La anarquista de Sestao que intentó matar a Franco

La miliciana Julia Hermosilla -’Paquita’ en la resistencia- se ha convertido en un referente de mujer que combatió contra el fascismo en plena Guerra civil

Un reportaje de Iban Gorriti

Hermosilla, en su domicilio de Angelu en 2005 y en su época joven. Foto: Aitor Azurki/CNT Hermosilla, en su domicilio de Angelu en 2005 y en su época joven. Foto: Aitor Azurki/CNT

EL 30 de marzo de 2017 cumpliría 101 años, pero falleció en 2009 en Baiona. Ella, Julia Hermosilla, hija de cenetistas, pareja de cenetista, madre cenetista… En otras palabras, Paquita o Eugenia en la resistencia, la Revolucionaria para su círculo de amistades, participó en dos intentos de atentado contra el dictador español Franco. El primero aconteció, según ella, en 1948 “en Madrid” -aunque todo lleva a que fuera en la bahía de La Concha- y el segundo también en Donostia, en el palacio de Aiete.

El libro ‘Matar a Franco: los atentados contra el dictador’, de Antoni Batista, dice lo siguiente sobre el segundo. Que el anarquista Ángel Aransaez, pareja de Julia Hermosilla, conoció en la cárcel a uno de los fundadores de ETA, Julen Kerman de Madariaga y contactó con él para proponerle el pase de explosivos. Mientras tanto, Julia Hermosilla actuaba en Donostia como observadora del terreno y decidió ubicar el operativo del mando a distancia de explosión en la ladera del monte Ulia, “según fuentes anarquistas”, matiza el autor quien comprobado que no había visibilidad en ese lugar, estima que “el lugar debió ser el monte Urgull, y concretamente el Paso de los Curas, cercano con perfecta visibilidad sobre Aldapeta y línea sin interferencias para las ondas electromagnéticas”.

El libro Maizales bajo la lluvia, del periodista donostiarra Aitor Azurki, recoge el testimonio de Julia Hermosilla y su hijo Naiarin. Habla Julia: “Pues mira, pusimos la bomba debajo del puente, me parece que allí hay un hotel”. Su hijo le corrige: “No, no. Era en el palacio de Aiete, subiendo”.

Fuera como fuera, el intento “no salió bien porque se gastaron las pilas. El mando a distancia no funcionó”, agregaba Naiarin, quien iba más allá: “Entonces mandaron a mi madre a por ella, no fuera a explotar y hacer víctimas inocentes”. Otras fuentes consultadas estiman que el intento fue al traste “porque la lluvia mojó el explosivo”.

La libertaria vizcaina había tomado también parte en otro atentado -”uno aéreo en 1948 en Madrid”, valoraba – aunque todo apunta que se refiera al del 12 de septiembre de aquel año en La Concha de Donostia. Un avión proveniente de Iparralde sobrevoló la bahía. El plan no funcionó por la presencia de un hidroavión y cazas del Ejército del Aire. Los anarquistas decidieron posponer el ataque y conservar los explosivos que pudieron ser los que se utilizaron en Aiete.

De lo que no cabe ninguna duda es que Julia Hermosilla fue como ella decía “rebelde” siempre, de la CNT siempre, de Aransaez siempre… “Nuestra vida ha sido siempre de aventuras”, concluía en el libro Maizales bajo la lluvia , quien conoció a históricas personalidades como Isaac Puente, Ramón Rubial, los lehendakaris Aguirre y Leizaola, y era amiga de Telesforo Monzón, entre otros, y quien como miliciana perdió casi el sentido el oído en el bombardeo histórico de Otxandio donde al estallar la guerra no dudó en ir a defender la villa y Villarreal (Legutio).

Aitor Azurki trató de conocerle en 2006 porque “tenía todos los elementos para entrevistarla: mujer feminista, antifascista, miliciana, herida en la guerra y exiliada y luchadora antifranquista. No lo dudé. Era ese tipo de personas que te cambia la visión de la vida, ese tipo de personas que todo el mundo debería conocer al menos una vez en la vida porque, a través de sus palabras, de su vida se reconstruía el devenir de nuestro pueblo, la lucha de la sociedad por la libertad”.

Le costó reiteradas llamadas poder entrevistarle por su salud, pero llegó el día y acudió a su casa de Angelu, Lapurdi, y hablaron largo y tendido. “De su lucha por la libertad e igualdad como mujer -feminismo, diríamos hoy, por supuesto-, de anticonceptivos, de la visión machista de aquella sociedad, de su lucha anarquista, de su amor Aransáez, de la lucha en la Guerra, de la ‘derrota’ y el exilio, de formar una familia fuera del odio y siempre a favor de la cultura, del amor por Euskal Herria y el euskera, de su activa lucha antifranquista desde Iparralde…”

Hermosilla fue aquella niña de 14 años que no dudó en ser de la CNT con solo 14 y a la que sus compañeros le llamaron “mocosa” con 18 primaveras cuando quiso salir pitando a luchar en la revolución de Asturias de 1934 con su buzo y pistola de Eibar. Regresó junto a su pareja Ángel Aransaez -hijo del histórico riojano Saturnino Aransaez- y se plantó en julio de 1936 en Otxandio a batallar contra los golpistas. “En Julia y su familia se puede ver nítidamente el sacrificio, la humanidad, tenacidad y compromiso por un ideal, una mujer, un pueblo por su libertad tanto individual como colectiva. Julia -concluye Azurki- fue, en muchísimos aspectos, auténtica vanguardia revolucionaria”.

El cambio de bando de Alejandro Goicoechea

Este mes se cumplen ochenta años desde que el elorriano impulsor del Cinturón de Hierro de Bilbao e inventor del TALGO se sumó a los facciosos en Arlaban

Un reportaje de Iban Gorriti

La cárcel de Gernika durante la Guerra Civil se habilitó en el edificio del Instituto de Enseñanza. Foto: Deia
La cárcel de Gernika durante la Guerra Civil se habilitó en el edificio del Instituto de Enseñanza.

 

EL próximo día 27 se cumplirán ochenta años del paso de Alejandro Goicoechea Omar del bando republicano al sublevado contra la legítima Segunda República, en días de Guerra Civil. Nacido en Elorrio y más adelante inventor del tren Talg,según investigadores consultados, ya tenía pactado con los fascistas su llegada ese día a las posiciones de la IV Brigada de Navarra.

La traición se llevó a cabo de noche en Ventabarri -grafía de la época-, en el puerto de Arlaban. Junto a él también dieron el paso otras personas. Una de ellas fue Unceta, hijo del marqués de Casa Jara, también natural de Elorrio. Goicoechea llevó consigo los planos del Cinturón de Hierro, sistema de fortificación de resistencia ante el avance de los militares golpistas y sus aliados. Este sistema de trincheras, abrigos, nidos de ametralladoras de hormigón y otras fortificaciones fue diseñado por el comandante Alberto Montaud y Noguerol. Lo llevaron del papel al terreno los capitanes Alejandro Goicoechea y Pablo Murga, que fue fusilado. Cuando estos dos últimos faltaron, se hizo cargo de él Vicente Aguirre, ingeniero de caminos de la Diputación de Bizkaia. El Gobierno Provisional de Euzkadi le dio a Goicoechea ese mismo día el grado de capitán que había alcanzado en el Ejército español y que el vizcaino había abandonado en Madrid para trabajar en el ferrocarril La Robla en Balmaseda. Un año después, el bando faccioso también cumplió esta acción. Casi cuatro meses después del aquel 27 de febrero, los fascistas ocuparon la villa de Bilbao el 19 de junio de 1937.

orígenes Alejandro Goicoechea Omar nació en Elorrio el 23 de marzo de 1895 y falleció el 30 de enero de 1984 en Madrid. Cursó estudios de bachillerato en el colegio de los padres jesuitas de Orduña. Este hijo de un farmacéutico vizcaino ingresó en la Escuela de Ingenieros del Ejército, en Guadalajara. Al terminar los estudios, con el rango de teniente, fue destinado al regimiento de ferrocarriles de Madrid.

A los 25 años se apartó del Ejército, con el grado de capitán, e ingresó en la Compañía de los Ferrocarriles de La Robla en Balmaseda, donde trabajó durante veinte años. En la villa vizcaina estuvo a punto de ser concejal por el Partido Monárquico en las elecciones del 12 de abril de 1931. El Ayuntamiento de Balmaseda ha cotejado la información y confirma que en las actas municipales no hay constancia de su presencia. Goicoechea abandonó este municipio para residir en Bilbao tras las siguientes elecciones en las que ya no participó.

Llegó la Guerra Civil y, tras trabajar en el Cinturón de Hierro, se pasó al bando golpista el 27 de febrero de 1937. Un año después, Goicoechea presentó sus teorías en el Congreso de Ciencias de Santander de 1938.

Más adelante desarrolló sus investigaciones en Madrid, con la ayuda financiera de José Luis Oriol, padre de José María y Lucas María, de Oriol y Urquijo, con quién fundó en 1942 la compañía Patentes Talgo S.A. Sin embargo, Goicoechea volvió a dar un giro de 180 grados y se desvinculó de la compañía, antes incluso de que se produjera la inauguración oficial de la primera unidad del Talgo.

El tren fue construido en Estados Unidos y realizó su primer recorrido el 14 de julio de 1950 a lo largo de la línea Madrid-Hendaia. Fue presentado como “el más alto exponente de la tecnología española”.

currículum Otros proyectos del elorriano no vieron la luz: ejemplo de un Tren Vertebrado de Gran Canaria o un plan que cruzara el estrecho de Gibraltar. En una entrevista concedida a RTVE, Alejandro Goicoechea se autodefinía pocos años antes de morir en la capital española como “enemigo de la guerras” y como persona que no se dejaba mandar.

Otra curiosidad sobre el Talgo que inventó es que hubo un intento en Euskadi de construir un Talgo de vía métrica, según informa Juanjo Olaizola, del Museo de Ferrocarril. Su origen se remonta a los propios inicios de esta propuesta tecnológica, cuando todavía se estaban efectuando en la red de Renfe las pruebas con el primer prototipo, el denominado Talgo I. “Fue en el otoño de 1943 cuando los responsables de la recientemente constituida Patentes Talgo S. A. contactaron con los responsables de la Compañía de los Ferrocarriles Vascongados para proponer la explotación de sus trenes en la importante línea de vía métrica de Bilbao a Donostia”.

El proyectó acabó abandonado y, como matiza Olaizola, “pese a los años transcurridos, jamás ha circulado en un tren Talgo sobre vías de ancho métrico”.

La batalla de la propaganda internacional

La Guerra Civil se libró en el campo de batalla y en la esfera internacional. Irujo jugó un papel importante combatiendo con la verdad las mentiras de los fascistas.

Un reportaje de Luis Bilbao Larrondo

Paul Vignaux, profesor de La Sorbona y enviado especial del semanario intelectual católico francés Temps Présent, entrevistó en 1938, en plena Guerra Civil, al dirigente del PNV Manuel de Irujo. Según Vignaux, estaba sumamente agradecido a Temps Présent que le hubiesen permitido entrevistar a una persona de tanta valía democrática como Irujo, quien había desempeñado el cargo de ministro de Justicia y ministro sin cartera de la República, doctor en Filosofía y Letras, abogado de formación y a quien definió como un político consecuente y con una pasión rigurosa por el derecho y por la ley. Fue autor de varios libros sobre temas políticos y sociales además de miembro de la Sociedad de Estudios Vascos. Para Vignaux, Irujo fue un demócrata de enorme fuerza moral y personal, nacido para la paz, el trabajo y la ley civil. Pero Irujo tuvo otra faceta no tan conocida, como fue la de haber sido un gran defensor de la causa vasca y republicana en el ámbito internacional.

Suscitó una gran controversia en la prensa y en la sociedad inglesa un artículo titulado Inglaterra, Italia y España. El caso paz por negociación, publicado en The Sunday Times el 6 de noviembre de 1938, el cual estaba firmado por Scrutator. No se trataba de un articulista cualquiera sino que detrás de ese seudónimo estaba Herbert Sidebotham (1872-1940), uno de los periodistas y escritores de mayor autoridad y de más prestigio del Reino Unido en Política Exterior. Si Scrutator era su seudónimo en The Sunday Times, Candidus lo era, tanto en The Daily Sketch como en“The Daily Graphic. Student of politic, lo era en The Times y en The Daily Telegraph y Student of war en The Manchester Guardian. Fue autor de obras tan importantes para comprender la política exterior de Gran Bretaña, como England and Palestine, Pillars of the state, Political profiles from British Public Life, Labour´s great li” o The sense of things. En este artículo no solo analizó las consecuencias del Pacto de Múnich o el por qué Italia intervino en la guerra de España sino que también porque al Comité de No Intervención lo tachó de haber resultado ser todo un embuste a favor de Franco, porque baste recordar que sus aviones lo mismo bombardeaban ciudades abiertas que barcos ingleses. Sostuvo Scrutator que la cuestión práctica de todo esto no pasaba sino por dar con el mejor procedimiento para resolver el problema español. En uno de los apartados del artículo sostuvo algo muy importante para los vascos, y es que llegó a afirmar que existía otro argumento para lograr la paz por medio de la negociación y ese camino era el de la Solución Federal. Porque, subrayó, que en la Península Ibérica existían cuatro Españas: País Vasco, Galicia, Cataluña y el resto.

Autodeterminación Es más, en otro apartado titulado Home rule o gobierno propio, defendió que el principio de autodeterminación era indudablemente aplicable a los vascos, un pueblo históricamente único, cuyo derecho a disponer del Home rule fue incuestionable hasta hace cien años. No existía entre ellos el comunismo -como gobierno- y la piedad católica se desarrollaba en paz, con libertad y progreso. A los catalanes también tachó de ser compromisers -propensos a la avenencia- por naturaleza y sus elementos extremistas eran de fuera, de otras partes de España.

En ese mismo diario, se publicó una carta al editor de The Sunday Times, el 27 de ese mismo mes, escrita por P. H. Hemingway, de Southampton, quien alabó el artículo de Scrutator al que tachó como admirable. Sin embargo, puso en duda que Franco fuese llamado campeón de la religión, cuando no había titubeado en aplicar las medidas más extremas contra el viejo e histórico pueblo vasco. Gernika y Durango le traían a la mente escenas salvajes sin igual. Acto seguido nombró a otro periodista español, Chaves Nogales, autor de A sangre y fuego, quien se mostró sincero con la desagradable afirmación para los facciosos de que “el terror blanco fue tan brutal como el terror rojo”. Tal vez, sostuvo Hemingway, el lector inglés estuviese, por encima de otras cuestiones, interesado en saber, “qué era lo que piensan las mujeres y niños de las ciudades bombardeadas”. ¿Esa era la tan cacareada generosidad de Franco? Hemingway no solo había echado por tierra buena parte del argumento de los sublevados sino que a tenor de quien respondió, quiere decir que dichos comentarios hicieron mucho daño en la causa facciosa.

El 11 de diciembre de ese año, el marques Merry del Val, antiguo embajador de España en Gran Bretaña publicó un artículo titulado España y los vascos en cartas al editor de The Sunday Times. En él arremetió en términos muy duros e inhumanos y basados en toda una sarta de mentiras contra Hemingway y los vascos, defendiendo a Franco y a los sublevados. Lo hizo así porque al parecer no tuvo agallas de hacerlo contra Herbert Sidebotham, intelectualmente muy superior, y a quien le precedía su intachable reputación y también por miedo a que todos los medios de prensa en los que escribía Scrutator hicieran campaña contra los sublevados de Franco. No se entiende de otra forma, porque más lacerante que lo dicho por Hemingway, para los facciosos, tuvo que ser, sin duda, lo que Scrutator había llegado a afirmar sobre el derecho de autodeterminación de los vascos.

La ‘fábula’ de Gernika El marqués, no obstante, empezó por acusar a los vascos con toda una serie de falsos argumentos: desde que Irujo y Monzón habían sido cómplices de varios asesinatos, a que el bombardeo de Gernika fue una fábula, una invención y que el de Durango ocurrió por culpa del Gobierno vasco. Dejó caer, que ni tan mal para los facciosos, ya que en su mayoría las víctimas habían sido nacionalistas vascos. Sostuvo que el que fuesen mujeres y niños no fue sino consecuencia de la guerra moderna.

Irujo respondió a estas graves acusaciones desde The Sunday Times del 14 de ese mes. Sobre el que hubiera tantas ideologías en Euskadi, le respondió que fue debido a que Euskadi era una democracia que respetaba celosamente la libre expresión de ideas. Irujo exigió que se retractara de sus acusaciones y el 25 de ese mes, en otro artículo, el marqués se retractaba, no solo de las acusaciones hechas a Irujo y a Monzón sino que también de aquella otra, de que las mujeres que estuvieron en los barcos cárceles de Bilbao, -que ya lo estaban antes de que el Gobierno vasco se instituyera-, no fueron asesinadas como él dijo, sino que fueron puestas en libertad inmediatamente por la Cruz Roja en Francia, gracias a la gestión del Gobierno vasco. Irujo aportó pruebas materiales de las matanzas de curas vascos por las tropas de Franco (Le Clergé basque. Chez H.G.Peyre, París), así como testimonios escritos del Dean de Canterbury y de la Comisión Inglesa en Durango, testigos en primera línea del brutal bombardeo. Aportó pruebas de la existencia de 60.000 mujeres, sacerdotes y hombres del País Vasco en campos de concentración y prisiones de Franco, de cómo 14.000 vascos fueron asesinados tras las líneas por los franquistas y que un año después de haber caído el País Vasco seguían siendo ejecutados.

De hecho, aportó las listas de fusilados, pueblo por pueblo, avaladas por la Comisión de Canje de Prisioneros y por sir Philip Chetwode. De la exquisita conducta de los dirigentes vascos, con todos, sin exclusión, aportó las cartas de los embajadores de Gran Bretaña, Holanda, Bélgica, Francia y Estados Unidos que así lo atestiguaron. Proporcionó incluso cartas de amigos facciosos del marqués que agradecían a Irujo y al Gobierno vasco el haberles salvado la vida a riesgo de perder la suya, tales como monseñor Gandasegui, monseñor Egino, Hernando de Larramendi o el conde de Romanones. Irujo acreditó también documentación que demostraba que el obispado español había servido a la rebelión militar.

Irujo, para entender la poca catadura moral de los facciosos, aportó como información una carta, que explicaba cómo, pocos meses antes, varios periodistas ingleses y un informador en San Juan de Luz, tuvieron conocimiento de una reunión del duque de Alba, junto a Areilza, Ibarra y el Dr. Marañón en la que se quejaban amargamente de que los vascos hubiesen hecho cambiar la opinión internacional hacía la República porque les había impresionado profundamente, a los políticos y medios de países como Francia o Gran Bretaña, la personalidad del lehendakari Aguirre. Las noticias para los facciosos no eran nada buenas porque a esas alturas las ayudas económicas, gracias a la influencia de los vascos en toda América, iban mayoritariamente hacia el Gobierno vasco y la República. El Dr. Marañón propuso como venganza, organizar una campaña contra los vascos. El duque de Alba expresó su pesimismo respecto de Inglaterra, sabedor que el Foreing Office abogaba por la solución federal frente a la monarquía, por ser esta una mejor solución para los británicos. Quedaron los allí presentes, en maquinar una campaña de difamación contra el lehendakari Aguirre, acusándole de ladrón y de llevar una vida licenciosa. Así actuaba esta gente, según Irujo.

Mr. Jack Leche Irujo se entrevistó poco después con el editor de The Sunday Times y le acompañó el diplomático Mr. Jack Leche quien había actuado como agregado comercial de Gran Bretaña en España, con quien trabajó en la Comisión de Canje de Prisioneros y que sería poco después nombrado nuevo embajador inglés en Guatemala. Este diplomático, amigo de Irujo y de su familia, que se declaró siempre amigo de los vascos, también se ofreció ante el editor de The Sunday Times a testimoniar la verdad de Irujo, tanto por carta como personalmente. El editor se quedó muy impresionado porque este diplomático poseía un bagaje y una reputación fuera de toda duda en el Foreing Office. De esta forma, detuvieron las mentiras del marqués y que siguiese difamando y mintiendo en otros medios. Es más, Irujo y los vascos se habían ganado al gobierno de los conservadores. De hecho, Jack Leche creía que era el mejor momento para propagar por Gran Bretaña la causa vasca y republicana. El diplomático inglés contó ante los presentes, que cuando pasó por Biarritz, un grupo de facciosos -entre ellos estaba algún hijo del marqués- le comentaron: “Menuda pretensión la de estos vascos y catalanes, ¿por qué no han de ser iguales que los restantes españoles?” Él les contestó: “Pues señores, por la sencilla razón de que no son españoles, a nosotros nos costó demasiado comprender esta situación en Irlanda para que la olvidemos mirando a España”. Mr. Leche le dijo algo más al editor de The Sunday Times, y fue que Merry del Val estaba totalmente desacreditado en el Foreing Office y que si el marqués tuviera treinta años menos y se encontrara con él en las calles de Londres, le daría dos guantazos por difundir tantas mentiras contra los vascos. Los vascos y por ende la República, habían ganado aquella batalla de la propaganda internacional.

Einstein y los vascos

Un libro desvela que el Premio Nobel de Física alemán, que huyó del nazismo en 1933, fue garante de niños exiliados durante la guerra civil

Un reportaje de Iban Gorriti

EL físico más famoso del siglo XX, Albert Einstein (1879-1955), tuvo constancia de un episodio político relacionado con Euskadi e, incluso, dio protección a una parte de su comunidad: la más desprotegida cuando los Derechos Fundamentales saltaron por los aires por la acción del fascismo.

El científico alemán, según desvela un libro estadounidense, auxilió a víctimas que huían del totalitarismo de Hitler, Mussolini o Franco, entre ellas los niños y niñas exiliados desde Euskadi a otros países durante la Guerra Civil española. De algún modo, el humanista nacido en Ulm extrapolaba su huida ante la amenaza del nazismo en la de aquellos menores que partieron de puertos como el de Santurtzi con destino a países entonces en paz entonces como Gran Bretaña, Francia, URSS o Bélgica. Otra referencia bibliográfica, en este caso obra de Thomas F. Glick, asegura que el alemán universal pudo visitar Bilbao en febrero de 1923, después de que la Junta de Cultura le invitara a villa capitalina aprovechando un viaje de una semana que llevó a cabo por Barcelona, Zaragoza y Madrid.

La publicación titulada The Einstein file (El expediente Einstein) mantiene en inglés el enunciado siguiente: “Einstein prestó servicios en un comité de ayuda a refugiados centrado en niños refugiados vascos”. El autor del libro es el veterano periodista estadounidense Fred Jerom, quien bosqueja al padre de la física moderna como pacifista, socialista y ferviente crítico del racismo.

El editor del ensayo valora que desde que Einstein arribó a EE.UU. en 1933 huyendo del auge del nazismo, el FBI se dedicó a recopilar información sobre su persona para desacreditarlo y destruir su reputación. De hecho, la obsesión era tal que le siguieron investigando después de su muerte.

El expediente que lleva su nombre registra más de 1.400 páginas, todas ellas intentos de confirmar que el premio Nobel de Física de 1921 suponía un “riesgo” para la seguridad de Estados Unidos. Fue el caso del excéntrico director del FBI J. Edgar Hoover, quien estaba ofuscado con el perfil de aquel judío que siempre se presentó como agnóstico.

Hoover (1895-1972) fue el primer director de la Oficina Federal de Investigación en 1924. Siempre según la versión de Fred Jerome, Hoover casi se dejó la vida -murió de un infarto en plena era del presidente Richard Nixon- tratando de destapar que Albert Einstein, nacionalizado estadounidense, era un hombre “extensamente asociado a centenares de grupos pro-comunistas”, así como un garante de auxilio “a los refugiados españoles” o “a un grupo de niños vascos, y al Comité de escritores exiliados”, tal como se desprende de The Einstein file.

El capo del FBI investigó, entre otros, a las Brigadas Internacionales de la Guerra Civil española, de forma más concreta a la Brigada Abraham Lincoln, organizada en el país norteamericano, “por la ideología comunista de sus integrantes”. A juicio de J. Edgar Hoover, Einstein también abrazaba este dogma, al igual que otros perfiles famosos que investigó, es el caso del actor y director de cine Charles Chaplin o la actriz Marilyn Monroe, esta última por su matrimonio con el “comunista” Arthur Miller y por sus relaciones con los Kennedy, eternos rivales del jefe de los espías. Aunque nunca lo pudo demostrar, el director del servicio de inteligencia yanqui comenzó a investigar al científico antes de que este cruzara el charco y lograra una nueva nacionalidad.

De visita en España Albert Einstein visitó durante una semana Barcelona, Zaragoza y Madrid en 1923, lo que pudo suponer un primer contacto con la realidad política del Estado bajo el mandato de Alfonso XIII, monarca que le recibió. El libro Einstein y los españoles: ciencia y sociedad en la España de entreguerras, escrito por el también estadounidense Thomas F. Glick, asegura que el premio Nobel se marchó de Zaragoza, “no por Barcelona, sino por Bilbao”.

Agrega que el 27 de febrero la Junta de Cultura vasca le dirigió una invitación, un hecho al que contribuyen diversos artículos publicados en la prensa de Euskadi. Eugenio Fojo sugirió incluso que el Ateneo de Bilbao organizara una serie de conferencias sobre la relatividad “por el gran número de hombres de ciencia que hay en Bizkaia y por contar con una Escuela de Ingenieros Industriales”. Thomas F. Glick (Cleveland, 1939), profesor de historia medieval de la Universidad de Boston e hispanista, también escribió en 2014 otro ensayo titulado Einstein in Spain: Relativity and the Recovery of Science.

El asesinato ilegal y ‘legal’ ante el pelotón

Hegoalde sufrió más de 6.800 casos de fusilamientos durante la Guerra civil

Un reportaje de Iban Gorriti

el Departamento de Justicia del Gobierno vasco contabiliza 2.352 personas fusiladas por los golpistas militares de julio de 1936 y sus acólitos en Bizkaia, Gipuzkoa y Araba durante la Guerra civil, es decir, ochenta años atrás. La Asociación de familiares de Fusilados de Navarra (Affna-36), por su parte, agrega al mapa de Hegoalde la cifra de 3.452 fusilados, de los cuales solo 232 son fusilamientos legales tras juicio sumarísimo.

Acto de homenaje en Hernani a fusilados durante la Guerra Civil.Foto: Iban Gorriti
Acto de homenaje en Hernani a fusilados durante la Guerra Civil.Foto: Iban Gorriti

 

Consultados al respecto, los investigadores históricos y autores del blog Crónicas a pie de fosa, Pablo Domínguez y Aiyoa Arroita valoran que hay un dato “interesante” al respecto. “En Euskadi hay 8.650 personas desaparecidas, de las cuales se sabe con seguridad que 2.352 que fueron fusiladas legalmente, es decir, tras un juicio. Pero hay que tener en cuenta que de esas 8.650 desaparecidas, habrá también otras personas que fueron fusiladas, bien tras caer prisioneras en combate o por represalias tras las líneas enemigas”, analizan.

Estos investigadores comprometidos con la memoria histórica estiman que en Bizkaia y Gipuzkoa no hubo “paseos” tal y como se conocen, es decir, “de grupos paramilitares haciendo desaparecer gente”. Según agregan, solo en Araba y Nafarroa este tipo de fusilamiento se dio “por ser provincias afectas al bando sublevado y no estar en frente de guerra. La limpieza política se hace fuera de la zona de guerra, en áreas seguras y controladas por ellos”. Siempre bajo el juicio de Domínguez y Arroita, los fusilamientos son asesinatos ejecutados por un grupo de personas a un mismo tiempo y que entre ellos hay por lo menos un mando encargado de dar las órdenes, ya sea civil paramilitar o militar según el caso.

Estos estudiosos de Ortuella valoran que durante la Guerra Civil española se dieron cuatro formas de fusilamiento: “sacas”, “paseos” o “paseíllos”, los judiciales y los de “a pie de trinchera”.

Las “sacas” se producían en establecimientos de reclusión, cárceles, calabozos o cuarteles que acababan tras un traslado en sitios inhóspitos y alejados para realizar los asesinatos. “Los paseíllos -valora Domínguez- eran una búsqueda determinada de personas sacadas de sus casas a altas horas de la noche y que culminaban con el asesinato del secuestrado forzoso bajo órdenes siniestras de alguna persona encargada de las ejecuciones extrajudiciales o por grupos de incontrolados sedientos de sangre”.

A estos dos primeros casos, se sumaba el de los fusilamientos judiciales que acababan con el asesinato del encausado después de un juicio sumarísimo que le condenaba a la pena capital, días o meses después.

Y por último están los asesinatos a “pie de trinchera”, es decir, tras ser capturados o rendirse al enemigo en pleno combate. “A éstos habría que añadir los heridos en combate y ejecutados en el mismo lugar donde caen para evitar traslados a hospitales innecesarios para ellos”, apostillan y evocan el ejemplo de un gudari del batallón Otxandiano (PNV) desenterrado a finales de agosto de 2015 en Mendata, el zornotzarra Pedro Uriguen, por la sociedad Aranzadi. Según la tradición oral, “fue ejecutado de un tiro en la cabeza tras negarse por dos veces a decir Viva España y en su lugar decir Gora Euskadi Askatuta”, agregan Domínguez y Arroita.

En este capítulo histórico también hay que recordar a los “piquetes de ejecución”. “No se les debe llamar así porque en realidad no son más que un pelotón de asesinos, voluntarios en algunos casos y obligados en otros”, subrayan estos investigadores de Ortuella.

Un piquete de ejecución estaría formado por un grupo no inferior a tres personas y no mayor de 10, aunque hay casos documentados por fotografías, auténticas o recreadas por los sublevados, en el que aparecen grupos de entre nueve y 18 personas.

“En ocasiones nos preguntan qué tipo de persona se apuntaba a un fusilamiento con su escopeta de caza? Eran iluminados por la patria seguro, un demente también, pero sobre todo un asesino en potencia. De esos estaban llenos los piquetes de ejecución y los grupos de paramilitares incontrolados falangistas o del credo que sean”, valora Pablo Domínguez.

Entre quienes se presentaban voluntarios a matar personas, cabe recordar la presencia del famoso noble José Luis de Villalonga, quien en vida declaró que “matar republicanos era como matar conejos”, se vanagloriaba en sus memorias. Actuaba en Hernani y pudiera ser uno de los que acabó con la vida del sacerdote, tribuno, periodista y escritor José Ariztimuño Olaso, más conocido como Aitzol.

En menor medida, el bando afecto a la Segunda República también practicó los fusilamientos. Concluye Domínguez: “No fuimos santos ninguno de los dos bandos, pero Dios estaba con ellos o, por lo menos, eso decían los franquistas”.