Desaparecido en combate

Foto: KoramchadNada. Que no le encuentro. Ha pasado ya una semana y, por más que aparto embalajes, el padre de la criatura no aparece. La última vez que lo vi estaba tras una montaña de pelotillas de papel de regalo, apuntalando los tabiques de una casa de muñecas y colocando dos docenas de pegatinas en el minúsculo mobiliario. No hay derecho. Todo venía desmenuzado. Le habría salido más rentable que le hubieran mandado directamente a la cadena de montaje. Al menos, la casita habría venido construida y la niña no se habría quedado con esa cara de pavo al ver caer sobre la alfombra doscientas piezas de plástico. Es la misma que se les quedaría a ustedes si dejáramos el periódico a medio escribir y adjuntáramos un boli para que rellenaran por sí mismos los blancos.

Mientras remuevo cartones sin demasiado entusiasmo -le echo de menos, pero tampoco es para tanto- me tropiezo con el chucho interactivo, que aún lleva la etiqueta y ya ha sido abandonado. ¿Recogerán en la perrera a un bichón maltés sintético o tendré que reciclarlo? Ahora que lo pienso, lo último que masculló el desaparecido es que iba a descolgar la granja de Playmobil por el balcón, en plan adosado. Ups. Pues sí. Está ahí, encerrado. Le veo ojeroso. Y enfadado. No sé si abrirle ya o esperar un rato. Menos mal que el Papa le va a dar una alegría. Dice que el purgatorio no es un lugar del espacio, “sino un fuego interior, que purifica el alma del pecado”. Ya decía yo que esos ardores de estómago tras las comilonas navideñas le tenían que redimir de algo.

Para mago, Tamariz

No es que desconfíe de los orientales -aunque ellos nos escolten por los todo a cien-, pero hay Magos de allí que dejan mucho que desear. Y si no, que se lo pregunten a esa niña de cuatro años a la que los Reyes le han traído un pijama talla L. “Mejor que le quede holgado”, se delata amama. ¡Pues como no se lo ponga cuando vaya de Erasmus! Para más inri, le han dejado una Barbie de marca blanca y ha sido peinarle las extensiones y salirle la cabeza disparada como un corcho de cava. La verdad, nos hemos partido de risa. Todos menos la cría, que enarbolaba el cuerpo decapitado como una antorcha y no le encontraba la gracia.

Por si fuera poco, el micrófono de oferta venía sin pilas. Eso les pasa por subcontratar a los pajes reales. Por supuesto, el tornillo era de estrella y las pilas, de las raras, porque destripamos todos los aparatos, incluido el marcapasos de aitite, y nada. Al final, hubo que recurrir al chino de guardia. Total, tanto esfuerzo para que la niña cantara Pintto, pintto. Si al menos hubiera pronunciado un discurso… No es tan difícil. Patxi López lo hizo.

Luego llegó el amigo invisible. Invisible porque le borrarías de un guantazo la cara. Tú, que te has gastado cuatro euros en un cortapelos de nariz, y él te obsequia con el calendario de un wok. Para colmo tu suegra saca un roscón de bizcocho armado con unos piedros de colores incrustados. Yo creo que lo tenían congelado desde 2008, como los salarios. Vamos, que estoy que fumo en pipa, pero figuradamente, no me vayan a denunciar por ahumarles la columna.

Feliz falsedad

Dicen que en Navidad hay que hacer el bien, pero confieso -bajo riesgo de ser sepultada en carbón- que desde que planté el abeto miento más que hablo. Y ustedes no se hagan los angelitos. Si tienen niños, seguro que también los han engañado. ¡Es tan tentador! Que si Olentzero tiene más cámaras para verte que Gran Hermano, que si debes dejarles tu chupete a los Reyes para que te traigan regalos… Los chantajes, eso sí, sólo funcionan con los pequeños. Intentarlo con preadolescentes está contraindicado. A no ser que quieran oír un humillante: “Cómprame la Wii y no me ralles”.

Aunque quisieran ser sinceros, a los padres no les queda otra que inventar. De alguna manera hay que justificar esa lista de personajes navideños más larga que la del paro. Para liar más la cosa, algunos usan varios nicks, como Papa Noel, alias Santa Claus o San Nicolás. ¿Acaso Interpol no piensa investigar por qué cambia tanto de identidad? ¿Será un explotador de elfos? ¿Dónde demontres están los sindicatos? ¿Y por qué conduce Rodolfo -el reno, no el langostino- con esa sospechosa nariz roja? ¿Nadie le va a hacer la prueba del alcohol?

Confusos, los hijos preguntan quién es ese chico negro que se pela de frío a las puertas de un centro comercial y a uno no le queda sino improvisar. De esta me hago bertsolari y eso que para los belenes aún no tengo explicación seglar. “Ese no es un payaso, es el rey Juan Carlos”, discuten frente a un nacimiento de plastilina dos canarros y esperan mi dictamen. Menos mal que sonó la campana.

Tocan a muertas

No es por aguarles la fiesta, pero las campanas de este fin de año tocarán a muerto. O mejor dicho, a muertas. Más de setenta. Sus sillas estarán vacías esta Nochevieja. Y en Año Nuevo. Y en Reyes. Y en los cumpleaños de sus hijos. Y en la comida de los domingos en casa de la abuela. Sus asesinos machistas se comerán las uvas en sus celdas. Y el resto haremos borrón y cuenta nueva. Porque empieza el año y los contadores -también el de las víctimas de la violencia de género- se resetean.

Volverán los titulares. Igual que el primer recién nacido de 2011, la primera muerta. Dependerá de si su crimen coincide con un derbi, la subida de la luz o los cuernos de la Esteban el que lamentemos o no su fallecimiento en la sobremesa. Una familia destrozada. Una no. Más de setenta. Y nosotros como si tal cosa, cambiando de canal para escuchar cómo jadean en la hora sin cámaras los de Gran Hermano, pasando la página del periódico para hacer el crucigrama, cliqueando en el link de al lado para ver la última provocación de Lady Gaga en Youtube.

Mueren por decenas, pero ya no causa impacto. ¿Se imaginan seis equipos de fútbol aniquilados al año? ¿Que quedaran vacíos casi todos los escaños del Parlamento Vasco? ¿Que fulminaran a setenta rostros de la tele o a todo su vecindario? Pero solo son mujeres anónimas. Por ellas no ponemos el grito en el cielo, ni se nos pasa por la cabeza manifestarnos, ni mucho menos convocar una huelga general. Aunque la siguiente pueda ser tu madre, tu hermana, tu hija o tú. Lloran las campanas.

¡Viva el amarillo!

No sé si me asusta más que un mocoso disfrazado de Batman me suelte “¡O te apadtaz o te mato!” o que una niña se pinte las uñas. ¡Qué espanto! De ahí a que patenten la depiladora infantil hay un paso. Porque los zapatos de plástico con tacón ya existen y exprimen los tiernos pies que ni en Guantánamo. Eso si las pobres consiguen mantener el equilibrio y no clavar la piñata de leche en el parqué flotante, que ya se han dado casos. Y a ver dónde va una princesita con el teclado averiado. Aunque, pensándolo bien, mejor que se acostumbren… teniendo en cuenta los andamios a los que se suben algunas crías de 14 años.

A la mía, de momento, le gusta jugar al balón, arreglar la cocinita con sus herramientas y disfrazarse de pingüino. Sospecho que tiene el gen hortera desactivado. Al menos, por ahora. Porque el otro día se paró en una juguetería justo delante de la voluminosa carroza-globo de la Barbie. Casi me da un infarto. Y no sólo por su estética barroca, sino porque, de haberle gustado, habría tenido que alquilar otra parcela de garaje. ¿Y a quién denuncias por daños y perjuicios: al diseñador, que obviamente no vive en un piso de 40 metros cuadrados, o a la tienda, que la exhibe, sin previo aviso, a la altura de una inconsciente de cuatro años? Por fortuna, siguió caminando, ajena al jugueterío sexista.

¿No va siendo hora ya de que muñecas y superhéroes sean, como el helado de piña, para el niño y la niña? Menos mal que a los objetores del rosa y azul siempre nos quedará el amarillo neutro de Bob.