Doblan las campanas por los ocho asesinados en Zeanuri

La parroquia de Arratia oficia hoy una misa de recuerdo a los vecinos asesinados por el bando franquista y el republicano en una misma jornada, el 7 de abril de 1937

Un reportaje de Iban Gorriti

SI me asesinan, antes llegaré al cielo”. Esta frase forjada en euskera por el párroco de Zeanuri en 1937, Benito Atutxa, fue profética. Él fue uno de los ocho asesinados en diferentes localizaciones del municipio el sangriento 7 de abril de 1937. Fueron muertes causadas por los dos bandos que protagonizaron la Guerra Civil derivada del intento de golpe de Estado de julio de 1936.

Por un lado, milicianos del Eusko Gudarostea acabaron con la vida de dos pastores, del párroco de la localidad, de un concejal del PNV y de un franciscano cuyo cuerpo no ha sido encontrado. Por el otro, en un bombardeo fascista sufrido esa jornada, murieron el joven carpintero de 18 años Jesús Urutxurtu, y un miliciano del batallón comunista de Perezagua, Cristóbal González, según detalla el registro civil consultado gracias a la Sociedad Aranzadi.

Con motivo de los 80 años que se cumplieron el viernes de esta tragedia, hoy, Domingo de Ramos, la parroquia de Zeanuri oficiará una misa a las 11.30 horas. “Como fueron muertos causados por los dos bandos, vamos a hacer un ejercicio de memoria inclusiva”, valora el párroco José Mari Kortazar.

La lista de muertos aquel día es la siguiente: las balas de milicianos mataron a los pastores de Beretxikorta Florencio Etxebarria y Ramón Etxebarria, el párroco Benito Atutxa, el edil jeltzale León Zuluaga, y el franciscano Bizente Ozerinjauregi. En el bombardeo fascista perdieron la vida, al menos, el joven carpintero Jesús Urutxurtu, el labrador Esteban Astondoa, y el miliciano Cristóbal González.

La Causa General redactada en 1941 por el Ayuntamiento de Zeanuri informa cómo fueron algunos de los ocho asesinatos. Así, por ejemplo, asegura que el cura párroco de Santa María tenía 55 años y murió a tiros de pistola cerca de la iglesia de San Isidro, apareciendo su cadáver a la mañana siguiente en la margen del río anexo a este templo. Fue levantado a las cuatro de la tarde del mismo día siendo conducido en un automóvil al cementerio del vecino pueblo de Areatza “donde está sepultado”, detallaba.

Según su información, Atutxa fue asesinado por dos milicianos del Batallón Perezagua del Eusko Gudarostea. Estas mismas personas, aducen, acabaron con la vida de León Zuluaga Beldarrain, de 36 años, labrador y “nacionalista vasco que desempeñó el cargo de concejal durante la dominación roja”, valoraban los franquistas.

En el caso de Bizente Ozerinjauregi Uria, religioso franciscano, el informe comunica que fue detenido por soldados “del Batallón Durruti de CNT, según unos, y del Perezagua, según otros”. Fue conducido desde su caserío al centro del pueblo ignorando cuál sería su suerte. “Se puede suponer que fue asesinado en algún lugar apartado. Se dice también que fue enterrado en el barrio de Undurraga, pero sin prueba alguna de valor”.

Ozerinjauregi, detallan, “desempeñaba el cargo de Superior del Colegio Seráfico de San Pantaleón de Arras. Sus familiares son del partido de derechas españolas”.

Ramón Etxebarria Beitia tenía 71 años, según la Causa General. Era labrador y de ideología nacionalista vasca. Su cadáver fue encontrado en el barrio de Altzusta a la salida de un refugio. Presentaba un tiro de pistola en la cabeza. “Según declaración de su esposa, fue asesinado por dos jefes del batallón Perezagua, sin precisar graduación, únicamente sabe que tenía estrellas”, imprimen.

Del caso de Florencio Etxebarria Gallarta, labrador de 48 años, registraron que su filiación política era nacionalista vasca. El lugar del hallazgo y razón de la muerte fueron los mismos que el de Ramón Echevarria, del caserío contiguo al suyo.

El régimen franquista entrevistó a principios de los años 40 a familiares de las personas asesinadas para obtener estas informaciones. En el caso de Benito Atutxa, a las hermanas Simona y Margarita Atutxa; en el de León Zuluaga Beldarrain, a su viuda Florencia Zuluaga Atucha; en el de Ramón Echevarria Beitia, a su viuda Francisca Arteche Mugaguren, y en el de Florencio Echevarria Gallarta, su viuda Marta Gorostiaga Egaña.

Hasta la fecha, el legado oral había señalado como autores de estas muertes a “milicianos asturianos comunistas”. Sin embargo, la información aportada por Aranzadi cita a los batallones vascos Perezagua, comunista, y Durruti, anarquista. Además, la creencia popular era que en el bombardeo fascista del 7 de abril de 1937 había muerto una sola persona y que era “el niño” Jesús Urutxurtu. El registro civil informa de que este zeanuriarra tenía 18 años cuando murió en el raid y detalla que de oficio era carpintero.

El sacerdote Martín Orbe, en su introducción al libro Consejos de guerra contra el Clero vasco. La Iglesia vasca vencida, ya hablaba de seis muertos en aquella negra jornada. A su lista hay que agregar al franciscano Ozerinjauregi y al miliciano González. El prólogo de Orbe informaba de que aquel 7 de abril el bando golpista llevó a cabo un bombardeo sobre Zeanuri en el que murió el joven Jesús Urutxurtu. “El bombardeo realizado por los -autocalificados- nacionales el mismo día tuvo por objetivo destruir la batería tanto de artillería ligera como pesada situada en el barrio Zulaibar. Además de los destrozos en edificios e instalaciones, fueron bastantes los civiles heridos; e incluso, dos muertos, Esteban Astondoa en el citado barrio Zulaibar y Jesús Urutxurtu en la plaza del pueblo”.

gritos de angustia En Zeanuri conservan un diario de Elena Rotaeche en el que se recoge el dolor picassiano de una madre, la viuda Rosario Fernández de Larrinoa, que vio cómo una bomba mataba en la plaza a su hijo Jesús Urutxurtu. “Vamos al refugio de debajo del puente, a donde nos trasladamos todos hasta que anochece y ya no hay temor al bombardeo. Allí se dan escenas trágicas como la de una viuda a la que avisan de que una bomba acaba de sepultar a su hijo. Aquella mujer pierde la razón y es horrible oírle los gritos de angustia”. El caso del franciscano Bizente Ozerinjauregi Uria, nacido en el caserío Goikiri el 1 de octubre de 1899, sigue siendo un misterio. “Estando en un caserío del barrio de Altzua, unos milicianos lo sacaron de casa y nunca más se encontró su cuerpo”. Ocho décadas después, un familiar de aquel religioso ha dado a conocer un dato más sobre aquella muerte. “Luis, un hermano del fraile, siguió a los milicianos. Uno de ellos se volvió y le amenazó: “Si nos sigues, vas a acabar como él”, narra emocionado.

‘Milagros’ supervivientes del horror de Durango

Se cumplen ochenta años desde el día en que dos hermanas sobrevivieron al ataque de un caza italiano que mató a su tía

Un reportaje de Iban Gorriti

La tía de las niñas, Tere Minchero; el padre, Manuel Muñoz, y la madre, Victorina Minchero. La tía de las niñas, Tere Minchero; el padre, Manuel Muñoz, y la madre, Victorina Minchero. Foto: Familia Muñoz Minchero

Son dos hermanas vivas, es decir, dos corazones, dos cerebros, cuatro ojos, pero… tres manos. La cuarta quedó colgando de los tendones el 31 de marzo de 1937 cuando ellas dos sobrevivieron a un ametrallamiento de un caza fascista italiano junto al cementerio de Durango. Sobre ellas, murió acribillada su tía, que trataba de ser parapeto para las niñas ante aquellos pilotos que sonreían. Planeaban tan bajo que veían los rostros risueños de sus verdugos, aquellos 45 aviadores que Gerediaga Elkartea ha ratificado que ejecutaron el crimen de guerra que acabó, sin distinciones ideológicas, con el 5% de la población de la villa.

Conocieron aquel dantesco genocidio Milagros (Pasaia, 20 noviembre de 1928) y Teresa (Altza, 3 de septiembre de 1935), refugiadas aquellos días en Durango. La primera, residente a día de hoy en Hernani, fue quien perdió su mano derecha cuando sumaba 8 años. La segunda apuraba dos primaveras y en la actualidad vive en Saubion, en Las Landas.

Las biografías de las dos Muñoz Minchero son entregas que viajan no solo a su pasado sino a lugares de refugio hasta el punto de convertirse en desplazados continuos, nómadas, para sobrevivir. El rebobinado fugaz las sitúa en Durango, en días en que su padre, Manuel Muñoz El Niño (Villanueva de Tapia, Málaga, 1902) era miliciano del batallón Karl Liebnecht del PCE y luchaba en el frente contra los golpistas y sus aliados.

Llegó el 31 de marzo a Durango. Con los toques de alarma, quienes estaban en misa se sintieron protegidos y, aconteció todo lo contrario, los bombarderos fueron a por sacerdotes, monjas y fieles de la jesuítica San José, la agustina Santa Susana, y la parroquia Santa María de Uribarri. Morirían durante todo el día más de 336 personas indefensas.

Por la tarde, regresó la muerte de los murciélagos bombarderos y la escuadra Cucaracha de Mussolini. Milagros y Teresa se escondían en el “monte Furumbullas, estoy segura de que se llamaba así”, cerca del cementerio, y cuando huían de la mano y arropada la bebé en el seno de su tía Tere Minchero Rubio, la adulta decidió tirarse al suelo y escudar a las menores. Resultó muerta por las balas. “Mi tía estaba hecha trizas. Lo recuerdo todo como si lo estuviera viendo ahora. Fue algo tan duro…”, da testimonio Milagros, nombre de pila que parece un alias por su significado.

Milagros Muñoz y Teresa Muñoz, a día de hoy. Milagros Muñoz y Teresa Muñoz, a día de hoy.

“¡Yo ahí renací!”, enfatiza aquella niña que de pronto se vio sin mano, sin tía, al lado de su hermana de dos años y mientras los caza empecinados continuaban acabando con vidas. “Viéndote en esa tesitura no sientes el dolor”, subraya quien fue llevada por un camión de milicianos a un hospital donde le cortaron la mano derecha y la enviaron en un coche particular a un hospital de sangre militar a la entrada de Bilbao.

“Yo era la única entre hombres”, detalla, y narra un episodio más de escalofrío. “Me dejaron entre todo muertos y tuve que gritar que no me olvidaran, que yo estaba viva”. En ese momento reconoció a uno que no iba vestido de militar. “Era un mendigoizale que yo conocía. Le dije, tú eres Alejandro, panadero de Aretxabaleta. Y también a otro, Juan Peña, de la frutería de Pasajes. ¡Ya fue casualidad! Desde ese momento, fui la primera para todo”.

Y allí le amputaron el brazo. “Decidieron cortármelo desde el codo y así he vivido toda mi vida, con ocho hijos que he sacado adelante”, enfatiza. Tres semanas después de aquel 31 de marzo, el 23 de abril mataron a su padre en los últimos días de resistencia antes los facciosos en Elorrio. El fallecido de 34 años y su esposa Victorina pertenecían a “una familia muy orgullosa” de la Segunda República que se había casado únicamente por lo civil en Pasaia.

Sin conocer este hecho, el Gobierno vasco quiso que Milagros fuera evacuada a la URSS en el histórico barco Habana. “¡Pero no!”, sorprende la hernaniarra. “Me bajaron del barco porque con la herida fresca no podía hacer aquel viaje de días. Me dijeron que el mar no era bueno para mi brazo”, rememora.

Teresa no recuerda nada del bombardeo de Durango, pero reconoce el gesto de su tía. “Hay un libro en el que pone que mi tía, a la que llaman Muichero en vez de Minchero, murió en Durango fusilada, pero no es cierto, murió a nuestro lado. Milagros y yo estamos vivas por el instinto de ella, que murió al tirarse al suelo para protegernos con su cuerpo”, narra quien fue evacuada a Bretaña y contrajo matrimonio en París con un hombre “torturado de guerra” que desapareció y de quien nunca supo su verdadera identidad.

Habla Manu Muñoz, hijo de Teresa: “Casi no le conocimos. Mi madre no tiene claro cómo se llamaba. Dice que Javier, pero sus amigos le llamaban Mario y también aparece como Gabino. Es triste, pero sé poquísimo de mi padre”, lamenta este republicano que retiene escasos instantes de su progenitor en la mente. “Tengo el recuerdo de estar comiendo todos en la mesa en Hernani junto a un señor que era mi padre, un torturado en la guerra al que le habían arrancado las uñas de los pies”.

barco interceptado Rebobinando al día del bombardeo de Durango, curada Milagros en un hospital de campaña, las mujeres de la familia viajaron en un barco carbonero inglés a la Bretaña francesa que fue interceptado por el franquista Cervera. “Al ser barco inglés, neutral, nos dejaron seguir nuestro rumbo”, argumenta Teresa. Estando allí, a pesar de la paz, murió otro bebé de Victorina “por una insolación”. Aquella mujer, acabada la guerra, no quería volver porque “los alemanes son asesinos, bandidos”, y los mal autodenominados nacionales “decían que los rojos habían quemado Durango y es mentira”, repetía.

En su regreso, los franquistas las dejaron en Irun. Victorina se afincó con los suyos en Hernani. Teresa, tras viajar a París a servir, anidó residencia entre Saubion y Tosse, en Las Landas. Ella es una de las mujeres que componen la exposición fotográfica Emeek Emana de Intxorta 1937 con retratos de Mauro Saravia abierta al público en el Palacio de Aiete de Donostia hasta el 7 de mayo. Milagros acompañó a Teresa al estreno: “¡Estamos agradecidísimas por la exposición! Está bien que se recuerden casos como el nuestro, como el mío, que para colmo nací un 20 de noviembre. Toda mi vida han sido casualidades”, redondea Milagros.

La anarquista de Sestao que intentó matar a Franco

La miliciana Julia Hermosilla -’Paquita’ en la resistencia- se ha convertido en un referente de mujer que combatió contra el fascismo en plena Guerra civil

Un reportaje de Iban Gorriti

Hermosilla, en su domicilio de Angelu en 2005 y en su época joven. Foto: Aitor Azurki/CNT Hermosilla, en su domicilio de Angelu en 2005 y en su época joven. Foto: Aitor Azurki/CNT

EL 30 de marzo de 2017 cumpliría 101 años, pero falleció en 2009 en Baiona. Ella, Julia Hermosilla, hija de cenetistas, pareja de cenetista, madre cenetista… En otras palabras, Paquita o Eugenia en la resistencia, la Revolucionaria para su círculo de amistades, participó en dos intentos de atentado contra el dictador español Franco. El primero aconteció, según ella, en 1948 “en Madrid” -aunque todo lleva a que fuera en la bahía de La Concha- y el segundo también en Donostia, en el palacio de Aiete.

El libro ‘Matar a Franco: los atentados contra el dictador’, de Antoni Batista, dice lo siguiente sobre el segundo. Que el anarquista Ángel Aransaez, pareja de Julia Hermosilla, conoció en la cárcel a uno de los fundadores de ETA, Julen Kerman de Madariaga y contactó con él para proponerle el pase de explosivos. Mientras tanto, Julia Hermosilla actuaba en Donostia como observadora del terreno y decidió ubicar el operativo del mando a distancia de explosión en la ladera del monte Ulia, “según fuentes anarquistas”, matiza el autor quien comprobado que no había visibilidad en ese lugar, estima que “el lugar debió ser el monte Urgull, y concretamente el Paso de los Curas, cercano con perfecta visibilidad sobre Aldapeta y línea sin interferencias para las ondas electromagnéticas”.

El libro Maizales bajo la lluvia, del periodista donostiarra Aitor Azurki, recoge el testimonio de Julia Hermosilla y su hijo Naiarin. Habla Julia: “Pues mira, pusimos la bomba debajo del puente, me parece que allí hay un hotel”. Su hijo le corrige: “No, no. Era en el palacio de Aiete, subiendo”.

Fuera como fuera, el intento “no salió bien porque se gastaron las pilas. El mando a distancia no funcionó”, agregaba Naiarin, quien iba más allá: “Entonces mandaron a mi madre a por ella, no fuera a explotar y hacer víctimas inocentes”. Otras fuentes consultadas estiman que el intento fue al traste “porque la lluvia mojó el explosivo”.

La libertaria vizcaina había tomado también parte en otro atentado -”uno aéreo en 1948 en Madrid”, valoraba – aunque todo apunta que se refiera al del 12 de septiembre de aquel año en La Concha de Donostia. Un avión proveniente de Iparralde sobrevoló la bahía. El plan no funcionó por la presencia de un hidroavión y cazas del Ejército del Aire. Los anarquistas decidieron posponer el ataque y conservar los explosivos que pudieron ser los que se utilizaron en Aiete.

De lo que no cabe ninguna duda es que Julia Hermosilla fue como ella decía “rebelde” siempre, de la CNT siempre, de Aransaez siempre… “Nuestra vida ha sido siempre de aventuras”, concluía en el libro Maizales bajo la lluvia , quien conoció a históricas personalidades como Isaac Puente, Ramón Rubial, los lehendakaris Aguirre y Leizaola, y era amiga de Telesforo Monzón, entre otros, y quien como miliciana perdió casi el sentido el oído en el bombardeo histórico de Otxandio donde al estallar la guerra no dudó en ir a defender la villa y Villarreal (Legutio).

Aitor Azurki trató de conocerle en 2006 porque “tenía todos los elementos para entrevistarla: mujer feminista, antifascista, miliciana, herida en la guerra y exiliada y luchadora antifranquista. No lo dudé. Era ese tipo de personas que te cambia la visión de la vida, ese tipo de personas que todo el mundo debería conocer al menos una vez en la vida porque, a través de sus palabras, de su vida se reconstruía el devenir de nuestro pueblo, la lucha de la sociedad por la libertad”.

Le costó reiteradas llamadas poder entrevistarle por su salud, pero llegó el día y acudió a su casa de Angelu, Lapurdi, y hablaron largo y tendido. “De su lucha por la libertad e igualdad como mujer -feminismo, diríamos hoy, por supuesto-, de anticonceptivos, de la visión machista de aquella sociedad, de su lucha anarquista, de su amor Aransáez, de la lucha en la Guerra, de la ‘derrota’ y el exilio, de formar una familia fuera del odio y siempre a favor de la cultura, del amor por Euskal Herria y el euskera, de su activa lucha antifranquista desde Iparralde…”

Hermosilla fue aquella niña de 14 años que no dudó en ser de la CNT con solo 14 y a la que sus compañeros le llamaron “mocosa” con 18 primaveras cuando quiso salir pitando a luchar en la revolución de Asturias de 1934 con su buzo y pistola de Eibar. Regresó junto a su pareja Ángel Aransaez -hijo del histórico riojano Saturnino Aransaez- y se plantó en julio de 1936 en Otxandio a batallar contra los golpistas. “En Julia y su familia se puede ver nítidamente el sacrificio, la humanidad, tenacidad y compromiso por un ideal, una mujer, un pueblo por su libertad tanto individual como colectiva. Julia -concluye Azurki- fue, en muchísimos aspectos, auténtica vanguardia revolucionaria”.

El cambio de bando de Alejandro Goicoechea

Este mes se cumplen ochenta años desde que el elorriano impulsor del Cinturón de Hierro de Bilbao e inventor del TALGO se sumó a los facciosos en Arlaban

Un reportaje de Iban Gorriti

La cárcel de Gernika durante la Guerra Civil se habilitó en el edificio del Instituto de Enseñanza. Foto: Deia
La cárcel de Gernika durante la Guerra Civil se habilitó en el edificio del Instituto de Enseñanza.

 

EL próximo día 27 se cumplirán ochenta años del paso de Alejandro Goicoechea Omar del bando republicano al sublevado contra la legítima Segunda República, en días de Guerra Civil. Nacido en Elorrio y más adelante inventor del tren Talg,según investigadores consultados, ya tenía pactado con los fascistas su llegada ese día a las posiciones de la IV Brigada de Navarra.

La traición se llevó a cabo de noche en Ventabarri -grafía de la época-, en el puerto de Arlaban. Junto a él también dieron el paso otras personas. Una de ellas fue Unceta, hijo del marqués de Casa Jara, también natural de Elorrio. Goicoechea llevó consigo los planos del Cinturón de Hierro, sistema de fortificación de resistencia ante el avance de los militares golpistas y sus aliados. Este sistema de trincheras, abrigos, nidos de ametralladoras de hormigón y otras fortificaciones fue diseñado por el comandante Alberto Montaud y Noguerol. Lo llevaron del papel al terreno los capitanes Alejandro Goicoechea y Pablo Murga, que fue fusilado. Cuando estos dos últimos faltaron, se hizo cargo de él Vicente Aguirre, ingeniero de caminos de la Diputación de Bizkaia. El Gobierno Provisional de Euzkadi le dio a Goicoechea ese mismo día el grado de capitán que había alcanzado en el Ejército español y que el vizcaino había abandonado en Madrid para trabajar en el ferrocarril La Robla en Balmaseda. Un año después, el bando faccioso también cumplió esta acción. Casi cuatro meses después del aquel 27 de febrero, los fascistas ocuparon la villa de Bilbao el 19 de junio de 1937.

orígenes Alejandro Goicoechea Omar nació en Elorrio el 23 de marzo de 1895 y falleció el 30 de enero de 1984 en Madrid. Cursó estudios de bachillerato en el colegio de los padres jesuitas de Orduña. Este hijo de un farmacéutico vizcaino ingresó en la Escuela de Ingenieros del Ejército, en Guadalajara. Al terminar los estudios, con el rango de teniente, fue destinado al regimiento de ferrocarriles de Madrid.

A los 25 años se apartó del Ejército, con el grado de capitán, e ingresó en la Compañía de los Ferrocarriles de La Robla en Balmaseda, donde trabajó durante veinte años. En la villa vizcaina estuvo a punto de ser concejal por el Partido Monárquico en las elecciones del 12 de abril de 1931. El Ayuntamiento de Balmaseda ha cotejado la información y confirma que en las actas municipales no hay constancia de su presencia. Goicoechea abandonó este municipio para residir en Bilbao tras las siguientes elecciones en las que ya no participó.

Llegó la Guerra Civil y, tras trabajar en el Cinturón de Hierro, se pasó al bando golpista el 27 de febrero de 1937. Un año después, Goicoechea presentó sus teorías en el Congreso de Ciencias de Santander de 1938.

Más adelante desarrolló sus investigaciones en Madrid, con la ayuda financiera de José Luis Oriol, padre de José María y Lucas María, de Oriol y Urquijo, con quién fundó en 1942 la compañía Patentes Talgo S.A. Sin embargo, Goicoechea volvió a dar un giro de 180 grados y se desvinculó de la compañía, antes incluso de que se produjera la inauguración oficial de la primera unidad del Talgo.

El tren fue construido en Estados Unidos y realizó su primer recorrido el 14 de julio de 1950 a lo largo de la línea Madrid-Hendaia. Fue presentado como “el más alto exponente de la tecnología española”.

currículum Otros proyectos del elorriano no vieron la luz: ejemplo de un Tren Vertebrado de Gran Canaria o un plan que cruzara el estrecho de Gibraltar. En una entrevista concedida a RTVE, Alejandro Goicoechea se autodefinía pocos años antes de morir en la capital española como “enemigo de la guerras” y como persona que no se dejaba mandar.

Otra curiosidad sobre el Talgo que inventó es que hubo un intento en Euskadi de construir un Talgo de vía métrica, según informa Juanjo Olaizola, del Museo de Ferrocarril. Su origen se remonta a los propios inicios de esta propuesta tecnológica, cuando todavía se estaban efectuando en la red de Renfe las pruebas con el primer prototipo, el denominado Talgo I. “Fue en el otoño de 1943 cuando los responsables de la recientemente constituida Patentes Talgo S. A. contactaron con los responsables de la Compañía de los Ferrocarriles Vascongados para proponer la explotación de sus trenes en la importante línea de vía métrica de Bilbao a Donostia”.

El proyectó acabó abandonado y, como matiza Olaizola, “pese a los años transcurridos, jamás ha circulado en un tren Talgo sobre vías de ancho métrico”.

La batalla de la propaganda internacional

La Guerra Civil se libró en el campo de batalla y en la esfera internacional. Irujo jugó un papel importante combatiendo con la verdad las mentiras de los fascistas.

Un reportaje de Luis Bilbao Larrondo

Paul Vignaux, profesor de La Sorbona y enviado especial del semanario intelectual católico francés Temps Présent, entrevistó en 1938, en plena Guerra Civil, al dirigente del PNV Manuel de Irujo. Según Vignaux, estaba sumamente agradecido a Temps Présent que le hubiesen permitido entrevistar a una persona de tanta valía democrática como Irujo, quien había desempeñado el cargo de ministro de Justicia y ministro sin cartera de la República, doctor en Filosofía y Letras, abogado de formación y a quien definió como un político consecuente y con una pasión rigurosa por el derecho y por la ley. Fue autor de varios libros sobre temas políticos y sociales además de miembro de la Sociedad de Estudios Vascos. Para Vignaux, Irujo fue un demócrata de enorme fuerza moral y personal, nacido para la paz, el trabajo y la ley civil. Pero Irujo tuvo otra faceta no tan conocida, como fue la de haber sido un gran defensor de la causa vasca y republicana en el ámbito internacional.

Suscitó una gran controversia en la prensa y en la sociedad inglesa un artículo titulado Inglaterra, Italia y España. El caso paz por negociación, publicado en The Sunday Times el 6 de noviembre de 1938, el cual estaba firmado por Scrutator. No se trataba de un articulista cualquiera sino que detrás de ese seudónimo estaba Herbert Sidebotham (1872-1940), uno de los periodistas y escritores de mayor autoridad y de más prestigio del Reino Unido en Política Exterior. Si Scrutator era su seudónimo en The Sunday Times, Candidus lo era, tanto en The Daily Sketch como en“The Daily Graphic. Student of politic, lo era en The Times y en The Daily Telegraph y Student of war en The Manchester Guardian. Fue autor de obras tan importantes para comprender la política exterior de Gran Bretaña, como England and Palestine, Pillars of the state, Political profiles from British Public Life, Labour´s great li” o The sense of things. En este artículo no solo analizó las consecuencias del Pacto de Múnich o el por qué Italia intervino en la guerra de España sino que también porque al Comité de No Intervención lo tachó de haber resultado ser todo un embuste a favor de Franco, porque baste recordar que sus aviones lo mismo bombardeaban ciudades abiertas que barcos ingleses. Sostuvo Scrutator que la cuestión práctica de todo esto no pasaba sino por dar con el mejor procedimiento para resolver el problema español. En uno de los apartados del artículo sostuvo algo muy importante para los vascos, y es que llegó a afirmar que existía otro argumento para lograr la paz por medio de la negociación y ese camino era el de la Solución Federal. Porque, subrayó, que en la Península Ibérica existían cuatro Españas: País Vasco, Galicia, Cataluña y el resto.

Autodeterminación Es más, en otro apartado titulado Home rule o gobierno propio, defendió que el principio de autodeterminación era indudablemente aplicable a los vascos, un pueblo históricamente único, cuyo derecho a disponer del Home rule fue incuestionable hasta hace cien años. No existía entre ellos el comunismo -como gobierno- y la piedad católica se desarrollaba en paz, con libertad y progreso. A los catalanes también tachó de ser compromisers -propensos a la avenencia- por naturaleza y sus elementos extremistas eran de fuera, de otras partes de España.

En ese mismo diario, se publicó una carta al editor de The Sunday Times, el 27 de ese mismo mes, escrita por P. H. Hemingway, de Southampton, quien alabó el artículo de Scrutator al que tachó como admirable. Sin embargo, puso en duda que Franco fuese llamado campeón de la religión, cuando no había titubeado en aplicar las medidas más extremas contra el viejo e histórico pueblo vasco. Gernika y Durango le traían a la mente escenas salvajes sin igual. Acto seguido nombró a otro periodista español, Chaves Nogales, autor de A sangre y fuego, quien se mostró sincero con la desagradable afirmación para los facciosos de que “el terror blanco fue tan brutal como el terror rojo”. Tal vez, sostuvo Hemingway, el lector inglés estuviese, por encima de otras cuestiones, interesado en saber, “qué era lo que piensan las mujeres y niños de las ciudades bombardeadas”. ¿Esa era la tan cacareada generosidad de Franco? Hemingway no solo había echado por tierra buena parte del argumento de los sublevados sino que a tenor de quien respondió, quiere decir que dichos comentarios hicieron mucho daño en la causa facciosa.

El 11 de diciembre de ese año, el marques Merry del Val, antiguo embajador de España en Gran Bretaña publicó un artículo titulado España y los vascos en cartas al editor de The Sunday Times. En él arremetió en términos muy duros e inhumanos y basados en toda una sarta de mentiras contra Hemingway y los vascos, defendiendo a Franco y a los sublevados. Lo hizo así porque al parecer no tuvo agallas de hacerlo contra Herbert Sidebotham, intelectualmente muy superior, y a quien le precedía su intachable reputación y también por miedo a que todos los medios de prensa en los que escribía Scrutator hicieran campaña contra los sublevados de Franco. No se entiende de otra forma, porque más lacerante que lo dicho por Hemingway, para los facciosos, tuvo que ser, sin duda, lo que Scrutator había llegado a afirmar sobre el derecho de autodeterminación de los vascos.

La ‘fábula’ de Gernika El marqués, no obstante, empezó por acusar a los vascos con toda una serie de falsos argumentos: desde que Irujo y Monzón habían sido cómplices de varios asesinatos, a que el bombardeo de Gernika fue una fábula, una invención y que el de Durango ocurrió por culpa del Gobierno vasco. Dejó caer, que ni tan mal para los facciosos, ya que en su mayoría las víctimas habían sido nacionalistas vascos. Sostuvo que el que fuesen mujeres y niños no fue sino consecuencia de la guerra moderna.

Irujo respondió a estas graves acusaciones desde The Sunday Times del 14 de ese mes. Sobre el que hubiera tantas ideologías en Euskadi, le respondió que fue debido a que Euskadi era una democracia que respetaba celosamente la libre expresión de ideas. Irujo exigió que se retractara de sus acusaciones y el 25 de ese mes, en otro artículo, el marqués se retractaba, no solo de las acusaciones hechas a Irujo y a Monzón sino que también de aquella otra, de que las mujeres que estuvieron en los barcos cárceles de Bilbao, -que ya lo estaban antes de que el Gobierno vasco se instituyera-, no fueron asesinadas como él dijo, sino que fueron puestas en libertad inmediatamente por la Cruz Roja en Francia, gracias a la gestión del Gobierno vasco. Irujo aportó pruebas materiales de las matanzas de curas vascos por las tropas de Franco (Le Clergé basque. Chez H.G.Peyre, París), así como testimonios escritos del Dean de Canterbury y de la Comisión Inglesa en Durango, testigos en primera línea del brutal bombardeo. Aportó pruebas de la existencia de 60.000 mujeres, sacerdotes y hombres del País Vasco en campos de concentración y prisiones de Franco, de cómo 14.000 vascos fueron asesinados tras las líneas por los franquistas y que un año después de haber caído el País Vasco seguían siendo ejecutados.

De hecho, aportó las listas de fusilados, pueblo por pueblo, avaladas por la Comisión de Canje de Prisioneros y por sir Philip Chetwode. De la exquisita conducta de los dirigentes vascos, con todos, sin exclusión, aportó las cartas de los embajadores de Gran Bretaña, Holanda, Bélgica, Francia y Estados Unidos que así lo atestiguaron. Proporcionó incluso cartas de amigos facciosos del marqués que agradecían a Irujo y al Gobierno vasco el haberles salvado la vida a riesgo de perder la suya, tales como monseñor Gandasegui, monseñor Egino, Hernando de Larramendi o el conde de Romanones. Irujo acreditó también documentación que demostraba que el obispado español había servido a la rebelión militar.

Irujo, para entender la poca catadura moral de los facciosos, aportó como información una carta, que explicaba cómo, pocos meses antes, varios periodistas ingleses y un informador en San Juan de Luz, tuvieron conocimiento de una reunión del duque de Alba, junto a Areilza, Ibarra y el Dr. Marañón en la que se quejaban amargamente de que los vascos hubiesen hecho cambiar la opinión internacional hacía la República porque les había impresionado profundamente, a los políticos y medios de países como Francia o Gran Bretaña, la personalidad del lehendakari Aguirre. Las noticias para los facciosos no eran nada buenas porque a esas alturas las ayudas económicas, gracias a la influencia de los vascos en toda América, iban mayoritariamente hacia el Gobierno vasco y la República. El Dr. Marañón propuso como venganza, organizar una campaña contra los vascos. El duque de Alba expresó su pesimismo respecto de Inglaterra, sabedor que el Foreing Office abogaba por la solución federal frente a la monarquía, por ser esta una mejor solución para los británicos. Quedaron los allí presentes, en maquinar una campaña de difamación contra el lehendakari Aguirre, acusándole de ladrón y de llevar una vida licenciosa. Así actuaba esta gente, según Irujo.

Mr. Jack Leche Irujo se entrevistó poco después con el editor de The Sunday Times y le acompañó el diplomático Mr. Jack Leche quien había actuado como agregado comercial de Gran Bretaña en España, con quien trabajó en la Comisión de Canje de Prisioneros y que sería poco después nombrado nuevo embajador inglés en Guatemala. Este diplomático, amigo de Irujo y de su familia, que se declaró siempre amigo de los vascos, también se ofreció ante el editor de The Sunday Times a testimoniar la verdad de Irujo, tanto por carta como personalmente. El editor se quedó muy impresionado porque este diplomático poseía un bagaje y una reputación fuera de toda duda en el Foreing Office. De esta forma, detuvieron las mentiras del marqués y que siguiese difamando y mintiendo en otros medios. Es más, Irujo y los vascos se habían ganado al gobierno de los conservadores. De hecho, Jack Leche creía que era el mejor momento para propagar por Gran Bretaña la causa vasca y republicana. El diplomático inglés contó ante los presentes, que cuando pasó por Biarritz, un grupo de facciosos -entre ellos estaba algún hijo del marqués- le comentaron: “Menuda pretensión la de estos vascos y catalanes, ¿por qué no han de ser iguales que los restantes españoles?” Él les contestó: “Pues señores, por la sencilla razón de que no son españoles, a nosotros nos costó demasiado comprender esta situación en Irlanda para que la olvidemos mirando a España”. Mr. Leche le dijo algo más al editor de The Sunday Times, y fue que Merry del Val estaba totalmente desacreditado en el Foreing Office y que si el marqués tuviera treinta años menos y se encontrara con él en las calles de Londres, le daría dos guantazos por difundir tantas mentiras contra los vascos. Los vascos y por ende la República, habían ganado aquella batalla de la propaganda internacional.