Me lo han captado

bebe balonEL gatito de peluche, la aspiradora de juguete, el camión de bomberos, el lego… Todo abandonado a su suerte desde que se convirtió al fútbol. Hará cosa de dos meses. Se inició en uno de esos partidos de patio multitudinarios y quedó enganchado. De un día para otro. Sin preparación al parto de hincha enloquecido ni anestesia general. Secuelas inmediatas: todos los pantalones rotos del tirón. Rastreator nocturno de bazares de guardia buscando parches. Amama, en calidad de abogada defensora, alegando que ahora los vaqueros se llevan rotos. El padre de la criatura haciendo que le riñe orgulloso de que por fin le pegue al balón. Secuelas de medio alcance: peleas a las mañanas porque quiere ir al cole con la equipación del Athletic, así caiga una nevada. Peleas a las noches porque quiere ponérsela encima del pijama. Rendición en días alternos por no teñir de rojiblanco la crónica de sucesos antes de la adolescencia. Tercer grado sobre los futbolistas que le salen en los cromos y que me suenan lo mismo que los jugadores de ajedrez. Peleas para que no nos dé un pelotazo en casa. Secuelas de largo alcance: ya no quiere ser bombero. Quiere ser Aduriz. Dice el padre que eso está en los genes. Que si miro bien, en la ecografía estaba haciendo una chilena. Visto su poder, los jugadores deberían aconsejar a los niños compaginar el fútbol con otros juegos, leer más y, lo que es mucho más importante, aclararles que la camiseta solo se pone cuando hay partido, leñe.

Esperre que erre

Declaraciones incendiarias de la presidenta, una marcha de extrema derecha convocada pese a la advertencia policial… Ya puestos, mañana podrían repartir en los aledaños del Vicente Calderón el kit antiseparatista, compuesto de un buff de camuflaje, un puño americano y una porra extensible, todo ello dentro de un hatillo confeccionado con la bandera preconstitucional. Menos mal que los aficionados vascos y catalanes solo irán armados de paciencia y, a lo sumo, de un pito con el queenmudecer el himno español.

Aunque puestos a protestar, a mí me hacía más gracia lo de cantar Un elefante se balanceaba… en memoria del paquidermo de Botsuana abatido por el rey. Hay quien incluso proponía ir al partido disfrazados de Dumbo, pero las orejas no dejarían ver a los de los laterales, así que como mucho alguno irá trompa. Eso sí, con la neverita de camping a cuestas, porque la consigna es no llenar las arcas de Esperanza Aguirre. No va la menda y dice que si hay silbidos, habría que suspender el partido. Y ni siquiera fue un calentón, porque confesó que “lo llevaba pensando mucho tiempo” y ayer, de hecho, lo reiteró.

Esperre que erre ha conseguido que, entre pitos y flautas, no se hable de su déficit oculto. Y lo ha hecho Caiga Quien Caiga, como en los viejos tiempos. Si no fuera porque solo sabe bailar cha cha cha, darían ganas de mandarla a cantar con las abuelas rusas a Eurovisión. Qué pena que la Esperanza sea lo último que se pierda, porque, como diría el torero, íbamos a quedarnos tan a gustitoooo.

Athletignósticos

Acerquen la oreja. Lo confieso: no me gusta el fútbol. Sé que tengo que hacérmelo mirar. Que me señalarán con el dedo por la calle y que más de uno me aplicaría un correctivo. Pero en mi familia ni siquiera les interesa este deporte a los especímenes del sexo masculino. Y eso sí que es raro, raro, raro. Tanto que estoy por proponerle a la UPV que nos someta a estudio. Lo mismo que analizan la expansión del mejillón cebra o los polímeros. Porque a singulares no nos gana ni la tribu esa que vivía aislada en Paraguay.

Al menos, estos días me siento como un perro verde. Sin poder meter baza en ninguna conversación. He intentado ponerme al día, pero las secciones de deportes de los periódicos son para iniciados. O sabes de quiénes están hablando de antemano o no te coscas de ná. Tampoco entiendo a algunos aficionados. ¿Qué culpa tengo si con la que está cayendo me parece un despilfarro viajar a Manchester para asistir a un partido? ¿Entenderían ellos que yo hiciera lo mismo para ver una ópera en París?

Mientras el personal hace cábalas, calendario en mano, para asistir a la final de Copa, cambia el turno con el compañero y piensa con quién va a encajar a los niños, yo les miro como las vacas al tren. Al tren o a las fotos de Muniain y Martínez pasándoselo piporreta con unas chicas. Dicho esto, solicito urgentemente asilo político. Y tengan piedad, que soy madre de familia. Ahora, si sacan la gabarra, me avisan. Que me compro una bandera rojiblanca en un chino y me planto allá en un periquete. Euuup!