Hija de proxeneta

Entre las herméticas paredes de pisos y clubes continúan prostituyéndose amedrentadas hasta el punto de no atreverse a articular palabra

TREINTA mujeres asesinadas por violencia machista en Bizkaia en la última década, 17 salvadas por los pelos y 3.000 más agredidas por su parejas, sus hijos o perfectos desconocidos. Todo eso, que se sepa, porque los cardenales se disimulan, se empapan almohadas de lágrimas y la procesión va por dentro. Varios detenidos en la enésima operación contra una red de trata de mujeres nigerianas. Eso, que se sepa, porque entre las herméticas paredes de pisos y clubes continúan prostituyéndose amedrentadas hasta el punto de no atreverse a articular palabra. Uno de los cinco acusados de violar a una joven en Sanfermines admite que no hubo consentimiento de palabra. Eso, que se sepa, porque hay agresiones sexuales que quedan impunes tanto fuera como dentro de la pareja. Una bilbaina maltratada pide que su agresor sea vigilado por una escolta porque teme por su seguridad y la de sus tres hijos. Eso, que se sepa, porque otras muchas temblarán en cada turno de visitas o al doblar la esquina. Dos años de sanción para un entrenador menor de edad por agredir a una árbitra en Leioa. Eso, que se sepa, porque no será la primera ni la última que reciba una ofensa o sea acosada mientras trabaja. Eduquemos a nuestros hijos para que no agredan, no violen, no acosen, no paguen por sexo. Por cierto, hija de puta debería de dejar de ser un insulto. Puestos a ofender, lo suyo sería hija de proxeneta o putero.

Arantza Rodríguez

arodriguez@deia.com

Un comentario sobre “Hija de proxeneta”

  1. Durísima la situación de estas chicas y una vergüenza para nuestro país. Todo esto debe cambiar drásticamente. Parece mentira que estemos en el siglo XXI.

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