HE by MNG, blanco que te quiero blanco

 

La semana de la moda barcelonesa comienza a convertirse en uno de los clásicos continentales. Los grandes del sector textil estatal -una de las referencias a nivel mundial- están mostrando del 27 al 31 de enero en el Born Centre Cultural sus propuestas en una edición (la 13ª) en la que la presencia de compradores extranjeros y modelos de caché destaca sobremanera.

 

Alessandra Ambrosio e Irina Shayk son las modelos de renombre que pondrán sus caras -y sus cuerpos- a disposición de los diseñadores de Mango y Desigual. Entre los modelos masculinos destacan Andrés Velencoso y Jon Kortajarena. La punta de lanza de un certamen donde hasta 34 diseñadores y marcas nos mostrarán las últimas novedades: Albéniz, Brain&Beast, Custo Barcelona, Desigual, Escorpion, Isabel Toledo (la diseñadora cubana que vistió a Michelle Obama en las investiduras de su marido debuta en Europa), Josep Abril, Krizia Robustella, Mango, Manuel Bolaño, TCN, Torras, etc…

 

 

Mango, como en casa

 

Si hay una marca que se siente como en casa en el 080 es Mango. La empresa de Isak Andic, junto con Inditex máximo exponente de la moda española, ha sido una de las que más ha apoyado el certamen y ahora es una de las que más beneficios cosecha: no sólo por el eco en las redes sociales sino por su repercusión en medios “clásicos” gracias a sus modelos o a su espacio preferente en la muestra.

 

La inauguración corrió de su cuenta con una mezcla de macrodesfile y fiesta repleta de personalidades, invitados en el Open Area y medios en los que se dio un lugar preferente al lanzamiento de Mango Kids, Violeta (la línea de tallas grandes) y a la colección H.E. que está viviendo un proceso de expansión sin precedentes -lo reconocemos, es una de nuestra favoritas-.

 

Su propuesta, por cierto, nos lleva directamente a los ’90. Una paleta sencilla de colores: blanco (mucho blanco), negro, azul, gris, beige, y denim muy claro y desgastado. La mezcla de estilos (trajes azules añil con sudaderas; todos combinados con zapatillas de tenis blanco impoluto o alpargatas) deja claro que el estilo impoluto italiano se puede mezclar perfectamente con el sport más radical británico. Una mixtura donde comodidad, estilo y personalidad se funden para que cada uno seamos diferentes (es fácil diferenciarse, basta con añadir o quitar capas según esté de nutrido nuestro armario).

 

Y para el verano, el blanco el protagonista. Como si se hubieran inspirado en Pharrell Williams (o él en Mango) los pantalones estrechos, blancos impolutos, muy remangados, acompañados de camisa de lino blanco y alpargatas -o de nuevo las tenis- buscando la sencillez. El minimalismo. Ese fue el cierre, nos encantó, por cierto. Aunque tened en cuenta que es poco probable que vosotros tengáis al lado en la foto a todo un ángel de Victoria’s Secret (Alessandra Ambrosio y dos niños de blanco inmaculado) nos parece un look de lo más acertado si es que algún día vuelve el verano.

Legumbres, el escudo definitivo

 

Aunque tengamos marcado a fuego el mes de abril (Semana Santa, primavera, mejores temperaturas), todavía quedan dos largos meses para que el frío nos abandone -por lo menos, el más extremo-. En i+Dandy os proponemos una herramienta definitiva para superar los días de poca luz (y mucha lluvia o nieve), bajas temperaturas, mocos, toses y demás molestias. ¿Lo mejor? Son baratas, fáciles de preparar y, sobre todo, sabrosas y sanas.

 

Cultivadas desde hace siglos por casi todas las grandes culturas del globo, las legumbres destacan por su gran aporte nutricional: proteínas, hidratos de carbono, lípidos (excepto la soja y el cacahuete, ninguna supera el 4%), fibra, minerales y vitaminas.

 

 

Fundamentales para nuestro organismo

 

Fundamentales en una dieta equilibrada las legumbres destacan por su gran aporte protéico, estas moléculas de aminoácidos son vitales para el crecimiento y el desarrollo de nuestro organismo ya que cubren una enorme cantidad de funciones. Desde la estructural -como el colágeno- hasta la inmunológica pasando por la homeostática.

 

Alrededor del 20% del peso de cada grano son proteínas lo que las coloca, junto con los cereales, como una de las fuentes más importantes de la naturaleza dentro de la dieta humana. También destacan por su aporte de hidratos de carbono. De hecho, el 60% del aporte calórico de las legumbres son los preciados carbohidratos: nuestra gasolina. Sin embargo, no te preocupes por aumentar tu tara en la báscula. Aunque las legumbres nos proveen de polisacáridos como el almidón, o azúcares simples como la sacarosa, fructosa, glucosa, etc. lo que realmente engorda de las legumbre es su acompañamiento. Si controlas los “sacramentos” o incluso los eliminas, estarás frente a una herramienta fundamental para una dieta equilibrada -aunque no hay que pasarse con los carbohidratos, si no los consumimos nuestra dieta será errónea-.

 

Por cierto, como las legumbres nos proporcionan carbohidratos de asimilación lenta son particularmente digestivas y, en individuos sanos y sin problemas estomacales, no suelen dar problemas.

 

Además de todo lo anterior, las legumbres son los principales proveedores de la naturaleza (de nuevo junto a los cereales) de fibra dietética. Así, entre el 11 y el 25% de su peso es fibra que nos ayudará a controlar la obesidad, diabetes, estreñimiento, diverticulitis o el cáncer de colon.

 

Si le sumamos un gran aporte de micronutrientes como hierro, cobre, carotenoides, vitamina B1, niacina o ácido fólico, estamos ante una familia de alimentos fundamental para nuestro desarrollo (no sólo en el día a día sino también en nuestros entrenamientos).

 

 

Consumo y preparación

 

Aunque estamos seguros de que no ganaremos la nueva edición de Master Chef, os damos ciertos consejos sobre las legumbres. La OMS recomienda tomarlas dos veces por semana durante todo el año (no tengas problemas en suplantar los ricos cocidos invernales por ensaladas frescas con legumbres los días más cálidos, su aporte de nutrientes es el mismo).

 

Además, hay trucos para que su preparación sea más sencilla y rápida. Por ejemplo, aprovecha la noche para tenerlas en remojo (lo ideal es unas 12 horas). Por cierto, evita echar sal o bicarbonato en el agua ya que ralentizan el proceso de ablandamiento y -en el caso de la sal- endurecen la piel lo que perjudicará la cocción.

 

Aunque la cocción no debe realizarse expresamente con ollas a presión, sí es recomendable ya que al acortar el tiempo de cocinado, minimizan la pérdida de las propiedades nutritivas. De nuevo, añade la sal justa en el último momento para que todo haya quedado bien hecho y puedas calcular mejor la cantidad sin alterar el sabor del plato.

 

Bon apetit.

30 años de Macintosh

 

 

El 24 de enero de 1984 Apple y Ridley Scott presentaban al mundo su anuncio “1984”. La obra, que costó 1,5 millones de dólares y que se emitió por primera vez en televisión en la XVIII SuperBowl, es hoy considerado una obra de arte publicitaria y, en su momento, fue una afrenta a IBM y el stablishment de la industria tecnológica.

 

El Macintosh marcó un antes y un después en la industria. Su cara sonriente al encenderlo. El legendario grabado “Designed by Apple in California”. Su tamaño -un reto y una demostración de hacia donde iba la industria- mucho más compacto que los ordenadores tradicionales con la misma potencia. Sus acabados. Un tsunami en un mercado que no acababa de creerse todas las posibilidades de la industria.

 

La incorporación del ratón. Un interfaz sencillo, amigable e intuitivo hicieron que muchas personas que nunca habían usado un ordenador -y que ni siquiera sabían para qué lo necesitaban- pudieran acercarse sin miedo a este modelo.

 

En 1985 Apple decidió apostar por los creativos y abanderó gracias al software AppleTones la creación del primer estudio digital de sonido de Jon Appleton (curiosa coincidencia). Los músicos -como reconoce Moby en el excelente vídeo en Apple.com- podían, por primera vez, participar en todos los procesos de creación de un disco. Sin necesidad de caros estudios ni de contratar a productores.

 

En 1986 la empresa de Cupertino comienza a centrarse en el software gráfico y son muchos los artistas que se decantan por el producto de la manzana para realizar bocetos de sus productos o que, directamente, deciden entrar en el universo de los píxeles.

 

Volcado desde sus inicios con la educación, en 1987 la segunda versión del Mac traía consigo el software Mathematica. Por primera vez los científicos tenían un programa accesible para trabajar con sus datos y agilizar sus estudios. Fue uno de los grandes éxitos de la casa de la manzana ya que universidades y laboratorios de todo el mundo decidieron probar un equipo que estaba realizado a su medida.

 

En 1988 el Macintosh IIx se centraba en una de las pasiones de Jobs: la tipografía. El Mac fue el primer ordenador que permitió crear fuentes para el alfabeto Coreano. Además, esta versión incluyó más fuentes para los editores de texto que ningún otro modelo antes. Apple dejaba claro que no sólo importa lo que hacemos, sino cómo lo hacemos.

 

 

El Macintosh se hace portátil

 

Parecía imposible pero Apple había conseguido minimizar aún más sus productos convirtiendo el potente Mac IIx en un portátil. Un modelo en el que, por cierto, John Knoll desarrolló junto a su hermano Thomas el primer Photoshop. El editor de fotografía que marcó un antes y un después en esta disciplina y que hizo que trabajar con imágenes saliera, décadas después, del cuarto oscuro.

 

Con la entrada en los 90 el Mac se vuelve más apto para todos los públicos. La versión LC fue empleada por el profesor de la Universidad de Oregón para crear el software KidPix que permitía que los niños trabajaran con herramientas informáticas de dibujo. Desde entonces varias ediciones del equipo de Apple han incorporado estas u otras herramientas para los más pequeños de la casa.

 

1991 vio la llegada del PowerBook. La confirmación de que la industria apostaba por los portátiles y de que Apple veía en la movilidad un niño fundamental para su negocio. El sistema operativo, por cierto, incorporaba cada vez más herramientas de diseño que convirtieron las artes y la creatividad en un negocio inexpugnable -y durante años el único rentable- para los de Cupertino.

 

El Quadra 950 de 1992 fue un salto adelante cuantitativo y cualitativo para Apple. Esta torre ponía de nuevo los equipos de la manzana a la altura en cuanto a hardware con los PCs más potentes del mercado. Sin embargo, su excesivo precio lastró en exceso las ventas.

 

En 1993, con la intención de volver a la identidad de la casa se vuelve a reforzar la presencia de los todo-en-uno y se apoya el desarrollo de un Macintosh TV un modelo llamado a unificar las pantallas del hogar.

 

Sólo un año más tarde el último modelo de PowerBook 540c es elegido uno de los mejores modelos de la historia de la compañía. Sus capacidades quedaron demostradas cuando Hans Zimmer -un compositor nada clásico- se sirve de uno para crear la banda sonora de El Rey León y, por cierto, llevarse un Oscar. Desde entonces la relación entre esta leyenda de Hollywood y los equipos Apple se ha mantenido inalterada.

 

Su heredero, el PowerMacintosh fue la versión mejorada y uno de los titanes de la industria del diseño (industrial o no) durante más de un lustro. La mala situación financiera de la empresa no impedía que sus productos siguieran siendo una referencia en el mercado.

 

En 1996 la empresa contrata a Tinker Hatfield, diseñador de productos icónicos entre los que destacan varias de las deportivas más aplaudidas de Nike, para crear las formas del PowerBook 1400 y, de paso, crean un software ex profeso para que su equipo pueda trabajar mucho más libremente a la hora de desarrollar nuevos modelos para la empresa del Swoosh.

 

En 1997 la empresa se centra en celebrar el vigésimo aniversario del lanzamiento del primer ordenador de Apple. La revista Wired crea un número sólo con un Mac para ver las posibilidades y el modo en el que esta saga de ordenadores ha cambiado el mundo de la edición. Un volumen de coleccionista que mostraba que, por muy débil que estuviera la empresa, seguía siendo un referente en Silicon Valley.

 

1998 vio el nacimiento del primer iMac. Un ordenador de sobremesa sorprendentemente pequeño y potente que, además, contaba con un diseño atractivo y que hizo que los de la manzana volvieran a estar en boca de todos. El primero modelo de la casa sin unidad de disco y con USB fue una revolución en la industria y puso las bases para el renacer de la empresa.

 

Con nuevos aires en Cupertino llegaba la cuarta generación del PowerBook. Este ordenador se hizo famoso cuando el multipremiado disco Play de Moby fue producido íntegramente con uno. Un ejemplo de que la potencia también sabe generar arte y belleza.

 

Un nuevo siglo, una nueva filosofía

 

El año 2000 -aunque el siglo comienza en 2001 para casi todos nosotros la fecha se sitúa un año antes- fue el año del iBook. Un pequeño ordenador que aunaba un nuevo diseño, un precio atractivo y un software sorprendentemente ágil frente a un Windows que empezaba a notar el paso del tiempo.

 

La cuarta generación del PowerBook presentada poco después consolidaba la resurrección de la casa y también su apuesta por el ocio digital. Su trabajo con iTunes y la forma en la que se vinculaba a dispositivos móviles mostraba la forma en la que el mundo de la música cambiaría en poco tiempo.

 

Y en 2002 llegaba el segundo iMac. El todo en uno que acumulaba ventas en universidades, laboratorios, empresas de diseño y creativos ganaba potencia, perdía colores y se volvía mucho más “democrático”. Además, esta generación inauguraba nuevos programas sin los que no se entendería la edición de imágenes -las fotografías enviadas por John Stanmeyer desde su Mac en la Guerra de Afganistán dan fe-.

 

Y en 2003 Apple rizaba el rizo con la quinta edición del PowerBook. El que era el ordenador más potente de su época comenzó a ser parte indispensable de los estudios infográficos de Hollywood… y de él salieron obras de arte como la última película de la saga El Señor de los Anillos.

 

2004 fue el año del boom de los iPod en todo el mundo y también del renacer de los iBook que con su cuarta generación entraban en los colegios de Estados Unidos y se mostraban como una herramienta educativa indispensable para una generación que no se entendía sin internet y que veía las nuevas tecnologías como la forma más eficaz para complementarse con el estudio clásico.

 

Probablemente el año del antes y el después del iMac. Se volvía un todo-en-uno sorprendentemente compacto, ganaba potencia, era mucho más atractivo y disparaba sus ventas. Ya no era un modelo sólo para profesionales sino un equipo indispensable por su estabilidad y por sus múltiples herramientas.

 

Y si el iMac cambiaba el mercado de los equipos de sobremesa el MacBook Pro era el mejor ejemplo de cómo Apple veía los portátiles. Potente, ligero, rápido, silencioso, con una autonomía sorprendente y una pantalla con una definición superior. Apple volvía a marcar el ritmo y 2006 era sólo el principio.

 

El iMac de 2007 fue elegido como el mejor ordenador del año por múltiples revistas especializadas en todo el mundo. Su sincronización con otros equipos como el iPhone, los iPod y su seguridad y fluidez demostraban que en la todavía joven era de la movilidad, un equipo potente de sobremesa era indispensable.

 

Después de asombrar al mundo con el iPhone, de dominar la música con el iPod y de dar una lección de diseño y portabilidad con el MacBook Pro, Apple lanzaba el MacBook Air. Un modelo ultraligero que creaba el concepto de los ultrabooks y que mostraba hacia donde iba el mercado. Adiós a las unidades ópticas. Hola a la nube.

 

En 2009 el iMac seguía haciéndose más potente, barato y delgado. Su pantalla ganaba definición y se convertía en una herramienta indispensable. Uno de los pocos sobremesas que seguía ganando ventas en la era de los portátiles.

 

2010 fue el año del iPad. Del iPhone 4. De palabras como la nube. Pero también de los nuevos y potenciados MacBook Air y, sobre todo, de las nuevas aplicaciones -como las médicas- de estos dispositivos. La idea de qué puede hacer por nosotros la tecnología que va latente en todos los productos de la marca superaba nuevos hitos.

 

Y llegó 2011 y la era postPC azotó el universo Windows… pero no el de Apple. El MacBook Pro es considerado uno de las referencias del mercado y sus ventas siguen disparadas. La nueva versión pierde tanto peso como gana potencia. Una referencia en la educación.

 

Sólo se podía mejorar su pantalla y eso es precisamente lo que ocurrió en 2012. La exitosa tecnología Retina de los iDevices llegaba al MacBook Pro para hacer que la experiencia en el portátil más poderoso de Apple fuera sobresaliente. Incluida la edición de vídeo e imágenes parecía cosa de niños.

 

Y el año pasado nos dejó dos sorpresas. Por primera vez un iMac prácticamente plano. Y por primera vez un Pro mínimo por fuera y gigante por dentro. ¿Era postPC? Nunca dijeron era postMac.

 

 

 

 

Mac Pro, el heredero

 

Desde hace tres décadas Apple ha lanzado más de 50 ordenadores diferentes. Todos siguiendo los cánones del primer Macintosh: diseño, calidad, equilibrio, potencia, seguridad. Todos han sido criticados por su precio pero todos han sido alabados por su sobresaliente funcionamiento. El último heredero es el Mac Pro, un resumen de lo que Apple saber y quiere hacer.

 

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Pero tres décadas no pasan en balde y frente a los 128 KB de RAM el nuevo Pro admite hasta 6GB. El otrora envidiable procesador Motorola MC68000 es ahora un poderoso Intel Xeon E5 de 6 núcleos a 3,5 GHz. El revolucionario y compacto monitor del Macintosh tenía una resolución (monocromática) de 512×384 píxeles frente a la ultraalta resolución 4K del último modelo de la manzana. Incluso los sorprendentes 7,4 kilos de la versión original distan mucho de los escasos 4,9 del actual. Eso sí, hay algo en lo que gana. El Macintosh 128K costaba 2.495 dólares (unos 5.500 de la época) mientras que la última bestia de Cupertino se queda en 3.999 dólares.

Josef Ajram, un tipo nada común

 

Parece que nada es habitual en la vida de este barcelonés de 35 años (5 de abril de 1978). Ni su profesión: broker, triatleta y escritor; ni sus récords en las disciplinas deportivas, ni su planteamiento de vida (cada uno de sus cuatro libros es un perfecto ejemplo impreso)… ni siquiera su nombre es nada común. Se trata de Josef Ajram, el hombre que redefine al hombre.

 

A simple vista pasa perfectamente por una estrella de rock a la vieja usanza. Tatuajes, piercings, chupas de cuero y un aspecto “fornido” son su carta de presentación. Incluso su nutrida lista de seguidores en las redes sociales (175.000 en Twitter) se ciñe mucho más a este estereotipo que al de un escritor (Dónde está el límite; La solución; No sé dónde está el límite pero sí dónde no está; Ganar en Bolsa es posible; y Bolsa para dummies son hasta ahora sus cinco volúmenes publicados) y trader que es adicto a la adrenalina y a pensar.

 

Lo mejor de todo es que, como el mismo diría, “lo vamos a entender todo muy fácil”. Empecemos por su nombre. Sus raíces sirias -su padre es de Damasco- le han permitido vivir “maravillosos veranos” en la milenaria ciudad y, de paso, “abrir la mente” y nutrirse de su inmenso bagaje cultural. Su nombre, además, le sirvió para aprender a forjarse una identidad diferenciada. Él mismo reconoce que tuvo que imponerse a profesores y compañeros para que le llamaran correctamente (“ni José ni Josep”).

 

Desde joven decidió cuál sería su camino profesional. Un profesor le respondió que el camino más rápido para generar “la pasta” (cómo le preguntó) era o evadir impuesto o la Bolsa. Y, a diferencia de muchos de nuestros políticos, se decantó por la Bolsa. La teoría es sencilla: “comprar barato y vender caro”. Pero eso le requirió mucho tiempo y dedicación a indagar sobre cómo se comporta el mercado y los valores. Desde los 16 años es un fiel de las páginas salmón. Tanto que se fue a más de una recuperación en septiembre donde, eso sí, salvaba todas las bolas de partido. La única que erró fue la Selectividad donde fue “el único de 200″ que no aprobó. Algo que le llevó a una universidad privada que abandonó cuando comprobó que no le iban a enseñar nada sobre Bolsa (a pesar de cursar Administración y Dirección de Empresas).

 

Y fue este el hecho diferencial que forjó quien es hoy. Comenzó a ir a diario a la Bolsa de Barcelona en bicicleta para aprenderlo todo sobre los valores in situ. Su comportamiento, su relación entre empresas… creaba incluso sus propias estadísticas. Y de paso empezó a calcular cuánto andaba en bicicleta cada día.

 

Poco a poco comenzó a comprender como funciona este mundo y a disfrutar de la satisfacción que da ser capaz de prever cómo funcionan los títulos y los mercados. El control de los números le permitía superar su intuición… y esto le convirtió en un “yonqui”… y un adicto a la adrenalina.

 

Decidió analizar cuál era el momento del día más óptimo para trabajar. De 9 a 11 de la mañana. A esa hora los grandes inversores estadounidenses todavía están “durmiendo”. Hay hueco para los pequeños. Su planteamiento es obvio pero no sencillo: ¿cuándo podemos ligar más fácilmente en una fiesta? Cuando los chicos más guapos y las chicas más guapas aún no han llegado. De 9 a 11 de la mañana los guaperas americanos todavía no han entrado en la fiesta europea así que esa es la hora ideal para que este tatuado ligue.

 

Esto, además, le permite tener bastantes horas libres al día para preparase para sus grandes retos deportivos. Desde los ultraman, hasta los triatlones, ironman, carreras ciclistas y de atletismo… Pero, igual que la naturaleza le ha puesto varias veces en su sitio cuando está frente a un reto extremo, la Comisión Nacional del Mercado de Valores le ha hecho pasar malos ratos. En 2007 suspendió la cotización de unas acciones que compró muy a la baja. Esto redundó en 100.000 euros de pérdida en un sólo día. No se las quedó. Asumió las pérdidas y al día siguiente tuvo “la suerte” de recuperar 99.000€. La fiesta fue mayúscula. Igual que la lección. Muchas veces, aprender es perder. Nada típico.

Premium, lo más inesperado de Jack And Jones

 

A pesar de ser uno de los retailers de moda más relevantes de Europa, el grupo Bestseller es uno de los grandes desconocidos para el gran público en nuestro país. Probablemente si os hablamos de la matriz de marcas como Jack & Jones, Vila, Selected, Vero Moda, Only, Outfitters Nation o  Mamalicious todo cambie (al menos un poco).

 

En este caso nos centraremos en la filial más importante del gigante danés (da trabajo a 15.000 personas y factura más de 1.500 millones de euros anuales, nada mal teniendo en cuenta que su vecino más cercano es H&M y que compite cara a cara con multinacionales como Inditex, GAP o UniqLo), Jack & Jones.

 

Si bien es cierto que en sus tiendas físicas su colección destaca por su estilo denim -que tanto aprecian al norte de los Pirineos-, su página web esconde un secreto que triunfa en todo el continente (su acogida en ciudades como Londres es sobresaliente) y que es de obligada visita para todos los que quieran un estilismo diferente. Se trata de la colección Premium by Jack & Jones.

 

En general, la colección está formada por prendas básicas de temporada en los que los nórdicos cuidan especialmente los tejidos y acabados. Diseños clásicos que son reinterpretados para darles un aire contemporáneo y adaptado a nuestras necesidades. En definitiva, una línea con el perfecto equilibrio entre lo urbano, lo sofisticado y lo casual. Aquí os dejamos algunas propuestas que no deben faltar en vuestro armario.

 

 

Americana slim fit negra de dos botones y remates imitación a piel. 89,95€

 

 

Cárdigan de lana merina estructurado en tonos grises. 49,95€

 

Cárdigan 100% algodón slim fit con puño y dobladillos en canalé. 49,95€

 

Jean muy lavado con estructura de 5 bolsillos, regular fit (aunque bastante pegado). 89,95€

 

Camisa de algodón slim fit con cuello abotonado. Perfecta para casual o para combinar con corbatas de punto y americanas. 39,95€

 

Botas de look vintage y media caña con suela de goma antideslizante. 99,95€

 

Cinturón trenzado de cuero con hebilla metálica. 29,95€