Entra en la primavera preparado

Por fin se acerca el buen tiempo. Queda poco más de un mes para la ansiada Semana Santa y, aunque aún nos acompañe la lluvia… cada vez tenemos más horas de sol. Precisamente por eso se relajan nuestros estándares de vestir. Todo es más relajado pero sin perder el estilo. Aquí tenéis nuestras apuestas para esta primavera.

 

 

 

  • Pepe Jeans nos propone su cazadora Bacall (180€) en tono azul marino. Estrecha, corta, ajustada, perfecta para llevar sólo con una camiseta o un jersey fino (dejemos las camisas para el invierno). La reformulación de un mito que le sienta bien a cualquiera en cualquier situación. Imprescindible.

 

 

 

 

  • Dockers Alpha es una de nuestras colecciones favoritas del extenso catálogo de los americanos. Esta vez, a sus sobresalientes tejidos le añaden un toque de estilo mediterráneo con este marinero que se sale de lo convencional. Perfecto para llevar en las noches más relajadas. (79,99€).

  • Pull&Bear nos da el toque agresivo con estos jeans skinny (25,99€) que nos quedarán como una segunda piel gracias al elastano. Increíblemente cómodos y confortables en una prenda con un gran diseño y mejor precio.

  • Timberland ha diseñado los complementos totales para esta primavera. Por un lado unos botines cómodos y con estilo que, además, se apropian del espíritu todoterreno de la casa. Perfectos para el trabajo, una caminata por la ciudad o salir cómodo de copas. Los Earthkeepres Newmarket 2.0 Cup Chukka (nadie dijo que se les dieran bien los nombres) serán uno de los must de esta temporada. Además, dentro de la colección “Escape the city” nos traen esta bandolera en textil y piel perfecta para llevar todos nuestros accesorios electrónicos (sí, somos unos frikis) y todo lo que no nos quepa en los ajustados bolsillos skinny. (C.p.v.)

 

Bukeela ka, el secreto de Etiopía

 

En el suroeste de la antigua Abisinia, en la región de Kaffa se dio por primera vez el cafeto, un arbusto pequeño (aunque silvestre pueda alcanzar los 10 metros) de hojas oscuras y elípticas y semillas rosáceas o blanquecinas que, cuando se tuestan y muelen, nos desvelan el mejor regalo de la naturaleza: el café.

 

Cuenta la leyenda que un pastor llamado Kaldi observó el efecto que los frutos de esos arbustos habían provocado en sus cabras. Animado por sus síntomas tonificantes decidió probarlas él mismo y como el resultado se repitió, Kaldi llevó muestras de los frutos y las hojas a un monasterio (o a un santo musulmán, según la versión) donde los monjes probaron la infusión a fin de pasar despiertos los oficios nocturnos.

 

Sea ese su origen -o el de la historia de que los guerreros oromos del centro de Etiopía quienes las tomaban envueltas en grasa para afrontar mejor el combate- o no, su expansión antes del siglo XV por el universo musulmán fue rápido y, a pesar de su prohibición por su facilidad para alterar el orden público, cuando el alemán Leonard Rauwolf lo tomó en su viaje de diez años por Oriente Medio en 1583, el mundo se volvió cafetero.

 

 

Bukeela Ka Ethiopia

 

Nespresso es, probablemente, una de nuestras grandes adicciones. Su colección de Grand Crus, con cafés de intensidad, aroma y sabor 100% natural así como sus ediciones limitadas nos han enganchado desde su llegada a nuestro mercado.

 

La firma suiza ha querido homenajear el origen de su producto estrella con este café de pura raza (aunque el mercado está dominado por las variedades Centro y Latinoamericanas, para los puristas los robustos y arábicas africanos son la quintaesencia y la razón de vivir de la industria cafetera).

 

La mezcla de dos variedades arábicas nos regalan un café Unico Origen (100% etíope) con notas de entrada florales y refrescantes que pronto se revelan en almizcle silvestre y madera. La primera variedad tiene su origen en la región de Sidama donde los cafés nos recuerdan en su sabor al jazmín. El segundo es el fruto de un cafeto nacido en los bosques más exuberantes del Oeste de Etiopía: los granos se secan al sol y no se lavan para que adquieran un sabor profundo y unas notas mucho más potentes.

 

Una infusión perfecta para disfrutar lunga mezclado con jugo de pomelo o con leche (donde se vuelve ligera y nos recuerda al sabor de las galletas de café) mezclado con anís.

 

Además de sibarita, esta obra de arte es responsable ya que es compatible con el programa AAA Sustainable Quality por la que la multinacional helvética garantiza un comercio justo con los agricultores que les proveen de sus materias primas. Un placer digno de dioses y responsable con los hombres. ¿Qué más podemos pedir?

De cómo Adidas revolucionó el running (otra vez)

 

Durante años Adidas fue la referencia en atletismo. Atletas legendarios -no hace falta huir a los tiempos de Jesse Owens, el genial Gebrselassie ha batido récords con las tres bandas en los pies- calzaron los modelos alemanes en las pistas, asfaltos y rutas más importantes del mundo. Sin embargo, la apuesta por el fútbol, el empuje (y marketing) de Nike y la eclosión en el mercado de fabricantes especializados (Saucony, Brooks, Zoot, K-Swiss, etc.) hicieron que los alemanes pasaran a un segundo plano en la lista de favoritos de los runners.

 

No obstante, la multinacional germana se dio cuenta de que los negocios no son un sprint, sino una maratón y siguieron el ejemplo de sus deportistas: se marcaron una meta a largo plazo (10 años) y han trabajado duro en algo diferente para conseguirla. (Einstein decía que la única locura es “hacer siempre la misma cosa esperando diferentes resultados”).

 

 

Boost, el resultado de trabajo en equipo

 

Hay tres factores fundamentales a la hora de construir una zapatilla de running (y casi cualquier calzado). En primer lugar han de contar con una suela adherente pero ligera que permita al corredor avanzar seguro sobre casi cualquier superficie. El segundo factor es la amortiguación: lo suficientemente eficaz para minimizar el impacto del corredor contra el suelo, lo suficientemente firme para que no ralentice la marcha del atleta y lo suficientemente cómoda para adecuarse a las necesidades de cada distancia a recorrer. La última clave es el chasis y el tejido que componen la parte superior de la zapatilla. Ha de ser ligera, cómoda y estable.

 

Adidas miró a su alrededor y decidió colaborar con otras empresas alemanas que siempre se han caracterizado por su carácter innovador. Un acuerdo con la multinacional química BASF -la más importante del mundo- hizo que Adidas se encontrar en disposición de lanzar una nueva amortiguación que no sólo la colocara a la altura de sus rivales más aventajados, sino que la permitiera superarlos.

 

El Boost es ese compuesto revolucionario que nos proponen los alemanes. Una espuma de poliuretano termoplástico -el plástico duro con el que se hace el arco de las zapatillas convencionales sufre un proceso de transformación mediante presión y temperatura que lo hacen similar a la vista al corcho de embalar- dispuesta en su estructura en ángulos para que, además de ser un 30% más amortiguada que la legendaria EVA, tenga una respuesta mucho más reactiva. Estrictamente, el calzado nos devuelve parte de la energía del impacto y nos permite impulsarnos más fácilmente.

 

Lo que BASF llamaba internamente Infinergy, demostró tener unas cualidades perfectas para el atletismo. Tremendamente resistente a la abrasión o las roturas, este termoplástico se configuraba como una cápsula que se aislaba del exterior y que hacía que absorbiera mucha menos humedad que otros materiales de running. Era más eficiente frente al frío y al calor -mantiene su integridad a temperaturas extremas para la práctica de este deporte-  y, gracias a su estructura química funcionan como centenares de pequeños muelles sobre nuestros pies (hay unas 2.500 cápsulas de E-TPU en cada zapatilla).

 

 

 

El retorno de energía

 

Aunque el famoso anuncio de la bola de acero rebotando sobre una placa de Boost levantó muchas críticas (el cuerpo humano no se comporta en ningún caso de este modo) las mediciones en laboratorio -las pruebas ISO oficiales- demostraron un retorno de energía de la pisada que alcanzaba el 55%. El más alto del mercado muy por encima de su siguiente competidor -las Newton Energy- y a un mundo de la suela EVA clásica, que tan sólo nos devuelve un 37% y que, con su uso, pierde facultades rápidamente.

 

 

 

Para confirmar esta degradación más lenta que la de otros materiales Adidas llamó esta vez a su atleta Patrick Makau. La resistencia a la presión y la temperatura sorprendió a propios y extraños. Después de someter la suela a 40.000 cargas (a un ritmo de 5 por segundo) a una presión de 250 kilopascales, la placa de 40 mm de grosor tan sólo se comprimió 3. Un 75% menos que el material EVA. Esto, sumado al retorno de energía hizo que el atleta consumiera un 2% menos de oxigeno -menos fatiga- que con otro calzado de la propia casa (los estudios oficiales también lo compararon con el calzado de otros fabricantes).

 

 

El resto de la zapatilla

 

 

Como hemos dicho, construir una buena zapatilla no sólo era la amortiguación. Una goma válida para la mayor cantidad posible de superficies y un upper con la última tecnología eran los requisitos para el nuevo modelo sobre el que construir el resto del catálogo de los alemanes.

 

Para la suela trabajaron con Continental. El fabricante de neumáticos fue el elegido por varios motivos. Que fuera también alemán garantizaba una filosofía de empresa similar. Además, ya tenía tradición en el mercado de calzado deportivo (también es cierto que la anterior experiencia de Adidas fue con Goodyear) y realizaba compuestos para casi cualquier cosa en contacto con el suelo. Asimismo, en los últimos años Continental había renovado casi por completo su gama de neumáticos y había presentado multitud de compuestos que se habían ganado el aplauso de los especialistas por su excelente rendimiento tanto sobre suelos mojados como sobre secos.

 

El hecho de que la suela Boost fuera algo más blanda de lo habitual permitió crear un caucho ligeramente más duro -lo que permite una mayor integridad estructural y menos degradación en situaciones de calor, es decir, más durabilidad- y tiene un agarre sobresaliente. Especialistas de publicaciones como Foroatletismo o Runner’s World las colocan a la altura de las legendarias Under Armour Mantis y Monza, referencia absoluta en agarre pero con la durabilidad como talón de Aquiles.

 

La distribución de la goma en cuatro “columnas” permite que el agarre sea equilibrado en toda la superficie de la suela lo que, unido a la estructura uniforme del Boost hace que las articulaciones móviles de la pierna sufran menos y que el corredor sólo tenga que preocuparse de correr. Algunos puristas dicen que minimizará la técnica y hará que los corredores populares no se centren en este aspecto fundametal. Adidas dice que permitirán reducir la escandalosa cifra de un 82% de corredores amateurs que sufren lesiones cada año.

 

 

 

 

Por último, el Torsion System en el arco inferior de la zapatilla ha sido remozado para multiplicar la estabilidad del conjunto. La parte inferior de la zapatilla aúna las cualidades de sus mejores rivales. El agarre de una Under Armour, la sensación de comodidad de una Nike, la estabilidad de una Mizuno, el reparto del impacto de una ASICS… sólo queda la guinda del pastel.

 

Y como la mayoría de su enorme catálogo de atletas les recomendó, los ingenieros y diseñadores de la marca se pusieron de acuerdo en que había que minimizar las costuras, la fuente de multitud de heridas y molestias durante los entrenamientos y carreras. Para eso tiraron de nuevo de experiencia: las Glide 4 se caracterizaban por dejar gran libertad de movimientos al pie. Las Glide 5 por su chasis estable y sólido aunque sin ser demasiado ligero. Creó una malla algo más tupida que antes -similar a la de las LunarGlide de Nike- y la dotó de tecnología que permite mantener el pie fresco en verano pero más o menos cubierto en invierno.

 

Tanto el empeine como los dedos están sujetos sin soportar demasiada presión -algo que agradecerán quienes necesiten una horma algo más ancha-. Además, aprovecharon las legendarias rayas del logotipo para crear tres arcos que sujetan completamente el arco lo que unido al contrafuerte del talón hace que la estabilidad sea total.

 

 

Conclusión

 

Con paciencia, tecnología y diseño -nunca abandonaron su lenguaje que tanto éxito les ha dado en 65 años- Adidas había conseguido crear una zapatilla con todas las características para dar un golpe de efecto en le mercado. La primera en mucho tiempo que, realmente, valía para casi cualquier corredor y, además, con una tecnología perfectamente actualizable y extrapolable a toda su gama.

 

Es cierto que no existe la zapatilla perfecta (todo se puede mejorar) pero, por todo lo que os hemos contado aquí, hemos de decir que esta está muy cerca de serlo. En breve saldrá su segunda evolución (según los dirigentes de Adidas Running, el lanzamiento de la Supernova Glide Boost 6 es el cierre de la primera fase de su implantación y la mejor zapatilla de su historia). Millones de personas y varios récords del mundo lo avalan.

 

 

Jerseys, ¡que no te compliquen la vida!

 

Es una prenda fundamental en el armario. Tanto por su vestibilidad (como bien la definen en GQ es la prenda base para construir un look por capas) como por su utilidad -es tremendamente útil tanto en  los agitados días de primavera y otoño como en las jornadas más gélidas del invierno- y su variedad. Así, aunque nuestro uso y percepción de esta prenda ha variado bastante con el paso del tiempo, su función sigue siendo la misma: darnos calor.

 

Una vez más, fueron los hombres británicos los primeros que se hicieron con la prenda. En el lejano siglo XV, los pescadores y campesinos de las Islas de Jersey y Guernsey en el Canal de la Mancha utilizaban una suerte de cobertura que los protegía del frío y la humedad características de la región. Décadas después, en el siglo XVI, la Corona Británica les concede el permiso para importar lana merina del Reino Unido (probablemente la mejor del mundo) con el fin de que pudieran confeccionar prendas de punto para la realeza.

 

La corte no portaba las mismas prendas que hacían sus súbditos (cosas de la época) pero sí incluían en las capas base de sus ropajes variantes que los protegían del frío. Los jerseys o guernsey -ahora es más fácil entender el nombre- se tejían de una sola pieza, a mano, normalmente en azul marino y sólo con la mejor lana inglesa. La versión en algodón (más fresca) tardaría más en llegar.

 

Cuando a mediados del siglo XIX la acomodada burguesía anglosajona a ambos lados del Atlántico se aficionó al deporte esta prenda de trabajadores que se caracterizaba por su comodidad y servicio se estandarizó como un must en todos los estratos sociales. Su reputación fue tal que hasta el mismísimo Lord Nelson solicitó su incorporación al uniforme de sus soldados en Nueva Escocia. Por su puesto, el poderoso Ministerio de la Marina de la época, aceptó.

 

 

 

 

 

Un jersey para cada ocasión

 

Precisamente su centenaria historia y evolución ha hecho que las posibilidades de combinación son casi infinitas. Una de las principales características de la prenda es el cuello:

 

 

  • De cuello pico: partiendo de que no todos los picos son igual de pronunciados, nuestra recomendación es uno relativamente cerrado. Si lo vamos a vestir con camisa, una con el cuello abotonado nos permitirá controlar más fácilmente que no se escapen del escote del jersey. Si sólo barajamos camisas de cuello sin botón (nuestra recomendación), escogeremos un cuello cerrado. Y si lo vestimos con camiseta -no lo desechemos para los momentos más casual- que sea siempre de cuello caja.
  • De cuello redondo o caja: nuestro favorito porque nunca falla. Ni con camisa ni con camiseta -queda oculta-. Ni siquiera con corbata si queremos tener un toque más urbanita. Un fondo de armario fundamental.
  • Cuello alto: un clásico para protegernos del frío. Debajo sólo admiten una camiseta fina. ¿Encima? una americana o una cazadora son perfectas para un “casual friday”. Tampoco descartemos un traje. Nos dará un toque diferenciado -e informal-. Eso sí, a pesar de lo que marquen las tendencias, poner encima otro jersey o una camisa nunca es recomendable.
  • Cuello de polo: otro clásico para nosotros nada acertado. Tres botones que simulan el clásico polo de piqué pero con más grosor. Si no nos gusta para el verano… ¿por qué sí para el invierno?
  • Cárdigan: una de nuestras referencias. Si queremos un toque más formal (incluido para simular un chaleco bajo una americana), una camisa es la compañera perfecta. Si queremos algo más casual, una camiseta y dejarlo abierto. No falla nunca.
  • Chaleco: lo dejamos sólo para las ocasiones en las que vayamos a cubrir los brazos con otra prenda como una americana. Si no… ¿para qué nos sirve?
  • Sudadera: o jersey de algodón. Relevado para los momentos más distendidos, las últimas tendencias más “sporty” las permiten combinar incluso con camisa (sport y por fuera) cuando no tiene ni capucha ni son abiertas. Tienen su punto… en momentos muy puntuales. Recuerda que somos unos caballeros.

Como bien dicen en el magazine de estilo, diferenciarlos por tipo de cuello o abertura es el “nivel 1″. El siguiente paso es saber cómo acertar con los grosores. Así, los más finos son los que nos ponen más fácil la combinación con otras prendas -por encima y por debajo- ya que son más formales y suelen carecer de estructuras.
Cuanto más fino es el jersey más resaltará la silueta por eso, si queremos minimizar partes de nuestro estilismo que no nos gustan lo mejor es darle cuerpo con otra prenda (camisa, camiseta, etc.).
Cuando el jersey es más grueso se vuelve más informal ya que los ochos, relieves o grecas suelen ser parte de la identidad de la prenda. Al ser más gruesos mantienen mejor su estructura y, aunque nos permitan un estilismo más informal, pueden ser muy acertados (sobre todo si nos sobra algún kilo). Ideales para llevar sólo con una camiseta.

El último nivel es el color. Tan sólo tenemos que seguir la regla del menos es más. Si no queremos complicaciones, escojamos prendas lisas. Los colores comodín siempre serán los más neutros: azul marino, gris, marrón, etc. Éstos permitirán combinaciones más fáciles y naturales con cualquier camisa o camiseta. Sobre todo si comparten algún tono en su entramado con el jersey.
¿Y si es el jersey el que tiene varios colores, grecas, etc? Pues démosle la vuelta a todo y decantémonos por una capa inferior (o superior) plana. Para acabar… recuerda que el tejido vaquero soporta cualquier combinación cromática y de tejido. ¿Ya tienes tu look para esta noche?

 

 

 

Nuestros diez libros ineludibles (y por qué)

 

Se mueve por internet una cadena en la que una persona debe explicar a diez de sus amigos diez libros que le han marcado para que estos, a su vez, indiquen a otros diez amigos otros diez títulos. Aunque vosotros sois más de diez (gracias a todos) os proponemos nuestros diez volúmenes ineludibles con la esperanza de que todos vosotros nos deis vuestra lista. Aquí los tenéis:

 

 

  1. El gran diseño. Stephen Hawking y Leonard Mlodinow. Después de una década sin publicar, una de las grandes mentes de nuestro tiempo nos regala una obra accesible para el gran público en la que defiende que la creación del Universo no necesitó de Dios. (Ni este universo ni ninguno paralelo ni tampoco de este u otro dios). Una obra polémica y de cabecera para intentar entender mejor lo que nos rodea.
  2. El perro de los Baskerville. Sir Arthur Conan Doyle. Los paramos de Dartmoor, en el corazón de Inglaterra son el escenario perfecto para que el escritor rubrique la mejor obra de Sherlock Holmes. Ineludible para cualquier amante de la novela detectivesca.
  3. La colmena. Camilo José Cela. El autor explicaba en la primera edición que tan sólo se trata de un trozo de vida narrado poco a poco. Si tenemos en cuenta que esa vivencia ocurre en la España profunda (o no tan profunda) en 1943, podemos hablar de todo un ejercicio de intrahistoria en plena postguerra civil. Una maravilla que todo el mundo debería leerse (al menos dos veces).
  4. Anna Karenina. León Tolstoi. La obra que siguió a Guerra y Paz en la producción de León Tolstoi es, seguramente, una de las más grandes de la historia de la literatura. En ella vemos capítulos reales y las consecuencias éticas que trajeron en el autor que cuenta de una forma desgarradora tres historias conyugales que se entrelazan en la Rusia de 1877. Un análisis inmejorable de las pulsiones del ser humano.
  5. El nombre de la rosa. Umberto Eco. Otro de los gigantes de las letras se encargó de esta novela gótica que analiza de una forma sorprendente (incluso después de haberla leído) la forma de pensar de la Europa medieval. Más allá de la trama principal se yergue un retrato de lo más fidedigno sobre los pilares que construyeron la moral continental y que a día de hoy seguimos heredando.
  6. El código Da Vinci. Dan Brown. Comparar al estadounidense (y sus gazapos) con titanes como Cela, Conan Doyle, Tolstoi o Eco puede parecer un sacrilegio pero, seamos realistas, hasta la llegada de Robert Langdon era casi imposible que una novela histórica nos enganchara tan fácilmente. Todos quisimos aprender sobre los entresijos del Vaticano. Sobre el arte y, por qué no, sobre religión. No es poco en la era de la televisión. Un buen primer libro para entrar en el mundo literario.
  7. Canciones del que no canta. Mario Benedetti. Nuestro protagonista de la última biografía creó, en sus últimos años de vida, un autorretrato poético que deja sin aliento. Uno de los grandes literatos de nuestro tiempo destaca una vez más por su emotividad y su madurez. Remueve conciencias.
  8. La sonrisa etrusca. José Luis Sampedro. Aunque parezca una obra reservada a institutos o primeros años en las facultades de humanidades y ciencias sociales, José Luis Sampedro consiguió crear una novela sencilla, ligera pero cargada de sentido que nos devuelve a los instintos más primarios. El amor -por una mujer o por un nieto- es capaz de hacer que una vida que parece agotarse vuelva rápidamente a su primavera. Recomendable.
  9. La sombra del viento. Carlos Ruiz Zafón. Lo que podría haber sido la contrapartida a La Colmena (una obra ambientada en Barcelona en 1945 pero que refleja una historia nada real en la que sólo las pinceladas de una ciudad que se debate entre el esplendor modernista y el horror de la postguerra nos diferencian de una historia ambientada en cualquier otro lugar) se ha convertido en un éxito sin precedentes -más de 100 ediciones- y en la base de una extensa saga. Su ritmo engancha fácilmente y lo bien escrita que está (no es tan fácil como parece) la hace indispensable. Una obra maestra de nuestro tiempo que adquirirá valor con el paso de los años.
  10. Memorias de una gheisa. Arthur Golden. Muchos de los libros anteriores tienen como protagonistas hombres. Una herencia cultural en la que las mujeres son tan sólo comparsas en las grandes obras de otro tiempo. Arthur Golden nos presenta un mundo difícil -el Japón feudal- bajo el punto de vista de una gheisa. Se analizan desde las costumbres más terrenales hasta las ceremonias más arraigadas. Ineludible por su genial retrato social. Por muy lejano que nos parezca.

 

¿Cuáles son los vuestros?