Autocontrol

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Les pagan por controlar el espacio aéreo, pero en el suyo han demostrado tener un falta absoluta de autocontrol. No como los parados, a quienes les van a retirar la ayuda de 426 euros y no por eso han dado por saco al resto. Eso sí que es temple y lo demás son tonterías. Temple o que no tienen ni para comprar espumillón, ¡como para gastar el creditrans en ir a las barricadas!

También los sufridos pasajeros han dado buena muestra de su saber estar. Han perdido días de vacaciones, sí, pero no los papeles. La faena, ya va siendo hora de reconocerlo, a alguno le ha venido hasta bien. A falta de mili y posguerra, tras hacer noche en un aeropuerto, por fin tienen una batallita que contar a sus nietos. Porque el mayor apuro que habían pasado muchos veinteañeros antes del día de autos había sido quedarse sin saldo en el móvil o que no se les guardase la partida en la Play Station. Menuda Nochebuena que nos van a dar relatando sus penurias. Que si el suelo de la terminal estaba muy duro, que si no había manera de recargar su iPad… Y se lo cuentan, mientras pelan langostinos, al aitite, que estuvo a punto de palmarla en las mismísimas trincheras.

El portavoz de los perpetradores aéreos ha dicho que no quiere ganar más, sino llegar el lunes a la oficina y que no le pidan trabajar el doble o el triple. Majete, bienvenido al mundo laboral terrenal. A estas alturas los controladores gozan de la misma credibilidad que Guti recién salido de un lunch navideño: “Lez judo que ezto no ez lo que padece. Hip”.

Las tres ‘pes’

Alcachofero profesional

Antaño compartíamos mala fama con putas y policías, pero ahora los periodistas nos hemos quedado solos en el trío de las pes. Sarkozy nos tilda de “pederastas”, Berlusconi de “prepotentes”… Por eso no entiendo que Ares se indigne porque al lehendakari le llamen “Pinocho”. La verdad, quitando “carapedo”, no se me ocurre un calificativo más pueril. A mí me lo llaman y, como mucho, replico: “El que lo dice lo es, con el culo al revés”. Mi hija de cuatro años lo hace y es una experta.

Como les contaba, la canallesca está bajo sospecha y no sé si la Trapote, que ejerce de periodista lo mismo que la Obregón de bióloga, tiene algo que ver. Lo digo porque su último trabajo ha sido copiar y pegar un libro del Kamasutra. Hay que joderse. Aunque a veces es mejor plagiar que darle a la imaginación a lo Sánchez Dragó. Quizá también hayan influido en la mala prensa colectiva las hordas de alcachoferos que, azuzados por sus jefes, entrevistan a todo lo que se les ponga por delante, ya sea el ex amigo de un friqui, una ventanilla cerrada o un portero automático sin descolgar.

Para no escurrir el bulto, asumo por mí y por todos mis compañeros la parte que nos toca a los plumillas, pero que sepan que nuestro oficio es cada vez más duro. Que le sondeas a una señora sobre la huelga de Bilbobus y te dice que quiere revisar el artículo no vaya a ser que tergiverses sus palabras. Ni que le hubieras preguntado por el terrorismo mundial. A este paso, a Gustavo, el reportero más dicharachero, le van a echar de Barrio Sésamo.