Cuarto y mitad de hígado

PATATAS 

La peña con pasta se compra de todo. Ahora se me antoja un islote. Luego me construyo un casoplón con el felpudo en la arena donde todos deberían poder poner la toalla. Más tarde me voy de viaje espacial con transbordo en Suiza para actualizar la cartilla o me agencio como mascota un ejemplar de una especie en extinción. Acostumbrados a satisfacer sus caprichos, muchos pagan incluso por conseguir favores, titulares en los medios o silencios cómplices. Y también hay –estos son los peores– ricachones que se creen con derecho a adquirir personas, ya sean enteras –caso de las esclavas sexuales– o por partes.

Uno de esos viajó en su día a Valencia con la intención de que le pusieran cuarto y mitad de hígado para trasplantar. Y como intuía que no se lo iban a dar de buenas a primeras, ofreció 40.000 euros a ciudadanos sin recursos a cambio de esa porción de órgano que le hacía tanta falta. Un pedazo de capullo de los de libro, vamos. También me lo parecen, en la acepción más benevolente de la palabra y salvando las distancias, los que invierten sus ahorrillos en bautizar una estrella o un cráter en Marte. Hasta 5.000 euros cobra una empresa de EE.UU. por poner nombre a uno de esos boquetes que están a tomar por saco, si es que están. Si lo que quieren es invertir su dinero a fondo perdido, podrían llenar los biberones de los bebés desnutridos, las neveras de vacunas, las arcas de las asociaciones de niños con cáncer…

 

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