Un frío de tres pares

DESENGÁÑESE: si a estas alturas de agosto su compañero aún no se ha incorporado para darle el relevo, es porque ha visto las previsiones del tiempo y se ha encadenado, en plan tributo a la baronesa Thyssen, a una palmera en Benidorm. No será la primera deserción ni la última, porque el paisaje estará muy verde y el pantano muy lleno, pero este nublao permanente espanta al más pintado. También puede ser que su colega no haya vuelto al curro porque lavó la colada al regresar de las vacaciones y aún no ha logrado que se le sequen los calzoncillos. Sea como fuere, este veranotoño induce a la estampida colectiva y ya nos cuidarán el botxo los turistas, que se empapan de sirimiri con el mismo entusiasmo con que nos empapamos nosotros de sudor en el sur. Y cuando digo nosotros, excluyo al padre de las criaturas, que se cayó de pequeño en un balde de jariguay y se le debió fundir el termostato. De hecho, hizo la misma maleta para ir a Burgos en diciembre que a Castellón en julio. Yo le llamo El isotérmico, por no llamarle otra cosa, y jamás le pregunto por la temperatura. Para él, la máxima es “un calor de la hos…” y la mínima, “un frío de cojo…”. Debe tener el sensor en sus partes, lo mismo que yo lo tengo en los pies. Cuando hay una ola polar, el frío pasa a ser “de tres pares de cojo…”. Un par tengo claro de dónde cuelga, pero por los otros dos no he querido ni preguntar, no vaya a quedarme helada.

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