Los niños quieren ser imputados

Ya lo decía una encuesta a mediados de este verano: los niños no quieren ser políticos. Lo que quieren ser, intuyo, es imputados. Como Rodrigo Rato, que acaba de ser fichado como asesor internacional del Banco Santander. Debe de dar muy buenos consejos porque también hace lo propio en Telefónica. Es, en definitiva, la Elena Francis de las finanzas, pero con un caché millonario. Igual les parece una tontería, pero este tipo de presuntos parecen estar tan solicitados que yo que ustedes añadiría sus antecedentes penales, si es que los tienen, en su currículum. Justo debajo de lo de Nivel de inglés: Ana Botella.

Es más, dado que el volumen del personal bajo sospecha va en claro aumento, para facilitar su contratación sería conveniente crear una red social ad hoc. En plan Linkedin, pero con un apartado para el historial delictivo. El propio Bárcenas podría abrirse un perfil preventivo, si es que le queda tiempo en su apretada agenda carcelaria. Según las imágenes que le han grabado ilegalmente dentro de prisión, y que por ética periodística he visto codificadas a través de un colador, el extesorero del PP no para, del patio a misa y de misa a la cancha. Uno no se explica cómo ha podido coger algún kilo de más. Será la costumbre o que en Soto del Real no cocinan la langosta a la plancha. También podría promocionarse en esta red Mariló Montero porque, esté o no imputada, decir que el Toro de la Vega es “una fiesta maravillosa” es de juzgado de guardia.

Una familia de serie B

Tengo una familia de cine. Género, por clasificar. El padre de las criaturas, desde que anunciara oficialmente en la última reunión de vecinos el cese temporal de la convivencia con su bufanda del Athletic, por motivos de sobra conocidos, está rarísimo. De hecho, se ha apuntado a un curso de patchwork para hacerse una colcha con retales, cuando él siempre había sido más de punto bobo. Que haya cambiado la cervecita y el fútbol por el café, las pastas y la aguja de coser tiene un pase, pero que haya convencido a toda su cuadrilla -tenían que verles- es de película de Almodóvar.

En el filme quizá también tendría cabida la cría. El otro día la sorprendí caracterizada con la cabeza y las patas del disfraz de pingüino. “¿Qué haces?”. “Jugar a la Antártida”. Hasta ahí nada que objetar. “¿Y ella quién es, una foquita?”, pregunté por mi sobrina, de 5 años, que yacía en el suelo, inmóvil. “No, una niña muerta. Muerta de frío”. Me quedé ídem, lo juro. Bien pensado, la cría encajaría mejor en una cinta de Alex de la Iglesia. Y el inconsciente, en una de Chuck Norris, porque desde que aprendió a andar se pasa el día dándose de cabezazos con las paredes. Para mí que eso tiene que matar más neuronas que los porros sí o sí. Vamos, que estaba convencida de que tenía en casa a unos pedazo de artistas hasta que vi en las noticias que Bárcenas se había apuntado al paro. No sé quién le escribirá el guion, pero ni la Blancanieves en blanco y negro puede competir con él en surrealismo.