino Arana. Era un nuevo servicio ofrecido al Partido Nacionalista Vasco por aquellos veteranos abertzales curtidos en mil batallas de guerra, exilio y clandestinidad. Aquellos seis veteranos jeltzales, de los que hoy solo vive Julito Jauregi, reunían décadas de militancia en EAJ/PNV, pero no tuvieron dudas en promover una “fundación cultural privada independiente” cuyo objetivo era “enlazar las raíces del mensaje nacionalista vasco con el reto de la modernidad”.

Historias de los vascos

El 11 de octubre de 1988 la notaría bilbaina de José Mari Arriola fue escenario de la constitución legal de la Fundación Sabino Arana-Sabino Arana Kultur Elkargoa. Tal y como dejan constancia las fotografías de Peru Ajuria, el entonces secretario del EBB Josu Bergara, encabezó este acto en el que se constituyó el primer Patronato. Patrick de la Sota aceptó su responsabilidad como primer presidente, con la vicepresidencia de la navarra Mari Paz López Amezaga, el alavés José Mari Gerenabarrena como tesorero y el guipuzcoano Julio Jauregi como secretario.

Abierta a la sociedad La designación del primer Patronato se completaba con el nombramiento de don Jesús María de Leizaola, el viejo lehendakari, como presidente de honor, y una larga relación de patronos de la que, además de los socios fundadores, formaban parte José Ramón Scheifler, Peru Ajuria, Itziar Lizeaga, Ana Galarraga, Gregorio Arrien, Koldo Mediavilla, Iñigo Camino, José Mari Cuñado y Carlos Clavería. Historiadores, periodistas, abogados, profesores, empresarios, o veteranos gudaris aparecían en los perfiles del inicial grupo de trabajo.

La vocación abierta a la sociedad no estaba exenta de una clara vinculación con el PNV. En este sentido, además de firmar ante el notario Arriola la aceptación de nuestros cargos, todos los patronos hicimos entrega al secretario del EBB de una carta de dimisión, firmada y sin fecha, para que el PNV la pudiera ejecutar cuando lo considerara oportuno. No hay que olvidar que, si por un lado era muy reciente el llamado Espíritu del Arriaga que Xabier Arzalluz había marcado en la Asamblea celebrada en el Teatro Arriaga en enero de 1988, la escisión liderada por Carlos Garaikoetxea se había producido apenas dos años antes.

La Fundación Sabino Arana intentó dar sus primeros pasos como “organismo abierto con vocación de servicio” y ya en sus primeros textos se aseguraba que “trata de propiciar una serena reflexión, no exenta de autocrítica, sobre el pasado, presente y futuro del nacionalismo vasco”. Tal y como después se recogería en el balance del primer año de actividades, “este 1989 ha supuesto para la fundación su asentamiento ante la opinión pública desde una perspectiva de agrupación surgida desde sectores del nacionalismo vasco pero con evidente vocación abierta y pluralista”.
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