20
Dic 15

Maquiavelo reina sin protocolo

20 diciembreUna vez más nos toca ejercer el derecho rey de la democracia: el voto.
Dado que el pueblo es una asamblea soberana decide y elige a sus gobernantes. En esta ocasión decidiremos quien presidirá el destino del estado español, así como a los respectivos congresistas y senadores, de las dos cámaras legislativas. Emulando a las ceremonias de nuestros ancestros, donde el antiguo del lugar promulgaba las leyes. Otorgando en aquella época la “palabra era ley”. A los hombres de mayor edad del territorio. El respeto a la edad, era ley por encima de cualquier otra prevalencia. Su palabra se considerada la plasmación de su honor y dignidad. Hoy no es así, ha quedado en un grato recuerdo. Toda la alegría de los ciudadanos en 1978 fue un gran hito conseguido (después de un periodo dictatorial, donde el único que instauraba el poder era el caudillo). El proceso de la democracia se ve ensombrecido con una nube negra que no se ve el
Horizonte ante el mal comportamiento de la estirpe política.
Se está viviendo una gran crisis económica, nadie lo cuestiona. La economía retrocede; el paro aumenta sin control, los sueldos se reducen sin medida. El dinero ante estas expectativas no circula y así los tiempos convulsos se precipitan sin freno. Y ante esta situación de caos, se suma la fuerte crisis de valores existentes en los seres humanos. Haciendo honor al principio de Maquiavelo “El fin justifica los medios”. Una sociedad, donde los valores éticos; el respeto, la verdad, la consideración, la anti- corrupción, la justicia brillan por su ausencia. Se verifica, el reino del desorden.

El respeto
Este es el principio por excelencia de nuestras relacione personales, sociales y empresariales. Así como Institucionales. Sin él, no se construye ni se sustenta fundamento alguno en cualquiera de los ámbitos que vertebran nuestra sociedad.
El respeto, palabro que se usa y abusa en exceso. Muchas veces, sin comprender su significado. Cuando se llega tarde a una cita, cuando no se escucha a las otras personas, cuando se ofende constantemente con el famoso “y tú”, no acudir adecuadamente ataviado a un determinado acto sea privado, empresarial u oficial.
En la clase política, no hay discursos, solo predomina el famoso “tu mas”, el insulto y ridiculizar al prójimo. Así es inútil, no se avanza, solo se retrocede como el cangrejo.
No hay relación que pueda sobrevivir ante tal vulneración de premisas básicas.
La autenticidad
Un valor esencial en las personas, con el fin de poder caminar-
No, al continuo celo de los propios conocimientos y ante todo cada uno que sea natural. No quiere decir que sea grosero o grosera. Es muy distinto. Que el político, no trasmita un mensaje y realice lo contrario. Ante todo: coherencia. Es muy fácil, ser consecuente. Hay que ser sincero, aunque en estos tiempos la verdad nos parezca un valor inalcanzable.
Quizás para algunas personas alcancen más fácil la luna que su propia autenticidad. Una pena.
¿Y son auténticos, aquellos políticos o políticas que solo se acerquen a las personas en campaña electoral? Por supuesto, que no. Las personas tenemos memoria y nos acordamos y valoramos todos los gestos que hablan más que las palabras. Son silencios pronunciados a gritos.
La honestidad
¿Es la corrupción un mal de nuestro siglo? No, claro que no. Siempre que hay poder, está el poderoso caballero Don dinero paseándose conjuntamente con las más altas instancias de los poderes y sus magistraturas.
Lo mismo que la abeja va a la miel, el ser humano carente de valores y amigo de la avaricia está volando sobre el dinero, hasta que logra coger algo o todo lo que puede. La codicia rompe el saco. Y es lo que está sucediendo.
Todos estos acontecimientos son consustanciales a la existencia del ser humanado
La justicia
Ha quedado en una noble evocación, diosa justitia con su balanza, aplicando la ley con equilibrio y fuerza. Preside esta escultura la entrada al Palacio del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco.
Hoy, el pueblo no cree en la justicia. ¿Y porque se ha llegado a este hastió y nula fe en el poder judicial? Es muy sencillo, acudimos perplejos como los delincuentes tipificados con delitos de gran gravedad acusados de estafas, alzamientos de bienes, falsificaciones en documentos públicos, se están paseando en lujosos coches con chofer y personal de seguridad pagados por un pueblo asombrado ante esta involución del estado de derecho. Y todos ellos presentados como candidatos en listas electorales. ¿Quién lo puede entender? Absolutamente nadie.
Y un delincuente que comete un pequeño hurto por necesidad para alimentarse, entra en la cárcel con rapidez .Así es y así está sucediendo.
No hay controles de ninguna clase. Recordemos como en el antiguo derecho romano, al que cometiere un robo, existía la figura “manus inectio”, se procedía a cortarle la mano, porque había sustraído lo que no era suyo. Ahora los largos plazos de investigación, y los cortos periodos de preinscripción no favorece a la gestión de la justicia. Y en situaciones acontecidas, una persona acude ante el que le ha robado, le acusan de extorsión o coacción, y sufre una sanción. Así, es la ley. Reina el territorio sin ley.
Recordad candidatos y candidatas que debéis ser casi perfectos, de una mala mirada, un mal gesto, una mala palabra y porque no una mala imagen una determinada acción u otra depende los votos que nosotros os queramos dar. Y debéis tener presente siempre, que estáis en esa posición porque nosotros hemos querido que así sea. No lo olvidéis, después de la campaña electoral.

ISABEL ANGULO
Especialista en Protocolo


14
Ene 15

¿Un presidente con coleta?

coleta

Los diversos sondeos electorales realizados por el CIS y el Euskobarómetro, así como otros publicados por medios de comunicación, apuntan a un posible triunfo del nuevo partido Podemos, lo que llevaría a su líder, Pablo Iglesias, directamente a la Moncloa. Al parecer se trata de un joven y brillante profesor universitario, con grandes dotes en el dominio de la dialéctica y promotor de una idea regenerativa del poder político español que ha calado profundamente. Su misión, según dice, es acabar con la corrupción que sacude a las instituciones y a numerosas personalidades públicas y cambiar el modelo socioeconómico. Una gran apuesta. ¿Lo conseguirá?

Analicemos, hasta entonces, su figura. Y de su singularidad surgen varias dudas: ¿Es su imagen adecuada para ser presidente de un Estado? ¿Puede representar con dignidad y compostura a su país, usando su coleta y llevando pendiente, algo insólito? Es cierto que la imagen personal es fundamental, en la medida que simboliza “nuestra tarjeta de visita”. La identidad externa contempla un conjunto de características y rasgos personales que reflejan la mejor o peor apariencia de uno mismo hacia los demás, cómo nos ven en función de los gestos, la mirada, el lenguaje, la indumentaria, la higiene, el estilo, el cabello, el maquillaje, el perfume, el calzado, los complementos y, sobre todo, la actitud y la conducta perceptible.

Pablo Iglesias tiene su propio estilo, no improvisado, y es consciente de que esto marca y condiciona la opinión de la gente sobre él y su proyecto. Vemos que tiene su forma de mover el cuerpo y las manos, tanto en sus comparecencias públicas como en sus intervenciones en televisión, desde donde ha alcanzado gran popularidad. El dirigente de Podemos cuida su lenguaje, el tono de voz, los gestos. Sin fallarle la corrección y el respeto, no se suele alterar al ser atacado y ofendido, mantiene la mirada en sus interlocutores, nunca la pierde ni la desvía. Conoce la importancia de la imagen.

Pero lo más destacable de su identidad externa es la indumentaria. Está claro que no la fija al azar. Es un diseño perfectamente calculado. Elige las prendas adecuadas al ambiente y a la hora que celebra sus actos. Sin embargo, no cumple elegantemente este rasgo, dado que su vestimenta, pantalón oscuro y camisa blanca o azul, se presenta como si de un uniforme se tratara. Es una imagen rígida y poco natural.

Ningún líder político hasta ahora ha sido tan extraño en su aspecto: cabello largo, coleta y algunas veces pendiente. ¿Está bien o mal? No es esta la cuestión, dado que es una opción privada y libre de cada uno. Pero vivimos en un mundo global que tiene sus reglas y su protocolo, al menos en el ámbito público y representativo. Si Iglesias fuera una estrella del rock, o un artista, su imagen sería incluso algo conservadora; pero resulta que puede ser el presidente del Gobierno de España y su aspecto chocaría frontalmente con las reglas actuales.

Me pregunto: ¿Sería aceptable para los ciudadanos y para los representantes internacionales un presidente desastrado, con coleta y pendiente? ¿Supondría un desprestigio añadido para el Estado tener un tipo así en la reuniones de la UE, en el G20 y otros organismo económicos y estratégicos? Aun reconociendo su libertad para ir a su modo y su moda, ¿no es una falta de respeto que no se cumplan determinadas maneras de relación, costumbres y prácticas de corrección? El protocolo y las buenas maneras no son rígidas e invariables formas de hipocresía, sino convenciones que tratan de prestigiar y ennoblecer la cultura democrática. Francamente, un presidente con coleta y pendiente sería un choteo mundial, que es justamente de lo que anda sobrado el Estado español en el mundo. Lo que le faltaba: Gürtel, aeropuertos sin aviones, trenes con estaciones fantasmas, el pequeño Nicolás… y ahora un presidente estrafalario. ¡Demasiado!

El Sr. Iglesias debe considerar la revisión de ese otro punto de su programa, el de su aspecto. Porque si fuera presidente dejaría de ser un ciudadano cualquiera, más o menos libre de hacer las cosas a su antojo. Sí, la imagen es importante; pero no por una cuestión de estética o de moda, sino por su carácter representativo, por su función simbólica. Todos somos imagen y los políticos aún más. Como decía Oscar Wilde, “solo un imbécil no juzga por la apariencias”.

El líder de Podemos está condenado a hacer muchas mejoras, en el plano político y estratégico, y también en su figura externa. Puede ser todo lo osado y creativo que desee y le animamos a cambiar las cosas a mejorar. Puede echarle la imaginación que quiera. Pero de la misma manera que ya ha comenzado a matizar sus locuras económicas, le conviene -por sí y por la vergüenza de la ciudadanía- hacerse unos arreglos estéticos. Ningún experto en comunicación apoyaría el obstinado mantenimiento de su imagen actual, impropia de un país serio. Quizás con esta revisión no lleguemos a escuchar en las noticias de que a un determinado acto ha asistido la princesa Rapunzel de Disney, confundida con el presidente español.

No sé si la sociedad española se va a aventurar con Iglesias. Eso está por ver. Y si apoyase mayoritariamente esta opción sería su programa político, económico y social, lo cual no implica que tenga que aceptar como representante a una persona que no sabe comportarse en público con el debido decoro y responsabilidad. No es un asunto menor o una frivolidad. Ya tenemos bastantes dificultades como para empeñarse en crear otro problema más.

ISABEL ANGULO
Directora de la Escuela Vasca de Protocolo


04
Nov 14

El aforamiento es un privilegio

foto balcon palacio

Todas las personas somos iguales. No es verdad, por mucho que lo consagre solemnemente la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea Nacional de las Naciones Unidas en 1948. Es un hermoso objetivo, pero de momento solo es una utopía. De hecho, somos profundamente desiguales en derechos reales, una desigualdad que, para hacerse más notoria, la llevamos a los tratamientos y distinciones. Y también en la justicia.

En España es particularmente doloroso que la desigualdad se vea incrementada por la existencia del aforamiento, residuo de una sociedad feudal y autoritaria. Se da por hecho el reconocimiento de honores y privilegios a determinadas personas en función del cargo y rango que ostentan en el ejercicio de sus funciones políticas e institucionales.

La desigual Constitución de 1978 (que empieza por marcar la primacía del varón para la herencia de la Corona) ha dado pie a la promulgación de decretos y normativas que regulan el uso y llevanza de determinados títulos, tratamientos, dignidades, honores y privilegios para aquellas personas que formen parte de los poderes del Estado: ejecutivo, legislativo y judicial. A buena parte de sus dignatarios se les concede la calidad de aforado, por la cual su responsabilidad jurídica se deposita en una instancia superior, Tribunal Supremo o Tribunal Superior de Justicia autonómico. Más de 17.000 ciudadanos, teóricamente iguales que nosotros, tienen esa condición privilegiada en España. Un hecho escandaloso, al menos simbólicamente, que aflora ahora que la corrupción sacude las instituciones y los partidos que las sustentan.

El primer aforado, y más que aforado, el rey, a quien se le concede un grado de impunidad objetiva: “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad” (art. 56 de la Constitución). Además, a los miembros de la familia real se les concede el aforamiento. Por si fuera poco, a Juan Carlos, ex rey, sin cargo divino ni humano, se le va a incluir en la nómina de los privilegiados para que, en su caso, sea juzgado por jueces nombrados por los dirigentes del Estado. La previsión de su próximo aforamiento es lo que ha levantado la alfombra de los desmanes de esta forma de inmunidad, cuya razón de ser no se justifica en un país democrático de verdad. “Todos somos iguales ante la ley”, dijo en un mensaje navideño. Obviamente, era tan falso como el entramado de la Zarzuela y sus corruptelas familiares.

Tal vez el aforamiento sea un concepto más bien aparente. Una cuestión de trámite, un protocolo. Siendo esto así, que el aforamiento no contiene privilegio, sino que es una cuestión procesal, ¿qué sentido tiene mantenerlo? ¿Cuál es su virtualidad? Todo indica que es un procedimiento de clase VIP, por el cual las personas aforadas, en virtud de su cargo, no pueden “rebajarse” a entrar en los juzgados de instrucción o en las audiencias provinciales como cualquier ciudadano, para responder a denuncias y hacer sus declaraciones ante jueces y fiscales corrientes, sino que han de hacerlo entrando por la puerta grande, la puerta de la solemnidad de los ostentosos y lentos tribunales, donde son recibidos y tratados de forma diferente. Es verdad que se les reduce una instancia judicial, pero se les otorga el privilegio de no entrar, como los demás, por la puerta de servicio.
Esa es la percepción pública. Que es un privilegio procesal y formal, que choca con la igualdad. Que no tiene vigencia. Que parlamentarios, jueces y autoridades deben ser iguales y soportar las carencias y lentitudes del sistema judicial, como los demás. Deben dar ejemplo. Más de 17.000 cargos disfrutan de un tratamiento judicial singular, ad hoc. Lo justifican en que el tribunal superior es más independiente que el tribunal ordinario. ¿Pero no habíamos quedado en que el poder judicial, en su conjunto, es independiente? ¿No será que los políticos creen que los jueces de alto rango, sometidos también a la tensión de determinados nombramientos institucionales, son maleables?

El aforamiento es una anomalía democrática que determina una imagen privilegiada de “la casta” política, judicial y monárquica y proyecta una contradicción frente a la teórica igualdad de las personas. No tiene razón de ser que en el siglo XXI existan prebendas como las que gozan el rey, el ex rey y la familia real, de por sí privilegiados por herencia. Y no puede ser que la clase política no asuma la necesidad de la ejemplaridad ética. El aforamiento es un lastre.

La sociedad ha cambiado y exige modelos nuevos que sitúen a todos los ciudadanos sin distinción en el mismo rango, real y simbólico, de igualdad. Las autoridades deben dar el primer paso y derogar la vergonzante formalidad del aforamiento.

Isabel Angulo
Directora de la Escuela Vasca de Protocolo


25
Sep 14

Curso: TECNICAS ORGANIZATIVAS DE ACTOS..

<a cartel 14

Curso:
“Tecnico Especialista en Protocolo, Relaciones Públicas e Institucionales”. (12ª promoción)
(Técnicas organizativas de actos)

Cuando cada año convocamos un nuevo curso, escuchamos como hay persona que se plantean que la palabra” Protocolo”, la asocian inmediatamente a las ceremonias obsoletas de las antiguas cortes palaciegas y lejos de poder necesitar su conocimiento y aplicación hoy en día; pero en nuestra sociedad se celebran a diario múltiples actos oficiales en diferentes sectores tanto institucional y empresarial, así como en los ámbitos deportivo y académico. Determinadas solemnidades; entrega de premios, un concierto honorifico, homenajes a personas o entidades, la investidura de un doctor Honoris causa, etc., en todos ellos asisten autoridades que ostentan una distinción, en función de su cargo. En estos eventos no se improvisa y todo esta estudiado para que las secuencias se desarrollen sin contratiempos y hasta el último detalle antes, durante, y después se contempla, no se debe dejar nada al azar: de estas tareas se ocupa precisamente el Protocolo.
Dado que hasta ahora no se ha considerado necesario e importante el estudio de la disciplina del protocolo, el resultado es el desconocimiento y confusión en su aplicación práctica.
El Protocolo tiene la misión de realizar el correcto orden de las diversas Autoridades e Instituciones existentes en Euskadi. No se puede ni se debe ordenar por el color político de los invitados o por una u otra preferencia decidida al azar como si de un juego se tratará. El Protocolo, exige respeto a los cargos que ostentan quienes representan a los poderes del pueblo vasco, elegidos por voluntad popular.
Por lo tanto el Protocolo es el criterio de representación y organización mediante el que las ceremonias se celebran para mayor honra y brillo de las instituciones y entidades. El valor simbólico del Protocolo nace del profundo respeto a los valores comunes de una sociedad.

La puesta en escena de un acto bien organizado requiere de una fase previa que es fundamental para su ejecución: el escenario y sus protagonistas, el anfitrión y sus invitados.

El objetivo básico inicial es conocer qué imagen queremos transmitir. A partir de ahí se deberá confeccionar la producción de las secuencias. Si se pretende divulgar el acto a la sociedad, debe cursarse invitación a los medios de comunicación. Sin ellos no podría existir un acto público. Y cuando llega el día señalado, como si de una obra de teatro se tratara, el jefe de protocolo con su makila ordena la ejecución de las diferentes secuencias, todas sucesivas y encadenadas, y previamente ensayadas con el fin que el acto resulte un éxito. Así se plasma la autentica profesionalidad y necesidad del protocolo como organización y orden. El protocolo es un arte, pero también una técnica.

Todas etas materias y disciplinas conjuntamente con las técnicas propias en la organización de actos, impartimos en el curso enunciado.


29
Jun 14

Infanta,si. ¿Y los honores?

infanta cristina con su rey

Su Alteza Real la Infanta Cristina de Borbón y Grecia, Duquesa de Palma de Mallorca, ha sido procesada”.
Esta frase, que escudamos constantemente y no con menos asombro dada la naturaleza de la procesada. Nos parece insólita.
Una Infanta de España, sentada como cualquier ciudadano en un banquillo de acusados, en los tribunales de España. Debería ser normal, porque” la justicia es igual para todos”. Así lo afirmaba su padre el Rey Juan Carlos Iba forma de gobierno adoptada en la constitución española, “Monarquía Parlamentaria”. La soberanía reside en el pueblo. La fuerza, la ostenta el poder político. No, como en la edad media que se jactaban los nobles de su auroritas-Hoy, los Reyes pueden renunciar a su corona .Manteniendo distinciones, honores, y franquezas propias de la potestad real.
Y las cuestiones se originan en el pueblo y palacios: ¿Una Infanta, debe “sentarse como procesada”? ¿Debe de continuar disfrutando del uso y llevanza del título nobiliario, y de sus correspondientes tratamientos? ¿Y debe renunciar a los derechos sucesorios al trono de España? ¿Debe lucir las dignidades correspondientes a sus honores?
Analizando, por partes las “distinciones” que disfruta: la tan traída y llevada Infanta.
Dignidad de Infanta
Dado que es hija de Rey,- su padre Juan Carlos I. La dignidad de Infanta, permanecerá siempre inherente a ella. Desde su nacimiento a la extinción de su ser. En la dinastía de la Casa Borbón, el titulo de Príncipe o Princesa de Asturias, corresponde al príncipe o princesa heredera al trono. Los demás hijos o hijas de Rey o Reina, serán Infantes o Infantas de España.

Tratamientos de “Alteza Real”.
Referente al tratamiento “Su Alteza Real”, de acuerdo al R.D. 1.368/87, (Régimen de títulos, tratamientos y honores a la familia real). En caso de necesidad, el Rey puede revocar dicho honor. Al igual, que recientemente se ha realizado modificación a dicho decreto, con la denomininacion, tratamiento y honores al Rey Juan Carlos I, que ha renunciado al trono. Se le denominara Rey, cuando este título corresponde al Jefe de Estado, y reciba el tratamiento de Su Majestad, con honores de Príncipe heredero.

Distinción nobiliaria
El título nobiliario que le concedió su padre el Rey, con motivo de su matrimonio. Y así consta en el decreto de concesión “doy a mi hija la Infanta Cristina “.Por lo tanto su conyugue no es duque de Palma de Mallorca. Por cortesía se le denomina. Duque consorte.
Amparado parel titulo II de la Corona, en la concesión de honores le distinguió con la nobleza “Duquesa de Palana de Mallorca. “El Rey por el mal uso y deshonra a la dignidad, puede revocar el premio concedido. Así, como todas las medallas y condecoraciones con las que ha sido favorecida., bandas, encomienda, lazos, etc.

Derechos dinásticos al trono.

Y dado que es hija de Rey, ocupa un lugar en los derechos sucesorios al trono de España.
El orden, es el siguiente preceden las hijas del Rey; Princesa de Asturias Leonor y la Infanta Sofia. Posteriormente la hermana mayor del Rey, Infanta Elena, y sus dos hijos, Felipe Juan y Federica.
Y a continuación la hermana menor del Rey, Infanta Cristina y después sus cuatro hijos. Por orden de preeminencia de mayor a menor. Y el ultimo, El Infante Carlos, duque de Orleans. Nombrado por el Rey Juan Carlos I, cuando sus hijos eran menores, con el fin de asegurar la sucesión en la dinastía Borbón.
La Infanta Cristina, puede decidir renunciar por decisión propia a sus derechos sucesorios a l trono por ella, no perjudicando a sus descendientes.
En breve, veremos lo que acontece en una monarquía, que como el protocolo su fin es adaptarse a los tiempos que se eran viviendo. En estos momentos, muy convulsos en todos las esferas que vertebran nuestra sociedad.