Helada, pero no de frío

LES escribo desde el búnker, donde me he refugiado tras oír que hay alerta naranja. No sé si van a llover meteoritos o nos van a fumigar porque nos empeñamos en vivir más pese a las exiguas pensiones, pero me he puesto a salvo porque dice mi madre que mujer precavida vale por dos, aunque a mí me siguen pagando el sueldo por unidad. El caso es que en ningún informativo hablan de que vaya a caer del cielo algo inusual. Ahora he visto a un reportero, con la nieve a la cintura, que apenas podía sujetar el micrófono tras haber sufrido la amputación de varios dedos, deduzco que por congelación. “¿Hace mucho frío?”, le preguntaba sonriente la locutora, en mangas de camisa, desde el plató. El pobre habría contestado si sus dientes hubieran podido dejar de castañetear.

A mí quien me ha dejado helada no ha sido el temporal, sino el crío, que se me cuela en la cama un día sí y otro también. “Cuando tengas novia -lo amenazo, muerta de sueño- me voy a tumbar entre los dos”. “Cuando tenga novia, estarás muerta”, me suelta. Con la sonrisa aún congelada, le pregunto: “¿Y me vas a echar de menos?”. “Sí, pero te pondré una notita”. “No creo que pueda leerla”, le informo. “Para que la tengas de recuerdo”. “¿Y qué escribirás?”. “Ama, te quiero mucho, pero como estás muerta, ya me puedo comprar todo lo que quiera”. De eso a que me atraviese con su espada láser y que parezca un accidente ¿hay un paso o me lo parece a mí? Ahora, sincero me ha salido. ¿Que no?

Arantza Rodríguez

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