Con el cadáver de Primo de Rivera a cuestas

Apresado por los franquistas, el gudari de Getxo Román Sabino Aguado cargó con el ataúd del dictador hasta Madrid

Un reportaje de Iban Gorriti

Los restos de Franco y de Primo de Rivera permanecen en el Valle de los Caídos.
Los restos de Franco y de Primo de Rivera permanecen en el Valle de los Caídos. Foto: Efe

eL pasado 11 de mayo el Congreso de los Diputados aprobó por amplia mayoría y solo con la abstención del PP una proposición no de ley para que los restos de dictador Francisco Franco y del fundador de La Falange Española de las JONS José Antonio Primo de Rivera fueran exhumados y trasladados de su lugar en el Valle de los Caídos. La resolución no tiene carácter vinculante y el Gobierno de Rajoy los mantendrá en el mausoleo. En el caso del hijo primogénito del dictador Miguel Primo de Rivera -a diferencia de Franco sí fue un caído de la Guerra Civil- los restos se moverían a un “lugar no preeminente” de la basílica. Ambos, curiosamente, perdieron la vida un 20 de noviembre.

En la familia de Agurtzane Aguado, la presidenta del centro vasco uruguayo Euskal Erría de Montevideo, siempre han recordado un episodio relacionado con José Antonio Primo de Rivera. Lo sufrió su padre, Román Sabino Aguado Ansoleaga, gudari nacionalista vasco de Getxo quien apresado por los franquistas durante la Guerra Civil fue obligado a servir en el bando golpista y sus aliados.

Una de las empresas que Sabino tuvo que llevar a cabo si quería seguir con vida fue la custodia del traslado del cadáver de José Antonio Primo de Rivera desde Alicante, donde fue fusilado por los republicanos el 20 de noviembre de 1936 a las 06.20 horas, hasta El Escorial en Madrid. Años más tarde, su cuerpo volvería a ser exhumado y enviado a la basílica del Valle de los Caídos.

La muerte de José Antonio fue silenciada por los sublevados contra la legítima Segunda República, por lo que se le denominó El ausente. Dos años después sus restos se trasladaron desde un nicho del cementerio alicantino de Nuestra Señora del Remedio a San Lorenzo de El Escorial. El interminable periplo de aquel ataúd forrado en terciopelo negro duró diez días. Sabino tuvo que estar allí rodeado de los falangistas que como él custodiaban los restos.

“Mi padre recordaba varias cosas de aquellos días. Decía que nunca iba a olvidar el hambre que pasó entonces y el frío de aquellas noches en las que solo tenían para cubrirse las capas”, rememora Agurtzane y matiza que “les obligaron a hacer las guardias a caballo durante el trayecto que les llevó días. Es más, dormían en la misma carretera hasta que llegaron con los restos a El Escorial”.

Estos sucesos ocurrieron los últimos días de noviembre de 1939. Dos años antes, cuando Sabino era gudari de un batallón que la familia desconoce -apareció en nóminas del Euzko Gudarostea un Sabino Aguado en Fortificaciones-, fue testigo directo del bombardeo de Gernika del 26 de julio de 1937. “Mi padre nos contaba el horror y la desgracia que sintió aquel día al no poder ayudar a los que se estaban debajo de los escombras muriéndose porque con el calor que tenía el suelo se quemaban ellos”, evoca Agurtzane.

A groso modo, por medio de recuerdos, la familia de Sabino hilvana la vida del gudari que a su vez era hijo de gudari. Antes de la guerra repartía la revista Jagi-Jagi por Sopela, Berango, Algorta… Con 16 primaveras estalló la guerra y él contaba que había estado en la batalla de los Intxorta “donde vio por primera vez a los moros cubierto con pieles de oveja”.

Estuvo preso dos días en el Sardinero. “En Santander no les querían. Según su relato y el de otros amigos les llegaban a arrojar agua hirviendo”. De allí, fue destinado a caballería mora. Como prisionero, tuvo que combatir en las filas de Franco en el Alto de los Leones y a escoltar los restos de Primo de Rivera. Estuvo bajo las órdenes del capitán Ávila y del general Ibáñez de Aldecoa. Acabada la guerra, le llamaron para hacer la mili a los pocos días de casarse en 1945. “Se suponía que ya la había el servicio militar en la guerra”, explica Agurtzane desde Uruguay.

En 1949, los franquistas le denegaron el permiso para navegar en la marina mercante y “no podía salir de Euskadi” porque trató de ir a México o Venezuela. El cónsul uruguayo Juan Ansa, sin embargo, le preparó los documentos para exiliarse en el país que representaba, al que llegó en 1954. “En 1960, Franco nombró a Ansa persona non grata por asistir a una cena que le dispensaron euskaldunes como aita y el régimen le dio como destino Burdeos”, recuerda.

Desde que pisó tierra uruguaya, Sabino siempre trabajó por la causa vasca. Su padre, el también nacionalista vasco Federico Aguado Sustacha, nació en el Puerto Viejo de Algorta en 1891 y también fue gudari, aunque tampoco conocen de qué batallón. Uno de sus hijos (hermano de Sabino) falleció en la cárcel.

Federico, según información familiar, también estuvo preso en el Sardinero, en el Dueso de Santoña y en Santa María de Cádiz. Tuvo tres penas de muerte. La Sociedad de Ciencias Aranzadi ha encontrado su nombre en un procedimiento sumarísimo de Urgencia, el 867/37 que tuvo lugar en Bilbao después de junio de 1937. Conmutadas las penas fue encarcelado en incontables ocasiones por su apoyo a las ideas del PNV y sufrió secuelas de enfermedades contraídas en prisiones. “A aitita, la Guardia Civil le ponía panfletos en el bolsillo para detenerle. Por ello, salía una vez al mes a la barbería y darse una vuelta por el pueblo. En mayo de 1956 hizo su última salida de casa. Fue detenido y a los pocos días falleció en casa”, asevera.

El coro vasco en el exilio

Eresoinka, que formó parte del servicio de propaganda del lehendakari José Antonio Aguirre, acababa las funciones al grito de “Gora Euskadi Askatuta!”

Un reportaje de Iban Gorriti

ILos integrantes de Eresoinka, durante una actuación en el Teatro de Chaillot de París que puso el broche a una gira por Europa.
Los integrantes de Eresoinka, durante una actuación en el Teatro de Chaillot de París que puso el broche a una gira por Europa. Fotos: Sabino Arana Fundazioa

la cultura también es arma para la guerra. Lo demostró entre 1937 y 1939 el coro del exilio vasco Eresoinka del Gobierno Provisional de Euzkadi con el grito “gora Euskadi askatuta!” que lanzaba al final de sus funciones. Así lo ha recordado siempre a los medios de comunicación Inazita Olaizola, una de las últimas integrantes con vida de la agrupación. El pasado 6 de mayo, sábado, falleció otra compañera de la agrupación, Margarite Trueba Enbil. Sumaba 101 eneros y era hermana de otras dos mujeres que pertenecieron a la coral. Asimismo, las tres contrajeron matrimonio con otros tantos varones de la formación.

Queda por saber si mantienen viva la llama otras personas como la zornotzarra afincada en Bilbao Miren Derteano. Sí perduran aún sus palabras. “La guerra con el Arte, es la mejor forma de hacerla, cantando y bailando”, amplificaba Inazita Olaizola, solista principal de Eresoinka en el documental Voces de papel. Un ensayo sobre el movimiento, de Estibaliz Urrosola. “¡Eresoinka era la belleza absoluta!”, ensalzaba con la magia de sus manos Miren Derteano a DEIA junto al piano de su hogar en Bilbao tras la grabación del cortometraje Oroitzapenak: Acordes para la memoria, de Ibai Elortza y Gregorio Arrien.

Precisamente, Arrien detalla en su libro Salvad a los niños! Historia del exilio vasco en Gran Bretaña el despertar de Eresoinka como uno de los “servicios de propaganda y cultura” del Gobierno de Aguirre. Al habla con él, el escritor lamenta que “se conozca tan poco nuestro pasado de hace 80 años. Historias como la de Eresoinka debieran salir al conocimiento de la ciudadanía. No solo los huesos deben ser memoria, el instituto Gogora también tiene que ahondar en el exilio. Siempre digo que tres cuartas partes del exilio están sin estudiar”, sostiene.

Urrosola resume que el calendario se detuvo el 19 de agosto de 1937. El totalitarismo de los generales golpistas y aliados avanzaba inexorablemente. Desterrado en Santander, José Antonio Aguirre llamó al músico Gabriel Olaizola para encomendarle una misión: “Habremos perdido la guerra, pero es nuestro deber seguir combatiendo desde el Arte”, dijo. En ese contexto nació Eresoinka, “la mayor agrupación interdisciplinar de arte vasco que conquistó París y los mejores escenarios europeos vehiculizando un mensaje de paz”, valora Urrosola.

Gregorio Arrien proclama que el coro fue “un formidable grupo de cantores, dantzaris y músicos dirigidos por Gabriel Olaizola y Jesus Luisa Esnaola”. Entre sus integrantes había personalidades como Luis Mariano, Pepita Enbil (madre del tenor Plácido Domingo y familiar a la fallecida Margarite Trueba) y el director de orquesta Enrique Jordá. Lograron el éxito con el apoyo del público en Francia, Holanda, Bélgica y Gran Bretaña. Era lo que se denominaba “un Coro Nacional Vasco”. El lehendakari Aguirre escribió en una carta a Rafael de Picavea y Felipe de Urkola las siguientes palabras: “Tengo la ilusión de que nuestro coro sea lo mejor que hayan escuchado los públicos selectos de Europa y América”.

Una de aquellas voces era la de Margarite Trueba, fallecida hace una semana. “Anduvo por el mundo cantando a la paz, tras perder una guerra y prepararse para otra que le llevaría al exilio de Venezuela”, subraya el exsenador Iñaki Anasagasti, que encuentra paralelismos entre la vida de la de Zumaia y la de su madre. “Para nuestra familia era una persona muy cercana ya que nació el mismo mes y año que mi ama, fueron juntas a la escuela en Zarautz, se casaron el mismo día, enviudaron el mismo año y cada enero se felicitaban por sus cumpleaños y se contaban sus cuitas y cómo había sido su vida en Zarautz y en el exilio”, describe.

El exalcalde de Beasain José Luis Arriola es sobrino de la finada e hijo de madre y padre integrantes de Eresoinka, Maitane y José Luis. “Cuando la tía cumplió 101 años aún tenía muy bien la mente, aún entonaba canciones como Bili bili bonbolo. Son personas que las han pasado canutas. Un ejemplo es que cuando salieron de Cantabria hacia el exilio tuvieron que dejar a la abuela en puerto y les dijeron en Iparralde que había embarcado en el Galdames que apresó el franquista Canarias. Le dieron por muerta y al poco apareció en Francia”, expone.

Homenaje La televisión pública francesa homenajea hoy a Eresoinka. Así lo ha dado a conocer el portal About Basque Country. Será en el programa Txirrita de France 3, sobre “el nacimiento y el trabajo que Eresoinka realizó a lo largo de Europa en defensa de la causa del pueblo vasco y la democracia. Una defensa realizada usando como única arma la cultura popular de nuestra nación, sus canciones y danzas”.

Anasagasti apostilla una última valoración. “Por ley de vida se van estas personas tan queridas, y aunque no sean conocidas hoy por la sociedad, jugaron en su día un gran papel e hicieron algo tan hermoso por la causa vasca como cantar a la paz y a la vida de un pueblo al que se quería destruir”, zanja.

Isaac Puente, el santo laico

Isaac Puente es el anarquista vasco más conocido fuera de Euskadi por sus escritos. Sus conocimientos y valores le convirtieron en un adelantado a su época

Un reportaje de Iban Gorriti

Imagen de la cartera de identidad de Isaac Puente.
Imagen de la cartera de identidad de Isaac Puente. Foto: Archivo de José Ignacio Orejas

del mismo modo que Ortega y Gasset presentaba al socialista Pablo Iglesias como un “santo laico”, hay autores que recogen el pensar del pueblo vasco y denominan al médico anarquista Isaac Puente Amestoy -asesinado por los militares golpistas en los primeros días de la última Guerra Civil- con estas dos mismas palabras. La expresión es de antítesis por la postura anticlerical de las siglas ácratas y, de hecho, a la actual representación del anarcosindicalismo no le agrada que se le considere de ese modo.

El exsecretario general del Comité Nacional de CNT, Luis Fuentes, desconocía que al científico revolucionario vizcaino asentado en Maeztu (Araba) se le conociera como “santo laico”. Consultado también el miembro de la Comisión de la Memoria Histórica de CNT Iñaki Astoreka, asegura que estaba al corriente y más adelante aporta un argumento para esta definición difundida por autores como el anarcosindicalista Ramón Liarte. Este escritor fallecido en 2004 publicó el libro Entre la Revolución y la Guerra. En él, decía textualmente: “El médico de la provincia de Álava era un santo laico, un apóstol del saber”.

Abundando en este argumento Astoreka agrega: “Sí. He leído que le llamaban así. Ahora bien, a mi forma de pensar hay que diferenciar una cosa: que Puente fuera un santo laico es una expresión del pueblo; no de la organización”, enfatiza.

Diferentes interlocutores coinciden en la razón por la que fuera conocido de tal modo en la sociedad de la época. Astoreka, Fuentes, Juan Gómez Perín (de la Asociación Isaac Puente) o Josu Arteaga, periodista y autor de Historia universal de los hombres gatos, coinciden en un concepto: el “humanismo” de Isaac Puente. “Le llamarían así porque era un buen hombre. Fuera de sus horas de consulta médica atendía a personas sin recursos”, reflexiona Astoreka.

Por esa misma senda camina la opinión de Josu Arteaga: “En un número de la desaparecida revista Resiste leí que lo que cobraba por las consultas médicas a la hija del patrón de la fábrica de asfaltos de Maeztu, lo desviaba a los obreros en huelga de la fábrica de asfaltos, para que pudiesen seguir manteniendo a sus familias sin dejar la huelga”.

Juantxo Estebaranz formó parte de la citada revista. Este doctor en Historia Contemporánea tecleó como Liarte en su libro Breve historia del anarquismo vasco que “Isaac Puente fue un santo laico que enfocó su vida personal y profesional desde la ética anarquista”. Luis Fuentes contribuye con su visión: “Fue un hombre de interés social y político. Fue un revolucionario que abogaba por la transformación de la sociedad”.

De todos modos, el mayor enigma es la muerte de este autor de escritos pragmáticos sobre el comunismo libertario nacido en San Pedro de Abanto el 3 de junio de 1896, como detalla su cartilla de colegiado, cortesía de José Ignacio Orejas.

Hay investigadores que estiman que al estallar la Guerra Civil, este científico naturista afiliado a la CNT y FAI que rechazó en la Dictablanda ser diputado huyó a la montaña alavesa, pero “volvió a Maeztu para curar a un herido, lo que le acostaría su apresamiento. Como otros muchos revolucionarios de la comarca de Maeztu sería asesinado”, mantiene en su tomo Estebaranz.

Fuentes asegura que ese apresamiento es un dato que se ha heredado, pero nunca confirmado. “No ha habido forma de que hablara nadie. Yo creo que Isaac Puente es uno de los cuerpos que se llevaron al Valle de los Caídos. A las personas conocidas, les llevaban tras asesinarles allí como una forma de castigo más. Se ha dicho que pueda estar en una cuneta por Pancorbo, pero yo creo que está en Madrid”.

Astoreka reflexiona al respecto: “Su asesinato a los 40 años por el fascismo: falangismo, carlismo, militares, iglesia y capital truncaron una vida llena de ideales cuyas raíces hubiesen arraigado en la sociedad. Su ideología, su humanismo hacia los desvalidos, fueron su tumba”.

En aquellos días, Gasteiz recibió la visita del fundador en 1920 de La Legión y de Radio Nacional de España, Millán Astray, “el militar cojo, manco y tuerto”. Algunas fuentes creen que la llegada del gallego precipitó una serie de ejecuciones que dictó Ruiz de Apodaca, entre ellos la de Puente, el humanista, el naturista, el ideólogo,… “un adelantado a su época”, coinciden los consultados, ya que, por ejemplo, la Inquisición española tuvo su fin en 1808.

Y es que Puente abogaba por los medios anticonceptivos sobre los que escribió en sus manifiestos, se mostraba partidario del fin de la prostitución (la carne hay que sustituirla”, escribió en su libro El comunismo libertario y otra proclamas insurreccionales); urgía a una mayor higiene que la que había en la época; era un amante del alpinismo; apoyaba el feminismo… “Puente tiene a día de hoy muchísimo peso en el anarquismo estatal”, enfatiza Gómez Perín. “Quizás sea el anarquista vasco más conocido allende nuestras fronteras por sus escritos pragmáticos sobre el comunismo libertario”, apostilla Estebaranz.

Hace 80 años, su muerte dio nombre al batallón Isaac Puente, formado en septiembre de 1936, siendo el batallón nº 3 de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y nº 11 del Euzko Gudarostea, unidad en la que luchó por las libertades entre otros el bilbaino-mirandés Félix Padín Gallo de quien se acaba presentar su memorias oficiales bajo el título “República, guerra y campos de concentración”.

El británico Robert Egby, un zahorí para un bombardeo

El escritor británico Robert Egby busca con sus varillas y su péndulo el centenar de cuerpos que sepultaron las bombas italianas bajo una fosa común en el cementerio de Durango

Un reportaje de Iban Gorriti

Robert Egby, mientras buscaba la fosa común con sus varillas y su péndulo, la semana pasada en el cementerio de Durango. Robert Egby, mientras buscaba la fosa común con sus varillas y su péndulo, la semana pasada en el cementerio de Durango. Foto: I. Gorriti

la radiestesia marcó el camino para hallar el cuerpo del Ché Guevara. O eso piensan algunos. En Euskal Herria, hasta la fecha se desconocía si alguien había tratado de buscar restos humanos por medio de esta técnica especial que se atribuye a determinadas personas de poder percibir las radiaciones electromagnéticas. El péndulo y las varillas sí se han utilizado por estos lares por los zahoríes para descubrir manantiales u otro tipo de yacimientos subterráneos.

Desde hace tres semanas, un escritor y excorresponsal de guerra como es Robert Egby, de 85 años, ha utilizado sus conocimientos de radiestesia en el cementerio de Durango. Todo lo relacionado con su persona y su esposa Betty Lou es, de algún modo, mágico, histórico, ternura y vitalidad desbordante y continua. No se presentan muchas ocasiones para compartir momentos con personas tan viajadas y vividas.

Egby ha escrito trece libros a lo largo de su vida. Su última novela se titula, en su traducción al castellano, Por el amor de Rose y en sus páginas llega a situar a sus protagonistas en los bombardeos de Durango del 31 de marzo de 1937 y días posteriores. También los ubica en Elgeta, pueblo en el que el pasado viernes impartió una conferencia junto al biógrafo del corresponsal de guerra George L. Steer, quien como Picasso puso a Gernika en el mapa terráqueo por el raid aliado del 26 de abril de 1937, del que el miércoles se cumplirán ochenta años.

Dos años y medio después de su primer viaje a Euskadi, el matrimonio ha retornado con el afán de investigar aún más en el capítulo histórico y escribir una secuela del tomo citado. “Tal vez la titule Urkiola, pero tengo otro nombre posible”, revela Egby quien para su primer libro descartó el episodio de Gernika-Lumo. “Vi que de Gernika se escribía mucho y de pronto encontré Durango y dije, este es mi bombardeo”, sonríe.

En su segunda visita a Bizkaia, tuvo noticia de que una enigmática y mimada zona del camposanto de Durango suma ocho décadas sin tocarse y se estima que un centenar de cuerpos muertos por las bombas italianas en la villa puedan estar enterrados bajo ese gran prado intacto circundado por tumbas. Se cree que pudiera ser la mayor fosa común resultante de un solo hecho histórico.

Allí volvieron Robert y Betty Lou, junto a Jimi Jiménez, de la sociedad Aranzadi. “Las varillas me dicen que aquí sí hay cuerpos enterrados. Creo que son 21 personas”, detalla al periodista y agrega que el lugar “tiene muy buena energía”, explica quien saluda con abrazos y quien busca superarse cada día. Un ejemplo, para volver a Euskadi lleva dos años estudiando castellano vía Skype con una profesora residente en Eslovaquia y con un pequeño Fiat recorren Durango, Urkiola, Elgeta, Donostia, Ainhoa… con el objeto de informarse lo mejor posible para su libro, aunque sea como colchón de una historia de ficción.

La vida de Egby es historia mayúscula. Con 16 años, el inglés reunió a unos amigos e hizo su primera comedia muda que llegó a los periódicos. Para entonces ya había conseguido un trabajo de mensajero para un estudio de animación. “Aprenderás mucho”, le dijo David Hand, tomen nota, era el productor de Walt Disney de películas como la histórica Bambi.

Aprendió a dibujar, pintar, escribir y fotografía. Diez años después, siendo corresponsal de guerra en Chipre, fue agasajado con una mención especial por una foto que fue portada de casi todos los diarios británicos. Corría 1956. Egby pasó 13 años en la guerra de Oriente Medio. “Tres años en Egipto con United Press y para el Financial Times, luego en el Canal de Suez, Israel, Jordania, Líbano, Chipre, y de allí fui a trabajar a Alemania, Canadá y por último a Estados Unidos donde vivimos”, taquigrafía quien con Betty Lou y sus chihuahuas, Satchmo y Bubba, residen en Pemberton, Nueva Jersey y Chaumont, norte de Nueva York, donde realizan talleres sobre la conciencia superior, radiestesia y energías de la Tierra.

lazos con durango Entre sus incontables anécdotas, Egby recuerda cómo estuvo presente en el rodaje de la famosa película Exodus, de Otto Preminger. “En el set reconocí a un antiguo terrorista greco-chipriota que hacía el papel de soldado británico. Cuando la imagen llegó a los periódicos de Londres, fue un escándalo. El rodaje se suspendió dos días mientras Preminger solucionaba las cosas. Le dije que lo lamentaba. Me respondió: No te preocupes, solo hacías tu trabajo”, sonríe.

Ayer tomó parte en la jornada Erresistentzia con recreación de la batalla de Elgeta, acto organizado por Intxorta 1937. “Durango, Elgeta y todo Euskadi tiene un lugar en nuestros corazones. Vinimos tras el rastro de una guerra y llegamos al País Vasco a investigar cómo fue. En el proceso de aprendizaje de su historia hemos llegado a amar y apreciar la cultura vasca. Gora Euskadi!”, enfatiza quien aporta pinceladas de la trama de Urkiola que arrancará en Kurutziaga kalea, de Durango, con una niña muerta por el bombardeo y el joven Mikel junto a ella y exiliado al Reino Unido. Allí la Inteligencia Británica lanzará una operación para asesinar a Franco durante una visita a Euskadi y tiene en sus filas a “Mikel Zabaleta, oficial de 22 años, francotirador que habla euskera, castellano, un poco de árabe e inglés. Mediante hipnosis recuerda lo que ocurrió en el bombardeo, él hijo de un propagandista del lehendakari José Antonio Aguirre”, adelanta el nacido el 14 de febrero de 1932 en Maidenhead, Windsor.

Doblan las campanas por los ocho asesinados en Zeanuri

La parroquia de Arratia oficia hoy una misa de recuerdo a los vecinos asesinados por el bando franquista y el republicano en una misma jornada, el 7 de abril de 1937

Un reportaje de Iban Gorriti

SI me asesinan, antes llegaré al cielo”. Esta frase forjada en euskera por el párroco de Zeanuri en 1937, Benito Atutxa, fue profética. Él fue uno de los ocho asesinados en diferentes localizaciones del municipio el sangriento 7 de abril de 1937. Fueron muertes causadas por los dos bandos que protagonizaron la Guerra Civil derivada del intento de golpe de Estado de julio de 1936.

Por un lado, milicianos del Eusko Gudarostea acabaron con la vida de dos pastores, del párroco de la localidad, de un concejal del PNV y de un franciscano cuyo cuerpo no ha sido encontrado. Por el otro, en un bombardeo fascista sufrido esa jornada, murieron el joven carpintero de 18 años Jesús Urutxurtu, y un miliciano del batallón comunista de Perezagua, Cristóbal González, según detalla el registro civil consultado gracias a la Sociedad Aranzadi.

Con motivo de los 80 años que se cumplieron el viernes de esta tragedia, hoy, Domingo de Ramos, la parroquia de Zeanuri oficiará una misa a las 11.30 horas. “Como fueron muertos causados por los dos bandos, vamos a hacer un ejercicio de memoria inclusiva”, valora el párroco José Mari Kortazar.

La lista de muertos aquel día es la siguiente: las balas de milicianos mataron a los pastores de Beretxikorta Florencio Etxebarria y Ramón Etxebarria, el párroco Benito Atutxa, el edil jeltzale León Zuluaga, y el franciscano Bizente Ozerinjauregi. En el bombardeo fascista perdieron la vida, al menos, el joven carpintero Jesús Urutxurtu, el labrador Esteban Astondoa, y el miliciano Cristóbal González.

La Causa General redactada en 1941 por el Ayuntamiento de Zeanuri informa cómo fueron algunos de los ocho asesinatos. Así, por ejemplo, asegura que el cura párroco de Santa María tenía 55 años y murió a tiros de pistola cerca de la iglesia de San Isidro, apareciendo su cadáver a la mañana siguiente en la margen del río anexo a este templo. Fue levantado a las cuatro de la tarde del mismo día siendo conducido en un automóvil al cementerio del vecino pueblo de Areatza “donde está sepultado”, detallaba.

Según su información, Atutxa fue asesinado por dos milicianos del Batallón Perezagua del Eusko Gudarostea. Estas mismas personas, aducen, acabaron con la vida de León Zuluaga Beldarrain, de 36 años, labrador y “nacionalista vasco que desempeñó el cargo de concejal durante la dominación roja”, valoraban los franquistas.

En el caso de Bizente Ozerinjauregi Uria, religioso franciscano, el informe comunica que fue detenido por soldados “del Batallón Durruti de CNT, según unos, y del Perezagua, según otros”. Fue conducido desde su caserío al centro del pueblo ignorando cuál sería su suerte. “Se puede suponer que fue asesinado en algún lugar apartado. Se dice también que fue enterrado en el barrio de Undurraga, pero sin prueba alguna de valor”.

Ozerinjauregi, detallan, “desempeñaba el cargo de Superior del Colegio Seráfico de San Pantaleón de Arras. Sus familiares son del partido de derechas españolas”.

Ramón Etxebarria Beitia tenía 71 años, según la Causa General. Era labrador y de ideología nacionalista vasca. Su cadáver fue encontrado en el barrio de Altzusta a la salida de un refugio. Presentaba un tiro de pistola en la cabeza. “Según declaración de su esposa, fue asesinado por dos jefes del batallón Perezagua, sin precisar graduación, únicamente sabe que tenía estrellas”, imprimen.

Del caso de Florencio Etxebarria Gallarta, labrador de 48 años, registraron que su filiación política era nacionalista vasca. El lugar del hallazgo y razón de la muerte fueron los mismos que el de Ramón Echevarria, del caserío contiguo al suyo.

El régimen franquista entrevistó a principios de los años 40 a familiares de las personas asesinadas para obtener estas informaciones. En el caso de Benito Atutxa, a las hermanas Simona y Margarita Atutxa; en el de León Zuluaga Beldarrain, a su viuda Florencia Zuluaga Atucha; en el de Ramón Echevarria Beitia, a su viuda Francisca Arteche Mugaguren, y en el de Florencio Echevarria Gallarta, su viuda Marta Gorostiaga Egaña.

Hasta la fecha, el legado oral había señalado como autores de estas muertes a “milicianos asturianos comunistas”. Sin embargo, la información aportada por Aranzadi cita a los batallones vascos Perezagua, comunista, y Durruti, anarquista. Además, la creencia popular era que en el bombardeo fascista del 7 de abril de 1937 había muerto una sola persona y que era “el niño” Jesús Urutxurtu. El registro civil informa de que este zeanuriarra tenía 18 años cuando murió en el raid y detalla que de oficio era carpintero.

El sacerdote Martín Orbe, en su introducción al libro Consejos de guerra contra el Clero vasco. La Iglesia vasca vencida, ya hablaba de seis muertos en aquella negra jornada. A su lista hay que agregar al franciscano Ozerinjauregi y al miliciano González. El prólogo de Orbe informaba de que aquel 7 de abril el bando golpista llevó a cabo un bombardeo sobre Zeanuri en el que murió el joven Jesús Urutxurtu. “El bombardeo realizado por los -autocalificados- nacionales el mismo día tuvo por objetivo destruir la batería tanto de artillería ligera como pesada situada en el barrio Zulaibar. Además de los destrozos en edificios e instalaciones, fueron bastantes los civiles heridos; e incluso, dos muertos, Esteban Astondoa en el citado barrio Zulaibar y Jesús Urutxurtu en la plaza del pueblo”.

gritos de angustia En Zeanuri conservan un diario de Elena Rotaeche en el que se recoge el dolor picassiano de una madre, la viuda Rosario Fernández de Larrinoa, que vio cómo una bomba mataba en la plaza a su hijo Jesús Urutxurtu. “Vamos al refugio de debajo del puente, a donde nos trasladamos todos hasta que anochece y ya no hay temor al bombardeo. Allí se dan escenas trágicas como la de una viuda a la que avisan de que una bomba acaba de sepultar a su hijo. Aquella mujer pierde la razón y es horrible oírle los gritos de angustia”. El caso del franciscano Bizente Ozerinjauregi Uria, nacido en el caserío Goikiri el 1 de octubre de 1899, sigue siendo un misterio. “Estando en un caserío del barrio de Altzua, unos milicianos lo sacaron de casa y nunca más se encontró su cuerpo”. Ocho décadas después, un familiar de aquel religioso ha dado a conocer un dato más sobre aquella muerte. “Luis, un hermano del fraile, siguió a los milicianos. Uno de ellos se volvió y le amenazó: “Si nos sigues, vas a acabar como él”, narra emocionado.