La Orden de Sucesión. (Cap.4)

Entró el rey de nuevo en su propio sueño. Estaba vestido de militar. Se hallaba haciendo cómicamente gárgaras exageradas para aclarar la voz.  Por un gesto real autoritario, las trompetas anunciaron su intervención. Tuvo un acceso de tos y una sesión de esputos, más cómica que desagradable. Se tomó una copa de vino para aclarar la voz. Quería recitar con contundencia militar, pero cometió varios gallos involuntarios.

-A esta orden que yo os doy/atentas debéis estar/y prestas para cumplirla/con toda celeridad./El príncipe, nuestro hijo,/esposa debe buscar./        Ha de ser joven, muy bella,/blanca, prudente, cabal,/muy reservada, obediente, /y doncella a demostrar, /sumisa, poco habladora,/No ha de gustarle pensar./Ha de estar acostumbrada/a obedecer y aguantar./      Estará siempre dispuesta/ y amén a todo dirá./A esta orden que yo os doy/atentas debéis estar/y prestas para cumplirla/con toda celeridad.

En los intermedios del edicto y en la terminación, el rey, a pesar de estar en su propio sueño, tuvo más accesos de tos y esputos que fueron recogidos cómicamente en la escupidera real. Después, tomó otro trago de vino. En ese momento, entraron en el sueño la reina y su hijo. Éste llegó con aire vago y displicente.

-Padre, no estoy de acuerdo con este baile para elegir mi novia.

-Es hora de que asientes la cabeza. ¡Haremos el baile! – ratificó Juan Carlos I -Te casarás y engendrarás un heredero varón como manda la monarquía.

-¡Todavía soy joven! – replicó el futuro rey Felipe VI.

-¿Tú qué opinas, querida? – el rey intentó meter a la reina en el debate.

-¡Mi madre opina como yo! – insistió el joven príncipe.

-¡Tu madre tiene que opinar como yo! – argumentó el viejo rey – La reina es una profesional y sabe lo que tiene que hacer.

La reina dudó un momento. Pero se puso de parte de su marido.

-Ya lo has oído. Yo tengo que opinar como tu padre.

-tengo tiempo todavía para divertirme. – fanfarroneó el príncipe – Un heredero varón se hace en un mete y saca.

-¡En ese baile, elegiremos a tu esposa! – solemnizó el rey – Yo ya tengo una candidata. Espero que coincidamos. Debes pensar exclusivamente en quien nos dé pronto un heredero varón. Es la función de las reinas. Si quieres disfrutar, échate una amante.

El rey dormido ratificó su decisión con otra sonora ventosidad.

Preocupación de la reina (Cap. 3)

Fuera del sueño del Rey Juan Carlos I de España, en la antecámara de sus habitaciones, se oyó el sonido apremiante de una llamada telefónica. Como no cogía nadie el aparato, entró la reina Sofía, todavía en bata y con rulos. Comprobó que el monarca seguía durmiendo. Coincidió con otra ventosidad real. Se decidió por coger el teléfono.

-¡Aquí la casa real! … ¡No! Evidentemente no soy el rey. ¿No tengo voz de mujer? … Si es una cuestión muy importante, me la puede decir a mí. Soy la reina. … ¿Sólo quiere hablar con el rey? Entonces, … ¿Es una propuesta para solucionar el lío de Urdangarín y de mi hija pequeña? Dígamelo a mí. Yo puedo …

A doña Sofía le sudaban las manos por el nerviosismo,

-Negociar con el rey será muy difícil. … Yo creo que no lo conseguirá. Es mejor que … No creo que consiga la mediación de otros miembros de la familia real. Dígame quién es. … ¿Ni siquiera quiere decirme quién es? … ¡Oh! Me ha colgado.

La reina se quedó muy preocupada por la llamada al rey que ella había protagonizado. Esa preocupación se añadía a la inquietud producida por la noticia de que el rey había tomado una decisión muy importante para el futuro de la monarquía. Se puso más nerviosa. Volvió a mirar a su marido. Seguía dormido y resoplaba.

-¡Felipe! ¡Dónde estás, Felipe, hijo!

La decisión de la reina fue localizar a su hijo el heredero con el fin de comentar con él sus preocupaciones. No tardó mucho en encontrarlo.

-Felipín, hijo, estoy muy preocupada.

-¡Madre, no te alarmes! Todo se puede solucionar.

-Tu padre ha tomado una decisión sobre el futuro de la monarquía.

-¿Qué decisión? – se interesó el heredero – ¿Me deshereda?

-No ha querido decírmelo. – se excusó doña Sofía – Sólo me ha dicho que lo va a cambiar todo.

-¡Lo va a cambiar todo! ¿Incluso la sucesión?

-No lo sé. ¡Todo! Ha dicho que todo.

-¡Madre, tranquilízate! – dijo Felipe temblando – Déjalo en mis manos. Yo me encargo de todo. Me enteraré de cuál es esa decisión tan importante.

-Tu padre ha recibido una llamada para negociar sobre Urdangarín.

El sueño del rey (Cap. 2)

El rey Juan Carlos I de España continuaba soñando, dormido en la butaca de la antecámara de sus habitaciones privadas. Lo hacía entre convulsiones, que demostraban la gran tensión que estaba soportando.

-¡Uf! Cuento chino. Letizienta. ¡Uh! Terminaré.

En el hemisferio izquierdo de su cerebro, donde habitan los sueños más profundos, estaba el propio monarca, unos cuantos años antes. Hacía la siguiente recomendación a su hijo Felipe, el heredero de la corona.

-¡Es hora de que te cases! Ya has mariposeado bastante de flor en flor, como un Borbón de pura sangre … azul. Como manda la monarquía, cada futuro rey ha de engendrar cuanto antes, por lo menos, un heredero ‘adecuado’ para garantizar el futuro de la corona por los siglos de los siglos.

-Padre, creo que es pronto. –contestó el príncipe en el mismo sueño.

Un nuevo respingón del rey dormido provocó un cambio en el sueño. El monarca fue sustituido por la reina, también unos años más joven. Al entrar, doña Sofía se encontró con la cara angustiada de su hijo preferido.

-¿Algún problema, Felipín? – preguntó ella.

-No es nada.

-No me engañes. Sé que el rey está preocupado contigo.

-¿Te lo ha contado a ti también? – inquirió con interés en príncipe.

-No hace falta. Sé todo lo que pasa por la cabeza de tu padre.

-¿Por qué está el viejo contra mí?

-Quiere que te cases y nos des, cuanto antes, un heredero varón.

-¿Qué pasa? ¿Quiere dejar de trabajar y jubilarse para estar todo el tiempo cazando elefantas en África?

-Tu padre va a organizar un baile para elegir la novia con la que te casarás.

-¿La va a elegir en un baile, como en el cuento?

-Como tú no te decides, ha tomado él la iniciativa.

-¡Yo me casaré con quien me dé la gana! – protestó el joven príncipe.

El rey volvió bufar. Se dio una vuelta en la butaca y, tras otra ventosidad, cambió de protagonistas en su sueño.

El enfado real (Cap.1)

-Sofía. ¡Sofía!

El grito fue lanzado por el rey Juan Carlos I de España. Pero no fue contestado. Se hallaba solo en la antecámara de sus habitaciones. Acababa de hacer un intento fallido de expulsar una ventosidad. Se había quedado con dolor de estómago a causa de los gases. Repitió la llamada. Tampoco recibió respuesta. Así que procedió a hablar en alto, porque esa era su manera de reflexionar, a la vez que bostezaba descaradamente.

-Estos gases me los producen mis graves preocupaciones. Mis ‘reales’ inquietudes no me dejan dormir. Soy el rey de España, y de los alrededores, desde hace cuatro décadas. Pero, ¡esto no puede seguir así! No he sabido casar a mis hijos. Ni al hijo y a las hijas.

El rey no podía disimular el sueño que le dominaba.

-La mayor se tuvo que divorciar. ¡No fue por las corbatas que llevaba Marichalar! La pequeña se casó con un jugador de balonmano. Ya entonces, era muy hábil para llevarse el … para llevarse el balón. Después, está el heredero. ¡Ese sí que me quita el sueño!

Juan Carlos I de España se levantó enfadado.

-Ha puesto la monarquía en peligro. Quiere hacer reina a quien todos sabéis. La de la z. ¡Pero esto se va a terminar! He tomado una decisión trascendental. Voy a hacer cambios en la casa real. ¡Cambios profundos! Quiero garantizar el futuro de la monarquía española para las próximas décadas, los próximos siglos y los próximos milenios.

El monarca, cansado, se volvió a sentar. Bostezó.

-¡Tomaré las medidas necesarias! La clave está en mi heredero como futuro rey Felipe VI y en la periodista esa que será Letizienta Iª. ¡Voy a dar la vuelta a este cuento de la nueva Letizienta! No puedo con este mal sueño, que no me deja dormir por las noches.

Dio otro bostezo tremendo, como signo de que estaba a punto de dormirse, a pesar de su gran enfado. Se le quedaron los ojos cerrados. Pero en ese momento, entró en la antesala la reina.

-Juanito, ¿me has llamado?

-Sofía, – dijo el monarca mientras soltaba otro bostezo – ¡reúne a la familia real! Os voy a comunicar una decisión trascendental que va a cambiar el futuro de la monarquía.

-¿No deberías consultarla antes conmigo en privado?

Juan Carlos I de España ya no contestó. Se había dormido y comenzó a soñar. En esa posición, ya pudo expulsar, con notable ruido, sus ventosidades.