Esperre que erre

Declaraciones incendiarias de la presidenta, una marcha de extrema derecha convocada pese a la advertencia policial… Ya puestos, mañana podrían repartir en los aledaños del Vicente Calderón el kit antiseparatista, compuesto de un buff de camuflaje, un puño americano y una porra extensible, todo ello dentro de un hatillo confeccionado con la bandera preconstitucional. Menos mal que los aficionados vascos y catalanes solo irán armados de paciencia y, a lo sumo, de un pito con el queenmudecer el himno español.

Aunque puestos a protestar, a mí me hacía más gracia lo de cantar Un elefante se balanceaba… en memoria del paquidermo de Botsuana abatido por el rey. Hay quien incluso proponía ir al partido disfrazados de Dumbo, pero las orejas no dejarían ver a los de los laterales, así que como mucho alguno irá trompa. Eso sí, con la neverita de camping a cuestas, porque la consigna es no llenar las arcas de Esperanza Aguirre. No va la menda y dice que si hay silbidos, habría que suspender el partido. Y ni siquiera fue un calentón, porque confesó que “lo llevaba pensando mucho tiempo” y ayer, de hecho, lo reiteró.

Esperre que erre ha conseguido que, entre pitos y flautas, no se hable de su déficit oculto. Y lo ha hecho Caiga Quien Caiga, como en los viejos tiempos. Si no fuera porque solo sabe bailar cha cha cha, darían ganas de mandarla a cantar con las abuelas rusas a Eurovisión. Qué pena que la Esperanza sea lo último que se pierda, porque, como diría el torero, íbamos a quedarnos tan a gustitoooo.

Vuelve, cari

Por el respeto que les tengo, pero he estado a un tris de no escribir esta columna. Total, ¿para qué? En pleno resacón futbolero -a los hinchas del viaje relámpago a Bucarest les deben de doler hasta las pestañas- me pregunto si hay vida después del partido. Y si es así, si en concreto hay alguien al otro lado de este post. No me mientan por compasión. Entenderé que hayan sido abducidos por las noticias rojiblancas. Tal es así que con su permiso -el suyo, querido lector incombustible, y el de mis incondicionales padres- voy a aprovechar estas líneas para hacer un llamamiento personal: Vuelve, cari. Se lo digo al padre de mis criaturas, que el miércoles se fue a ver el encuentro en las pantallas gigantes de San Mamés y está desaparecido en combate.

Teniendo en cuenta que lo más tarde que ha llegado a casa en los últimos años fue un día que se quedó a ver con los niños los fuegos artificiales, estoy empezando a preocuparme. Más que nada porque se despidió diciendo que si ganaba el Athletic, iba a hacer el Camino de Santiago en goitibehera y si perdía, con más razón, para suplicar que ganara la otra final. Y este es capaz.

En el 84 ya se tiró cuesta abajo y sin frenos desde la Basílica de Begoña y no vean qué pedazo de cicatriz. De lado a lado del cráneo. Pena que no se abra, cual cremallera, para reiniciarle el seso. En su último sms, previo al partido, decía que había alquilado un banana boat para surcar la Ría detrás de la gabarra. Vuelve, cari, y llama a tu madre, que quiere saber si vas a ir a comer el domingo.