El armario perfecto (os lo dice Esquire)

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Para muchos, la clave de una imagen perfecta es tener un estilo único. Para otros, fiarse ciegamente de las tendencias o de los diseñadores consagrados. Los hay que lo fían todo a las firmas y las marcas. Sin embargo, la clave para una imagen siempre perfecta, el estilo y la clase de un auténtico dandy está en nuestros hogares y, por desgracia, para muchos pasa desapercibida.

Se trata del armario. Colgar y doblar correctamente las prendas, usar cajas, tener un mínimo de organización y dedicar un poco de tiempo para separar la ropa por temporadas es un esfuerzo pequeño con una recompensa enorme: hacer que nuestras prendas estén siempre como nuevas -con el ahorro que esto supone-.

Os dejamos en manos de los expertos de Esquire para que toméis nota de estos pequeños trucos para que podáis hacer del vuestro un armario mejor y más cómodo. Los agradeceréis, y vuestra ropa y bolsillo también.

 

¿Cómo colgar y doblar la ropa?

Puede parecer algo sencillo pero distinguir qué debe ir colgado (y cómo) y qué debe ir doblado nos ahorrará espacio y tiempo de plancha. Las americanas y las prendas exteriores (da igual una piel de lujo que un cortavientos que usas sólo en Aste Nagusia) deben ir colgadas con una percha que imite la forma de los hombros de una forma natural. Si es muy estrecha los hombros de la prenda se arrugarán. Si es muy ancha se desvirtuará la tela de la manga. Por cierto, las perchas de alambre de las tintorerías nunca son una opción. Respecto a si los trajes hay que guardarlos o no con su funda, lo ideal es tener el armario protegido de “visitantes”. Si no es posible, emplead al menos una funda que cubra el tercio superior de la prenda -nos ahorrará el polvo-.

Respecto a las camisas, es más importante el ancho de la percha que su grosor. Es fundamental escoger una que vaya de hombro a hombro y rellene por completo la prenda. Al ser prendas finas no se necesita dejar mucho espacio entre camisa y camisa… Pero tampoco debemos amontonarlas. Por cierto, jamás han de guardarse con las mangas subidas.

Los pantalones también deben ir preferentemente colgados. Sólo los vaqueros pueden saltarse esta norma y, si no tienes demasiado espacio, los chinos de algodón algo más grueso. Para todos los demás, la mejor opción es una percha de barra sencilla con un fieltro antideslizante que te ahorrará arrugas y, sobre todo, los daños que las pinzas hacen sobre los tejidos más ligeros.

Todo lo demás -sobre todo los jerséis de tejidos nobles como el cashmere, lana, lino, etc.- es mejor que vaya bien doblado. Cómo lo vemos en las tiendas (nunca en vertical por el medio del torso, es donde la arruga es más visible-. Evitaremos que la gravedad haga su trabajo y dé de sí la prenda desde los hombros.

 

El secreto está en el orden

Un hombre ordenado vale por dos. Y una pequeña inversión nos puede ahorrar muchos disgustos. Hay que emplear siempre perchas uniformes y de madera. Es cierto que son caras pero también es cierto que la ropa suele serlo más. Sobre todo la que queremos que nos dure. Escogerlas de madera acabada nos evitará incómodos enganchones con astillas. Además, al acoplarse mejor en el armario nos ahorran espacio. Si escogemos bien, tendremos perchas para toda una vida.

Organizar la ropa por familias y tonos no sólo es más agradable visualmente (a quién no le gustan esos armarios perfectamente ordenados a los James Bond, Bruce Wayne o anuncio de perfume), sino que nos ayudará a escoger mejor nuestros conjuntos y, sobre todo, a saber cuál es la ropa que nos ponemos más habitualmente -ya no hay excusa para ir siempre con la misma camisa- y qué necesitamos realmente para completar nuestro fondo de armario.

Un armario con lógica, además, nos permitirá colocar las prendas más valiosas más arriba: lejos del polvo, las polillas, mascotas, etc. Además, en la parte superior de un montón de ropa hay menos peso y menos probabilidad de arrugas incómodas.

Para prendas difíciles de ordenar como calzones, calcetines, pijamas, etc. lo mejor es utilizar cajas de almacenamiento. Las de plástico herméticas son las más útiles pero cualquiera con tapa es aceptable y necesaria. Tampoco debemos desechar decorar nuestra habitación con un baúl: un extra de espacio con estilo en el que guardar nuestros jerseys más valioso, botas, o lo que fuera pertinente (¡para eso es tu armario y tu ropa!).
Los zapatos no son ropa

Así que es hora de que inviertas en un zapatero. Quitará poco espacio en la habitación, baño o hall (un buen emplazamiento para evitar manchar toda tu casa nada más entrar) y los hay muy baratos. Permiten ver de golpe todos los que tenemos, evitan que se amontonen unos encima de otros, o peor aún por el suelo, que el armario coja olor -sencillamente a humedad- y, de nuevo, nos permite saber qué necesitamos y qué no usamos nunca.

Para los pares más delicados sería perfecto que compraras una horma de madera y, en este caso, de madera sin acabar para que absorba la humedad de los zapatos. Es seguro que no los vas a usar siempre con todos tus pares -requeriría tiempo y una inversión respetable- pero no estaría de más que tuvieras una para colocarla justo después de ponerte unos zapatos o botas… Sobre todo si han estado expuestos a humedad.

 

Cada prenda tiene su temporada

Algo que sólo nos robará unas horas dos veces al año puede hacer que nuestra ropa envejezca mejor y que nuestras prendas favoritas se vuelvan atemporales. Lo habitual es que los cambios de temporada los hagamos en abril y octubre pero dependiendo de dónde vivamos, puede ser mejor en otros meses.

Nos deberíamos centrar sobre todo en las prendas más delicadas y temporales. En este caso los jerséis y los trajes -americanas- de lana. En el caso de los primeros lo mejor es lavarlos antes de guardarlos. Los olores (incluso de perfume) o las pequeñas manchas por el uso pueden echar a perder la prenda y son un reclamo para los insectos. Debemos emplear agua tibia, secarlos sin prisa y quitarles las bolitas. Una vez hecho todo eso es mejor si los guardamos del revés en una caja con tapa bien doblados. Por cierto, lo ideal sería no colocar muchos encima para evitar que se aplasten.

Respecto a los trajes, tintorería, cepillado, funda portatrajes y a un lado del armario. Son sólo dos veces al año pero en el caso de ambas prendas su vida útil se multiplicará. El cambio de temporada es el momento idóneo para mirar con perspectiva y objetividad nuestra ropa.

Si no nos hemos puesto una prenda en toda la temporada, está rota, tiene una mancha “irreversible”, se nos ha quedado grande o pequeña (y nunca volveremos a ese peso que teníamos al comprarla), tiene un logotipo gigantesco (¿por qué?, ¿por qué?, que diría cierto portugués con mucho estilo), está muy usada o es la enésima réplica en el armario (¿cuántas camisetas básicas negras necesitas?), lo mejor es que dejen espacio a prendas más valiosas. Escoger la que está mejor y se sigue pudiendo usar y donarla o venderla en una tienda de segunda mano son las mejores opciones.
Esperemos que todos estos consejos de la primera edición para el Estado del imprescindible Big Black Book de Esquire os sean tan útiles como para nosotros.

2 comentarios sobre “El armario perfecto (os lo dice Esquire)”

  1. Supongo que hay un lapsus y que querías decir que los pantalones deben ir colgados como norma general, y no doblados.

    En cuanto al modo de colgarlos no me gustan esas perchas que describes con al fieltro antideslizante. Quedan bien en las tiendas pero son difíciles de manejar sin pillar el pantalón fuera de las marcas de planchado. Lo mejor son las perchas en que el pantalón se cuelga desde el bajo, en mi opinión, aunque en las tiendas admito que quedan muy bien en las perchitas con el fieltrecito.

    Por lo demás no se habla de los abrigos, que en algunas latitudes son prenda diaria durante meses, y que ocupan un montón de espacio… :-)

    1. Es un lapsus sí. Los pantalones per sé han de ir colgados pero algunos de algodón un poco más grueso (de 8 onzas en adelante) como los vaqueros y los chinos soportan perfectamente ser doblados sin perder su integridad. En caso de poco espacio es mucho mejor favorecer prendas confeccionadas en lino, algodón fino, lana (a pesar de su buena memoria), etc. Respecto a los abrigos, y centrándonos en aquellos que tienen tejidos más delicados), os recomendamos los mismos cuidados que con las americanas de traje.
      Esperamos haber sido de ayuda y gracias por leernos.

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