Diálogo entre Don Pelayo y un Independentista Catalán

Nos encontramos en el Valle de los Caídos, epicentro de la españolidad. Junto a la tumba del Caudillo conversan Don Pelayo monje custodio de los santos lugares y un Independentista Catalán que ha ido allí a convencer a Franco de lo bueno que es para España permitir el referendum sin saber que todo el complejo es un centro energético, un auténtico reactor desde donde se irradia la españolidad a todos los confines del universo donde la tumba de Franco hace de potente generador y la cruz de enorme antena.

Independentista catalán: Mire…Vamos a hacer un referéndum pacífico y democrático para alcanzar la independencia de mi país Cataluña.

Don Pelayo: Pues no se molesten…Ustedes, aunque no lo sepan no pueden dejar de ser españoles.

Independentista catalán: Ya veremos. Porque lo vamos a hacer con o sin el consentimiento de España, como corresponde a una nación libre y soberana. Porque para ser libres, ¿sabe usted? No se precisa pedir permiso a nadie.

Don Pelayo: Sabia afirmación que sin embargo nada cambia las cosas. Ustedes hagan lo que hagan o decidan lo que decidan, no pueden dejar de ser lo que son ¡¡¡Españoles!!!

Independentista catalán: ¡Oiga! ¡Sin faltar! Le repito que nosotros seremos lo que queremos ser y sólo queremos ser catalanes y no españoles. Yo no me siento español: no quiero ser español; no me reconozco como español ni deseo que los demás me identifiquen como español.

Don Pelayo: Pues mala suerte…haber nacido en otra parte, porque una vez que has sido identificado oficialmente como español, nada se puede hacer. Eres español para toda la vida. Es más…aún muerto, serás recordado oficialmente como español, porque la españolidad no es algo de lo que uno pueda desprenderse con la muerte. Se es español para toda la eternidad. Y así aparecerás en todas las estadísticas y gráficas de los historiadores, computado como español.

Independentista catalán: ¡ Me está ofendiendo! Nosotros los catalanes somos un pueblo con historia, cultura y lengua propia y tenemos derecho a independizarnos de España si así lo quiere la mayoría de nuestros ciudadanos. Y nadie podrá persuadirnos de dejar de ser españoles si estamos decididos a ello. ¡Y lo estamos! ¿Quién nos lo va a impedir?

Don Pelayo: Ciertamente es posible que ustedes hagan el referéndum y que este arroje una amplia mayoría favorable a la independencia de Cataluña. Pero si la condición de españolidad fuera algo que se puede dejar por votación democrática acaso también lo sería hacerse español y ya ve usted que por esa via nadie alcanza la nacionalidad española en la zona subsahariana que tan pronto vienen aquí con esa intención los negros y refugiados se pone todo el aparato represivo del Estado para expulsarlos. Avenga entonces conmigo que la españolidad no está sujeta al régimen democrático y antes le parece contrario a dicha forma de proceder.

Independentista catalán: Usted hace trampas con los argumentos…es cierto que la nacionalidad no es algo sujeto a democracia sino a derecho. Y como quiera que este permita desde tiempo inmemorial conceder o retirar la pertenencia al grupo, clan, tribu o nación a los individuos, en el siglo XXI también esto puede extenderse a la voluntad de la persona y a los pueblos. Nadie puede forzar a otro a ser lo que no quiere ser…

Don Pelayo: Pero tampoco nadie puede dejar de ser lo que es a voluntad. Usted piensa ahora así porque es débil. De hecho, por ser débiles como pueblo han elegido celebrar un referéndum pacífico y democrático. De ser un pueblo fuerte no se tomarían tantas molestias actuarían conforme a sus intereses. De hecho, esa es la diferencia entre ustedes y los vascos.

Independentista catalán: Pues no veo la diferencia. Explíquese…

Don Pelayo: que mientras ustedes son un pueblo vencido, los vascos son un pueblo convencido.

Independentista catalán: no sé qué es peor. Pero no me creo esa distinción que hace usted.

Don Pelayo: A las pruebas me remito. Mientras en referencia a ellos se les dice ¡Puto vasco! a ustedes les dicen ¡Catalán de mierda! ¿Queda clara la diferencia? En cualquier caso tampoco ellos pueden dejar de ser españoles.

Independentista catalán: Ya entiendo su estrategia en la conversación…Usted está intentando que pierda los papeles para que quede desautorizado en mis argumentos que son incontestables. Pero estoy intrigado por averiguar en qué fundamenta usted que yo no pueda dejar de ser español.

Don Pelayo: No es nada personal. Usted y ningún catalán pueden dejar de ser españoles, porque nadie puede dejar de ser español una vez haya sido identificado como tal.

Independentista catalán: ¿Tampoco un madrileño?

Don Pelayo: ¡Tampoco!

Independentista catalán: ¿Y un andaluz?

Don Pelayo: ¡Menos!

Independentista catalán: Créame que no lo entiendo. Yo comprendo que los españoles impidan a los catalanes dejar de ser españoles porque saben que queremos dejar de ser españoles…pero que tampoco puedan los andaluces que para nada desean abandonar España…¿Qué necesidad hay de impedírselo?

Don Pelayo: Ninguna. En verdad nadie impide a nadie dejar de ser español, porque nadie puede dejar de ser español por mucho que se empeñe.

Independentista catalán: De verdad que no le entiendo. Explíquese mejor.

Don Pelayo: Vamos a ver como se lo hago entender…Hay tres cosas difíciles en la vida: la primera es cambiar de sexo; la segunda es ejercer la apostasía de la Iglesia católica; y la tercera darse de baja en una operadora de telefonía. Pues bien, dejar de ser español, es imposible.

Independentista catalán: ¿Qué tontería dice?

Don Pelayo: No. No es ninguna tontería. Nadie puede dejar de ser español por mucho que se lo proponga. Ahí tiene a los etarras cometiendo atentados, poniendo bombas, rabiosos por no ser españoles y sin embargo España no les ha eximido de su obligación de ser españoles. Fíjese en los canarios allá lejos, dejados de la mano de dios. Son africanos y sin embargo españoles para siempre. Mire a los gibraltareños, no pierden ocasión en rechazar a España como su madre patria, la insultan, la desprecian, la roban, se mofan de ella, la denuncian en foros internacionales…y sin embargo España reclama su españolidad, cosa que les solivianta y por ello les dicen “llanitos”. Más chocante todavía es el caso de ceutíes y melillenses a quienes siguiendo el proceder anterior no deberían de considerar españoles, pero ahí los tiene usted, españoles de pura cepa aunque muchos de ellos se expresen sólo en árabe y coman cuscús.

Independentista catalán: ¿Y Andorra?

Don Pelayo: Andorra es esa parte de España que se comparte con Francia.

Independentista catalán: Y ¿qué pasa con Portugal? Durante unos años fue española y ahora es independiente.

Don Pelayo: Aparentemente sí…pero si atiende a su recorrido histórico es milimétrico en los acontecimientos. Por eso, todo el mundo y cuando digo todo el mundo también incluido usted, psicológicamente tenemos asumida la verdad y cuando pensamos en España, pensamos en toda la península Ibérica, incluido el País Vasco, Cataluña, Andorra, Gibraltar y Portugal. Todo es España, hasta el anticiclón de las Azores.

Independentista catalán: Y qué pasa con América y todos los países que hay allí…Antes eran España y ahora ya no lo son.

Don Pelayo: Usted parece impermeable a las razones del telediario…Cómo diantre se les identifica en conjunto como ¡Hispanos! ¿Y sabe por qué? Porque ellos son argentinos, ecuatorianos, o mejicanos como aquí son gallegos, catalanes y vascos, es decir como pertenecientes a una entidad superior. Eso es lo que se festeja el día de la Hispanidad.

Independentista catalán: No me convence nada…Pero supongamos que tiene razón. Que yo por haber nacido legalmente en España no puedo escapar a la Españolidad. Que moriré español. Que como usted ha dicho seré contado en el cómputo de la historia como español, etc. Lo asumo. No tengo escapatoria…pero si en esta vida nuestra generación alcanza la independencia habrá merecido la pena por nuestros hijos, por nuestros nietos y los nietos de sus nietos. Gracias a nuestra lucha pacífica y democrática, al menos ellos nacerán en un país libre y limpios de españolidad. No estarán contaminados.

Don Pelayo: Lamento informarle de que está muy equivocado a ese respecto, por no mencionar esa contradicción de luchar pacíficamente…

Independentista catalán: ¿Equivocado? ¿Cómo puedo estar en un error si he aplicado su propia lógica?

Don Pelayo: Porque mi lógica sólo funciona para defender la verdad nunca la falsedad.

Independentista catalán: Usted ha dicho que si uno nace español o es identificado en un momento dado oficialmente como tal, ya no puede dejar de ser español nunca. Que es español para la eternidad.

Don Pelayo: Verdadero sin falsedad cierto y muy verdadero.

Independentista catalán: Luego, si independizada Cataluña de España en el 2025 nace un hijo mio en Cataluña, nacerá únicamente catalán. No será oficialmente español y no le alcanzará la españolidad, ni a él ni a su prole.

Don Pelayo: Créame…Su hijo también será español. Y el hijo de su hijo y así hasta el final de los tiempos cuando escuchen las trompetas del Apocalipsis.

Independentista catalán: ¡No es posible! ¡Me niego!

Don Pelayo: Niegue la realidad todo lo que quiera. La realidad es paciente y tarde o temprano alguien se dará cuenta de que no se puede dejar de ser lo que se es y usted y todos los suyos son españoles.

Independentista catalán: No me lo creo.

Don Pelayo: Pues créaselo. Usted sabe de los niños que tras la caída de la República fueron enviados a Rusia; que se quedaron muchos allí; que tuvieron familia con rusas; que tuvieron hijos y nietos que ni saben hablar español ¿verdad? Pues para España, son todos españoles. Usted conoce que tras la Guerra civil muchos españoles tuvieron que emigrar por persecución política y hambre a América; allí tuvieron hijos, nietos y biznietos la mayoría no han pisado nunca territorio español y sin embargo, España les reconoce su españolidad, también ellos son todos españoles.

Independentista catalán: Lo sé…Lo sé…Pero supongo que con el tiempo, la españolidad se irá desgastando y habrá un momento en que dejarán de ser españoles. Y esa suerte también puede acontecernos a los catalanes, sino de este siglo, al menos del siguiente y para cuando festejemos los 100 años de independencia no habrá nadie afectado por la españolidad.

Don Pelayo: De eso nada. Cataluña ahora y siempre será española. Tome nota de lo acontecido con los judíos que habitaban en los reinos peninsulares cristianos que fueron expulsados hace más de quinientos años, ahora conocidos como sefardíes. Llevan siglos de un lado para otro y ahora muchos de ellos tienen nacionalidad israelí…¿Cree usted que por haber pasado no un siglo, ni dos, ni tres, ni cuatro, sino cinco siglos han dejado de ser españoles? ¡Bajo ningún concepto!

Independentista catalán: Pero ¿Por qué? ¿Por qué nadie puede dejar de ser español? ¿Por qué puedo dejar de ser de Timofon, por qué puedo dejar de ser varón, por qué puedo dejar de ser católico y en cambio no puedo dejar de ser español? Esto es desesperante…

Don Pelayo: Porque ser español es como ser judío. Es algo que no se puede remediar. Se transmite de padres a hijos. Puedes olvidarte de ello, puedes renegar de ello, puedes camuflarlo, puedes esconderlo, no practicarlo…pero al final se sigue siendo lo que uno es. Y en el caso de los catalanes es ser por encima de todo españoles. Da igual que seáis altos o bajos, pobres o ricos, tontos o listos, que ameis o desprecies a España, sois españoles sin remedio y sin fin.

Independentista catalán: Usted está mal de la cabeza. Si algo enseña la historia es que todas las naciones en algún momento llegan a su fin. El Imperio Romano, el Imperio Otomano, El Imperio Austro-Hungaro, la URSS…todas las naciones pasan…

Don Pelayo: Todas las naciones pasan, pero España permanece. ¿Y sabe por qué?

Independentista catalán: Dígamelo usted.

Don Pelayo: Porque España es una entidad sagrada que afecta tanto al presente como al futuro y aún al pasado. Es decir, no sólo usted es español en la actualidad, que también lo seguirá siendo para toda la eternidad y ya lo era antes de venir al mundo.

Independentista catalán: Eso ya es de risa. ¡Siga! ¡Siga!

Don Pelayo: Ria cuanto quiera, pero no se ha percatado de que los reyes católicos pasan por españoles cuando en teoría España no existía. Como tampoco lo eran los sefardíes, ni los Emperadores romanos, Trajano, Adriano y Teodosio, ni los eruditos Isidoro de Sevilla, Averroes, Avicebrón…pero a todos ellos les ha alcanzado la españolidad retroactiva.

Independentista catalán: Entonces, ¿de verdad que no hay escapatoria?

Don Pelayo: No. No la hay.

Independentista catalán: ¡Odio ser español! ¡Me da asco pertenecer a España! ¡Maldigo España! ¡Me cago en la puta España de mierda! Voy a quemar la bandera rojigualda. Voy a hacer una manifestación con una pancarta en inglés que diga ¡No quiero ser español!

Don Pelayo: Cuanto más luchas contra la españolidad, más español te vuelves. España es como el lado oscuro de la fuerza. Por eso la celebración del referéndum lo único que puede hacer es reforzar vuestra condición de españoles y como tales sereis recordados por la historia.

El Independentista catalán cae agotado por la radiación españolista y queda postrado de rodillas ante la tumba del Generalísimo entre susurros. El monje, con ternura le echa por encima una bandera rojigualda. y le consuela.

Solución irracional al problema catalán

El asunto catalán, sea este partícipe de catalanismo o catalanidad, hace tiempo que discurre por senderos emocionales antes que racionales si es que todavía la liquidez mediática permite este sutil distingo entre unos y otros, motivo por el cual, se nos antoja anacrónica toda argumentación donde se pretenda demostrar verdad alguna, porque en tiempos de postmodernidad cada cual tiene la suya, sino varias y aún contrarias, como en mi caso, pues formado en teología aprendí que, en ocasiones, lo contrario de una verdad profunda puede ser otra verdad profunda, si bien, la profundidad por si sola no garantiza verdad alguna, resultando, las más de las veces, que en ese viaje iniciático en el que algunos se enrolan, cual argonautas por alcanzar la suprema verdad, antes se pierden en la bruma espesa de lo falso, dándose el caso más abundante, que se discute enarbolando falsedades, cuando no presentando intencionadamente mentiras, atajo socorrido para el raudo convencimiento en el debate de ignorantes que deslumbrados por una verborrea brillante, no dudan en estar delante del Vellocino de oro. Despojémonos entonces de la carga intelectual que supone entender lo que no requiere entendimiento y dispongámonos a sentir lo que es del sentimiento sin necesidad de presentar pruebas irrefutables de carácter histórico, jurídico o económico que en poco ayudan a esclarecer el motivo pascaliano que conduce el aberrante estado comportamental de las partes en disputa al pasar por alto que el corazón tiene razones que la razón no entiende, comprendiéndose mejor el absurdo en el que estamos inmersos de que, la inmensa mayoría de los españoles quieren lo mejor para Cataluña, mientras los catalanes parecen decidido a elegir lo que menos les conviene, asunto que puede secar el seso a quien se tome en serio la cuestión, de no caer en la cuenta, de que siempre ha sido más fácil aprenderse el mito que comprenderlo, y en este asunto, de mitología no es que andemos faltos.

Si catalanes y españoles hubieran querido de verdad dirimir sus diferencias de forma racional, pronto habrían hallado una solución sencilla: los catalanes deseaban que se les reconociera en la Constitución española el Derecho de autodeterminación, el Derecho a decidir o la posibilidad de declarar unilateralmente la Independencia. Los españoles no querían reconocer ninguno de estos derechos sólo para los catalanes. Cataluña quería un referéndum en su territorio para averiguar la voluntad de sus ciudadanos sobre el particular; España considera que Cataluña es España y por consiguiente no cabe que exclusivamente se pronuncien sobre el particular los catalanes… Podría continuar citando proposiciones de unos y otros que como se puede apreciar no son disyuntivas, ni yuxtapuestas, a lo más contrapuestas por el interés que une a las elites extractoras de cada bando mantener un enfrentamiento rentable hasta que la solución emergida de la necesidad histórica imponga una paz que lo sea aún más, momento al que estamos a un tris de llegar, antes por voluntad popular que política.

En esta tesitura se descartó desde un inicio la posibilidad de realizar una consulta estatal sobre, si cabe o no, reconocer en la Constitución el Derecho, no ya de catalanes y vascos a cualquiera de las formulaciones anteriormente citadas, sino a toda provincia o región que lo desee, articulando los mecanismos civilizados que lo hicieran posible en fecha tan avanzada como lo es el Siglo XXI. Quién sabe…igual canarios, ceutíes, melillenses, murcianos, gallegos, valencianos, baleares y hasta leoneses estarían por la labor, por no subrayar lo atractiva que sería Carta Magna semejante para que se unieran a España por propia voluntad Andorra, Gibraltar y la misma Portugal. Cuando menos, con un referéndum general, podríamos saber sin necesidad de encuestas ni cábalas tertulianas de telediario, el democrático sentir de los ciudadanos catalanes, pues sería posible contar uno a uno los votos emitidos en su territorio sin trampa ni cartón. Lamentablemente no ha sido así y ahora todo se va a desarrollar de modo confuso con unas elecciones autonómicas que no son autonómicas, donde quienes deseaban consultar a los ciudadanos van a proclamar la independencia contando escaños y quienes han impedido durante décadas que se consulte a los catalanes su parecer, van a contabilizar votos para desprestigiar el resultado de las urnas. ¿El mundo al revés? ¡No! Lo mismo de siempre.

Visto lo visto, me dispongo a ofrecer una solución irracional que posiblemente elimine de raíz el problema catalán para siempre, porque, creo sinceramente que Cataluña ha planteado muy mal su pretensión a la opinión pública española en términos de “desear salir” de España; basta conocer que anhelan marchar, para obligarles a que se queden ¡por cojones! Es una conocida reacción de desapego afectivo que afecta, por ejemplo, a las parejas cuando una de las partes, le anuncia a la otra, generalmente la más acomplejada o dependiente, que le va a dejar, de hecho, los hay que se niegan a otorgar el divorcio o a romper la relación. No digo yo que Cataluña debía haber realizado una campaña de psicología inversa proclamando que desea beneficiarse de los grandes privilegios que todos conocemos de pertenecer al fabuloso Reino de España integrado por las Coronas de Castilla-León-Navarra-Aragón, pero podría haber intentado la solución irracional que propongo a continuación:

Las instituciones catalanas, antes de pretender una consulta en Cataluña para que sólo los catalanes decidan sobre Cataluña, de atender algo la idiosincrasia del pueblo español, deberían apostar por una consulta general de todo el Estado en la que lejos de preguntarse ¿Desea usted una Cataluña Independiente? o cualquiera de los sucedáneos acostumbrados cuya respuesta probablemente sería negativa, se les interrogara a los españoles con esta otra fórmula más atractiva ¿Está usted a favor de expulsar a los catalanes de España? la cual, cosecharía una altísima contestación positiva, especialmente en Madrid. Y todos contentos.

Interrugptus Catalán

Conocía la desconfianza gallega a la hora de responder una pregunta con otra, mas nunca había oído hablar de la sibilina costumbre catalana de introducir cualquier cuestión en lo que podría denominarse un “interrugptus”, algo parecido al famoso “Coitus interruptus” pero en una oración interrogativa, que reconozco, me ha sorprendido en su novedosa formulación.

En principio, de plantearse por higiene democrática una consulta al Pueblo Catalán sobre cuál es el modelo de relación que desea con España, esta habría de hacerse de manera lo más sencilla posible a fin de esclarecer mediante las urnas cuál es la opinión firme fuera de las encuestas de la ciudadanía al margen de los tejemanejes a los que nos tienen acostumbrados sus ratoniles dirigentes que han estado décadas viviendo de la ambigüedad jugando al gato y al ratón hasta que la sociedad les ha empujado a definirse muy a su pesar. Pero no para oscurecerla aún más con una maraña interrogativa que necesita de toda la exégesis bíblica y de cuanta hermenéutica seamos capaces acopiar para averiguar fehacientemente qué se está preguntando, qué se estará respondiendo y lo que es peor todavía, qué se haya respondido en caso de que los golpistas espirituales de una y otra parte no puedan frenar el proceso, pues la preguntita se las trae…

Plantear a los catalanes “¿Quiere Usted que Cataluña sea un Estado? Y si es así ¿Quiere que Cataluña sea un Estado Independiente?” en mi estupefacta opinión, es una tomadura de pelo; un insulto a la inteligencia de los ciudadanos; y una falta de respeto a la masa social que tanto ha luchado porque ¡por fin! se pueda escuchar su voz sin mediaciones ni mediadores que manipulen a cada momento la voluntad popular secuestrada entre titulares de periódicos, anuncios del Telediario, en boca de los miembros de la clase parasitaria, tertulianos de tres al cuarto, historiadores, lingüistas, intelectualoides y demás fauna que se pronuncia a sueldo de los intereses sean estos del bando Nacionalista o del Bando Nacional. Porque, todo el mundo, indistintamente de si estaba a favor o en contra del “Derecho a decidir” tenía clara cuál era la justa disyuntiva que debía presentarse a los catalanes “Cataluña Independiente ¡Sí! O ¡No!”. Pero qué otra cosa cabía esperar de los criminales gobernantes en este caso periféricos, más que demostrar lo que mejor saben hacer, a saber: enredar lo suficiente los asuntos al objeto de que por cada problema que sean capaces de resolver, sobrevengan dos o tres más que justifique su omnímoda presencia institucional, no vaya a ser, que sin problemas, la ciudadanía harta de sus componendas les envié al para con o sin subsidio.

Los dirigentes catalanes han desaprovechado a propósito una ocasión única de obtener sus objetivos programáticos declarados a rebufo de Escocia y jalonados por la crisis económica que soplaba a su favor. Con su descomunal desaguisado, no sólo se han garantizado el fracaso, que también un desprestigio absoluto de su imagen, pues si hasta conocerse la pregunta, los Gobernantes españoles lo tenían muy difícil para explicar a la comunidad internacional por qué en Gran Bretaña ¡Sí! y aquí ¡No!, sonrojando el déficit democrático de Madrid en comparación con Londres – y ya me duele reconocerlo – ahora, casi como que sucede al revés, pues todo el mundo empieza a comprender que la negativa déspota de España podría estar motivada por la incapacidad catalana de formularse preguntas directas, como para dejarles responder a ellos solos.

Lo descabellado del Interrugptus Catalán se evidencia en cuanto lo sacamos de la politicasta donde tiene terreno abonado el teatro del absurdo, bastaría enunciar a nuestras parejas la cuestión “¿Deseas quedarte embarazada? Y en caso de que así sea ¿Querías tener al niño?” para corroborar su estupidez. Por si alguien cree que exagero, ayer mismo, amigos desde Berlín me han consultado por correo electrónico si el modo correcto en Barcelona de entrar a una chica en la discoteca es “¿Me permites que te invite a una copa? Y en caso afirmativo insistir ¿Quieres que la pague yo?”