Diálogo entre Don Pelayo y un Independentista Catalán

Nos encontramos en el Valle de los Caídos, epicentro de la españolidad. Junto a la tumba del Caudillo conversan Don Pelayo monje custodio de los santos lugares y un Independentista Catalán que ha ido allí a convencer a Franco de lo bueno que es para España permitir el referendum sin saber que todo el complejo es un centro energético, un auténtico reactor desde donde se irradia la españolidad a todos los confines del universo donde la tumba de Franco hace de potente generador y la cruz de enorme antena.

Independentista catalán: Mire…Vamos a hacer un referéndum pacífico y democrático para alcanzar la independencia de mi país Cataluña.

Don Pelayo: Pues no se molesten…Ustedes, aunque no lo sepan no pueden dejar de ser españoles.

Independentista catalán: Ya veremos. Porque lo vamos a hacer con o sin el consentimiento de España, como corresponde a una nación libre y soberana. Porque para ser libres, ¿sabe usted? No se precisa pedir permiso a nadie.

Don Pelayo: Sabia afirmación que sin embargo nada cambia las cosas. Ustedes hagan lo que hagan o decidan lo que decidan, no pueden dejar de ser lo que son ¡¡¡Españoles!!!

Independentista catalán: ¡Oiga! ¡Sin faltar! Le repito que nosotros seremos lo que queremos ser y sólo queremos ser catalanes y no españoles. Yo no me siento español: no quiero ser español; no me reconozco como español ni deseo que los demás me identifiquen como español.

Don Pelayo: Pues mala suerte…haber nacido en otra parte, porque una vez que has sido identificado oficialmente como español, nada se puede hacer. Eres español para toda la vida. Es más…aún muerto, serás recordado oficialmente como español, porque la españolidad no es algo de lo que uno pueda desprenderse con la muerte. Se es español para toda la eternidad. Y así aparecerás en todas las estadísticas y gráficas de los historiadores, computado como español.

Independentista catalán: ¡ Me está ofendiendo! Nosotros los catalanes somos un pueblo con historia, cultura y lengua propia y tenemos derecho a independizarnos de España si así lo quiere la mayoría de nuestros ciudadanos. Y nadie podrá persuadirnos de dejar de ser españoles si estamos decididos a ello. ¡Y lo estamos! ¿Quién nos lo va a impedir?

Don Pelayo: Ciertamente es posible que ustedes hagan el referéndum y que este arroje una amplia mayoría favorable a la independencia de Cataluña. Pero si la condición de españolidad fuera algo que se puede dejar por votación democrática acaso también lo sería hacerse español y ya ve usted que por esa via nadie alcanza la nacionalidad española en la zona subsahariana que tan pronto vienen aquí con esa intención los negros y refugiados se pone todo el aparato represivo del Estado para expulsarlos. Avenga entonces conmigo que la españolidad no está sujeta al régimen democrático y antes le parece contrario a dicha forma de proceder.

Independentista catalán: Usted hace trampas con los argumentos…es cierto que la nacionalidad no es algo sujeto a democracia sino a derecho. Y como quiera que este permita desde tiempo inmemorial conceder o retirar la pertenencia al grupo, clan, tribu o nación a los individuos, en el siglo XXI también esto puede extenderse a la voluntad de la persona y a los pueblos. Nadie puede forzar a otro a ser lo que no quiere ser…

Don Pelayo: Pero tampoco nadie puede dejar de ser lo que es a voluntad. Usted piensa ahora así porque es débil. De hecho, por ser débiles como pueblo han elegido celebrar un referéndum pacífico y democrático. De ser un pueblo fuerte no se tomarían tantas molestias actuarían conforme a sus intereses. De hecho, esa es la diferencia entre ustedes y los vascos.

Independentista catalán: Pues no veo la diferencia. Explíquese…

Don Pelayo: que mientras ustedes son un pueblo vencido, los vascos son un pueblo convencido.

Independentista catalán: no sé qué es peor. Pero no me creo esa distinción que hace usted.

Don Pelayo: A las pruebas me remito. Mientras en referencia a ellos se les dice ¡Puto vasco! a ustedes les dicen ¡Catalán de mierda! ¿Queda clara la diferencia? En cualquier caso tampoco ellos pueden dejar de ser españoles.

Independentista catalán: Ya entiendo su estrategia en la conversación…Usted está intentando que pierda los papeles para que quede desautorizado en mis argumentos que son incontestables. Pero estoy intrigado por averiguar en qué fundamenta usted que yo no pueda dejar de ser español.

Don Pelayo: No es nada personal. Usted y ningún catalán pueden dejar de ser españoles, porque nadie puede dejar de ser español una vez haya sido identificado como tal.

Independentista catalán: ¿Tampoco un madrileño?

Don Pelayo: ¡Tampoco!

Independentista catalán: ¿Y un andaluz?

Don Pelayo: ¡Menos!

Independentista catalán: Créame que no lo entiendo. Yo comprendo que los españoles impidan a los catalanes dejar de ser españoles porque saben que queremos dejar de ser españoles…pero que tampoco puedan los andaluces que para nada desean abandonar España…¿Qué necesidad hay de impedírselo?

Don Pelayo: Ninguna. En verdad nadie impide a nadie dejar de ser español, porque nadie puede dejar de ser español por mucho que se empeñe.

Independentista catalán: De verdad que no le entiendo. Explíquese mejor.

Don Pelayo: Vamos a ver como se lo hago entender…Hay tres cosas difíciles en la vida: la primera es cambiar de sexo; la segunda es ejercer la apostasía de la Iglesia católica; y la tercera darse de baja en una operadora de telefonía. Pues bien, dejar de ser español, es imposible.

Independentista catalán: ¿Qué tontería dice?

Don Pelayo: No. No es ninguna tontería. Nadie puede dejar de ser español por mucho que se lo proponga. Ahí tiene a los etarras cometiendo atentados, poniendo bombas, rabiosos por no ser españoles y sin embargo España no les ha eximido de su obligación de ser españoles. Fíjese en los canarios allá lejos, dejados de la mano de dios. Son africanos y sin embargo españoles para siempre. Mire a los gibraltareños, no pierden ocasión en rechazar a España como su madre patria, la insultan, la desprecian, la roban, se mofan de ella, la denuncian en foros internacionales…y sin embargo España reclama su españolidad, cosa que les solivianta y por ello les dicen “llanitos”. Más chocante todavía es el caso de ceutíes y melillenses a quienes siguiendo el proceder anterior no deberían de considerar españoles, pero ahí los tiene usted, españoles de pura cepa aunque muchos de ellos se expresen sólo en árabe y coman cuscús.

Independentista catalán: ¿Y Andorra?

Don Pelayo: Andorra es esa parte de España que se comparte con Francia.

Independentista catalán: Y ¿qué pasa con Portugal? Durante unos años fue española y ahora es independiente.

Don Pelayo: Aparentemente sí…pero si atiende a su recorrido histórico es milimétrico en los acontecimientos. Por eso, todo el mundo y cuando digo todo el mundo también incluido usted, psicológicamente tenemos asumida la verdad y cuando pensamos en España, pensamos en toda la península Ibérica, incluido el País Vasco, Cataluña, Andorra, Gibraltar y Portugal. Todo es España, hasta el anticiclón de las Azores.

Independentista catalán: Y qué pasa con América y todos los países que hay allí…Antes eran España y ahora ya no lo son.

Don Pelayo: Usted parece impermeable a las razones del telediario…Cómo diantre se les identifica en conjunto como ¡Hispanos! ¿Y sabe por qué? Porque ellos son argentinos, ecuatorianos, o mejicanos como aquí son gallegos, catalanes y vascos, es decir como pertenecientes a una entidad superior. Eso es lo que se festeja el día de la Hispanidad.

Independentista catalán: No me convence nada…Pero supongamos que tiene razón. Que yo por haber nacido legalmente en España no puedo escapar a la Españolidad. Que moriré español. Que como usted ha dicho seré contado en el cómputo de la historia como español, etc. Lo asumo. No tengo escapatoria…pero si en esta vida nuestra generación alcanza la independencia habrá merecido la pena por nuestros hijos, por nuestros nietos y los nietos de sus nietos. Gracias a nuestra lucha pacífica y democrática, al menos ellos nacerán en un país libre y limpios de españolidad. No estarán contaminados.

Don Pelayo: Lamento informarle de que está muy equivocado a ese respecto, por no mencionar esa contradicción de luchar pacíficamente…

Independentista catalán: ¿Equivocado? ¿Cómo puedo estar en un error si he aplicado su propia lógica?

Don Pelayo: Porque mi lógica sólo funciona para defender la verdad nunca la falsedad.

Independentista catalán: Usted ha dicho que si uno nace español o es identificado en un momento dado oficialmente como tal, ya no puede dejar de ser español nunca. Que es español para la eternidad.

Don Pelayo: Verdadero sin falsedad cierto y muy verdadero.

Independentista catalán: Luego, si independizada Cataluña de España en el 2025 nace un hijo mio en Cataluña, nacerá únicamente catalán. No será oficialmente español y no le alcanzará la españolidad, ni a él ni a su prole.

Don Pelayo: Créame…Su hijo también será español. Y el hijo de su hijo y así hasta el final de los tiempos cuando escuchen las trompetas del Apocalipsis.

Independentista catalán: ¡No es posible! ¡Me niego!

Don Pelayo: Niegue la realidad todo lo que quiera. La realidad es paciente y tarde o temprano alguien se dará cuenta de que no se puede dejar de ser lo que se es y usted y todos los suyos son españoles.

Independentista catalán: No me lo creo.

Don Pelayo: Pues créaselo. Usted sabe de los niños que tras la caída de la República fueron enviados a Rusia; que se quedaron muchos allí; que tuvieron familia con rusas; que tuvieron hijos y nietos que ni saben hablar español ¿verdad? Pues para España, son todos españoles. Usted conoce que tras la Guerra civil muchos españoles tuvieron que emigrar por persecución política y hambre a América; allí tuvieron hijos, nietos y biznietos la mayoría no han pisado nunca territorio español y sin embargo, España les reconoce su españolidad, también ellos son todos españoles.

Independentista catalán: Lo sé…Lo sé…Pero supongo que con el tiempo, la españolidad se irá desgastando y habrá un momento en que dejarán de ser españoles. Y esa suerte también puede acontecernos a los catalanes, sino de este siglo, al menos del siguiente y para cuando festejemos los 100 años de independencia no habrá nadie afectado por la españolidad.

Don Pelayo: De eso nada. Cataluña ahora y siempre será española. Tome nota de lo acontecido con los judíos que habitaban en los reinos peninsulares cristianos que fueron expulsados hace más de quinientos años, ahora conocidos como sefardíes. Llevan siglos de un lado para otro y ahora muchos de ellos tienen nacionalidad israelí…¿Cree usted que por haber pasado no un siglo, ni dos, ni tres, ni cuatro, sino cinco siglos han dejado de ser españoles? ¡Bajo ningún concepto!

Independentista catalán: Pero ¿Por qué? ¿Por qué nadie puede dejar de ser español? ¿Por qué puedo dejar de ser de Timofon, por qué puedo dejar de ser varón, por qué puedo dejar de ser católico y en cambio no puedo dejar de ser español? Esto es desesperante…

Don Pelayo: Porque ser español es como ser judío. Es algo que no se puede remediar. Se transmite de padres a hijos. Puedes olvidarte de ello, puedes renegar de ello, puedes camuflarlo, puedes esconderlo, no practicarlo…pero al final se sigue siendo lo que uno es. Y en el caso de los catalanes es ser por encima de todo españoles. Da igual que seáis altos o bajos, pobres o ricos, tontos o listos, que ameis o desprecies a España, sois españoles sin remedio y sin fin.

Independentista catalán: Usted está mal de la cabeza. Si algo enseña la historia es que todas las naciones en algún momento llegan a su fin. El Imperio Romano, el Imperio Otomano, El Imperio Austro-Hungaro, la URSS…todas las naciones pasan…

Don Pelayo: Todas las naciones pasan, pero España permanece. ¿Y sabe por qué?

Independentista catalán: Dígamelo usted.

Don Pelayo: Porque España es una entidad sagrada que afecta tanto al presente como al futuro y aún al pasado. Es decir, no sólo usted es español en la actualidad, que también lo seguirá siendo para toda la eternidad y ya lo era antes de venir al mundo.

Independentista catalán: Eso ya es de risa. ¡Siga! ¡Siga!

Don Pelayo: Ria cuanto quiera, pero no se ha percatado de que los reyes católicos pasan por españoles cuando en teoría España no existía. Como tampoco lo eran los sefardíes, ni los Emperadores romanos, Trajano, Adriano y Teodosio, ni los eruditos Isidoro de Sevilla, Averroes, Avicebrón…pero a todos ellos les ha alcanzado la españolidad retroactiva.

Independentista catalán: Entonces, ¿de verdad que no hay escapatoria?

Don Pelayo: No. No la hay.

Independentista catalán: ¡Odio ser español! ¡Me da asco pertenecer a España! ¡Maldigo España! ¡Me cago en la puta España de mierda! Voy a quemar la bandera rojigualda. Voy a hacer una manifestación con una pancarta en inglés que diga ¡No quiero ser español!

Don Pelayo: Cuanto más luchas contra la españolidad, más español te vuelves. España es como el lado oscuro de la fuerza. Por eso la celebración del referéndum lo único que puede hacer es reforzar vuestra condición de españoles y como tales sereis recordados por la historia.

El Independentista catalán cae agotado por la radiación españolista y queda postrado de rodillas ante la tumba del Generalísimo entre susurros. El monje, con ternura le echa por encima una bandera rojigualda. y le consuela.

II Premio Cafés Gosoa de Relato Corto

 

De nuevo, la empresa “Cafés Gosoa” apuesta por la cultura y convoca el II Premio literario para la modalidad de relato corto en euskera y otro en castellano.

BASES:
1 La participación en el certamen está abierta a residentes en Euskadi y en Territorio Español. Cada participante sólo podrá presentar un relato a concurso.
2 Los relatos deberán ser inéditos.
3 El tema del relato para esta segunda edición será “Café y Mar”, quedando a la entera libertad del autor el modo en cómo abordarlo o introducir el motivo en su obra.
4 El relato no podrá superar las 3.000 palabras.
5 Los trabajos deben ser enviados antes del 31 de Mayo de 2017 por correo electrónico a la dirección gosoarelatoscortos@yahoo.com especificando en asunto: “II Premio Cafés Gosoa”. En el mensaje, además de adjuntar en archivo la obra, deberán incluirse los datos completos del autor: nombre, apellidos, DNI, teléfono de contacto y dirección de correo electrónico.
6 Los premiados en euskera y castellano serán convocados a una ceremonia programada para el 1 de Octubre, Día Internacional del café, donde se les hará entrega del galardón; de cincuenta ejemplares con las obras premiadas publicadas por Cafés Gosoa y un lote de su peso en café. En esa misma fecha se hará público el Fallo del Jurado.
7 El jurado, estará integrado por representantes del mundo de la cultura y un representante de Cafés Gosoa.
8. Los participantes, por su mera presentación, aceptan íntegramente las bases del certamen.
9. El premio podrá declararse desierto y el fallo del jurado será inapelable.
10. El jurado será soberano en la interpretación de estas bases.

En su primera edición del pasado año 2016, el concurso recibió más de un centenar de obras siendo el fallo del jurado el siguiente:
Premio Cafés Gosoa de relato corto en euskera: UNAI VILLENA por la obra “Hamahirugarren kafea”.
Premio Cafés Gosoa de relato corto en castellano: EMMA PÉREZ MÉNDEZ por la obra “Al otro lado de la barra”.

Premio Cafés Gosoa de relato corto

En el trasiego prenavideño, entre encendido de luces, frenéticas compras, sorteo de lotería y comilonas de empresa, ha tenido lugar la entrega de de los “Premios Cafés Gosoa de relato corto” en Euskera y Castellano, con el lema “Café punto de encuentro”, certamen cuya singularidad estriba en otorgar a los galardonados su peso en café, además de cincuenta ejemplares editados de las obras elegidas por el jurado para esta primera convocatoria.

La iniciativa de crear un concurso literario asociado a la marca de Cafés Gosoa, nace del amor que la gerente de la empresa tiene por la cultura y la idea generalizada de que los escritores suelen ser adictos a sus inspiradores efectos. De ahí, que desde un principio, se pensó en un premio que aún pudiéndose cuantificar en 1500 euros por galardón, fuera más simbólico que económico, atrayendo la participación de autores genuinos sólo corrompidos por el espíritu creativo y el afán de ser reconocidos por su talento, dispuestos a jugarse su respetabilidad en una simpática apuesta lúdica por la cultura, donde seguramente los participantes aporten más prestigio al Premio que a la inversa como es de esperar suceda. Y así ha sido.

Para esta primera edición, la empresa diseñó una publicidad de perfil bajo siguiendo los consejos de la Dirección Técnica del Certamen: se repartieron prospectos con las bases en los establecimientos hosteleros que despachan la marca Cafés Gosoa y se remitió la convocatoria a los foros especializados. Se esperaba recibir no más de una veintena de títulos por modalidad. Cuál no sería la sorpresa de todos, cuando a los correos indicados para la recepción de originales no paraban de llegar mensajes hasta sobrepasar de largo el centenar y lo más asombroso, remitidos de todas partes del mundo.

Tras varios meses de deliberación, el jurado dio a conocer su fallo a la empresa y esta se puso en contacto con los galardonados al objeto de acordar una fecha adecuada a todas las partes para celebrar la ceremonia de entrega del Premio. Entre ambos momentos han transcurrido tres meses tiempo suficiente para editar los relatos salvando los compromisos laborales y familiares de los implicados.

Es así, como el pasado Viernes 16 de Diciembre de 2016 al mediodía, en los locales de la empresa tuvo lugar la pintoresca escena del pesado de los autores para establecer a cuántos kilos de café corresponde su premio. Pasado el trámite, miembros de la empresa, del jurado, familiares de los galardonados y los premiados acudieron al Restaurante reservado para la ocasión donde se les hizo entrega solemne del diploma que les acredita como los primeros ganadores del “Premio Cafés Gosoa de relato corto” cuyos nombres damos a conocer:

Premio Cafés Gosoa de relato corto en euskera: UNAI VILLENA por la obra “ Hamahirugarren kafea”.
Premio Cafés Gosoa de relato corto en castellano: EMMA PÉREZ MÉNDEZ por la obra “Al otro lado de la barra”.

Durante la comida todos nos conocimos un poco más: Emma es enfermera y Unai ingeniero; pese a que ambos contaban ya con obras premiadas y publicadas, se animaron a participar porque les hizo gracia tan curiosa convocatoria, extremo que respaldó la iniciativa animando en los brindis finales a Irune Goyenechea, Gerente de Cafés Gosoa a desvelar el tema del próximo certamen, a saber, “El café y el Mar” que en breve será convocado al inicio del 2017.

De cómo el Evento engulló al tema

La primera ocasión que tuve noticia de tan extraño fenómeno lingüístico fue de la magistral mano de Alex Grijelmo cuya obra entera recomiendo a cuantos guste disfrutar de los entresijos del castellano, quien hace al menos una década ya advertía sobre la voracidad del “evento” cuyo calco del uso inglés mal empleado por la comunidad castellanoparlante, amenaza cual especie invasora, con extinguir todo el vocabulario autóctono incluidas voces como “tema” la cual ya había fagocitado por su cuenta al “asunto”, la “cuestión”, el “problema” y la “cosa” que a su vez se había encargado de merendarse a toda palabra susceptible de caer bajo su indeterminación, extremo al que no escaparían ni los demostrativos “esto”, “eso” o “aquello” socorridos remedios hogareños de las madres para referirse a casi cualquier particular, que por aquí empezaría tan demencial secuencia lexicofágica.

Mal que bien, hasta hace nada, había cierto acomodo en dicho podio de términos glotones que depauperaban el lenguaje coloquial, por cuanto era propio de los pobres expresarse con pobredad. Sin embargo, con la crisis económica galopante que no parece tener fin pues al final del túnel nos aguarda la tormenta, disminuyendo como ha disminuido la clase media, una voz como Evento está causando estragos en la expresión oral y escrita, alcanzando cotas preocupantes.

Durante mucho tiempo, refugiada mi mente como está en los sótanos de la República de las Letras, es decir, en los clásicos grecolatinos, aún siendo como soy un faltógrafo impenitente, la advertencia certera de tan genial autor se me antojó toda una exageración propia del erudito especialista celoso custodio de su terruño. Más el otro día, atendiendo un debate de la Sexta, pude escuchar de labios de un habitual de la cadena a quien aprecio lo suficiente como para no citarle, que el evento de Siria era muy preocupante. Entonces desperté de mi letargo. ¡Evento como sinónimo de guerra! A dónde habíamos llegado…

En estos años, casi sin darnos cuenta, el “evento” ha multiplicado su presencia entre nosotros, hasta el punto de que hoy todo son eventos: vemos a la gente haciendo cola para asistir a un evento teatral en vez de una representación; las madres acuden al colegio a contemplar un evento deportivo antes que una competición; salimos de etiqueta a un evento musical que podría ser hasta un concierto; los ciudadanos ya no participan de las elecciones democráticas, sino de un evento político; en Navidad se prodigan los eventos familiares antaño dichas reuniones, los eventos empresariales en sustitución de comidas y cuando alguien se muere vamos a despedirle a un evento funerario cuando tocaba un sepelio. Manifestaciones laborales, actuaciones policiales, mítines políticos, acontecimientos climáticos, exposiciones de pintura, fiestas populares, pasarelas de moda, concursos infantiles, ceremonias religiosas, cumpleaños, Jura de bandera, recepción de Autoridades, presentación de libros, noticias del telediario, entrada en la cárcel de Pantoja…todos son eventos.

Y bien está que una sociedad empobrecida se exprese con un lenguaje empobrecido para que el vestuario acumulado en el ropero no despiste al interlocutor deseoso de saber el estatus social al que en la actualidad pertenece la persona con la que se mantiene conversación. Pero “evento” no sólo está afectando a esos trece millones de españoles que están sumidos en la pobreza con o sin trabajo; que también ha alcanzado de lleno a la flor y nata de las élites extractoras, particular del que me he percatado al revisar las intervenciones de los representantes de la Patronal y de la Banca cuyos actos, también son eventos.

Paradójicamente, el “evento” no parece eventual entendido el adjetivo como algo que no es seguro, fijo o regular, en nuestra lengua, antes sospechamos que ha venido para quedarse por mucho tiempo hasta que la mismísima RAE, anuncie a bombo y platillo la salida al mercado de su nuevo Evento, entendiendo esta vez por evento su famoso Diccionario, cuyo contenido, ciertamente cada poco es más y más eventual.

Mártir de la Ortografía

Hace tiempo dejé muy clara en artículos como Kontra la Ortographia (Korrejido), mi posición práctica e intelectual ante la presión exagerada que con la excusa de esta enfermedad del lenguaje escrito, es ejercida por aquellos que creyéndose autoridades en su fijación retrógrada, se regodean señalando con el dedo acusador lo que su supina estupidez declara como errores, con mayor saña, cuanta mayor es la maldad de la persona que subida al pedestal falso de la supuesta ortografía, cual desgarramantas con una gorra, actúa de implacable inquisidor en público linchamiento por algo que en una sociedad civilizada jamás tendría lugar, de no ser, por la existencia de auténticos kavrones como ellos.

Yo comprendo como adecuado que una falta al honor, una falta de respeto, una falta de educación, una falta al trabajo, una falta de puntualidad, una falta a la verdad o cualquier otra falta relevante por parte de alguien, más todavía siendo un represente democrático, esté sujeta a reproche social. Pero, de ahí, a someter a escarnio a bombo y platillo, a alguien como Mayren Beneyto, por muy Consejera de Cultura del Ayuntamiento de Valencia que sea, no me parece correcto, por parte de nadie y menos de los periodistas, gremio que en su conjunto es el que más patadas da al diccionario donde más duele, que no es en la forma del significante, cuanto en el contenido del significado, contando como cuentan con formación en la facultad, manuales de estilo, supervisión en la redacción y el corrector informático.

Alarmado por la trascendencia del asunto tan nimio que ha llegado a salir en los telediarios, me he tomado la molestia de leer el mensaje de texto remitido por quien desde hoy para mi es una “Mártir de la ortografía”, antes de pronunciarme sobre el particular; y si les soy sincero, me parece más falta de profesionalidad, decoro, educación, respeto, sensibilidad y empatía por parte de quienes han puesto la lupa sobre ello que las supuestas faltas de ortografía cometidas por alguien que de modo desenfadado se ha pronunciado en las redes sociales, inconsciente de que las malas personas están al acecho siempre, dispuestas a engrandecer cualquier suyo desliz para convertirlo en motivo de mofa y risas de cuantos no saben lo que es un retruécano o un palíndromo, ignorantes de los recovecos neurolingüísticos neandertales conservados en la entonación intersilábica o que sencillamente no distinguen en el uso el “quisiera” del “quisiese”. Eso sí, tienen muy presente que su condición de imbécil, se escribe con m antes de b y lleva tilde.

Yo, que me dedico a escribir, cometo infinidad de faltas de ortografía, cosa que cada vez me preocupa menos, pues por aquello que en su día me dieran con la regla sobre la palma de la mano, que me hiciera pasar algo de vergüenza al salir al encerado o supusiera un punto menos en el examen, hoy resulta, que ha dejado de ser una falta y por arte de birlibirloque, algunos míos manuscritos se han corregido solos con el mero paso del tiempo. Además, como no me cansaré de repetir, si yo cometo faltas, la culpa no es mía…es de la ortografía.

Porque, lo de empeñarse en la caligrafía, es de suyo comprensible, pues de no existir el teclado, la buena letra es imprescindible para que los textos oficiales y las cartas personales sean legibles por terceros. Pero ¿Qué es lo que está bien escrito a parte de esto? ¿Es menos vurro el burro en el primer término que en el segundo? Si es así, espero no ser llevado a juicio por decirle a algún Ministro de cultura que es un “ijo de puta”.

Pero, sin entrar en demasiados detalles, vamos a presentar los cargos más relevantes esgrimidos contra esta Concejal de cultura para ver hasta que punto de ruindad se puede llegar con objeto de hacer sangre en un inocente:

Se le acusa de no manejar bien los signos de puntuación. Para comprobar en qué queda esta acusación, les recomiendo a todos hacerse con la obra de Camilo José Cela, Premio Nobel de literatura que hacía de esta pseudociencia de su capa un sayo, verbigracia en Christus versus Arizona.

Se le avergüenza la ausencia de un verbo en una frasecilla, como si en el lenguaje escrito no existiera la elipsis. Si fuera por estos ángeles custodios de la sagrada escritura, San Pablo, por su afición a los anacolutos, no entraría precisamente en las Sagradas Escrituras ni en los apócrifos.

Se le acusa de escribir con mayúsculas la voz Valencianos. ¡Vaya! Resulta que un sencillo mecanismo para transmitir en un texto qué términos le parecen al autor relevantes en el contexto como lo es el uso de la mayúscula, mecanismo expresivo al que estoy adscrito desde mi niñez para distinguir, por ejemplo, la Política aristotélica de la política de partidos o a la Policía del policía, etc, resulta que es una falta. ¡Hay que ser memos!

Es cierto que en el mensaje hay alguna que otra incorrección como poner “aria” donde debía aparecer área…Mas, cuánta gente pone “áurea” donde quiere expresar “aura” e incluso “urea”; quién alguna vez no ha dicho “aeropuerto” en lugar de “aeropuerto” o si te descuidas “ariopuerto”, a quién no se le ha escapado un “chinchón” por “chichón”; ¿No ha autorizado la RAE voces como almóndiga y hasta murciégalo? ¿Cómo está mejor dicho jugar al escondite o al esconderite? ¿Cómo debe escribirse barajar o barajear? Creo que ningún Académico está en condiciones de decir lo que está bien o mal escrito después de que la RAE diera por bueno Hindú como sinónimo de indio, y menos fuera de ella.