Antes muerto que lesionado

SI algún día se le escapa un misilazo al norcoreano y apunta hacia nosotros, que no cunda el pánico. Con tanta carrera solidaria y popular, la población está perfectamente entrenada para evacuarse a sí misma en tiempo récord. El padre de las criaturas, sin ir más lejos, completó la Santurce-Bilbao y conservó el aliento suficiente para llamar al 112 y solicitar una reanimación cardiopulmonar y una extrema unción. Si fue capaz de eso, en caso de explosión nuclear, podría salir por patas y no parar hasta escapar de la onda expansiva poniendo a salvo sus dos tesoros. No me refiero a las criaturas, que corren que se las pelan por sí solas, sobre todo, a la hora de la ducha, sino al smartphone y el cargador.

Lo peor desde que le dio la fiebre del running son las secuelas, que niega para que no le caiga la del pulpo. “¿La rodilla resentida yo? Qué va”, dice y, a la que me doy la vuelta, se coloca la manta eléctrica o unos hielos. Ayer entré en la cocina y puso la misma cara que quien es sorprendido con un amante oculto en el armario escobero. En vez de eso, tenía sobre la pierna una bolsa de guisantes congelados, que había posado ahí, decía, por si hacía una menestra. Antes muerto que reconocer una lesión. Los quejidos, que son imaginaciones mías. La rodillera, que es preventiva. El ungüento, para hidratar. Dice un estudio que los vascos corren para estar en forma, pero yo le veo a este cojeando por el pasillo y qué quieren que les diga.

arodriguez@deia.com

Un comentario sobre “Antes muerto que lesionado”

  1. Eskerrik asko Arantza, por las sonrisas y las risas que nos sacas con tus historias…. Historias reales como la vida misma, al menos cuando miramos lo real con humor y con amor.

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